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Universidad Omega,
N° 95, agosto del 2020
 


  A la memoria de Víctor Jara, asesinado en 1973.

 

   De acuerdo a la prensa, el obispo de Cartago, Mario Enrique Quirós, hablando en la Misa Solemne en honor a la Virgen de los Ángeles, llamó al diálogo entre sectores (sociales) y el Gobierno de la República para la atención de los efectos negativos de la pandemia en curso. En su homilía “… el obispo enfatizó en la necesidad de que todos los sectores remen juntos, en la misma barca, y no cada uno por su lado” (LN S.A.: 03/08/2020). Lo de la misma barca se oye como una excelente referencia. La utilizó, entre otros, el poeta ‘de color cubano’ Nicolás Guillen en su  libro de 1947, El son entero. “La sangre es un mar inmenso que baña todas las playas... Sobre sangre van los hombres, navegando en sus barcazas: reman, que reman, que reman, ¡nunca de remar descansan! Al negro de negra piel la sangre el cuerpo le baña; la misma sangre, corriendo, hierve bajo carne blanca. ¿Quién vio la carne amarilla, cuando las venas estallan, sangrar sino con la roja sangre con que todos sangran? ¡Ay del que separa niños, porque a los hombres separa!“. Para el poeta, lo común y universal  es la sangre humana y el esfuerzo que hace cada remero por llegar a su destino. Lo deseen o no, sangre, fervor y destino resultan comunes. Por desgracia la metáfora de la barca y sus remeros no resulta apta para una sociedad moderna, como Costa Rica.

   Las poblaciones de las sociedades modernas, y Costa Rica hace parte de ellas, se dividen en sectores y los intereses de cada uno de ellos, pueden ser distintos, y hasta incompatibles, con los intereses de otros. Por ejemplo, no resultaría extraño que un sector de creyentes religiosos en el país viera en la pandemia un castigo de Dios. Obviamente el castigo divino no va con ellos, puesto que se trata de creyentes fieles. Se enferman quienes Dios quiere que se enfermen. Así, el enfermo resulta responsable de atraer el castigo. En Costa Rica, cristianos y no cristianos suelen rechazar que se habiliten sitios cercanos para población infectada o sospechosa de estarlo. Por supuesto el rechazo tiene escaso valor racional: si Dios castiga a otros y no a ellos, que le son fieles, pues no hay  manera que los castigados traspasen su mal a quienes aman a Dios. El ‘traspaso’ tomaría la forma de misterio.  Pero aquí no averiguamos este misterio. Lo que interesa es que las sociedades modernas contienen sectores sociales diversos y que su diversidad es estructural o sistémica. Sectores sociales diferenciados y hasta enfrentados configuran la ‘normalidad’ social. Así, no hay una sola barca y sus remeros, sino varias barcas cada una con su propia dotación de remeros específicos. Pueden darse remeros situados en la barca equivocada, pero si se advierte su situación, serán arrojados al agua o desembarcados en el próximo sitio más apto para ello. El dicho de sabiduría ‘tradicional’ en sociedades complejas es “Cada oveja con su pareja”. Quiere, en parte, decir, cada cual con quien le corresponde. El dicho es flojo porque la ‘pareja’ puede ser un socialmente muy distinto y rechazada por serlo. Así, el dicho se lee: “Cada oveja con su pareja socialmente consentida”. Muy humano.

   El efecto es que los remeros de un mismo bote pueden darse un objetivo común si se ven como semejantes o pueden no dárselo si se experimentan como distintos, diferenciados y hasta hostiles. Además, algunos pueden experimentarse superiores. La fiesta de la Virgen de los Ángeles genera un bote enorme y remeros mayoritarios y probablemente varios botes pequeñillos con sectores minoritarios que no aceptan, por algún motivo, a la Santa. Algo parecido ocurre con el navío-país generado por el coronavirus pandémico. Por ejemplo, distancia remeros que se ocupan preferentemente por la salud con remeros angustiados porque la situación económica los agrede en su vida y propiedades y no perciben horizontes positivos. Los dos tipos de remeros viven de una manera distinta la pandemia aunque puedan compartir su visión de horizonte. El mar de la salud no coincide con el mar de la economía. Tampoco las barcas, los remos y los eventuales puertos próximos. Y los remeros y sus directores ven difícil acercarse para dialogar y ponerse de acuerdo. La agitación del mar dificulta (si es que no bloquea del todo) establecer una mesa de diálogo.

   Si existe esa mesa será para establecer prioridades (factores políticos situacionales determinantes actuales) y postergaciones (tareas políticas, económicas, de salud, situacionales, etc. a resolver oportunamente en el marco de las prioridades determinadas). La discusión de esa mesa supone constancia y evaluación permanentes. Puesto que existen diferencias y distancias entre quienes concurren a la mesa cada remero ha de anteponer sus capacidades y no sus necesidades. Lo que puede ofrecer y entregar y no lo que requiere recibir. Así funcionan (menos peor) las sociedades humanas que articulan (mejor o peor, o no articulan del todo) grupos humanos diversos, distintos, que ni siquiera la amenaza más fiera puede transformar en semejantes. Menos en iguales. El obispo Quirós habló en la dirección correcta. Ojalá todos le hayan escuchado y se apresten para hacerle caso.

    Quienes no le escucharon o no entendieron están agitando poderes paralelos, insurrecciones y matanzas de gatos (uno al menos ya fue liquidado. Paz a sus restos). Conviene atemperarse. Se está en el mar, hay tormenta y se viaja en barcas diferenciadas. Tiempo de dialogar (también lo pidió el obispo)  aunque sea a los gritos para que se escuche. Nunca resulta humano el tiempo para dejar de remar o hundir el bote.

 

Conversación

Mirna (Costa Rica).- ¿Por qué dedicó este artículo a Víctor Jara?

HG.- Este chileno fue un individuo excepcional, creador talentoso y generoso. Pero me enteré recién que fue influenciado por Violeta Parra (1917-1963) y la consideró su amiga. Violeta fue alguien muy especial en Chile. Un artista e intelectual que declara su admiración por ella se hace parte de su singularidad. Violeta Parra en vida fue amada por pocos. Jara quizás fue uno de ellos. Me resultó inevitable entonces saludar su memoria con cariño. Es poca cosa pero es lo que está en mi mano algo anciana.
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