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Universidad Omega, Nº 99,
septiembre 2020

 

   En las diferentes versiones del español (el idioma más hablado en América Latina), el término ‘usura’ carece de toda connotación positiva. La Real Academia la asocia siempre con apremio-injusticia, o sea violencia, determinada en un contrato comercial o trato que favorece al usurero. Este usurero facilita un bien (préstamo) o dice realizar un servicio y cobra un interés excesivo por su acción. Obtiene de esta manera una ganancia ‘’legal’ (si una norma jurídica regula el contrato) o “ilegal” como en los préstamos de delincuentes organizados que suelen “garantizar” sus favorescon violencia física o incluso con ejecuciones “ejemplares”. Una eventual legalidad de la usura no hace desaparecer la injusticia-violencia que el acreedor comete contra el deudor. Por eso la ‘usura’ podría ser legal, pero seguiría siendo injusta y violenta. Así, conviene no llamar ‘usura’ al interés jurídicamente establecido que se cobra por un bien comercializado a plazos o que se deriva de una transacción financiera.
   
   En estos sofocantes tiempos de pandemia, con alcances letales o inhabilitantes, la prensa (escrita y televisiva) hegemónica costarricense socializó la expresión “ley de usura” para designar una ley “contra la usura”. Este último debería ser el nombre (formal e informal) de esta ley y así se la debería nombrar y conocer. A quien esto escribe el asunto le pareció grotesco y hasta cierto punto divertido (porque desnudaba las gulas de los dueños del país) hasta que ojeó un ejemplar del Semanario Universidad (edición 2339) de este mes de septiembre del 2020. El titular de su página 19 rezaba “Ley de usura impacta intereses…”. Es decir, el Semanario se había comido el viciado guiso preparado por la prensa y televisión interesadas en que el término “usura” se ‘normalice’ casualmente porque ello hace parte de los intereses de sus propietarios (y de los propietarios de capital en general): o hacen préstamos o venden/alquilan a plazos. Para estos propietarios tornar inofensiva (además de legal) la usura, resulta conveniente. Si a ellos en las transacciones se les hace violencia usurera, ellos trasladan esta violencia a otros. El ciudadano de a pie no puede hacer esto. Si no paga, va preso. Si quiere renegociar su deuda, deberá pagar más o por más tiempo. El asunto para los propietarios siempre es: alcanzar hasta el último centavo que se pueda conseguir con ganancia en una transacción comercial. Un crítico cultural excepcional como Shakespeare (1564-1616) escribió, cuando el capitalismo daba sus primeros pasos en Europa, “El mercader de Venecia”, una comedia con final feliz en la que el usurero sale derrotado ¡y triunfan la decencia y los sentimientos constructivos! Exactamente lo que algunos no desean exista en Costa Rica si la decencia les disminuye utilidades. Por eso quizás hablan y escriben “ley de usura” y se abanican. Para Shakespeare derrotar a Shylock (usurero) era como derrotar a Trump electoralmente primero y política-culturalmente después. Son derrotas que las personas decentes deben promover y ejecutar. Pero a Shakespeare en Costa Rica algunos sectores querrían estigmatizarlo como nica trashumante o indio ngöbe recolector de café.
   
   En fin, algunas personas que escriben a La Nación S.A. (no en La Nación S.A.) han entendido claramente qué se desea y discute. Redactan ley contra la usura. Una ley de usura tiene que ser llamada ley contra la usura ¡y ser tal ley! Así contribuye a debilitar a los Shylock locales y extranjeros. Y el asunto nada tiene que ver contra los judíos y los proveedores financieros. Los hay bellos y decentes, así como hay bereberes y, de cualquier otro grupo humano, bellos y decentes. Uno de sus rasgos es que no practican la usura. La denuncia y combaten. Como Shakespeare. Este último tiene la capacidad, además, para ridiculizarla y mostrar la alternativa: nada de usura. Y si hay ley, es contra ella y para castigarla severamente.
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 Conversación

Selma, Iván (Costa Rica).- Notamos que usted hace una diferencia entre personas que escriben a La Nación y quienes escriben en La Nación. Y por favor, no añada el S.A. al nombre del periódico. Es una empresa legítima.

HG.- Bueno, quienes escriben a La Nación S.A. aparecen normalmente en su sección de Cartas a la columna.  Muy ocasionalmente alguien paga un espacio o consigue un campo para referirse a otro ángulo de algún asunto.  Quienes escriben en La Nación S.A. son sus funcionarios y colaboradores habituales. Carlos Alberto Montaner, por ejemplo. Casi empatado con Jacques Sagot, es el peor. Y quien esto escribe no tiene problema alguno con que La Naciòn S.A. sea una empresa que gana dinero. No hay delito en eso. Lo que le critico  es que su lìnea editorial invada el ejercicio profesional de los reporteros. En la casa donde me crié todos los varones adultos eran periodistas. Y sus reportajes no tenían línea desde arriba aunque existiera un interès por informar. Pero se buscaba informar sin sesgar. Que se consiguiera es otra cosa. La información depende también de quien la lee. En todo caso, la lìnea política se reservaba para la página editorial y de opinión. El reportero es un tipo especial de empleado (especialmente en los medios escritos). Tiene que dársele autonomía para informar. Por supuesto puede ser una idea que ya no vale. Pero yo me crié con ella y ya anciano no la voy a cambiar. Principalmente porque estimo defiende a los lectores y a los reporteros. Entiendo que Costa Rica es un país pequeño y que un reportero no puede disgustarse con su jefe de redacción porque corre el riesgo de no ser contratado en parte alguna, pero existe un Colegio de Periodistas y quizas conversando y discutiendo se podrìa llegar a un acuerdo que respete a reporteros y a lectores. Y ya ven que atendí su voluntad para escribir La Nación. Aprovecho de decirles que en las Cartas a la Columna una persona al menos redacta muy claramente "ley contra la usura". Estimo es la versión adecuada.