Semanario Universidad,

N° 1764, junio 2008. 

 

           En español, “pensar” posee un registro amplio que va desde “imaginar” hasta “incitar” pasando por “sopesar reflexivamente” y otras escalas. El ‘pensamiento’, no hay de otra, comparte su polisemia y por ello “pensamiento único” puede designar una sensibilidad unidimensional, una doctrina dogmática o una invitación a liquidar a los “otros”. Por supuesto los alcances, casi al antojo, pueden venir combinados.

   Liquidar a los ‘otros’ desde el pensamiento único puede hacerse materialmente (se los mata), simbólicamente (se les liga con el Mal absoluto, o casi) o jurídicamente (se los pone fuera de la ley). La gestación del pensamiento único, con sus odios, promociones y racionalizaciones, es variopinta. Su finalidad es desahuciar a los otros y a sus instituciones y afirmar la identificación propia. El pensamiento único posee su raíz en el etnocentrismo, peculiaridad humana, pero sesgado por la decisión de discriminar y aplastar a los diversos.

   La tradición señorial y católica latinoamericana, propietarista y patriarcal, es óptima para el pensamiento único. Esta tradición mira con furia o desdén perezoso nuestras raíces plurales y las situaciones (la existencia sexual, por ejemplo) en que algunos, muchos o pocos, resuelven optar por caminos propios. Así, el desarrollismo del siglo XX decidió liquidar a campesinos y poblaciones indígenas. Migrarían y se integrarían. O sea, desaparecerían. Se trató de una política pública. Con el neoliberalismo actual, lo que no se somete pronta y disciplinadamente a la lógica del mercado global resulta sucio, perverso, empobrecedor, odioso.

   Este año ha arreciado la práctica del pensamiento único en Costa Rica. Un economista arremete contra todo lo que odia para denunciar que la Universidad Nacional gastará millones en una hamponesca Semana Bolivariana que avivará a Castro/Chávez entre hipos de cerveza y guaro. Cuando se le indica que lo que afirma es falso, replica que lo que él hace es “denunciar el uso de recursos públicos para la propaganda chavista”. Añade, ‘son sus impuestos’ (LN: 02/06/08). Las universidades tienen contralores internos para evitar el mal, o ilegal, uso de recursos. Su empleo lo vigila también la Contraloría General de la República. Lo que irrita al economista es que se discuta lo que él no quiere y sobre todo que las universidades públicas gocen de autonomía. Fuera del pensamiento único podría consultar a la Sala IV o propiciar una reforma a las leyes sobre universidades. Pero, poseído de pensamiento único, busca aplastarlas.

  Otro profesional costarricense, un médico, advierte que el Dalái-lama quiere la desmilitarización del planeta. Para él, eso lo transforma en una “figura peligrosa” (LN: 22/05/08). Léase, don Dalái es candidato a Guantánamo o al asesinato. Pintoresquismos del pensamiento único.

   El pensamiento único no es privilegio local. Discutiendo el desafío de los precios del petróleo, “The Economist” califica a los lugares donde se encuentra este recurso de “feos regímenes” no occidentales. Menciona a Rusia y Venezuela (LN: 02/06/08). Ya se ve, el petróleo y sus ganancias pertenecen legítimamente a Occidente, no a esas ‘gentes brutas’. Como en Irak, algo hay que hacer contra ellas.