Universidad Omega, Nª 106,
noviembre 2020.
 

 

  Este 25 de noviembre recién pasado el editorial de La Nación S.A. pide al gobierno de Costa Rica hablar con franqueza porque ello “…es indispensable cuando se está a las puertas de pedir un sacrificio”. El centro de su crítica es el diálogo multisectorial concluido “… sin nuevos impuestos, sin recortes de gastos y sin ajustes estructurales”. Añade el editorialista que la franqueza no hace daño alguno “porque quienes podrían desplegar reacciones adversas –los inversionistas y las calificadoras—saben de sobra los problemas que nos aquejan y desde hace tiempo actúan en consecuencia”. Por supuesto tanto los “inversionistas” como las “calificadoras” no son costarricenses (aunque tengan documentos de identidad local) ya que se instalan en instituciones cuya principal tarea es la de acumular capital (o colaborar con esa acumulación) e indirectamente repartir dividendos entre los grandes propietarios residentes en distintas partes del planeta,  Costa Rica incluida. A estos “escuchantes” no les interesa franqueza alguna porque ella contiene determinaciones que les resultan irrelevantes: necesidades de la población (ingreso suficiente, empleo, justicia pronta y cumplida, posicionamiento en el mercado mundial, etc.) o solo significativos en cuanto factores de la globalización capitalista en curso. El gobierno de Costa Rica, en cambio, requiere hoy hablar principalmente a y con sus ciudadanos de diversos sectores y lo hace en situaciones específicas. Por ejemplo, un elemento de la situación es la pandemia en curso. Otro, la crisis fiscal cuyo detonante está en la primera década del siglo (segunda administración de los hermanos Arias), pero que resulta de un modelo económico (con distintas fases) en que el trabajo e inversión local no agregan suficiente valor a lo que producen y una economía débil termina exportando riqueza en lugar de acumularla y reinvertirla aquí. Un tercer elemento, para nada diminuto, es el brote de alzamiento social contenido en el llamado de los líderes del Movimiento Rescate Nacional, Célimo Guido y José Miguel Corrales, rebelión cuya violencia generó inicios de caos, agresiones directas contra la policía, daños significativos en la propiedad y libertad ciudadanas y, principalmente por la pasividad del poder judicial, lesiones a la institucionalidad del país y a su sensibilidad que se desea democrática. El diálogo multisectorial impulsado por el Gobierno se instala aquí. No fue una ocurrencia.


   Como actor político, el gobierno habla asimismo a la Asamblea Legislativa y a la ciudadanía. Esto último quiere decir que habla teniendo en cuenta las pasadas elecciones y también las próximas (2022). Estos interlocutores centrales, la ciudadanía, los diputados, los electores, no eliminan a las agencias calificadoras de riesgo, pero tampoco las ponen en el centro de la interlocución. Estas agencias escuchan, además, a otros interlocutores de distinto calado: la nueva administración política de EUA, por ejemplo. Con el FMI ocurre algo parecido.

   Así, puede entenderse que La Nación S.A. no escuche lo que desea oír. O lo que exige Canal 7 tras la fachada de anónimos Ciudadanos Responsables. Es mensaje único y sin matices: que el gobierno “deje de gastar” lo que “gasta” en salarios y pensiones públicas y se centre en posibilitar sápidos negocios privados. Este vocabulario esfuma que el Estado/Gobierno costarricense no solo “gasta” sino que también “invierte”. En salud pública, por ejemplo, en carreteras, en educación, en propaganda internacional que atrae al turista. Etc. No. Para el periódico ‘Gobierno’ es sinónimo de “gasto”. Gasto en empleados parásitos y en sus pensiones. Como propuso la responsable de la página editorial del periódico, hay que entrarle al empleo y al gasto público “a las patadas”. Asimilarlos a lo que hacen los restantes países centroamericanos. La guerra del 48 tienen que ganarla ¡por fin! los grandes propietarios locales y el capital transnacional. En realidad, el tema del gasto público es el tema de la calidad de la inversión pública. Y esta buena calidad solo se obtiene con mejor inversión pública, no con su extinción.

   Aquí hay que reconocer que La Nación S.A., y quienes se le apegan o asocian, tiene ventaja táctica que amenaza con convertirse en estratégica. El ciudadano costarricense estima ‘normal’, en su alcance de ‘natural’, tener dientes sanos (y todos) y la mayor duración de vida (mujeres y hombres) de América. En este último rubro, CR “empata” con Canadá (le gana en varones y pierde con las canadienses) con cifras que superan los 80 años. Si la esperanza de vida dependiera en Costa Rica solo de la iniciativa privada se tendría números como los de Honduras: menos de 73 años los varones, algo más de 77 las damas. Y por supuesto, los hondureños se tapan la boca al reír. Como argentinos y chilenos. Las cifras de esperanza de vida en EUA son inferiores a las de Canadá y Costa Rica. Costa Rica invierte en educación, pero sus rendimientos resultan internacionalmente débiles. Pero ¿quién convence a los autoritarios católicos y cristianos costarricenses que la educación consiste en crear experiencias colectivas de aprendizaje permanente y no en “enseñar”? Las instituciones públicas han de interesarse en su eficacia. Alta eficacia reembolsa la inversión. Baja eficacia atrae otros males. Alta eficacia con mal trato laboral (bajos salarios, espacios inadecuados, hábitats descompuestos, corrupción en las jefaturas, clientelismo, etc.) se torna o improbable o excepcional-engañosa.


   En resumen, para “hablar con franqueza”, como dice desearlo La Nación S.A., la transformación decisiva del sector público no transita por degradar masivamente salarios y pensiones, sino por elevar rendimientos y eficacias. Esto no puede hacerse sin evaluación y reingeniería permanentes y actualizadas. De esta manera el sector público contribuirá, sin patada alguna, con una cultura ciudadana y nacional. De paso, Costa Rica sería el primer país latinoamericano en avanzar hacia estas metas. La franqueza o rudeza codiciosa que exige La Nación S.A., en cambio, ahuyenta incluso al turismo y desestaciona gravemente los intereses de los ciudadanos. En cuanto al gobierno, requiere mejorar y mucho su competencia. Pero hay que alentar su esfuerzo por hacer que todos opinen sanamente acerca de cómo salir del hoyo.

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Diálogo

Sonia, Maggie, Jorge (Costa Rica). – Nosotros sí estimamos que al país en este momento le conviene que sus políticos les digan las cosa como son. No es solo una exigencia al poder ejecutivo, sino a todos los actores políticos, incluyendo la prensa.

HG. - Gracias por escribir. Ustedes opinan desde el sentido común y, por desgracia, eso constituye una abstracción. Para efectos prácticos, quiere decir que no existe ese sentido común. Los actores políticos hablan desde sus posicionamientos relativos de poder y de acuerdo a lo que estiman son sus intereses. Estos intereses pueden ser de corto, mediano y largo plazo. En el caso que nos ocupa, estimo al Gobierno central le interesaba apagar el inicio de incendio que generó la acción del movimiento autodenominado Rescate Nacional. A la acción violenta directa, el Poder Ejecutivo opuso un diálogo nacional selectivo, aunque amplio e institucionalizado, como antecedente de su negociación con la Asamblea Legislativa. Estimo su posicionamiento fue correcto y, de alguna manera, forzoso. Ganó porque reinsertó los conflictos en una institucionalidad y además consiguió tiempo porque el diálogo con la Asamblea se interrumpirá durante diciembre y, cuando se reabra, el Gobierno, por reglamento, manejará la agenda. Creo que el reclamo de La Nación S.A. se da porque entiende esto de manera parecida, lo considera negativo para los intereses de los grupos sociales que representa. y por eso exige “franqueza”. Le está pidiendo al gobierno, en realidad, que sea torpe. “Franqueza está por torpeza”. El gobierno central hace caso omiso de la provocación porque la situación es difícil y compleja y también porque hay elecciones generales en el 2022. La trampa del “sentido común” se da porque este sentido común en realidad está principalmente determinado por sectores específicos y sus conveniencias. El Gobierno central es débil en este ‘sentido común’ porque carece de medios de comunicación propios y efectivos y su fuerte (que es la resonancia social de su mandato) se conforma tensionado y compartido con y por por instituciones muy diferentes: las iglesias y el torneo profesional de fútbol, por citar dos. La voz “oficial” del Gobierno en Costa Rica hace tiempo que perdió fuerza.

Rubén, Gerardo (Costa Rica). – No coincidimos con su apreciación respecto a una “memoria larga” de resentimiento que ve en los sucesos actuales la venganza por una derrota política y social en una guerra de hace ya más de medio siglo. Los sucesos de hoy, son de hoy. En esta semana nuestro grupo de discusión los vincula más con las próximas elecciones. En ellas se jugará la defunción del PLN.  Y si gana la presidencial, asunto complicado, tendrá dificultades para gobernar.

HG. – Recuerden que se trata de un extranjero opinando en un medio extraño al que, además, estudia poco. Ahora, la memoria humana (y con ello la social) es peculiar y la memoria de las oligarquías latinoamericanas (y de sus ‘intelectuales’, que pueden provenir de otros estratos sociales) la considero a la vez tenaz y feroz, propia de hinchas. “Hincha” se asocia con partidarismo, pero también con odio y enemistad. Cuando se ‘ofende’ a las oligarquías el resentimiento puede prolongarse casi para siempre. Un columnista dominical de La Nación S.A., Carlos Alberto Montaner, hasta hoy escribe como si Fidel Castro estuviese vivo. Castro murió hace 4 años y se había retirado de responsabilidades políticas el 2008. Es cierto que determinó un legado, pero resulta curioso arrojar insultos personales a un muerto como si estuviera vivo. Pero la memoria humana es así, esposas y esposos separados en algún momento hablan odiosamente del otro u otra para siempre. Y también los hay que no hablan del todo de la relación fracasada. Cuando no se trata de individuos sino de sectores sociales y familias estamos hablando de subculturas y la memoria de y en ellas puede resultar muy tenaz. La memoria se permite, además, fantasías. Pero la observación de ustedes me llega esta mañana del 27 de noviembre. He hojeado La Nación S.A. hace un rato. La primera plana es hoy un aviso comercial (raro, pero a veces ocurre). La primera crónica es sobre los aguinaldos de los asalariados. Se explica que el sector privado también los paga y se dan los montos que recibirán los empleados públicos. Hay un sesgo leve, pero ustedes pueden imaginárselo. El titular de la página siguiente dice que la Asamblea Legislativa puede prohibir las convenciones colectivas. La siguiente página titula “Procuraduría: Es factible incluir a empleados actuales en salario global”. En la siguiente, el titular dice que los diputados “cerrarían” puerta a créditos ante indecisión del gobierno con el FMI. El titular de enfrente dice que “Nuevo plan de salidas le ahorraría al ICE 13.000 millones al año”. La nueva página tiene como título “Contraloría recalca errores en construcción de vías nacionales”. Y la siguiente “Legisladores llamas a cuentas a Román Macaya por respiradores”. Me brinco el grueso del editorial del día. Su título es “Una pregunta para el presidente”. Resalta de él: “El gobierno debe hablar con la verdad y con respeto, no como lo hace el Ministro de Hacienda, con burlas y equívocos”. ¿Está o no en campaña electoral este periódico? Sí. Y contra el PAC. El PAC es hijo del PLN que las familias que controlan el periódico estiman rezuma el hedor de Figueres-Oduber, los ganadores del 48. Y mi lectura la precipitaron ustedes, el día no fue mi elección. En un país pequeño, los dueños del poder fácilmente enloquecen.  Los exdueños, y que aspiran a volver a su monopolio, con mayor razón. Cada coyuntura avisa su revancha. No fueron derrotados. Los molinos de Dios muelen despacio. Ahora verán los gusanos-mequetrefes. Por supuesto, es neurótico. Pero las neurosis le dicen a quien las porta que está vivo y que es el mismo de siempre. Pase lo que pase, los sucesos de ayer siguen en juego. Solo les explico. No es para que coincidan conmigo.

Gerardo. - ¿Qué es eso de los molinos de Dios?

HG.- Es una frase que a veces se atribuye a un autor famoso y en otras se considera bíblica. Esta última apreciación no es correcta. La primera puede ser cierta. El autor es Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882). La sentencia completa es: “Si bien los molinos de Dios muelen despacio, muelen muy pequeño; aunque con paciencia espera, muele todo.” No tengo acceso a la versión original, de modo que no puedo decir si la traducción es adecuada. Es probable que “pequeño” sea “poco” o “lentamente”. Algunos de los que acompañaron a Figueres Ferrer utilizaron la sentencia. Por eso la recordé.

Rubén. – A diferencia de Gerardo me parece que usted da una excesiva importancia al llamado a bloquear sitios de tránsito hecho por los dirigentes del Movimiento de Rescate Nacional.  En eso me he distanciado de Gerardo.

HG. – En realidad el tema no eran los bloqueos por sí mismos, sino que ellos se insertaron en una atmósfera política que alentaba la desagregación social y los brotes de violencia cuyos escándalos eran aprovechados como material para desahuciar a la administración Alvarado. Los medios que visito no pusieron esta vez el grito al cielo por la violencia (como cuando los estudiantes hacen bloqueos y experimentan con material incendiario, por ejemplo), pese a que los manifestantes esta vez enfrentaron a la policía y les dejaron heridos y agredieron directa y sistemáticamente bienes públicos. Dentro de su estilo fueron los bloqueos más violentos de los últimos años. Pero la prensa que leo o veo disminuyó su perfil y además caricaturizó el diálogo amplio que el presidente Alvarado hizo con empresarios, y representantes de sectores sociales después que fracasó su primer intento organizado por el Estado de la Nación. El presidente advirtió el peligro y organizó otro diálogo multisectorial que para sus críticos y adversarios significó solo una pérdida de tiempo, un nuevo ‘plato de babas’ usando una metáfora muy poco respetuosa que Ignacio Santos utilizó para descalificar el informe que el presidente Pacheco (creo) pidió a algunos notables en julio del 2005. Les pedía una opinion sobre el TLC con EUA. Esta última Comisión fue también un intento de la Presidencia del momento para superar la polarización con desagregación social que puede concluir con una derrota para los más las vulnerables. En ambos casos se trató de un recurso político. Este recién pasado 4 de diciembre quienes desean sacar de la cancha al presidente institucional sufrieron otra derrota. El presidente convocó o accedió a una entrevista al y con el Director de La Nación S.A. Y le despejó de una vez directamente su nuevo caballo de Troya: “Sí, vamos a acudir al FMI”. El periódico había majadereado hasta el cansancio con la idea de que el gobierno perdía el tiempo y no iba a negociar con el FMI. La publicación le dio tres páginas a la entrevista. E hizo fotoshop en su primera plana mostrándolo a Alvarado con un gesto de triunfo (pulgar levantado) cuando el funcionario probablemente se encontraba haciendo una enumeración. La idea es levantar indignación contra é y descaliificarlo. Se asemeja a la posición de Trump ante el resultado de la elección en EUA. A Trump parece haberle fracasado. En Costa Rica dividir al país cuando concurren pandemias, crisis fiscal y una ciudadanía débil, porta tufillos suicidas para su régimen democrático, enteremente excepcional en el área.

Alberto (Costa Rica). - Sigo con interés y agradezco sus aportes para comprender la realidad nacional y latinoamericana, en sus artículos publicados en el sitio web (¿cuándo se animará a entrar en YouTube o un podcast?). De "Hablar con Franqueza" no me queda claro su análisis de la relación entre los "brotes” de violencia que se asociaron a Rescate Nacional, por un lado, y el llamado diálogo multisectorial que convocó la Administración Alvarado. Por lo que entiendo, grupos y organizaciones y otros actores sociales se alejaron tanto de Rescate... como del llamado "diálogo": quizás por experiencia tomaron esa actitud o posición (muchas quemaduras con leche, digamos). De todas maneras, según me dicen, el mayor reclamo social estuvo en la regresiva política fiscal que se iría a profundizar, y el debilitamiento de empresas del sector público. Parece que al menos en el Diálogo... no tuvo salida este asunto. Entonces, ¿fue el Diálogo... un dispositivo desmovilizador o un franco (legítimo) esfuerzo por llegar a algunos acuerdos "nacionales" (con baja representación de las regiones de costas y fronteras, así como de las mujeres)? ¿Pasa como escuela para el futuro? Gracias por su aporte y me disculpa por extenderme más de lo más de lo necesario.

HG. – Esta página tiene la virtud de que solo entran en ella los interesados efectivos en dialogar. Me ahorra por tanto los madrazos y otros insultos que se dan en otros espacios. Esto porque lo edito yo. Madrazos siempre existen. Mi punto de vista en el artículo es que el diálogo intersectorial lo imaginó el Ejecutivo tras su fracaso inicial (Estado de la Nación) y la violencia explícita de las manifestaciones que se atribuyen a Rescate Nacional. Estimo que el Gobierno quiso disipar las posibilidades de un golpe de fuerza en modalidad “a la tica” en la situación actual. Creo que el gobierno tuvo éxito en su objetivo central y que consiguió retornar con mejor rostro al diálogo con la Asamblea Legislativa. Este último diálogo tiene como meta explicita las próximas elecciones del 2022. Lo que se logró desmovilizar fue una violencia anti institucional en la que incluso no se tendría el refuerzo estadounidense debido a su propia crisis interna. Luego, no se puede hablar de desmovilización en general sino de tipos de desmovilización. Los sindicatos deberían reflexionar sobre esto. Oponerse frontalmente al Gobierno puede significar su suicidio. Crítico se puede ser: cambie “gasto” por “inversión” pública y reclame por centrarse en la ‘eficiencia en el trabajo’ del sector público y en la necesidad de secar evasión y elusión y ya tiene banderas para ser interlocutor legitimo para una salida de las crisis financiera y de salud.

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