Universidad Omega,
Semanario Universidad, Nª 119,
marzo 2022.
 

                                                                                                                         
  En su página de opinión y este 6 de marzo La Nación SA. publicó un artículo del valorado “filósofo” del mundo coetáneo europeo Slavoj Zizek (n.1949). Lo tradujeron como “¿Qué significa defender a Europa?”. Se inicia así: “Tras el ataque ruso a Ucrania, el gobierno esloveno proclamó de inmediato que estaba dispuesto a recibir a miles de refugiados ucranianos. Como ciudadano de Eslovenia, sentí orgullo, pero también vergüenza”. Como obviamente resulta difícil (en realidad no es factible) experimentar ante algo o alguien, al mismo tiempo, ‘orgullo’ y ‘vergüenza’, Zizek dedica el artículo a explicar esta imposibilidad. Lo hace señalando su rechazo a que en “su región” hayan aparecido dos clases de “refugiados”. Escribe: “Cuando hace seis meses Afganistán cayó ante los talibanes, este mismo gobierno se negó a aceptar refugiados afganos, con el argumento de que debían quedarse en su país y luchar. Y hace un par de meses, cuando miles de refugiados (en su mayoría kurdos iraquíes) trataron de entrar a Polonia desde Bielorrusia, el gobierno esloveno aseguró que Europa estaba siendo atacada y ofreció ayuda militar para colaborar con el vil intento de Polonia de rechazarlos”. La lectura que realiza Zizek de hechos históricos resulta algo precipitada. En realidad, Afganistán “no cayó ante los talibanes”. Los talibanes (un tipo de afganos con prácticas culturales negativas, especialmente contra las mujeres, pero buenos militares) derrotaron a las tropas de ocupación estadounidense y aliadas (incluyendo a la OTAN) que buscaban erradicar el terrorismo. A su manera, sin duda disputable, los talibanes llevaban a cabo una guerra ‘nacional’ contra los extranjeros y sus cómplices o aliados internos. Ganaron los talibanes. Esto quiere decir, en las guerras, que los enemigos “pierden” todo. Es usual en guerras que no se acompañan de negociación. Por ejemplo, en la 2ª Guerra Mundial los alemanes nazis perdieron todo. Y otros alemanes (no nazis) sufrieron y perdieron mucho. Tal vez tampoco se quiera recordar que Japón perdió su guerra contra EUA después que este último (o sea su Gobierno) utilizó bombas atómicas contra dos ciudades japonesas. Esas poblaciones no eran combatientes directos. Solo una sociedad occidental (cristiana, por más señas) ha protagonizado esta “hazaña”. Tuvo éxito. Japón se rindió.


   Así, no solo es un dato histórico que existan varios tipos de ·emigrantes” y “refugiados” durante las guerras, sino que también existen varios tipos de muertos. Hay soldados y oficiales, ancianas ciudadanas, niños, trabajadores, rentistas, etc. La prensa local nos ilustra que hoy de Ucrania huyen familias costarricenses con sus hijos. Nada tienen que ver con que Ucrania (cuya población asiste a la destrucción de su país) sea atacado por Rusia. Como en todas las guerras, las víctimas principales son civiles (niños, padres, abuelos, etc.) escasa o nulamente relacionados con las razones del conflicto. La enseñanza indirecta de esto es: los gobiernos de Ucrania y Rusia debieron dialogar hasta llegar a acuerdos que impidieran la guerra. No haberlo hecho inició la cuenta de las víctimas actuales en los dos bandos. Para el diálogo pudieron ofrecerse mediadores: europeos y no europeos. Iglesias. ONGs con prestigio. Etc. Un diálogo bien llevado conduce al menos a posponer enfrentamientos militares. O sea, opera a favor de los más débiles que son los ciudadanos de a pie y sus familias. Y los chicos y sus abuelos. El término ‘personas’ no resulta adecuado para designar emigrantes forzados. Son víctimas. Y las víctimas exigen ser singularizadas. Así como nadie puede ser nombrado significativamente como ‘enamorado’ en general, tampoco se es ‘emigrante forzado’ en general o abstracto.


   La frase cuya realidad Zizek ataca: “Europa debe defenderse de lo no europeo” resulta así insuficiente. Lo no-europeo se desvanece como abstracción cuando designa a la anciana, golpeada por la guerra, el hambre, la imposibilidad de encontrar empleo, la muerte de todos los suyos. Los ancianos afganos son primeramente eso: ancianos. Los niños ucranianos son primeramente eso: niños. Pensarlo así quizás ayudase a evitar no solo guerras, sino estructuras económicas que, con o sin enfrentamientos armados, perjudican siempre a algunos y magnifican siempre los haberes y poderes de otros. No hay manera de que Europa “pueda defenderse”, como realidad cultural humana mejor que lo que ofrecen China o Rusia, sin hacer de esta consideración un horizonte político práctico. Los seres humanos efectivos nunca son las abstracciones que casi siempre produce el lenguaje. Son seres vivos precisos, complejos, nunca abiertos a la imprecisión, ni siquiera cuando no encuentran (o peor, no buscan) salidas.


  Por decirlo directamente: los desplazamientos forzados y no forzados nunca los protagonizan individuos sino personas. Y lo que los alienta no es salvar la vida (aunque así lo crean), sino el encuentro (primero o final) con otras personas que resultan ser, curiosamente, el sueño de sus vidas. Así, hay que agradecerle a Zizek incluso cuando se equivoca.
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