En Universidad, N° 1753

abril del 2007 

 

       En el episodio político más pintoresco del siglo en Costa Rica, el Ministro de Seguridad, Fernando Berrocal, ni renunció ni lo renunciaron, pero igual salió de su Ministerio dejando al país en la misma espiral de inseguridad en que lo recibió, pero, además, perplejo. La situación detonante fue la información filtrada a Berrocal por autoridades colombianas que, a ojo del entonces Ministro, mostraba que “sectores políticos de Costa Rica perdieron el sentido de la realidad” y habían propiciado, húmedos dólares mediante, el establecimiento del narcoterrorismo de las FARC en el país. Aunque aún no tenía la lista de estos políticos, los militares colombianos ya se la entregarían.

   En la primera versión del Gobierno, o sea de los hermanos Arias, Berrocal era un funcionario maravilloso, pero entre los tres todos (Arias, Arias y Berrocal) concordaron que mejor ya no fuese Ministro. La explicación: “no había que politizar el asunto” (sic). La Nación S.A. colaboró con “su” Administración mostrando a Berrocal en fotos gigantes jugando con nietos y un perro favorito. Nada pasaba. Todos contentos. El contenido de los dichos de Berrocal sería investigado por una Comisión Especial de la Asamblea Legislativa, con mayoría PLUSC, obvio, que resolverá, tal vez, una nueva pesquisa sobre primas lejanas de Ottón Solís (residen en Tailandia) cuyos segundos nombres comienzan con “F”, señal que las torna sospechosas (casi culpables) de formar parte de la conspiración farcista. Los 38 votos a favor del TLC, incluyen los del PLUSC nominal, quedan a salvo.

   Error de Berrocal fue confiar en el ritmo de los militares colombianos. Éstos suelen estar ocupados en quitar de manos y ropas la sangre de la población civil que asesinan y a la que califican de “narcoterroristas” (New York Times dixit). Y como las listas de “objetivos militares”, por aquello de la formalidad, deben venir en papel blanco, pues se retrasan. Además, hay que escribirlas.

   El error berrocalante se agranda si se valora que ya el editorialista de La Nación S.A., J. Rodríguez, había dado al país entero la lista de culpables (“En Vela”, 24/03/08): “Hormigo” y “Gordita”, jefeados por Raúl Reyes (vocero de las FARC, ya cadáver), Leonardo Boff, disfrazado o “trasvestido” (sic), un excandidato presidencial (no se da el nombre) pero compartió con Hormi-Gordi, la “defensora de los Derechos Humanos (sic) de Costa Rica” (tampoco se la nombra, pero debería ser ubicable hasta por el OIJ), las autoridades de la Universidad de Costa Rica que invitaron al susodicho travestido. Ah, y “los comités patrióticos (sin mayúscula), sus protectores y seguidores” que tal vez no están todavía de lleno en el asunto, pero ‘¿qué hubiera pasado si ganan el referéndum?’

   Es la implacable lógica del presidente Uribe trasplantada a Costa Rica. Y la del presidente Bush. “No han hecho nada. Pero se les nota que podrían hacerlo”. O “Se vinculan de alguna manera con aquello que odio”. O "Entorpecen mi codicia". Lástima por Berrocal que no atendió a esta certera fuente para identificar a culpables e involucrados. En la lista solo falta (los agregamos aquí) la minoría pudorosa de magistrados de la Sala IV que todavía se opone.