Universidad Omega,
N° 82, diciembre del 2019.

   El aborto terapéutico en Costa Rica es legal, porque así lo dice su Código Penal vigente en su artículo 121: “No es punible el aborto practicado con el consentimiento de la mujer por un médico o por una obstétrica autorizada, cuando no hubiere sido posible la intervención del primero, si se ha hecho para evitar un peligro para la vida o la salud de la madre y éste no ha podido ser evitado por otros medios”. Este tipo de interrupción del embarazo es una de las formas de aborto terapéutico (la otra forma remite a que el embrión o feto presenta características que impedirán su existencia humana; éste no está permitido en el país). El artículo no solo autoriza el aborto cuando está en peligro la vida de la madre sino también su salud. El concepto de “salud” es más amplio y distinto que el de vida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) determina la salud como “…un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente como la ausencia de afecciones o enfermedades”. En Costa Rica se lee que el aborto terapéutico solamente busca evitar la muerte de la embarazada pero ésta es una interpretación restrictiva de ‘salud’. Para la OMS la vida de la embarazada podría no correr peligro, pero sí su salud. Aquí se da ya la posibilidad de una discusión. También se abre la eventualidad de legitimar la otra forma de aborto terapéutico que es cuando las malformaciones del embrión  o feto muestran que, de nacer, no alcanzaría a sostener una existencia humana. Esta segunda forma de aborto terapéutico no resulta legal en Costa Rica pese a que la redacción del artículo 121 abre su posibilidad.
 
   Quienes se oponen a toda forma de aborto en Costa Rica lo hacen principalmente desde posicionamientos religiosos. El, o los, dios de la vida y el amor, rechazaría el aborto porque se trataría de segar una vida humana. El papa Francisco llevó al extremo esta posición al decir en público que el personal médico que practicaba abortos terapéuticos en los países donde ellos son legales eran sicarios. Obviamente si ese tipo de aborto es legal, quienes lo practican no son asesinos pagados, sino profesionales de sus especialidades. Ningún sicario puede amparar sus delitos en la legalidad. Si los códigos jurídicos de un país permiten el aborto, nadie que proceda de acuerdo a la ley resulta un delincuente. Se trata de un ciudadano. Quienquiera lo califique de agresor lo hace o por ignorancia o por mala fe. La mala fe puede tener inspiración religiosa. La legislación debería castigar a quienes públicamente denuncian comportamientos ciudadanos como acciones delictivas.

   El aborto legal se distancia asimismo de los abortos ilegales, específicamente de los abortos clandestinos. Este último tipo de abortos constituye un desafío para las sociedades actuales que prohíben del todo el aborto o lo limitan a situaciones determinadas. El costo socio-humano (y económico) de los abortos clandestinos ilegales (que pueden terminar con la muerte de la embarazada) es tal que el derecho a abortar, al menos en las condiciones latinoamericanas, debería ser considerado un derecho humano. Las condiciones legales del tratamiento de las embarazadas que por motivos personales no desean parir un determinado hijo deberían figurar como un derecho humano (cultural) y específico de toda mujer. Que no se lo vea transparentemente así se sigue tanto del imperio patriarcal y sus ideologías como de sensibilidades religiosas que achican y lesionan tanto su propia fe religiosa como la fe ciudadana (o sea la convivencia de cada uno con todos y de todos con cada uno) desde una sensibilidad moral particular y no universalizable mediante coacción. Si una moral religiosa rechaza firmemente el aborto, pues no lo practiquen sus fieles. Pero dejen en paz a quienes ven en un aborto determinado una práctica racional y positiva para ellos y sus entornos. Esas personas son libres para equivocarse. La divinidad comprenderá. Consentirá o rechazará. Y hará sentir el peso de su decisión. Desde un ángulo no religioso, si la mujer tiene entero derecho a su cuerpo y a su existencia (propuesta liberal para todos los seres humanos), entonces tiene derecho a rechazar parir un hijo no dando ninguna explicación o dando las que le parezcan socialmente ayudan a educar a todos, mujeres y varones. Y, por supuesto, a configurar nuevos Estados y legislaciones. El “pecado ajeno” se resuelve con oraciones privadas y milagros públicos. Las divinidades que correspondan finalmente resolverán. Si un pastor de fe intensa detiene placas tectónicas y evita muertes por qué dios (u oraciones privadas) no podrían prevenir planetariamente todo embarazo no deseado. Divinidades amorosas sortearán sin duda toda violencia y sufrimiento inútil en el mundo. Si se les reza con fe verdadera, en poco tiempo, medido divinamente, no existirá embarazo humano conflictivo alguno en el universo. Lejos de desagregar sociedades, el aborto es hoy factor de agregación, cooperación social y libertad personal. Los dioses lo juzgarán así.
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Conversación

Héctor, Rolando, Enrique y otros (Costa Rica).- El derecho natural de las mujeres y hombres es tener la posibilidad de que el sistema de salud les dé, en forma rápida, segura y con el mínima costo, la esterilización , y asi podrán disfrutar de su sexualidad sin tener el inconveniente de los hijos no deseados.

HG.- Esa solución que ustedes mencionan ya existe y no pasa por la esterilización absoluta, sino situacional y temporal. Se trata del uso de preservativos con eficacia de casi el 100% y que hoy pueden utilizar mujeres y varones. En países como Argentina, Chile y Costa Rica, por citar tres latinoamericanos, se da una baja de la tasa de fecundidad que se puede asociar con la utilización de estos anticonceptivos (vienen desde finales de la década de los 60) que se suman a los antiguos condones y con la voluntad de muchos jóvenes de sostener relaciones de pareja sin matrimonio y sin hijos. En Chile y Costa Rica, por ejemplo, la tasa de fecundidad se ubica en 1.82 y 1.85 respectivamente lo que acerca a sus poblaciones al punto en que los nacidos no reemplazarán a los fallecidos (esta tasa es del 1.3 por mujer). La caída de la tasa de fecundidad es un fenómeno mundial y se sigue de factores diversos: los anticonceptivos ya mencionados y una mayor incorporación de las mujeres a la educación y al trabajo, por hacer dos referencias. Se tiene menos hijos y el primero de ellos es más tardío. Pero el planteamiento esterilizador y de bajo costo que ustedes indican parece sostenerse en otra perspectiva. Plantea que los embarazos no deseados son responsabilidad de varones y mujeres individuales y que la solución es que estos individuos se esterilicen. La esterilización individual (que no podría hacerse obligatoria) de mujeres y varones hace recaer el peso (puede leerse “culpa”) de los abortos en los individuos y no en la sociedad. Derechos humanos se predican del ethos de una sociedad que protege a sus individuos con ellos, no que les pone a estos individuos cláusulas como la esterilización de por vida para “ahorrarse problemas”. Recordemos que una parte de los embarazos no deseados se produce por violaciones contra la mujer. Y la esterilización “para gozar del sexo” imagina individuos que quieren “pasarla bien” sin tener hijos. El posicionamiento de ustedes descansa en prejuicios. Las personas pueden haber tenido una experiencia sexual desastrosa (desde el punto de vista de sus personalidades) hasta lo grotesco y brutal y engendrar hijos. De modo que ustedes están hablando de otra cosa. Dicen: el que no quiera hijos, que se castre. Los abortos no se producen porque los individuos no quieran tener hijos. En cada aborto concurren muchas variables. Los guardianes de los harenes musulmanes eran castrados para que el amo tuviera la ‘seguridad’ de que los herederos eran hijos biológicos suyos. Las castraciones de por vida en la especie generarían otros tipos de violencia social y no evitarían tampoco, por decir algo, las violaciones contra mujeres tanto en el núcleo familiar como fuera de él. Tampoco erradicarían los abortos clandestinos. Estos últimos nuestras sociedades deben intentar llevarlos a cero. Su costo  humano y económico es muy alto.