Universidad Omega Nª 128,
Semanrio Universidad, aagosto
2022.

   Que los costarricenses celebran con vigorosa fe alegre su devoción por la Virgen de los Ángeles es de todos conocido no solo por los locales, sino por quienes se enteran de la existencia del país y de sus pobladores. La Virgen de los Ángeles protege (del mal metafísico y socio-histórico) y, además y según el decir de muchos, hace o concede “milagros”. Conmueve ver y escuchar en la televisión y radio la narración de sus milagros por quienes estiman haberlos recibido. Son sanaciones o arreglo de conflictos familiares o eventos que cambian para bien el carácter de la existencia personal y grupal de quienes reciben directamente el milagro o de quien lo ha vivido en la existencia de sus más cercanos (padres, hijos, abuelos etc.). Fe, alegría y devoto agradecimiento testimonian la riqueza humana del milagro y el compromiso con la Virgen de quienes lo reciben. No importa el detalle del prodigio, sí la emoción sincera de quienes lo reciben (el portento, casi siempre, favorece a una familia).

   No siempre estas familias agradecidas saben que existen otras vírgenes (o la misma con diferente nombre) a las que los latinoamericanos atribuyen ayudas y consuelos. Lejos y en el sur, Chile y Argentina tienen a la llamada Nuestra Señora de Luján los segundos y su Nuestra Señora del Carmen (Maipú) los primeros. Ambas protegen y benefician a sus gentes. En Brasil, se honra y ora a Nuestra Señora Aparecida, tutora sin duda de las maravillas futbolísticas de sus jugadores. Esta virgen también llora con los sufrimientos y soledad de los empobrecidos. Los mexicanos tienen a su muy famosa Señora de Guadalupe. Los nicaragüenses se han dado una Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción de ‘El Viejo’ que hoy día solo no puede mencionar (ni recurrir a ella) la pareja Ortega/Murillo. La virgen solo atiende a quienes aman a sus pueblos. Ella tampoco protegió nunca a Somoza. Pero ahí está, consolando y animando a los nicaragüenses, aunque se permita excepciones. En fin, que cada pueblo latinoamericano tiene su Patrona Santa con nombre distinto pero la misma.

   Varias de estas protectoras (las efigies originales) han sido encontradas en las aguas o en los bosques. Han venido al encuentro de sus hijos. Es el caso de Aparecida (Brasil). Los costarricenses encontraron su Señora de los Ángeles en un bosque. La Virgen brasileña fue recuperada del mar. Algo parecido ocurrió con la Virgen de los cubanos (Nuestra Señora de la Caridad del Cobre). Flotaba sobre una tabla en el océano y de ella la recuperaron o salvaron pescadores. Otras imágenes resultan materialmente portentosas: Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá (Colombia) se restaura sola (sus colores). La de Ecuador, Nuestra Señora de la Presentación de Quinche, es más sencilla: solo otorga milagros. Fue nombrada patrona de los ecuatorianos en 1943. A Nuestra Señora de la Paz, salvadoreña, la encontraron en una playa. Se le atribuye el final de una guerra civil con su presencia. En cambio, la guatemalteca Nuestra Señora del Rosario fue traída por religiosos dominicos desde Europa. Igual hace aquí milagros. En Honduras, Nuestra Señora de Suyapa fue desenterrada por indígenas que intuyeron su corazón latiendo bajo tierra.

   La primera imagen de la Virgen llegó a Panamá (1510) traída por militares que levantaron una capilla dedicada a la Virgen María en América Latina. Puede deducirse que esta Virgen (Santa María de la Antigua del Darién) protege tanto a los ejércitos que luchan en su nombre en América Latina como a los civiles (entre ellos indígenas) que combaten (por distintas razones, una de ellas, salvar la vida) o resisten los atropellos. Por supuesto, no suena en exceso piadoso. En Paraguay, Nuestra Señora de Caacupé libra, desde el siglo XVI, de conflictos internos y de desastres naturales. En Perú, Nuestra Señora de la Merced llegó de la mano de religiosos mercedarios, y salva a todos los que ama de la esclavitud y sus vejámenes. En fin, que la tica Virgen de los Ángeles no está sola.


   Alguien puede recelar que los ibéricos crearon estas vírgenes para mejor controlar a los nativos que les hacían la guerra o a quienes ellos encomendaban. El punto es hoy irrelevante. El equipo de Vírgenes Latinoamericanas protege, vivifica y acompaña a quienes muestran fe efectiva en ellas. No salva de la explotación, pero ampara a quienes caminan a las escuelas, bendice a sus padres y abuelos, sana enfermos, toma la mano del moribundo, alegra los desayunos, cuando existen, y dulcifica los sueños. Si algunos las inventaron para mejor cumplir con la guerra y la explotación no importa. Hoy las Vírgenes Latinoamericanas sostienen en el dolor, esclarecen a las mujeres y tornan menos torpes y groseros a los varones. Trazan horizontes y oxigenan cada paso de sus romeros. Sonríen irónicas cuando los poderosos dicen hablar en sus nombres. Son Madres que acompañan a sus hijos más humildes y les recuerdan que en sus manos y corazones residen la alegría y la victoria.
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