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Universidad Omega,
Nº 101, septiembre 2020.

 

    El economista Thelmo Vargas (n. 1943) realizó estudios universitarios, y se doctoró, en Inglaterra. Antes estudió en Costa Rica y se graduó con honores en su disciplina. Después hizo estudios en Berkeley (EUA) y en la universidad de Ginebra, concurrió a Harvard y obtuvo otro grado en Surbiton, Surrey (The College of Insurance). Surbiton es un municipio londinense. Viviendo allí sin duda aprendió muchas cosas de los ingleses, entre ellas uno de sus dichos, al parecer muy socializado: “Lo que es bueno para la gansa es también bueno para el ganso”.  Si consideramos que gansas y gansos procrean gansitos y gansitas se trataría de un dicho universal para los gansos, o sea para la universalidad de la especie gansil. Como metáfora universal, podría aplicarse a otras universalidades, la especie humana, por ejemplo. O, más localizadamente, a los costarricenses o a su ciudadanía. Con este último alcance es que suele utilizarlo Thelmo Vargas.

   Ahora, el dicho inglés presenta ciertas dificultades. Su giro completo es, aproximadamente, “… la salsa que es buena para la gansa lo es también para el ganso”. Sin ser experto cocinero parece contener alguna verdad. La carne de la gansa muerta y cocinada puede combinarse con una salsa y sería semejante (tanto que solo un experto en carnes de aves podría diferenciarlas) a la de un ganso macho cocinado de manera igual y acompañado por la misma salsa. Quien esto escribe nunca ha vivido en Surbiton de modo que se trata de una apreciación a distancia, para nada antropológica ni gansológica.
 
 La dificultad estriba en que el dicho inglés se refiere a gansos-muertos, gansos-cadáver, de hecho, a carne-de-ganso-ya-cocinado. De acuerdo al dicho, no existe gran distancia ni menos conflicto entre la carne de gansa-cadáver y la carne de ganso-cadáver una vez que se ha muerto, desplumado y cocinado estas aves.
 
   Si consideramos a la gansa y el ganso vivos, la cosa cambia. Lo que resulta bueno para la gansa es un ganso apuesto y fuerte, de sólido apareamiento (aquí lo voy a antropomorfizar) y que colabore en la crianza y defensa de los gansitos. Los gansos en general son aves domésticas (aunque puede haberlos silvestres) y de esta última defensa se encargan los criadores.

   Volviendo al tema central: lo que resulta bueno para la gansa es un ganso con identidad sexual sólida sin perder ternura. Y lo que es bueno para el ganso es una gansa bella, tierna y accesible que sea buena madre (si se lo permiten los criadores). Es decir que lo que se predica de los gansos cadáver no es idéntico que lo que podría predicarse de los gansos vivos. El dicho, aunque tenga origen popular (o sea, surja de los ciudadanos ingleses) solo dice de la carne de los gansos cadáver, no de los gansos vivos. Dicho de los gansos vivos resulta falso porque hembras y machos de la especie se diferencian aun entre los grupos de gansos domésticamente reunidos. El dicho es falso, venga de donde venga si se aplica a gansos vivos. Para alcanzar verdad ha de decirse: a la carne cocinada de los gansos, hembras o machos, les viene de manera semejante toda salsa que realce su textura y sabor. No resulta necesario distinguir por ello entre gansos hembra y gansos macho. Desde luego quien escribe esto no es cocinero y doy por sentado que las carnes de los gansos bien preparadas no permitirán distinguir hembras de machos. Podría equivocarme.

   Ahora, algunos economistas (no necesariamente Thelmo Vargas) suelen considerar que determinadas políticas públicas serán beneficiosas para todos: o sea, como la salsa de los gansos serán buenas para todos indistintamente. Incluso pueden pensar y decir que ciertas políticas públicas tendrán efectos positivos en un mismo plazo para todos los ciudadanos. Lo que beneficia a la empresa privada (local o asociada con empresas extranjeras) resulta bueno para todos: la salsa que es buena para… Ahora, las políticas públicas que benefician lunes y martes (por decir algo) a A, B, y C no necesariamente benefician a H, I e Y. Podrían incluso llevar a estos últimos sectores a la desesperación. No sirve aquí la ley del ganso muerto. Y no sirve porque A, B, C, H, I, e Y están vivos y todos quieren mantenerse con una vida socio-humana que valga la pena. No desean para ellos (y sus familias) y sus sectores ni la provisoriedad ni la precariedad. Es probable que ciertas medidas no puedan favorecer a todos por igual y en todo tiempo. Pero cuando algunas medidas potencian a algunos todo el tiempo y perjudican a otros todo el tiempo (la existencia humana es corta, de modo que ‘todo el tiempo’ puede ser un quinquenio) pueden suscitarse conflictos graves con ganadores y perdedores y exaltaciones y rencores que precipitarán nuevos conflictos. Ninguna política pública puede servir por igual a todos todo el tiempo. Ninguna política pública puede tampoco dejar de compensar a quienes temporalmente pierden o experimentan bloqueadas sus oportunidades de vida. Ciiertas políticas públicas se aplican universalmente, pero a diferentes. Los ciudadanos no son gansos muertos. Las políticas públicas han de crear condiciones para que quien gana hoy, ceda algo o mucho, para que quien pierde hoy, gane algo o mucho mañana. Entre los seres humanos muchas veces “ganar” significa poder ver crecer saludables y con esperanzas a los hijos. En esto sí nos acercamos a los gansos vivos que nunca parecieron interesar en demasía a T. Vargas.
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