Universidad Omega, Nº 123,
Semanario Universidad, marzo,
2022.

 

                                                           
   Cuando se dan diferencias entre los seres humanos sus protagonistas pueden verse como aliados y opositores. Si diferencias y oposiciones buscan resolverse mediante guerras, las series paralelas pasan a llamarse amigos (aliados o no) y enemigos. Amigos son aquellos con los que se puede dialogar y pactar/cooperar o transar. Los enemigos, en cambio, han de ser derrotados y su infortunio pasa incluso, o podría pasar, por su aplastamiento biológico y extinción político-cultural. Es un debate que las metas de una guerra puedan acabar con ellas. Las guerras portan semillas desde las cuales retornan. Las fuentes para los escenarios mencionados pueden ilustrarse con la Biblia. Dos hermanos (o sea la especie humana) llevan sus regalos al Dios que los ha creado. Uno de los hermanos fue bautizado Abel (se dedica a criar ganado) y el otro Caín (es agricultor). Pese a sus diferencias, en cuanto individuos, Abel y Caín resultan semejantes. Para celebrarlo, Caín lleva al Dios en el que cree sus mejores hortalizas y granos que cuida y produce día con día. La familia de Caín coopera con esa producción. Con parecida pretensión, Abel, que es en cambio ganadero, y cría vacunos, cerdos y corderos, y añade ciertas aves, lleva las carnes de estas especies, ya preparadas, como regio obsequio a este mismo Dios, que les resulta común a los hermanos. Cada uno de ellos ofrece al Dios que los creó productos de sus trabajos personales y familiares. Seleccionaron estos bienes. Lo mejor para su Dios. No es un concurso para ganar posiciones. Sólo es una manera de agradecer a la divinidad que los generó y los mantiene con vida, y esperanzas y alegrías. En la ocasión, resulta grato para ellos acercarle sus regalos sinceros.


   El día del encuentro Dios se experimenta doliente, fatigado quizás por el número y dificultad que ofrecen los distintos escenarios humanos. En Él, la fatiga es resentida y la acompaña cierta distracción. Así, una ligereza lo lleva a preferir, de los obsequios, un sabroso chivito asado traído por Abel y postergar una vistosa ensalada que alterna tomate rebanado, corazones de lechuga y crujiente apio salpicados de especies cultivadas por Caín. La sazón de Caín se asemeja tal vez a los aderezos que enaltecieron las carnes (con y sin hueso) ofrecidas por Abel.
   
   Todos conocen el final de esta historia. La preferencia de este Dios por la ofrenda/regalo de carnes cocinadas estupendas y su correlativa menor estima por las verduras frescas genera sentires torcidos en el hermano labrador. Como no puede orientar estos sentires hoscos contra sí mismo y su familia (cada uno dio su mejor esfuerzo para el obsequio) ni tampoco contra Dios (Caín estima deberle todo), termina Caín por dirigirlos contra Abel. Es decir, contra quien produjo y ofreció carnes asadas que hicieron que Dios despreciara las texturas, sabores, e incluso la belleza, de las ensaladas. Caín no puede culparse a sí mismo ni a su grupo. Tampoco cargar contra Dios. Él decide lo que le resulta más atractivo y gustoso. Así, Caín atisba un mundo sin ganaderos. Y por eso mata al más próximo. Caín yerra. Debió retar al Dios frívolo e irresponsable. O exhortarlo a cambiar. Por supuesto, todos sabemos que los dioses no cambian ni mueren. Pero sí es factible restarles preferencias. Por tiempos o del todo.
   
   En La Nación S.A. (24/03/2022) Mark Leonard, quien se identifica como director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, firma un artículo que titula “Bienvenidos a la Jungla”. Lo inicia así: “Elías Canetti (1905-1994) observó que los tecnócratas paranoicos que se identifican como ‘supervivientes’ se rodearán de un espacio vacío para tener la capacidad de ver todo peligro que se aproxime. Los únicos sujetos en los que se puede confiar son aquellos que permiten que se les mate. Con cada ejecución que ordena el dictador, acumula <la fuerza del superviviente>”. Un obvio Leonard desea referirse a Putin. Por si alguien duda, su párrafo siguiente inicia así: “¿Qué mejor manera para describir a Vladimir Putin, el autócrata de Rusia que prefiere sentarse solo al final de una larga mesa blanca, emitir ultimátums, poner en marcha invasiones y ordenar el arresto (o asesinato) de sus opositores políticos?”. Leonard podría tener razón, pero las mesas ónticamente carecen de final (y de comienzo) porque éstos dependen de la situación/posición de quien se acerca a ellas. El único punto cierto de una mesa es su centro (esto porque las mesas patas arriba han dejado de ser, mientras así se posicionen, mesas). Si el Director ¡de un Consejo Europeo! (nada menos) no acierta ni con las mesas, ¿atinará con Putin? En guerras que tensan a quienes manejan sistemas nucleares de defensa/agresión lo que conviene a todos es acercarse y ponerse de acuerdo en finalizarlas. La única guerra buena es la que termina. Acabada, se llora y recuerda a los muertos y se tiene la ilusión política de que no habrá otra nunca más. Ah, y los regalos conviene agradecerlos por igual a todos.
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Conversación

   Isabel, Horacio (Costa Rica). - Lo conversamos, pero no nos queda clara la relación entre el relato bíblico de Abel y Caín y las observaciones de Mark Leonard en “Bienvenidos a la jungla”.

   HG. – Gracias por escribir. Estoy de acuerdo en que se ve oscuro. Lo podemos desmenuzar. Ambas narraciones presentan una autoridad. El Dios judío resulta autoridad absoluta y, para el precario ciudadano chileno o centroamericano que esto escribe, un director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores no es dios, pero casi. Y así como Dios se equivoca y precipita una tragedia que a lo que parece “ni le roza”, el vocabulario del funcionario europeo tiene al parecer inspiración divina. Una de las frases (que afirma están en un Nobel de Literatura (Elías Canetti)) sobre Putin es terrible: “Vladimir Putin, el autócrata de Rusia que prefiere sentarse solo al final de una larga mesa blanca, emitir ultimátums, poner en marcha invasiones y ordenar el arresto (o asesinato) de sus opositores políticos?”. Recuerden que quien esto escribe, o sea mi persona, es partidario del diálogo y la discusión (precedidos o acompañados de un alto al fuego) para superar las determinaciones que condujeron a la guerra que Rusia declaró a Ucrania. El centro de mi postura pasa por los civiles residentes en Ucrania que o emigran o mueren o quedan lisiados. Los militares de ambos bandos fueron entrenados para matar y para morir. Los ciudadanos y sus hijos y familias están atrapados por la guerra. El diálogo podría ahorrar sufrimientos y evitar muertes. El vocabulario del alto funcionario, “autócrata asesino” escribe, para designar al presidente de Rusia, no favorece diálogo alguno. Por el contrario, le confirma a Putin que el objetivo de los enemigos (el Occidente capitalista) es el poder ruso. Y esto lo hace un funcionario desde la segura comodidad de una oficina. Aunque lo que dice fuese verdadero (como el apetito de Dios por la carne lo fue en el relato bíblico) no conviene presentar así las cosas. Con un “autócrata asesino” no se dialoga. Se le mata o encarcela. Los ucranianos que se desplazan con sus hijos y abuelos para salvar sus vidas seguramente aplaudirían un alto al fuego y salidas seguras. Alto al fuego, dialogar y negociar. Y que los civiles vulnerables que lo deseen, salgan, seguridad confirmada, de las zonas de guerra. Y que se llegue a acuerdos y se cumplan. Los gritos bravíos e insultos hay que dejarlos para quienes exponen sus vidas en las trincheras. Los soldados aumentan su valor con ellos. Es el combate, la guerra. Nada que objetar. Pero Mark Leonard no está en un frente de combate militar. Su tarea consiste en humanizar y hasta parar la guerra para que los civiles vulnerables que así lo deseen puedan salir de ella. En la foto de archivo del periódico que acompaña su artículo Leonard se presenta sonriente, contento. Obviamente no reside ni en Mariúpol ni en Volnovaja. Ni tiene parientes en Kiev.