Universidad Omega, Nº 126.
Semanario Universidad, abril
2022.

 

   Con cierta periodicidad el periódico La Nación S.A. suele publicar en su página de opinión textos avalados por el Project Syndicate y de autores que, por sus nombres, sugieren origen ruso. Uno de los más recientes (12/04/21) es firmado por Maxim Mironov, a quien se identifica como profesor de finanzas de la IE University la que, pese a su título, es una academia española con sedes en Segovia y Madrid. Uno de los nombres curiosos de este Project es el de Nina Khrushcheva quien, al parecer, es hoy una dama adoptada, cuando niña, por Nikita Khrushchev, primer secretario del Partido Comunista de la URSS entre 1953 y 1964. Mironov (quien en su foto en el periódico luce como una mujer) y Khrushcheva son fuertemente antirrusos y, hoy, tenazmente anti Putin. Al trabajo del primero lo tituló el editor de La Nación S.A. “Propaganda antiucraniana del Kremlin no comenzó ayer”. Es dudoso que Mironov haya encabezado así su artículo puesto que los desencuentros abiertos recientes (incluso militares) entre ucranianos y población de habla rusa son al menos del 2014 y han cobrado desde entonces unas 14.000 vidas (sin considerar las del conflicto actual, más amplio). Algunos ucranianos no experimentan especial afecto por los hablantes rusos y seguramente estos últimos (a quienes se estigmatiza separatistas) les devuelven los malos sentimientos. Señalé en otra ocasión que a estos odios se refiere Putin cuando recuerda a los nazis. La distancia obvia de su comparación es que los judíos nunca se apoderaron de territorios alemanes o se aposentaron mayoritariamente en ellos. El eje del atroz crimen nazi era la pureza de la raza. Lo de ucranianos y rusos es más la diferencia étnica y política situacional.

   Exigir pureza a la “raza” humana resulta absurdo. El homo sapiens porta incluso genes de los neandertales y los individuos de la especie se comportan promiscuos. Las diferencias entre los grupos homo sapiens y en su seno pueden generar ‘racismos’ y violencias contra las mujeres y los empobrecidos, por ejemplo, y delitos y guerras, pero todos ellos asimismo podrían resolverse mediante discusiones y acuerdos colectivos que alterasen situaciones. O sea, con legislación. La violación de esta convenida legislación sería castigada. Se podría estimar que con derechos humanos esta regulación ya existe, pero cuando el poder/económico, político, militar, etc. la viola, no hay condena. Se debería asumir esta triste situación y resolverla en beneficio de todos.

    Por supuesto el artículo de Mironov no tiene el enfoque anterior. Comienza indicando el impacto negativo que le significó enterarse que una mayoría de rusos apoyaba la agresión del presidente Putin. Dice que experimentó algo parecido cuando Donald Trump “ganó las elecciones presidenciales estadounidenses en el 2016”. Es obvio que se trata de experiencias diferentes. Una campaña electoral tiene normas claras respecto al comportamiento de los ciudadanos, partidos y candidatos y, que se recuerde, nadie alegó que Trump rompiera esas disposiciones. Consiguió un mandato presidencial de 4 años y su adversario, suponemos, le felicitó. Trump ‘significaba’ algo a una mayoría de votantes. De un triunfo electoral no se sigue un diagnóstico de una sociedad y de su ciudadanía. Cuatro años después, y mejor conocido Trump, los votantes lo sacaron del puesto. Si se apostó por un daño, fue corregido. Lo de Putin, en cambio, es una guerra en el marco de políticas estratégicas mundiales. Si pierde, los rusos quizás extraviarían parte significativa de su historia (mejor o peor). Los rusos podrían quedar sometidos por un tiempo no descifrable. Luego, apuestan a ellos, a su historia, estos rusos. Putin los representa, aunque rechacen la guerra. Mironov no lo ve así porque desde su cátedra en España valora al Occidente perfecto.

   La visión de Mironov es la de él y no tiene caso discutirla. Lo curioso es que el punto central y decisivo de su artículo es su reclamo de que su tipo de periodismo (o el que él desea) no tuvo éxito (masivo) en Rusia. Solo lo leían “… lectores educados y relativamente adinerados”. “Lamentablemente, nadie quiso producir contenido de calidad para el mercado de masas. Si bien Putin no permitiría hoy iniciativas de medios independientes como ésta, a principios del siglo, en el 2000, sí habría sido posible. // El problema (que ciertamente aqueja también a otros países) era que los mejores gerentes de medios y periodistas no querían trabajar en este segmento”. Bueno, no se puede culpar a Putin de este error. Y tampoco de que comprendiera “que la televisión estatal y los periódicos de masas eran claves para ganar y mantener su influencia política”. Mironov vaticina que Putin (o sea Rusia) se retirará pronto de Ucrania occidental. Dará por perdida la guerra. Ucrania se recuperará pronto con la ayuda occidental y el destino de Rusia será sombrío. Pero para derrocar a Putin, observa Mironov, se requiere de medios que hablen a los rusos en el idioma que comprenden. Y su financiamiento no puede sino venir del “micromecenazgo –de forma similar a como lo hace hoy la oposición rusa-- y de donantes occidentales”. Mironov se apunta para recibir parte estos fondos. Curiosamente añade que cuando Putin pierda esta guerra ello no le impedirá “que comience otras”. Así, el financiamiento de su derrota por los medios será, digamos, larguito. Al menos curioso este aporte del Project Syndicate.
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   Conversación:

     Leyla, Sebastián, Humberto (Costa Rica). – No entendimos el fondo del artículo. ¿Sobre qué exactamente versa?

   HG. – Gracias por la sinceridad. El artículo responde a alguna duda sobre los materiales que aparecen respaldados por el Proyect Syndicate (se acerca a la propaganda más que a una presentación conceptual) y también es algo irónico respecto a la idea de que un dictador (que sería Putin) permitiese que le arrebaten lo que se describe como un monopolio de la capacidad de influir en la opinión pública rusa mediante prensa opositora financiada desde el exterior. Añada que el autor de la idea (el señor Mironov) espera recibir una parte de ese financiamiento. Este Proyect… es descrito en Internet como “…una organización internacional sin ánimo de lucro de unión de editores, prensa y asociación de periódicos -en inglés print syndication. Está considerada como la mayor fuente de artículos de opinión del mundo”. No estamos hablando de cualquier emisor sino de “la mayor fuente de artículos de opinión del mundo”. Uno desearía que no se tratase de propaganda sino de materiales que apoderan para pensar. Tal vez se trata de un deseo ingenuo, pero es sincero y cordial. Tal vez nunca fue tan necesario como en esta etapa de las sociedades humanas estimular el reflexionar. Pero claro, a uno lo tocó este momento. Quizás en en todas las épocas y en todas partes se tuvo este sentimiento.

  

   Genaro y otros (Colombia). -  Entonces, ¿usted sospecha de Proyect Syndicate?

   HG. – Sospechar sería un verbo muy fuerte. Pero hoy día los gobiernos (y Estados), que tengan la necesidad y la capacidad pueden realizar acciones encubiertas para favorecerse y perjudicar a quienes considere hostiles o enemigos. Imagino ustedes han visto películas de James Bond. Se trata de un agente encubierto que el Reino Unido no reconoce como tal. Si es hecho prisionero, nadie va a reclamarlo. Esto porque las acciones que realiza Bond constituyen usualmente delitos. Entonces el Gobierno/Estado al que sirve no le reconoce. Para todos los efectos, Bond actúa solo. Sus jefes hacen parte de un aparato secreto. Ahora, los Estados que lo estiman necesario tienen agentes y operaciones secretas. Las agencias de noticias pueden usarse para estos fines. Algunas firmas de Proyect… me ha parecido agitan propaganda. No necesariamente todos. Este que conversamos apareció en relación con la Guerra entre Ucrania y Rusia. No es un gran artículo. En mi opinión reitera un discurso propagandístico. No se trata de nada especialmente grave. Se busca reforzar determinadas opiniones en la gente. Bond, en cambio, vuela instalaciones y tiene licencia para matar, por ejemplo. Si lo hacen prisionero nunca revelará quienes están detrás de sus acciones. Se trata de un ejecutor que elimina o suprime enemigos o proyectos enemigos. Los artículos, algunos no todos, de PS, pueden entenderse como parte de una propaganda ideológica. Por supuesto, es una sospecha. Y quizás no hubiera surgido sino se viviera esta guerra Rusia//Ucrania en curso. Recordaré que mi posición en esta guerra es detenerla y convenir las determinaciones de una paz efectiva. Coincido aquí con una propuesta de Óscar Arias (y otros Premios Nobel de la Paz) que comenté en artículo anterior. Detener la guerra seca la producción de muertos.