Seminario Hinkelammert
EL FETICHISMO DE LAS MERCANCÍAS
1.- Hinkelammert establece con claridad que la transición entre el Marx joven que critica la religiosidad como paso político de apertura para una crítica de la Economía Política transforma en su producción madura este planteamiento en una crítica de los ‘dioses terrestres’ bajo la forma de una crítica del fetichismo que comprende los del mercado, del dinero y del capital. El más espectacular de estos análisis aparece en El capital bajo el título del “Carácter fetichista de la mercancía y su secreto” (T.1, cap. 1, IV). Marx examina aquí la división social y técnica del trabajo en el capitalismo, el doble rango de toda mercancía (objeto ‘natural’ de uso y depósito de valor) derivado del doble sentido que alcanza el trabajo humano en su producción: utilidad específica y temporal de fuerza de trabajo y gasto fisiológico de esa fuerza de trabajo que se deposita y traslada a la mercancía como valor en general posibilitando así su tráfico. Para Marx las mercancías parecen intercambiarse entre sí ocultando de esta manera que lo que permite y exige su comercio es el carácter privado y monopólico (de clase) de los medios de producción y la reducción del trabajo humano a fuerza de trabajo pagada mediante un contrato/salario individual. La ‘vida’ espontánea de las mercancías en los escaparates, su precio, genera la muerte de sus productores directos sometidos a un régimen salarial que tiende a satisfacer solo la recomposición de la energía empleada en la producción y no su existencia humana. Para los obrero sin salario no se sobrevive pero en el mismo movimiento el salario mata y la organización básica y general de la producción asalariada (cuyo motor es la acumulación de capital) tiende a extinguir tanto al trabajador como a la Naturaleza fuente, junto al trabajo humano, de todo valor.
1.1.- La ‘espiritualidad’ (acumulación de capital) contenida en la producción de mercancías, mata. La fetichización mercantil deviene ídolo (divinidad falsa que mata). En esta perspectiva la maldición que pesa sobre la ley se sigue de Estados que aseguran la constitución y reproducción de una economía política que contiene, disfrazada como orden y progreso de su sociedad civil, la extinción de la Naturaleza y de su expresión humana (el trabajador), fuentes de todo valor. La crítica de la economía política es también la crítica de una espiritualidad (ethos) e institucionalidad que se presenta y asume como cívica o civilizada (sociedad civil) y de su violencia proclamada como ‘orden’ y autoidentificada como sin alternativa o Final de la Historia.
1.1.1.- El campo temático determinado y explorado por “El carácter fetichista de la mercancía y su secreto” se transformó en el siglo XX en un clásico de la Sociología del Conocimiento (K. Mannheim, M. Scheler, P. Berger, Th. Luckmann) y de la Filosofía de la sospecha [Paul Ricoeur: Marx, Nietzsche, Freud: la ‘sospecha’ no dice la verdad sino ofrece criterios sobre las interpretaciones de la realidad, lecturas situadas inevitables en la especie humana]) y, vía Hinkelammert, debería ser asimismo parte de una política Teología latinoamericana de la Liberación.
2.- El apartado sobre el carácter fetichista de la mercancía y su secreto contiene en su cuarto párrafo una analogía con ‘la nebulosa del mundo religioso’: en éste “…los productos del cerebro del hombre tienen el aspecto de seres independientes, dotados de cuerpos particulares, comunicados con los seres humanos y entre sí. Lo mismo ocurre con los productos de la mano del hombre en el mundo de las mercancías. Es lo que se puede denominar fetichismo adherido a los productos del trabajo en cuanto se presentan como mercancías, un fetichismo inseparable de ese modo de producción”. En el imaginario religioso los ‘seres celestiales’ no resultan una expresión de las relaciones humanas sino que se experimentan desligados de y superiores a ellas adquiriendo así independencia/autonomía del mundo humano y pasando a determinarlo y dominarlo. El ‘sujeto’ aparente de este mundo religioso no es la sociedad con sus conflictos efectivos sino el mismo mundo religioso gestado por estos conflictos que se presenta a los seres humanos como creador de sus condiciones de existencia y, al mismo tiempo, como su sentido (finalidad). Compárese esta sensibilidad ‘religiosa’ con un lema básico de Jesús de Nazaret: “Ama a tu prójimo. Tú eres uno”. Ha sido reemplazado por “Ama a Dios y sométete a su mundo”. Para Jesús, la sociedad, entendida como una relacionalidad humana, la projimidad, resulta producida y productora. Así en la tierra como en el cielo.
2.1. Las alusiones al mundo religioso arriba señaladas se ponen, por Marx, de inmediato en relación con el fetichismo mercantil: “Lo mismo ocurre con los productos de la mano del hombre en el mundo de las mercancías. Es lo que puede denominar fetichismo adherido a los productos del trabajo en cuanto se presentan como mercancías, un fetichismo (subjetividad) inseparable de ese modo de producción” (paréntesis no está en el original).
3.- Los objetos de utilidad que se presentan como mercancías son productos de trabajos privados, es decir independientes los unos de los otros. “Como los productores no entran en contacto social hasta que intercambian los productos de su trabajo, los atributos específicamente sociales de esos trabajos privados no se manifiestan (en la producción) sino en el marco de dicho intercambio. O en otras palabras: de hecho, los trabajos privados no alcanzan realidad como partes del trabajo social en su conjunto, sino por medio de las relaciones que el comercio establece entre los productos del trabajo (mercancías) y, a través de los mismos, entre los productores”. Es el fetichismo del mercado gestado por la equivalencia de las mercancías. La presencia intercambiable de las mercancías desplaza en la sensibilidad de sus productores a la sociedad, es decir al carácter social de su trabajo. Así, a ellos “…las relaciones sociales entre sus trabajos privados se les ponen de manifiesto como lo que son, vale decir, no como relaciones directamente sociales trabadas entre las personas mismas, en sus trabajos, sino por el contrario como relaciones propias de cosas entre los individuos (devenidos energía laboral) y relaciones sociales entre las cosas”. La ‘sociabilidad’ cordial entre las cosas anula (para la subjetividad de sus productores) la conflictiva sociabilidad humana objetiva. Si el mercado funciona, todo está bien ordenado. Si se hunde, todo perece. Se trata de un trastrocamiento (mudar la naturaleza del proceso) básico: los relacionamientos responsables entre las cosas se dan individuos y configuran su sensibilidad de tales. El carácter de estos individuos (su integración personal, por ejemplo) se sigue del orden o desorden mercantil. La sociedad ‘humana’ ha sido desplazada por la Bolsa de Valores (organización privada en la que agentes responsables (legales) atendiendo a las órdenes de propietarios realizan acciones de compra-venta de valores atendiendo no a la existencia social, sino a la ganancia privada de propietarios ‘independientes’). En Costa Rica la crisis fiscal solo puede resolverse disminuyendo los ingresos de muchos y aumentando el capital de minorías.
4.- Marx detalla así la fetichización de la existencia: “Es sólo en su intercambio donde los productos del trabajo adquieren una objetividad de valor, socialmente uniforme, separada de su objetividad de uso, sensorialmente diversa. Tal escisión del producto laboral en cosa útil y cosa de valor sólo se efectiviza, en la práctica, cuando el intercambio ya ha alcanzado la extensión y relevancia suficientes como para que se produzcan cosas útiles destinadas al intercambio, con lo cual, pues, ya en su producción misma se tiene en cuenta el carácter de valor de las cosas. A partir de ese momento los trabajos privados de los productores adoptan de manera efectiva un doble carácter social. Por una parte, en cuanto trabajos útiles determinados, tienen que satisfacer una necesidad social determinada y con ello probar su eficacia como partes del trabajo global, del sistema natural caracterizado por la división social del trabajo. De otra parte, sólo satisfacen las variadas necesidades de sus propios productores, en la medida en que todo trabajo privado particular, dotado de utilidad, es pasible de intercambio por otra clase de trabajo privado útil, y por tanto le es equivalente. La igualdad de trabajos totalmente diversos sólo puede consistir en una abstracción de su desigualdad real, en la reducción al carácter común que poseen en cuanto gasto de fuerza humana de trabajo, trabajo abstractamente humano. El cerebro de los productores privados refleja ese doble carácter social de sus trabajos privados solamente en las formas que se manifiestan en el movimiento práctico, en el intercambio de productos: el carácter socialmente útil de sus trabajos privados, pues, sólo lo refleja bajo la forma de que el producto del trabajo tiene que ser útil, y precisamente serlo para otros; el carácter social de la igualdad entre los diversos trabajos, sólo bajo la forma del carácter de valor que es común a esas cosas materialmente diferentes, los productos del trabajo”.
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