Universidad Omega, Nº 124.
Semanario Universidad,
abril 2022.

  

   El expresidente de Costa Rica, Óscar Arias Sánchez (n. 1940) publica, en la página de opinión del periódico La Nación S.A. del 04 de abril de este año, un artículo amplio con el título “Negociar con Putin es la única salida”. En él revela que “…muchos otros ganadores del Premio Nobel de la Paz me han acompañado en un pedido a los gobiernos de Ucrania, Rusia, Estados Unidos, la Unión Europea, el Reino Unido y otros países para comenzar conversaciones diplomáticas de alto nivel en forma inmediata”. Se entiende que él gestó esta iniciativa y, aunque no incluye entre los “otros países” a China, su planteamiento coincide básicamente con el de este último país. Es el propio de un sentido común básico que, por desgracia, la prensa comercial parece no compartir. Arias dice en su texto que los contendientes directos Rusia y Ucrania (aquí en orden alfabético) deben recibir “Ucrania (…) garantías de soberanía, seguridad y democracia” y Rusia “… garantías de que se respetan y tienen en cuenta sus intereses de seguridad”. Se recordará que, en el origen del conflicto en curso, estuvo la inclinación del gobernante de Ucrania, en formar parte de la OTAN, situación que, de producirse, añadiría en las fronteras rusas un eslabón más de un cerco militar con poderío nuclear y convencional que, obviamente, no resulta geopolíticamente aceptable para ningún gobierno (y gobernante) ruso, al menos en el mundo actual. En otro ángulo, el maltrato que recibía la población culturalmente rusa (Donetsk y Luhansk), en realidad una guerra de la que nadie, al menos por aquí, informaba, parece haber sido “resuelto” con el ‘reconocimiento que Rusia hizo de estas regiones, como “repúblicas independientes”. Desde luego también ese conflicto, que ha acumulado miles de muertos, podría ser parte de su superación dialogada, como propone Arias. Donetsk y Luhansk, son dos áreas de la región del Donbás, en el este de Ucrania, cuyos territorios han sido tomados por separatistas prorrusos desde 2014 y, desde entonces, se vive en ellas momentos de inusual incertidumbre y muerte (los muertos se calculan en más de 14.000). En la región se han establecido tropas rusas.


    Arias recuerda algunos aspectos inevitables del entendimiento que propone: “Quienes participen en las negociaciones (incluso los funcionarios de máximo nivel) deben tener presente que no podrán obtener todo lo que quieran. Deben estar dispuestos a comprender los intereses y puntos de vista de la otra parte”. Y detalla: “Ucrania debe recibir garantías de soberanía, seguridad y democracia. Rusia debe recibir garantías que se respetan y tienen en cuenta sus intereses de seguridad. Y ambas partes deben estar dispuestas a ser flexibles y hacer concesiones”. Estimamos, aunque Arias no lo explicita, que un aspecto central de las concesiones rusas pasa por asegurar que no empleará su arsenal atómico contra Europa, excepto si Rusia es nuclearmente atacada por alguna fuerza hostil. Geopolíticamente el máximo y principal rehén ruso es Europa. Resulta conveniente para una pretendida paz mundial que esta situación desaparezca. La actual deplorable guerra entre Rusia y Ucrania se inscribe en esta amenaza.


   Más ampliamente, la especie humana, desde sus orígenes, siempre ha practicado la violencia armada contra sus semejantes. En ocasiones por el agua o el alimento, en otras para apoderarse de las mujeres. El daño entonces resultaba focalizado, aunque el dolor por las pérdidas fuese semejante en dramatismo para los derrotados.  Hoy el poder de las armas pone en cuestión la existencia humana en el planeta y también la capacidad de éste para sostener la vida compleja en él. La práctica de iniciativas como las que encabeza Óscar Arias resulta urgente y decisiva. En este momento por desgracia tienen que superar los discursos incluso extravagantes, pero que dominan en la prensa, que reducen la guerra entre Rusia y Ucrania a desviaciones de personas o como la posibilidad de un triunfo casi final (China quedaría en espera) del orden egoísta y totalitario, con distinta inspiración, en curso. Este “orden”, en su complejidad destructiva (que afecta tanto a las personas como al hábitat planetario), crea las condiciones para las guerras que pueden dejar a la especie sin planeta. Nadie sensato puede aplaudir o regocijarse ante esta realidad. Es de esperar que iniciativas como las que encabeza Óscar Arias se abran paso y conduzcan a una paz tensa pero racional. La especie y el planeta se juegan su futuro en ella.
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Conversación

Inés, Luis, Esteban (Costa Rica).-  ¿Le parece que la  solicitud de Óscar Arias y otros premios Nobeles será atendida?

   HG. – Ojalá lo fuese. Es a la vez de sentido común y de buen sentido. Pero se expresa en un ambiente ya enrarecido en el que la opinión mayoritaria que nos llega a nosotros resulta anti-Rusia y pro-Ucrania. Sin duda se puede defender ese posicionamiento. Existe un agresor y un agredido. No interesan o interesan poco sus razones. Aunque se presentan solidaridades en relación con las víctimas (civiles y emigrantes y refugiados) el Occidente capitalista aspira a una nueva derrota de Rusia. Debe pagar por su error. Putin no es interlocutor, sino alguien que debe irse. Como la posición de Rusia se centra, como señala Óscar Arias, en “sus intereses de seguridad”, el mundo occidental indica que estos intereses no están en juego. Nadie ni nada amenaza la seguridad rusa. Aceptar (de cualquier forma) que esto es la realidad bloquea el diálogo. Ahora, podría comenzar por discutirse la situación global (militar y no militar) y dejar para un segundo momento el conflicto Rusia-Ucrania, pero esto perjudica a las actuales víctimas y no asegura tampoco que el orden-violencia actuales sea cambiado y superado. Por supuesto un alto al fuego convendría a las víctimas