Universidad Omega
N° 85, marzo, 2020.
 

 

   El sábado 13 de este marzo amenazante del 2020 La Nación S.A. publicó en su página de opinión una reflexión del cineasta costarricense Jurgen Ureña quien destacó aspectos positivos (para la especie y el planeta que habita) del coronavirus. Destacó la reducción del dióxido de carbono en China y lo comentó así: “El coronavirus ha triunfado donde fallaron las negociaciones internacionales y ha conseguido una reducción del 6% de las emisiones a escala global”. Su juicio resulta unilateral porque transforma una situación en tendencia, pero vale. Ureña le suma el aumento del teletrabajo. Lo ve como un sólido refuerzo de la responsabilidad ciudadana. Ambos factores son señales esperanzadoras en el horizonte de una humanidad mundial. A estas notas que considera positivas, Ureña añade una preocupación social: “… conviene pensar con detalle en la condición de confinamiento en hogares con antecedentes de violencia intrafamiliar y entender que, en muchos casos, el trabajo fuera de casa ha actuado como una válvula de escape”. Se trata de una aproximación a la violencia machista y a la vulnerabilidad de mujeres, ancianos y niños y también vale. Bien por Jurgen Ureña.

   Sin embargo su artículo, que rebosa espíritu bueno, resultó insoportable para cuatro columnistas habituales de La Nación S.A. y para la editora de opinión del mismo periódico quienes, tras suponemos febriles correos y gritonas sesiones en sus espacios de encuentro contestaron al humanismo de Ureña con un sólido berrido colectivo. Lo titularon “Si hay patadas, hay pa’ todos”. Lo publicaron en el mismo periódico, en la misma página 15 el 20 de marzo. El título mismo falsea la realidad. La pandemia no es un partido de fútbol. Y si lo fuera, las patadas en un juego de fútbol solo comprometen a algunos jugadores.

   Aun si los dos planteles se dieran de patadas, bancas incluidas, las coces no incluirían al cuerpo arbitral ni a todos los espectadores. Tampoco a quienes narran el juego ni a los planteles de seguridad ni a las damas padres o abuelos que se hacen acompañar de hijos pequeños. Etc. El personal de seguridad, privado y público, no le entra a las patadas. Se han dotado de formas menos animales de controlar disturbios. Y regalamos que la pandemia no constituye un disturbio sino una amenaza para todos y la muerte para algunos.

   Probablemente los cinco firmantes de la ocurrencia, de apellidos Mora, Feinzag, Meléndez, Mesalles y Vargas, en su alegría de saberse un equipo coceador nunca recordaron que todavía hoy, cuando un buque se hunde, el capitán recuerda: “Mujeres y niños primero”. Pasajeros más vulnerables y esperanzadores ocupan los botes. Feinzag, Meléndez, Mesalles y Vargas aguardan turno. Es lo civilizado. Lo humano marítimo, digamos. Los firmantes de la “pateadura universal” (costarricense en realidad) nunca habrían tocado en la mítica orquesta del Titanic (cumplió su tarea mientras el barco se hundía; su música distraía de los alaridos de pavor. Por supuesto, murieron todos).

   La propuesta de los anti-Titanic es simple: “La mayoría de las empresas privadas del país (…) y sus trabajadores enfrentan crecientes penurias económicas y financieras producto de la pandemia del coronavirus con un efecto dominó sobre sus familias.//En consecuencia, el Estado debe ser solidario y reducir fuertemente sus gastos (cerrar temporalmente instituciones que no satisfagan un fin social (sic), reducir jornadas laborales y sus respectivas remuneraciones, cortar horas extras, eliminar gastos superfluos, etc.). El (sic: así fue escrito) quiere decir que ninguna institución o práctica humana deja de ser social nunca. Así, la distancia entre privado (individual) y público resulta una separación jurídico-práctica no efectiva o ‘real’. El “cementazo” lesiona a toda la sociedad costarricense. Igual que el desplome del Banco Anglo (1994). O las acusaciones jurídicas contra los expresidentes Calderón y Rodríguez.

   Según los firmantes: “Prácticamente la mitad del Estado puede reducirse sin acrecentar el desempleo”. Pone de ejemplo a EUA “…la gran potencia mundial, acude al cierre de la administración cuando el Congreso no aprueba los presupuestos del Estado (…) ha recurrido a  este instrumento, permitido por su ley, por lo menos en 19 ocasiones desde 1976 ¡y el país nunca colapsó!”. Los 5 jinetes del Apocalipsis “olvidan” que esos cierres son legales en EUA y que las diferencias entre Ejecutivo y Legislativo se negocian y que ¡obviamente! EUA no cesa sus Fuerzas Armadas. Es otro escenario. En las fotos que “adornan” su ocurrencia los 5 firmantes, excepto uno, sonríen. Varios han sido funcionarios públicos. Todos olvidan que la Costa Rica de hoy, con sus defectos y galas, se debe a una Guerra civil. Ellos ni siquiera enseñan dientes. Sueñan aplastar mayorías con ocurrencias 'populistas'.
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Conversación

Miriam (y varios más, Costa Rica).- Olvidó usted incluir el nombre del artículo de Jurgen Ureña.

HG.- Sí. Imperdonable. El título es "En el mismo barco". A mí me pareció constructivo, bello.

Manfredo, Hernán (Costa Rica).-  ¿No le parece excesivo hablar de chiquero? Esa gente piensa distinto a usted, eso es todo.

HG.- A un chiquero concurre mucha gente decente, veterinarios, esposas de granjeros, chicos estudiantes, y también otros, cuatreros, por ejemplo. El sitio mismo es hábitat de cerdos, pero el animal cerdo es calificado por los entendidos como más inteligente que los perros y tan amigables, leales y cariñosos, sociables, dispuestos a jugar (¡se divierten con video juegos!) y  además protegen a quienes les tienen estima. Es decir, mejores que perros si hubiera que compararlos. En el chiquero, industrial o no, se maltrata a cerdos y cerdas porque son vistos por sus propietarios como fuentes de pronta ganancia. Entonces la referencia negativa corresponde a los chiqueros industriales capitalistas, no a los chanchos. Que la publicación de los 5 jinetes del Apoca (para no maltratar a la Biblia) resultó poco grata a muchos, y su sentido del “humor” inconveniente (ningún juguetón cerdo lo habría aprobado) lo muestra que La Nación S.A. publica el lunes 23 de marzo, es decir 3 días después del “chiquerazo”,  una entrevista a un expresidente del Banco Central, Francisco Gutiérrez, que tiene un enfoque crítico pero centrado en la articulación entre crisis fiscal y pandemia. Estima que se ha perdido por parte de la autoridad política la comprensión de esa relación y que se están dando beneficios que él estima “no llegarán a la gente que en realidad los necesita”. Estos últimos los determina como pequeños empresarios y trabajadores informales. Lo que más avanza en el tema que interesa a quienes desean una guerra universal de patadas son cinco líneas en una entrevista de una página con foto: “…uno esperaría que se actuara con mucha más fortaleza en decir ‘bueno, aquí hay que ver cómo aprovechamos esta ocasión para reducir el gasto público’, cosas estructurales”. Pero el centro de la entrevista se dedica a que el Gobierno desplaza pagos y se trata de un dinero que va a necesitar tanto para ayudar a quienes menos tienen como para avanzar en el tema de la deuda pública. Tiene su racionalidad el enfoque y, si existiese la disposición, podrían discutirlo distintos sectores sociales y llegar a acuerdos. Existen dos desafíos serios o graves y se tiene que atender de la mejor manera a ambos. El título de la entrevista es “Hemos actuado como si tuviéramos una situación fiscal muy tranquila”. El mismo día que publica las declaraciones del expresidente del Banco Central Eli Feinzag hace casa aparte de la publicación acerca de las “patadas para todos”. Incluso difiere del sentido de las patadas según quien las reciba: “No es lo mismo analizar la propuesta desde la seguridad laboral de un catedrático de una universidad pública que desde la precariedad de la camarera de un hotel que, en plena temporada alta, recibió la cancelación del 100% de sus reservaciones”. Aunque su observación admite muchas lecturas los trabajadores públicos (y si lo desean también los privados) de ingresos medios y altos podrían pagar un impuesto especial (además de los que ya pagan) temporal (varios años) para dar mejores condiciones de existencia a los trabajadoras y trabajadores del sector privado que ya no puede hacer negocio con esos empleados. El asunto, como se advierte no pasa por aplastar el empleo público sino porque todos contribuyan a aplastar la pandemia y, a la vez, a superar el déficit fiscal y también el desempleo e ingreso de los más vulnerables. Dialogando se entiende la gente. Universalizando las patadas no.

Lupe, Esteban, Julio.- ¿Y usted como ve los desafíos, con independencia de los chistes de mal gusto?

HG.- El momento es comprometido porque se articulan, como señala Francisco Gutiérrez, el desafío fiscal y la pandemia. La última no se puede atender sin participación decisiva del Estado. Así ha venido ocurriendo. Son protagonistas el Ministerio de Salud, la CCSS, el ICE (que coopera con el teletrabajo), FANAL que desplazó la producción de licor para dotar a la población de alcohol antiséptico. Correos de Costa Rica se hizo parte de su distribución. El Ministerio de Educación Pública, y el CNP se coordinan para hacer llegar alimentos a los beneficiarios de los comedores escolares. Incluso el Ministerio de Seguridad realiza trabajo social más acá y allá de su tarea contra el  delito. La ciudadanía costarricense no es la mejor pero tampoco la peor del mundo. La pandemia por el momento ha tocado a pocos. Por desgracia ya hay fallecidos. Pero el esfuerzo del sector público ha sido bueno y los resultados están a la vista. Este sector público, con sus defectos y virtudes, resulta de una experiencia de más de medio siglo. Los esfuerzos por desmantelarlo (que era en parte la línea del Gobierno hasta la pandemia) acerca a Costa Rica al resto de Centroamérica. No es buena idea. Superada la pandemia, o al menos evitada su escalada, conviene tomarle la palabra a Eli Feinzag. Termina así su artículo independiente: “Enhorabuena la lluvia de propuestas para ayudar a trabajadores y empresas a capearse el temporal con el menor daño posible. Pero necesitamos una lluvia de ideas igual de intensa para compensar el costo de dichas medidas y evitar el descalabro. Queda abierta la discusión”. Se le puede tomar en serio y desear que en el diálogo/discusión  y resoluciones participen los trabajadores públicos y privados, los empresarios grandes, medianos y pequeños, los dirigentes públicos (Estado) y que cada sector ofrezca lo que está en su mano cumplir (no lo que los otros desearían que hiciesen). Así se labró el “milagro alemán” después de la Segunda Guerra Mundial. Sin patadas. Con todos remando hacia un mismo destino. Sin patadas.

HG.- PD. Una mala noticia. Hoy, martes 24 de marzo, aparece en La Nación S.A. un artículo extenso de la dama del manifiesto colectivo que, además, es la editora de opinión del periódico. El primer párrafo reitera el título de su frenético texto: “La teoría económica del pura vida”. Si diatriba significa “escrito acre y violento contra algunos o algo”, entonces se trata de una diatriba. El párrafo referido comienza así “Según la teoría económica del pura vida…”. O sea que un lema acogido temporalmente por muchos costarricenses como síntesis/retrato de su país pasa a ser una “teoría económica”. Décadas atrás el lema era “Yo me la juego”, tal vez una teoría cinética. La desplazó un “Porta a mí, mae”, quizás una teoría de sentimientos y acciones sugerida por Freud o Lacan. Al nivel que lleva las cosas la dama conviene seguir el consejo de Wittgenstein: “Más vale callar”. Lo peor es que quizás cada uno de los jinetes del Apocalipsis querrá abundar en desafueros. Patadas vienen, patadas vienen, patadas vienen. Nada de "milagro alemán". El chiste popular dice: “Golpes iban y golpes venían, golpes venían, golpes venían, golpes venían…”. Estará de Dios, como señala tanta gente.
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