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Universidad Omega,
N° 83, febrero 2020.

 

   Con el cambio institucional de Director (a) del Semanario Universidad pensé me resultaría factible retornar a su página de opinión cada quince  días. Eso había sido acordado con distintos directores del medio comenzando por el algo ya mítico y polémico Carlos Morales (entre 1976-1995, en lo que interesa), periodista e intelectual. Colaboré cada quince días con los periodistas directores Renato Cajas, Eduardo Amador, Thais Aguilar (con ella algo menos por razones especiales) y durante la primera dirección de Laura Martínez. Por malos entendidos el primer siguiente Director que vino tras ella estimó que yo constituía algo así como un enemigo personal y no contó con mi participación. Tal animadversión no existía. Siempre he considerado al semanario como medio y lo he diferenciado de sus Directores con los cuales puedo tener aproximaciones y diferencias. La idea permanente fue mantener una línea de opinión que continuara en el semanario el trabajo de Isaac Felipe Azofeifa quien, en su momento, combatió desde sus páginas en la línea de una veracidad crítica y alternativa que quiso para el periódico su fundador Manuel Formoso (1932-2014). Por admirable coincidencia debo a ellos dos, Azofeifa y Formoso, mi colaboración con la UCR. Por supuesto no pretendía alcanzar con mis textos en el semanario la estatura ética ni intelectual de estas personalidades excepcionales. Solo recordarlos como expresión de agradecimiento respetuoso.

   Por desgracia mi solicitud de participación quincenal no fue esta vez aceptada. El Jefe de Redacción del semanario me señaló que ello resultaría en una presión insostenible para él por parte de otros colaboradores que preguntarían la razón de un ‘privilegio’ que desplazaba sus textos y la Directora estimo quedó en medio de una distancia que no puede resolver en contra de su principal brazo periodístico en el periódico. Lástima de derrota por mi parte. La oferta de publicar ‘de vez en cuando’ no era aceptable desde mi punto de vista porque en un semanario se ha de tener cierta persistencia para contribuir con su identidad. Asumido el revés, retorno a mi serie de la Universidad Omega con la que reemplacé mis textos en el semanario mientras duraba la que esperaba sería solo una temporada de ostracismo. Desde luego, no es lo mismo, con sus ventajas y carencias.

   A lo que se tituló. Desbancado por el momento Otto Guevara, el nuevo líder del neoliberalismo local militante, Eli Feinzag, sale a la palestra para mostrar su repudio hacia el nuevo jerarca de Hacienda, Rodrigo Chaves Robles (con larga experiencia en el Banco Mundial), por haber tocado el tema del secreto bancario en una entrevista de radio. Un mantra neoliberal es la repetición de la frase “el capital es el animal más tímido del mundo”. El Ministro de Hacienda llegó hasta la Asamblea Legislativa para solicitar el levantamiento del secreto bancario en Costa Rica. El título del artículo del señor Feinzag es: “Espantar a la gallina de los huevos de oro” (LN: 19/02/20). Donde dice “gallina” ha de leerse el animal del mantra. Entiendo que la OCDE, en cuya puerta de entrada ya golpea el país, también adversa este secreto.

   El secreto bancario ha sido cuestionado desde que existe banca capitalista.  Estados Unidos sospecha del secreto bancario en Suiza, pero eso no le impide estar a la cabeza mundial de ese misterio en casa. La razón para recelar hoy del escondrijo bancario es que él puede ocultar dinero narco, terrorista, competencia de paraísos fiscales y la evasión y elusión (evadir impuestos utilizando la legislación) fiscales.  En Costa Rica, este secreto puede ser levantado por orden judicial. La reciente lucha de La Nación S.A., tímida cervatilla, por impedir tecnologías de trazabilidad económica en las bebidas alcohólicas, muestra quizás el temor de algunos empresarios por verse descubiertos y forzados a pagar los impuestos debidos por legales como corresponde. América Central es hoy día, por ejemplo, territorio casi invadido por el narco. Contra su fuerza (que hoy es tal vez todavía baja) conviene trasformar opacidades bancarias en transparencias ciudadanas. Es la opinión de EUA cuando se trata de Suiza y de la OCDE en general. No es un delirio del nuevo jerarca de Hacienda en su deseo de castigar a los multimillonarios  locales o regionales. La transparencia bancaria y financiera no debería ahuyentar a ciervo alguno ni aterrar tampoco a gallinas. Quien no hace trampas pone el pecho y hasta se podría pensar en un Premio Nacional a la transparencia cada tres años para la empresa (o empresas) que, a juicio de Hacienda, mejor presenta sus declaraciones en tiempo y contenido y además paga. El premio podría ser conocido popularmente como El Ciervo Valiente o los Huevos de Oro.

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Conversación

Dacid, Luisa (Colombia).- ¡Qué bueno que retorna con sus artículos! Aun cuando no hablan de Colombia nos son útiles en nuestra profesión de educadoras. Y creemos que  también lo son para otros. Un abrazo y lo echábamos de menos.

HG.- No solo resulto abrazado sino que respondo agradecido el abrazo. Siento que me buscaron en el sitio.

Dacid, Luisa, Nelson (este último costarricense).- ¿Por qué se califica de ‘mantra neoliberal’ el giro “el capital es el animal más tímido del mundo”.

HG.- Utilizo ‘mantra’  de una manera amplia para indicar los caracteres litúrgicos del vocabulario e imaginarios neoliberales latinoamericanos. Los mantras suelen utilizarse en el marco del refuerzo de una imaginada posesión de una verdad absoluta. “Sin pecado concebida” es un mantra católico, por ejemplo. También el coro que contesta a una alocución del sacerdote “Palabra de Dios”. El neoliberalismo latinoamericano estima que al capital no se le debe inquietar nunca porque tiene una naturaleza melindrosa. Lo espantan socialismos y ‘populismos’. Y cualesquiera acciones que intervengan el libre fluir de los mercados. Impuestos con tasas bajas y generales son siempre óptimos para estos neoliberales. Así los impuestos ‘especiales’ para las Zonas Francas resultan dañinos si no se extienden a todos los empresarios y también los impuestos que gravan el consumo conspicuo o las fortunas altas expresadas como autos o casas o campos de golf. Los impuestos han ser universales, bajos y para todos igual. Si no lo son la gallina de los huevos de oro se espanta y deja de ponerlos y el ciervo huye a otro sitio. A veces esta inquietud neoliberal muestra una tonalidad religiosa, en el sentido de verdad revelada que resulta obligatorio cumplir. Si no se cumple, viene el castigo de los mercados que asumen el papel de Dios o dioses.

Decid, Luisa, Nelson.- ¿Usted maneja una descalificación absoluto del neoliberalismo?

HG.- No, en primer lugar porque no resultaría útil. El término ‘neoliberalismo’ es polisémico. Neo-liberal quiere decir liberalismo emergente y nuevo (el antiguo se remontaría a Locke [1632-1704]) y otros, pero en el siglo XX fue llamado neo-liberalismo el pensamiento de John Maynard Keynes (1833-1946) y también, posteriormente, el de un contemporáneo relativo de Keynes, Federico Hayek (1899-1992) y del más joven Milton Friedman (1912-2006). Existe una adaptación latinoamericana de estos últimos desde la década de los noventa del siglo pasado, pero sus referentes son más de políticos prácticos (la gran estrella es la inglesa Margaret Thatcher [1924-2013]1924-2013), porque habría destruido el sindicalismo inglés (entre otros logros) y el principal falso referente publicitado del neoliberalismo latinoamericano es un ‘Consenso de Washington’ que nunca existió y una metafísica del mercado que relega al Estado al papel de supervisor de los contratos privados. América Latina tiene el ‘mérito’ de poseer el primer régimen político del mundo que adoptó el neoliberalismo como fundamento de las políticas públicas. Se trató de la dictadura empresarial-militar que encabezó Augusto Pinochet en Chile. La dictadura se sostuvo entre 1973 y 1990, después vinieron los gobiernos de Thatcher y Reagan. Casi todo el mundo acepta en este momento que la reciente explosión social en Chile tiene su principal factor antecedente en la administración de Pinochet. Por eso es que se habla de una nueva Constitución. La actual fue hecha a la medida de Pinochet (1915-2006) y sus asociados empresariales y agentes extranjeros del Primer Mundo.

Decid, Luisa, Nelson.- Pero, ¿por qué no resultaría útil estar contra el neoliberalismo?

HG.- El giro expresa una decisión personal. Soy extranjero en Costa Rica y se nos prohíbe hacer política. No me molesta la norma. Pero en política usted está en los frentes político-culturales o no está del todo en política. En el antiguo Chile existía un dicho. Ser “…el capitán Araya” quería decir “embarcar a la gente y quedarse en la playa”. Entonces estoy sinceramente agradecido con un país que no me invitó pero me acogió y respeto su legislación. Pero la intervención de ustedes toca también un plano que no es personal. La mundialización entró con fuerza en la transición entre siglos. Reemplazó, como clima político, al desarrollismo desplegado con variantes después de la Segunda Guerra Mundial. El neoliberalismo es la ideología eje de la mundialización. Compromete al FMI, al Banco Mundial, a los gobiernos mundialmente decisivos. Y este neoliberalismo seguirá siendo probablemente en la 4ª Revolución Industrial en curso la ideología de dominación. Ustedes comprueban y resienten, ya sea que estudien o solo existan, que los más importantes desafíos mundiales actuales no son transformados en problemas por los gobiernos más poderosos del planeta. Cito dos: el daño ambiental y las migraciones masivas de poblaciones triplemente no-deseadas. El paradigma dominante con eje en el neoliberalismo actual, a mi juicio, influye decisivamente para que no se asuman estos desafíos. Para un observador ‘exterior’ (inexistente, por lo demás) el asunto se muestra como si todos (o la minoría que concentra poderes efectivos) deseasen el suicidio y nos encamináramos al colapso voceando himnos de disfrute y satisfacción. La mundial cena común no existe. El próximo torneo de fútbol genera más interés que la desaparición de especies que también, como la nuestra, hace vivir y morir al planeta, y no se discute tampoco la incapacidad del sistema para generar empleos y radicaciones estables. Ahora, la ideología de la mundialización no es otra que el neoliberalismo. Resulta suicida. Pero en América Latina tenemos además mala suerte, aunque la suerte tenga poco que ver con la historia. Hemos históricamente construido sociedades falseadas con Estados corruptos y clientelares. Esto quiere decir que nuestra sociedad civil tiende a constituirse como farsa. Contra estos Estados se mueve el discurso neoliberal regional (la situación chilena actual lo muestra con claridad) pero este discurso alcanza eficacia y resonancia porque nuestros Estados se comportan clientelares y patrimoniales. Es un siniestro golpeando a otro siniestro. Donde usted tire la piedra neoliberal, acierta y brota pus del edificio levantado mediante sostenidas acciones clientelares y corruptas. El neoliberalismo suele atacar clientelismos y corrupciones, porque le tira al Estado y aplaude al mercado (sin que le interese la gente involucrada), pero este discurso despierta oídos y obtiene simpatías. Tampoco tiene la aversión o crítica sistemática de iglesia alguna. En sus diversas expresiones el neoliberalismo puede alcanzar “éxitos” electorales que son un aspecto de la existencia de oídos para él. Brasil votó por un presidente neoliberal que ve con simpatía la tortura y experimenta un odio metafísico hacia los homosexuales. México es criticado y descalificado internacionalmente porque eligió un presidente “populista”. Colombia se dio un presidente neoliberal (de ultra derecha). También Uruguay se apuntó infelizmente a la derecha. Y Perú. Y Ecuador. A Evo Morales lo derribaron neoliberales racistas versión boliviana. América Latina es quizás la única región del mundo donde el neoliberalismo conduce al desastre pero al mismo tiempo puede contar aciertos/simpatías debido a la corrupción clientelar de los Estados, la gula neoligárquica (que es un factor cultural con  inspiración señorial) y Fuerzas Armadas antipopulares. No sé si somos el peor de los mundos, pero con seguridad estamos en esa fila. Lamento lo extendido de la respuesta.

Decid, Luisa, Nelson.- ¿Cuál es el núcleo duro del neoliberalismo?

HG.- En términos esquemáticos, más mercado (con tendencia a un mercado total) y menos Estado socialmente activo. El Estado ha de centrarse en que los contratos se cumplan y la propiedad privada se respete. Pero Pinochet fue neoliberal y para él y sus gentes (y los medios que los acompañaban y coreaban) no existía contrato ciudadano alguno. Un individuo permanecía vivo porque el poder militar le hacía el favor a ese individuo. Pero la orientación económica era neoliberal: gran aprecio por la gran propiedad económica y su activación y poco o ningún aprecio para la fuerza laboral. Usted puede apostar todo a la acumulación de capital y al mismo tiempo practicar el terror de Estado, llamar a elecciones democráticas y alardear de libertad de prensa y respeto a derechos humanos. Cuando usted es apóstol del mercado todo se le perdona y olvida. Los derrotados/aplastados no son racionalmente humanos. Son “perdedores”. Cuando se les aplasta se les hace un favor. Son “desechables” en lo que alguna vez fue habla popular colombiano. En las honras con que se enterró a Pinochet un número alto de niños y adolescentes realizó el saludo nazi ante el féretro que albergaba su cadáver. Lo aprendieron de sus familias y en sus Colegios. Pero se trata de la versión despiadada de los amos ante su líder. Se puede ser neoliberal sin acercarse a esos extremos. Al llegar a América Latina comportarse neoliberal se asocia con amos/propietarios que tienen el poder de arrasar con todo lo que estimen les perjudique. Pero no todos los neoliberalismos pro-capital llegan a estos extremos. Los neoliberales católicos pueden afirmar que el Mercado total es una anticipación en esta tierra del Cielo trascendental. Se trata de cristianos que leen así a Mateo 25: " Porque tuve hambre, y me disteis de comer aunque debí pagaros con tarjeta de crédito; tuve sed, y me disteis de beber y esta vez pagué al contado; fui forastero, y me recibisteis, previo firma de pagaré por el alquiler y daños potenciales por el uso de la habitación sin baño (el baño se cobraba aparte y al contado); estaba desnudo pero me concedisteis crédito para comprar calzoncillos; cuando enfermé me abriste clínicas y os pagué con un préstamo que me concedisteis al 75% de interés mensual. Es cierto que no me visitasteis en la cárcel, pero nadie es perfecto". Lean a Mateo 25 y empezarán a comprender cómo deberían ser las instituciones de sociedades que han internalizado como propio e identitario el mensaje de Jesús. No se trata de instituciones fáciles de constituir y respetar. Pero el cielo que avisan no se gana rezando (aunque la piedad religiosa algo valga) sino actuando como prójimos. Ama a tu prójimo. Tú eres uno de ellos. Por la dificultad que esta sentencia contiene es que este anciano nunca se ha declarado cristiano. Bueno, y también porque de niño me matricularon en un colegio de curas y lo que le queda a uno indeleble de esa experiencia es que jamás ha de comportarse como ellos. Nunca.

 

Adolfo (Costa Rica).- Profesor Gallardo, gracias por volver a escribir en Pensar America Latina. Sus textos son valiosos. El Semanario Universidad en vez de mejorar, empeora.

HG.- Gracias a usted por la solidaridad y el aliento. Esos caracteres son siempre bien recibidos. En cuanto al Semanario, él se da su propio derrotero. No es fácil. Por supuesto yo habría preferido ser parte de él.

Sara, Pilar, David (Costa Rica, Sevilla).- Nos unimos al mensaje de Adolfo. Suerte y fuerza.

HG.- En el abrazo sincero solemos encontrarnos todos. Agradecido.

Sebastián (Costa Rica).- No termino de entender cuál es el significado preciso de ‘neoliberalismo’.

HG.- Pues no es un asunto que le ocurra solo a usted porque el término surgió desde discusiones y se siguió debatiendo durante la mayor parte del siglo XX y de este siglo XXI. Es por tanto un término (e incluso hasta un concepto) polisémico que puede asociarse con keynesianismo (política económica  de un Estado que busca evitar crisis económicas primero y paliarlas después mediante una sostenida acción pública que estimula la demanda, o sea los salarios), con economía social de mercado que es un tipo de capitalismo pero dirigido por criterios sociales y supervisado por el Estado. La ‘economía social de mercado’ se sigue de un nacional acuerdo procesual entre empresa privada, la fuerza de trabajo organizada (sindicatos) y el Estado donde cada sector colabora desde lo que está en su poder y no desde lo que los otros sectores le demandan. Por ejemplo, los trabajadores renuncian a la huelga y aumentos salariales y los empresarios no exportan capital a mercados financieros donde obtendría mejores rendimientos sino que vuelven a invertirlo en la producción nacional. El Estado, por su parte, asegura la salud y no practica populismos electoralistas que podrían generar inflación. A este neoliberalismo se le asocia con el “milagro alemán” después de la 2ª Guerra Mundial. En América Latina cuando alguien habla de este neoliberalismo (economía social de mercado) suele designarlo como “economía social de MERCADO”, es decir como una práctica política que no se deriva de acuerdo sustancial alguno y que no busca tampoco ningún acuerdo socio-político-cultural. No money no love. En los mercados no existe simpatía alguna entre los compradores y los vendedores. Las sonrisas comerciales son muecas falsas. Las mercancías le hablan directamente a las billeteras de cada cual. Por eso cuando entre nosotros se habla de un “milagro económico”, estos ‘milagros’ terminan en batallas campales. La última de éstas describe la situación chilena del año 2019-2020, por ejemplo, que podría culminar en una nueva Constitución. En cambio el ‘neoliberalismo alemán’ hizo renacer la economía del país tras su brutal destrucción por la guerra y colocó a ese país como una sociedad discutible pero guía hasta el día de hoy. Cuando se quiere hablar de neoliberalismo latinoamericano fuera de Chile (para no mencionar al muy polémico Pinochet) se menciona un “Consenso de Washington” que, como resolución política de Gobiernos, nunca existió porque se trató de un documento (su autor fue un economista John Williamson) que sirvió de base a una discusión realizada en la ciudad de Washington en 1989 y donde Williamson reseñó un paquete de reformas estándar para los países de la periferia y en crisis y siguiendo los criterios del Gobierno de Estados Unidos (FMI, BM, Departamento del Tesoro). El mismo Williamson se ha referido así a su documento de trabajo posteriormente (cuando vio que se le utilizaba como una receta ‘oficial’: “Es difícil incluso para el creador del término (el propio Williamson) negar que la frase «Consenso de Washington» sea un nombre errado (…). Audiencias de todo el mundo parecen creer que este es un conjunto de políticas neoliberales que se han impuesto en países desventurados por las instituciones financieras internacionales con sede en Washington y los ha llevado a la crisis y la miseria. Hay gente que no puede pronunciar el término sin rechinar los dientes. Mi punto de vista es, por supuesto, muy diferente. Las ideas básicas que intenté resumir en el Consenso de Washington han ganado mayor aceptación en la última década, hasta el punto en que Lula ha tenido que apoyar la mayoría de ellas con el fin de ser elegido. En la mayor parte son valores tradicionales, razón por la cual ordenaron un consenso”. Es decir, que a juicio del autor del documento, ni el nombre “Consenso de Washington” es apropiado. Y añade: “Yo por supuesto nunca tuve la intención de que mi término implique políticas como la liberación de la cuenta de capital (...deliberadamente excluí eso), el monetarismo, la economía centrada en la oferta, o de un Estado Mínimo (quitando al estado de la Previsión Social y la redistribución de los ingresos), las cuales creo que son las ideas neoliberales por excelencia. Si así es como el término es interpretado, entonces todos podemos disfrutar de sus consecuencias, aunque permítanos al menos tener la decencia de reconocer que rara vez estas ideas han dominado el pensamiento de Washington y ciertamente nunca han dirigido un consenso allí ni en otro lugar...” Itálicas no están en el original. La fuente de estas declaraciones puede verse en https://es.wikipedia.org/wiki/Consenso_de_Washington. Los sectores latinoamericanos que se consideran neoliberales inventaron este Consenso que nunca existió. Y además falsificaron materialmente el documento original que incluía “…Redirección del gasto público en subsidios («especialmente de subsidios indiscriminados») hacia una mayor inversión en los puntos claves para el desarrollo, servicios favorables para los pobres como la educación primaria, la atención primaria de salud e infraestructura”. Es decir, se inventó un acuerdo y se cercenó medidas sociales. Y después medios y políticos condenan el escándalo de las ‘fake news’ con origen en las redes sociales. En nuestra área latinoamericana básicamente ‘neoliberalismo’ significa dominio irrestricto del gran capital local-asociado-con-actores-extranjeros, impuestos generales y bajos, cero sindicatos, protección de la propiedad privada, inflación cero, Estado administrador/garante de los contratos. Privatización de lo todo lo que signifique buen negocio en el corto y mediano plazo. En el largo plazo, Dios verá. En la versión latinoamericana ‘neoliberalismo’ suele traducirse como fundamentalismo del mercado y oposición a la intervención económico-social-cultural del Estado. Así, el régimen neoliberal de Pinochet no resulta tal porque privilegió mediante legislación los ingresos de las FF.AA. (reciben un porcentaje por el cobre y sus pensiones están muy por encima de las de los chilenos civiles), fuerzas que constituyen un sector estatal. Como se advierte, el neoliberalismo latinoamericano resulta sensible a los vientos que soplan. La aplicación de su fundamentalismo queda sujeto tanto a la salud precaria o ‘sólida’ de la economía y a la debilidad/fuerza de los sectores sociales. En otro ejemplo, el plan fiscal costarricense del presidente Alvarado (22018-2022) partió debilitando política y culturalmente a los sindicatos y su capacidad de huelga. Lo combinó con un debilitamiento salarial e impuestos que rebajan las llamadas “pensiones de lujo”. Todo esto resulta de inspiración neoliberal y la prensa dominante aplaude. Pero para calificar a este gobierno de neoliberal habrá que esperar hasta el final de su mandato. Rematando este juego de mezclas oportunistas, el Consenso de Washington inexistente y cercenado mañosamente fue seguido por los Consensos II y III. Y como en su raíz, liberal remite a la libertad de los individuos previa a su sociabilidad, debería esperarse que una opción neo-liberal contenga un apoyo, o al menos indiferencia, hacia lesbianas, gais y transexuales. Pero no. Se dan neoliberales que rabiosamente se oponen al matrimonio de estos sectores minoritarios. Su confusión relativa, estimado Sebastián, es por tanto ‘normal’.
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