Universidad Omega,, Nº125,
Semanario Universidad,
abril 2022.

                                                               
   La edición 2412 (06 al 19 de abril del 2022) del Semanario Universidad se dedica ampliamente al resultado de la segunda ronda electoral que eligió al candidato Rodrigo Chaves Robles (52.8% de los votos) presidente de Costa Rica, postergando a José María Figueres (47.2%). Fue un, necesario, y muy buen trabajo, periodístico, con algunas omisiones, que aquí deseamos indicar. Conviene aclarar que el autor de este comentario no vota, debido a su condición de extranjero residente, de modo que su juicio no expresa ni derrota ni triunfo electoral alguno.
 

   La primera observación es sobre el titular de la portada del semanario. Ella dice: “La molestia popular lleva a Rodrigo Chaves a liderar un nuevo intento de cambio”. No puede hablarse de “molestia popular” cuando la abstención ciudadana creció desde las últimas cifras (menos del 34% en elecciones pasadas) a las actuales: 40.29% y 43.4%. A la abstención, muy alta, ha de añadirse la anulación del sufragio: el ciudadano cumple su deber anulando el voto. Quienes llegaron a protestar de esta manera fueron alrededor de 16.000 costarricenses en la primera vuelta y más de 18.000 en la segunda. Es altamente probable que la abstención ciudadana y la anulación del voto se relacionen con la impresencia de los partidos políticos cuando no existen elecciones cercanas. Como dato pintoresco de esta ausencia partidaria e ideológica puede recordarse que, durante la discusión del Tratado de Libre Comercio con EUA (2004-06), solo se pronunciaron por escrito y públicamente sobre él Ottón Solís y ¡la Conferencia Episcopal! La parte no pintoresca del asunto es que un partido recién fundado gane con cierta amplitud la presidencia del país y lo haga mediante un financiamiento poco claro (al parecer ilegal) que el Tribunal Supremo de Elecciones o no investiga o lo hace tan lentamente que la información que consiga (si el delito existe se pena con cárcel) puede resultar inútil. Sin embargo, aquí el punto central es que un régimen democrático con partidos que solo se hacen presentes para los procesos electorales difícilmente puede valorarse democrático. El régimen democrático/republicano descansa en el interés permanente del ciudadano (ojalá organizado) respecto a la vida pública. Por esto es que un régimen democrático resulta incompatible con la miseria económico-social de sectores ciudadanos. Y puede discutirse si es compatible con altísima concentración de opulencia.

   Como se sabe, lo último deteriora al régimen democrático. La polarización opulencia//miseria termina por alterar las identidades (y, desde luego, está asimismo en su origen).En este sentido, resulta conceptualmente adecuada la observación en la portada, abajo, del Semanario Universidad: “La desigualdad social disparó el abstencionismo”. Y es que las desigualdades (sistémicas: como las determinadas por la riqueza//miseria o la relación mujer//varon) terminan por anular la existencia democrática cuyo eje no es el sufragio sino la excelencia humana de la existencia de cada uno y de todos.

   Cuando uno se acostumbra a que existan ciudadanos miserables, mujeres disminuidas, golpeadas o asesinadas es, en parte, porque el régimen democrático o todavía no existe o amenaza con no existir nunca. De hecho, el régimen democrático en la especie humana siempre ha tendido a ser más una discusión (y una tendencia) que una referente logrado de existencia. En este contexto han de entenderse opiniones como las que dan en la página 9 del Semanario el neoliberal Eli Feinzag, el frenteamplista Jonathan Acuña y la socialcristiana Daniela Rojas (en el orden de izquierda a derecha de la página). Opinan sobre el acuerdo con el FMI). Feinzag: “No es un asunto de negociación con el FMI, sino un acuerdo interno de no seguir subiendo los impuestos a la gente, de tratar de completar el ajuste fiscal con medidas de contención y recorte al gasto público”. Para un neoliberal toda inversión pública es “gasto”. Por el contrario, todo “ingreso privado” deviene inversión. “La gente” es obviamente la propietaria de capital. Acuña: “Del lado de ingresos, sigue existiendo un gran elefante en el cuarto, que es la evasión fiscal. Nuestra postura ha sido y será siempre que cuando se trate de créditos de apoyo presupuestario o destinados a inversión pública con efectos positivos, pero sin condicionamiento de políticas económicas del país, tendrá nuestro apoyo”. Rojas: “Respecto al FMI (…) no vamos a apoyar más impuestos (…). Con préstamos externos apoyaremos siempre (…) que no termine siendo más gasto en contratación, o en la apertura de más plazas”. Como se advierte, dos contra uno: no al gasto público fuente de todo mal y sí al capital privado (con pocos o ningún impuesto) porque es la base de todo bien. No es exactamente la historia que ha configurado a Costa Rica, pero así es esta opinión mayoritaria. Chaves tendrá que discernir y elegir. Aunque tal vez ya resolvió hace rato.
___________________________________