Semanario Universidad,
noviembre 2019.

 

ÚNANSE AL BAILE DE LOS QUE SOBRAN

   El coro-lema que entonó la multitud, según la prensa más de un millón de gentes, contra el statu quo chileno (inaugurado en 1973 con un golpe empresarial-militar que se dio a la tarea de refundar el país” mediante el primer gobierno neoliberal del mundo, versión latinoamericana, es decir centrado en la práctica del terror de Estado), fue tomado de la canción “Únanse al baile de los que sobran” (su autor es Jorge Humberto González Ríos, y el principal grupo que lo interpreta es Los Prisioneros) que contiene un chilenismo curioso: “Únanse al baile de los que sobran. Nadie nos va a echar de más. Nadie nos quiso ayudar de verdad”. El “… nos va echar de más” hace referencia a ‘somos tan insignificantes para el sistema socio-político-cultural, empezando por el Estado y pasando por iglesias, sistema educativo, salud y empleo’ que quienes se han apoderado de todo ni siquiera advertirán que estamos bailando’ y a que esta primera forma coreográfica de manifestación social multitudinaria dirá que comenzamos a organizarnos. Es una forma angustiada y urgida de gritar “El pueblo unido jamás será vencido”, pregón hermoso pero falso. El pueblo (o sea la variopinta multitud ciudadana y social) puede ser aplastado y masificado mediante el terror de Estado, desagregado mediante iglesias falsamente cristianas, enredado por sus confusiones internas y el mito democrático (cada ciudadano un voto y el electo es legítimo) y su derrota brutal puede sostenerse casi medio siglo, como en el caso chileno. Esto, sin causar escándalo alguno. La prensa hegemónica ha mostrado durante este medio siglo a Chile como la economía más “exitosa” de América Latina y como ejemplo a seguir. En varios espacios de Santiago hoy se dirá: ¡Y qué reclaman estos pelados insolentes! El presidente Piñera, en un primer instante de urgida sinceridad, le gritó a su General de turno: “¡Estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nadie ni nada, que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite!”. El hombre instaba al retorno del terror de Estado. Horas después reculó. Ahora habla de realizar cambios en el sistema que privilegia a unos pocos y golpea día a día a mayorías negándoles incluso las esperanzas. La esposa de Piñera, una anciana “pituca” (estereotipada por el exceso de alturas falsas), para el habla chilena, Cecilia Morel, la sacó del estadio: “Estamos absolutamente sobrepasados, es como una invasión extranjera, alienígena (…) vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás”. Tomo su declaración de BBC News Mundo, no de redes. Puede escucharse grotesca, pero dice lo que siente. Aquellos a quienes el sector de opulentos al que pertenece Pituca les priva de todo son “alienígenas”, extranjeros, que ofenden a quienes nacen con privilegios porque ganaron su guerra. La señora, por supuesto, no dispara ni suspiros. Tampoco cuenta torturados ni asesinados ni pauperizados. Esa realidad pertenece a los “rotos”. Los que “sobran”, del cantito.

   Bueno, el levantamiento socio-político de los chilenos “sobrantes” inquietó a uno de los columnistas permanentes de La Nación S.A., Luis Mesalles que, en este rubro, solo es superado en ‘peoredad’ por Jaime Daremblum. Mesalles abre así su escrito: “A pesar de ser el país económicamente más próspero de Latinoamérica, Chile experimenta una crisis política y social de grandes magnitudes. Según algunos analistas el descontento ciudadano se debe a la desigual repartición de los beneficios de la prosperidad” (LN: 02/11/2019). El analista está a la derecha de la Pituca Morel. Y además bizquea. ¿Desde cuándo un país económicamente “próspero” no contiene la posibilidad de crisis sociales, políticas y humanas de grandes magnitudes? El PIB de un país puede elevarse con constancia desde la base de una economía con enclaves transnacionales financieramente asociados con pequeños grupos internos y que, fuera de este circuito, paga salarios miserables y, desde aquí, siempre fuera del circuito regio, no financia educación pública de calidad ni brinda salud a la población que no puede pagarla al contado y además estafa las jubilaciones de la población empobrecida/anciana. Esto por hacer algunas referencias. Por supuesto mucha ciudadanía sufre (y esto solo les importa a ellos) y una minoría ríe. No solo feliz sino complacida por el dolor ajeno. Es la situación chilena que vivió una dictadura feroz de casi dos décadas para crear el “modelito”. Tras la ferocidad armada comenzó a elegir gobernantes “pitucos” y gratos para quienes tramitan ingresos millonarios mientras otros carecen incluso de sopa y gorra. El sistema resulta ‘natural’ y ‘legítimo’ y, por supuesto, sostenible, si se tiene un ejército (con ingresos privilegiados asegurados, por supuesto) y curas. Para Mesalles, la explosión social determinada por la exclusión brutal es opinión de “ciertos analistas”. Ahora se entiende por qué guillotinaron a María Antonieta. Tuvo como consejeros a ancestros de Mesalles.

   El opinionista de La Nación S.A. se inquieta porque lo que ‘parece ocurrir en Chile’ podría repetirse en Costa Rica. Esta úlltima economía ha visto crecer su coeficiente Gini y está entre las peores en la distribución de la riqueza que produce en América Latina. Le parece oportuno a Mesalles por ello seguir la opinión de dos economistas de la OCDE que recomendaron aumentar los salarios de los trabajadores menos calificados del sector privado y mejorar su cumplimiento y castigar las remuneraciones de los trabajadores del sector público. También estimaron conveniente optimizar el vínculo entre educación y mercado laboral. Finaliza Mesalles diciendo: “Si no queremos que nos suceda lo de Chile, vale la pena prestar atención a estas recomendaciones”. No dice si para seguirlas o para condenarlas. Porque describe lo que se hizo en Chile. Pero allá existe un ejército que aseguró la ganancia/felicidad de los poderosos y la ruina/abandono de los empobrecidos. Al menos hasta octubre/noviembre de este año.
________________________

   Conversación

Celia, Bryan (Costa Rica).- Nos sorprendió el estilo del artículo. Tal vez lo leemos poco pero es denso y nos pareció poco alentador. Usualmente usted sonríe y logra que el lector sonría. El tema sin duda interesa a los costarricenses.

HG.- Los artículos para periódicos son completados por los lectores. Esto porque tienen un formato relativamente rígido. Lamento haberlos apesadumbrado, si es que lo hice. La idea era que pensaran y no pasaran los distintos planos del asunto por alto. Quienes van a publicarlo lo valoraron irónico. La ironía estimula el pensar. Ahora, el tema, el levantamiento-protesta de muchos chilenos este 2019 contiene violencia abierta, destrucción, represión y muertos (más de 20 a esta fecha). Y mucho rechazo y resistencia ciudadanas.  Tal vez esto influye en el estilo. En opinión de uno de los principales arquitectos de la experiencia chilena, Rolf Luders (n. 1935), Ministro de Hacienda de Pinochet (aunque por un período corto) la experiencia neoliberal chilena fue (y sigue siendo) la de una economía social de mercado que privilegió absolutamente el crecimiento económico logrando la reducción de la pobreza pero no trabajó sobre la producción de desigualdad y entonces sectores de la población malinterpretan el modelo (que he calificado de neoliberal) y existen otros grupos que aprovechan la malinterpretación para generar violencia. Como todas las economías son sociales (es decir relacionales) lo que queda del nombre ideológico que utiliza Luders (economía social de mercado) es el mercado axial y la capacidad de los individuos para entrar competitivamente en este mercado (o mercados). Lo que reclama la gente no es que  exista mercado, sino que se los potencie o apodere socialmente para ingresar y competir en él. Pero para eso la sociedad-Estado tiene que invertir al menos en educación y salud públicas. Algunas áreas de la existencia social no pueden tener como eje el mercado. Si todo lo determinan los mercados, entonces en algún momento sectores de la población, sólidamente discriminada, estalla. La violencia la genera el modelo, no resulta circunstancial. Y esto es lo que deberían evitar repetir quienes están en posiciones de poder en Costa Rica. Como no lo hacen, quizás esto añade a la pesadumbre que ustedes resienten.