Seminario Anual ICE,

30 de noviembre 2007,

Costa Rica. 

 

        Reflexiones sobre la competitividad costarricense (1)

 

   

    Mi agradecimiento a los dirigentes del Sindicato de Ingenieros y Profesionales del ICE, RACSA y la filial  de la Compañía Nacional de Fuerza y Luz por invitarme a participar en este XX Seminario que lleva como título “Globalización y Megatendencias”. Me corresponde referirme al subtema “Reflexiones sobre la competitividad costarricense”. Gracias a ustedes por su presencia esta mañana. Y felicitaciones por haber llegado ya a su seminario número veinte.

 

            Mi intervención remitirá a tres imágenes. La primera articula jugar en las Grandes Ligas con los Nombres Propios. La segunda versa sobre James Bond y Rambo. La tercera sobre Los Simpson como Respuesta. Las tres imágenes están ligadas, pero su conexión tendrán que realizarla ustedes. A la larga, y a la inmediata, ustedes son los ingenieros y profesionales que conectan al país.

 

            GRANDES LIGAS Y NOMBRES PROPIOS

 

            Como se sabe, en español “competitividad” es un término genérico (capacidad de competir) para designar una lucha o riña entre dos o más para una conseguir una misma cosa. Es interesante que la actitud opuesta a esta lucha o riña se designe como “pactar”, o sea llegar a acuerdos amistosos, ponerse de acuerdo sin riña.

 

            Ahora, esta mañana no nos interesa el término genérico, sino la competitividad tal como se la utiliza hoy en los circuitos de poder social entre quienes y por quienes casi tienen el monopolio de la palabra (como Adán en el Paraíso, hasta que llegó Eva y tal vez comenzó el diálogo).

 

            Aquí la competitividad se relaciona con organización empresarial competitiva y con Estado/Gobierno competitivos: la competitividad empresarial significa básicamente lograr una rentabilidad igual o superior a los rivales en el mercado. Se trata de competitividad capitalista. No conseguir esta competitividad, en un mercado abierto, o sea no monopólico u oligopólico, contiene, en algún plazo, la muerte de esta empresa u organización, muerte que puede tomar la forma de una integración a otras empresas. Por tanto la competitividad empresarial se liga con existencia capitalista o muerte y, como se nos reitera con tanta frecuencia, con ganadores y perdedores.

 

            La competitividad del Estado/Gobierno es una competitividad sistémica: consiste en la creación y reproducción de las condiciones, en particular las jurídicas y financieras, para que las empresas ubicadas en el área que administra sean competitivas o alcancen su máxima rentabilidad en el mercado. Este mercado es hoy día el mercado global. Se compite, o riñe, en un mercado global. No es que los productores de Costa Rica se inserten en un mercado mundial, sino que los competidores en un mercado global (y los Estados/Gobiernos que promueven su competitividad global) se insertan, traen su riña, a Costa Rica. A esto suele llamár-sele “soberanías compartidas”.

 

            La expresión “soberanías compartidas” no quiere decir que la ciudadanía de Costa Rica se articule constructivamente con las ciudadanías de otras naciones para regular las condiciones de propiedad y el tráfico de mercancías que se sigue de ellas, sino que el Estado/Gobierno de Costa Rica, sus políticas públicas (en sentido lato: factores macroeconómicos tales como la disponibilidad de crédito, la tasa de interés, la política fiscal y arancelaria, la tasa de cambio y las formas de combate a la pobreza/miseria, por ejemplo) se tornan función de las necesidades de buenos negocios o rentabilidades máximas de quienes riñen o pugnan en el mercado global. En ese mercado global existen actores muy poderosos, otros menos poderosos y algunos para nada poderosos. Alguien podrá notar que en este articulado frente de la competitividad, sistémica y empresarial, Costa Rica, la nación, el país, su pueblo, tienden a desaparecer y a ser reemplazados por oportunidades de inversión privilegiadas. Lo que quiero enfatizar es que la institucionalidad sociohistórica del país tiende a desaparecer y a que la gente, antes llamada costarricense o tica, tiende desaparecer y es reemplazada por empresas competitivas, incluyendo las educativas, en las que trabajan individuos insertos en lógicas competitivas o portadores de ellas. Esta es una de las megatendencias actuales del capitalismo.

 

            La expresión ‘globalización’, empleada en la convocatoria a este Seminario, y que es un término periodístico e ideológico, quiere decir que la competitividad del mercado mundial capitalista se introduce en Costa Rica como factor determinante para su existencia (y muerte) social. El Estado/Gobierno, como hemos dicho, se hace función de esta competitividad y las empresas antes costarricenses, aunque mantengan los mismos propietarios (cosa difícil pero factible), se tornan empresas del y para el mercado global. Los consumidores, a quienes no se aplica la competitividad, excepto que se transformen en empresarios capitalistas, quedan cautivos, en tanto materializan la rentabilidad deseaba/buscada por la competitividad, los consumidores quedan cautivos o capturados, digo, de un mercado global y saturante que carece de exterior. Es la metáfora de la película, ya algo jurásica, The Matrix.

 

            En los países centrales, “globalización” hace referencia a la asimilación mundial de patrones de comportamiento a través de la inducción de valores en lo político, en lo económico y en lo cultural, valores necesarios para poder operar competitivamente en el mundo hecho sistema y con el propósito de integrar mercantilmente cosas que antes estaban separadas…. y de desagregar cosas que estaban tal vez antes juntas. Como institucionalidad económica y solidaridad, o como desarrollo y conformación de una nación, por ejemplo. Un cercano expresidente de la antigua Costa Rica se refería a la solidaridad como un referente atávico en sus alcances de atrasado y disfuncional. Por supuesto, la desagregación puede incluir la remoción de factores negativos: un estudio reciente del Banco Mundial sobre México: Gobernabilidad democrática en México: más allá de la Captura del Estado y la Polarización Social (2007), indica que las políticas públicas no pueden favorecer en ese país  a los sectores más humildes debido a la acción de grupos económicos y sociales corporativos (digamos poderes ‘locales’ perversos) que bloquean estas transferencias. La idea es que esos poderes locales desaparezcan y se instalen poderes globales o transnacionales. El otro factor negativo es la polarización socio-política que hace que la población se alinee en dos bloques impermeables el uno para el otro. El Banco Mundial pide a los políticos mexicanos que den claras muestras institucionales de que gobiernan para el emprendimiento colectivo (global, no lo olviden porque México ha desaparecido) y no para los intereses y codicias de algunos, sino para la codicia global (por supuesto el Banco no redacta de esta manera sus comunicados). La situación mexicana descrita por el Banco no parece tan distinta a la costarricense.

 

            Como se advierte, mediante esta transposición de lo local o nacional por lo global, “Costa Rica” deviene un nombre propio, el nombre de una mera zona geográfica. Un lugar en el que algo, la lógica del capital global, y sus personificaciones, administran y maximizan recursos. Aquí está la megatendencia. Un Nombre Propio puede no tener nada que ver con lo que designa. “Helio” remite a sol y ustedes no me ven destellando ni tornando más cálido este ambiente con mi energía irresistible. “Sultán” puede ser el nombre propio de un perro chihuahua enano y castrado. Los Yanquis de Nueva York pueden ser ni yanquis ni de Nueva York. Pasado mañana estos yanquis residirán en Tokio. El Inter de Milán puede alinear con solo “inters”, es decir no italianos, y ser de Milán únicamente en términos administrativos. Esta ilusión o fantasmagoría contenida en los Nombres Propios, como, por ejemplo, Gobierno de Costa Rica, es una de las realidades de jugar en las Grandes Ligas o de la competitividad en el marco de las soberanías compartidas.

 

            Ahora, lo anterior no significa que el cambio ligado al empleo de Nombres Propios en las competitivas Grandes Ligas globales sea algo forzosa o puramente negativo. Tal vez contenga algo positivo. Quizás no otra megatendencia pero tal vez una micro o nanotendencia.

 

            Para apreciar mejor esto, examinemos una segunda imagen

           

            JAMES BOND Y RAMBO

 

            La competitividad ligada a la globalización se sostiene en una ideología o imaginario pragmático. Pragmático quiere decir o reúne “práctico” y “útil”. Ahora lo práctico y útil se dice siempre de intereses determinados. No se predica ni de lo básico ni de lo general. A diferencia de lo que repite la gente, lo que es práctico y útil para el ganso no lo es necesariamente para la gansa o para los gansitos. Práctica y útil para el ganso, por ejemplo, resulta ser una erotizada gansa. Pero los gansitos prefieren una mamá gansa. Y la gansa, según entiendo, no quiere para nada otra convocadora hembra en su cercanía. No le resulta ni práctica ni útil… excepto si tiene dolor de cabeza. Lo pragmático resulta entonces de intereses particulares o situados.

 

            James Bond es un héroe propio de un imaginario pragmático. La realidad para él aparece como un campo de operaciones. De sus operaciones. Espías enemigos, mujeres bellas. En ambos campos Bond es extremadamente competitivo. Si Bond entrase a este recinto por esa gran puerta del salón vería solamente agentes hostiles disfrazados de ingenieros, y los aniquilaría, y bellas ingenieras con las que haría algo que, por la juventud de ustedes, no precisaré.

 

            Ahora, cuando lo real, este salón con sus complejidades, articulaciones y conflictos, aparece como mero campo de operaciones determinadas/producidas por mis intereses(los de Bond)  desaparecen tanto la historia o sociohistoria como la producción humana de sentido. Las reemplaza la tecnocracia (versión dinámica y lucida del pragmatismo) o, peor, la burocracia (versión inerte y opaca del pragmatismo).

 

            Bond es un tecnócrata sin espíritu (elegante, fino cuando quiere seducir; mañoso, implacable cuando debe destruir). Bond es solo sus acciones, una marcha adelante, sin historia (su agencia lo niega después de darle armas y tareas). Un tecnócrata en un sistema que le hace ver solo mujeres copulables y enemigos destruibles. Bond carece de espíritu, de pliegue interno, es pura epidermis, músculo. O, si no se ruborizan, músculos.

 

            Este tecnócrata se ve todavía mejor representado por Rambo (solo ví su primera película). Rambo ni siquiera habla. Si entrara aquí, lo haría bruscamente y de improviso por el techo, caería entre nosotros y con dos metralletas procedería a destruirnos. Y también destruiría el hotel. Es pura acción, exterioridad, ausencia de espíritu. Rambo crea (a veces inventa) con su acción sus campos de operaciones. Es como un Dios Destructor. Por cierto, en el fondo, representa la divinidad de la lógica de acumulación de capital liquidando lo que se le opone: enemigos, entornos, vida animal. Personifica la Destrucción Creadora de Schumpeter.

Crear y destruir con su acción competitiva campos de acción es otra megatendencia de la economía global.

 

            Ahora, esto, lo personificado por Bond y Rambo, es la cuestión de una racionalidad instrumental y tecnocrática, fragmentaria, que ha puesto en crisis la capacidad del planeta para reproducir la vida, según nos dicen recientemente Al Gore, Leonardo di Caprio y Benedicto XVI, entre otras estrellas. Algo tardíos los muchachos.

 

            Esto, la sobrevivencia del planeta y tal vez la sobrevivencia de la especie, sí algunos logran montarse en las naves con motores de plasma que Franklin Chang apresura en Guanacaste, constituye un desafío global, si es que existe alguno. Y no puede enfrentarse ni resolverse en el marco unilateral de la competitividad capitalista actual. La respuesta se sigue de un discernimiento político, ligado a valores y a producciones de sentido universalizables y por ello compartibles. La respuesta es política, no meramente instrumental, aunque contenga eficiencias procedimentales. En breve, no se resuelve con riñas sino dialogando y pactando.

 

            Tal vez la historia social de Costa Rica, que es también la historia del ICE, podría contribuir a edificar esta necesaria respuesta global.

 

            Pero, dirán ustedes, en Bond-Rambo-Gardfield (este gato es también un héroe pragmático, al menos el que sale en La Nación), se nos iba a hablar también de lo positivo de la competitividad. Bueno, tal vez se hizo, pero como ausencia. Como todos los enamorados saben, la ausencia exuda y convoca ciertas presencias.

 

            Vamos a la última imagen. Los Simpson. Es más breve.

 

            LOS SIMPSON COMO PARTE DE LA RESPUESTA

 

            Supongo que la mayor parte de ustedes ha visto alguna vez Los Simpson. Recordarán que la serie se presenta mostrando a los miembros de la familia acelerados para llegar a su casa (hogar) y ver televisión. Sentados juntos en un solo sofá encienden el televisor. Y el programa a ver es Los Simpson. La serie Los Simpson se presenta como si los Simpson fueran a ver la serie Los Simpson.

 

            Pero no. Los Simpson no se ven a sí mismos en la televisión. Prefieren vivirse. Salen del sofá y el episodio consiste en situaciones de existencia de los Simpson. En esta presentación de la serie existen al menos dos transgresiones: ven televisión en grupo, no individualmente. Y no aceptan mirarse como un reality show, quieren ser protagonistas efectivos de su propia existencia. Y nosotros creyendo que se trata de una serie cómica o extraña, de dibujitos para menores.

 

            Los Simpson nos gritan: miren, no se queden viendo televisión. La existencia no es un reality-show en el que se vota por la pareja que baila más convocadoramente o como en el referéndum (No, Sí). La vida es algo en lo que hay que comprometerse para producirla. Y como comunidad. Por eso se sientan juntos. Y todos juntos se meten en cada episodio.

 

            Los Simpson se meten en sus vidas (después de negarse a “verse” en televisión) desde raíces. Estas raíces son a veces de la historia de Estados Unidos, Momentos Estelares de la Humanidad, para recordar a Stefan Zweig, del barrio o de Springfield, o biográficas y existenciales, pero son siempre raíces. Los Simpson son y crecen desde raíces y su realidad enraizada es muchísimo más compleja y vasta que lo práctico y útil para cada cual. Esto vale incluso para Bart, en apariencia el más cínico y distante, quien apuesta por Liza, su hermana, y se compromete con ella en una escuela militar.

 

            Los Simpson, que algunos creen es una historieta o comic, es una dramática serie política de crítica social y civilizatoria radical. Los Simpson son parte de la respuesta: el mundo no es un reality show actuado por Bond, Rambo, Gardfield y las corporaciones capitalistas. El mundo es también yo y la historia de mi pueblo que forma parte, con su riqueza y limitaciones, de la historia de producción de humanidad. Por supuesto, vivir desde raíces y comprometernos con nosotros mismos, no es una megatendencia, quizás sea una contratendencia, pero es parte de la respuesta. Y si se lo quiere, “virtualmente” es una megatendencia. La que deberíamos discernir. La que deberíamos adoptar. La que debería hacer crecer en nosotros una autoestima efectiva. Autoestima tan poderosa que conseguiría educar al mundo para que no se hagan tan imprescindibles los motores de plasma para huir de este planeta.

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            Conversación

 

            1.- Gracias por el aporte. La pregunta inevitable es qué podemos hacer desde esta diagnóstico. No sé si nos podrá colaborar en eso.

 

            HG.- Se trata en verdad de una cuestión amplia y compleja. Tal vez sea posible realizar hoy algunos indicativos para construir la respuesta, más que la respuesta misma que tiene que surgir en el seno de un emprendimiento colectivo.

 

            Lo primero es que ustedes son al menos ciudadanos y sindicalistas. Además son mujeres y varones. Y esto quiere decir que tienen varios frentes posibles de lucha social. Algunos de ustedes lucharán, o intentaran hacerlo, en todos los frentes, otras y otros lo harán en alguno de ellos. Pero cualquiera sea su decisión, ella debe seguirse de un discernimiento de la realidad, comprensión que permite jerarquizar. Una exigencia para crecer desde raíces y desde la sociohistoria es dotarse de la capacidad para discernir la realidad como totalidad, como movimiento y los caracteres de nuestra inserción en ella. Y esto deben hacerlo como sindicalistas, como ingenieros, como ciudadanos costarricenses y como seres humanos, por nombrar cuatro de sus particularidades.

 

            Un segundo punto es que como ciudadanos y en la situación actual ustedes deben exigir a las autoridades políticas costarricenses transparencia, rendición de cuentas y cero tolerancia con la corrupción política (que es un fenómeno proceso) y la venalidad (que es una figura delictiva). Cero tolerancia para la corrupción política y la venalidad en el ejercicio de la función pública y en el marco de un gobierno transparente y que se hace responsable (también la ley lo hace responsable) de sus decisiones en tanto contribuyen con el emprendimiento colectivo. Es la ausencia de estas características (transparencia, rendición de cuentas, responsabilidad), y la presencia de la impunidad del sistema político costarricense la que ha permitido que minorías privadas y públicas envilecidas busquen enriquecerse instrumentalizando el ICE o la CCSS o los destruyan desde adentro impidiendo su competitividad solidaria. Estas minorías están impunes. Y han cometido graves delitos sociales. El ICE y la Caja son dos instituciones centrales entre las que permiten hablar de un “modelo” costarricense. Modelo que ha sido humana y socialmente el más ‘competitivo’ de América Latina.

 

            Estas minorías insisten en matar este modelo. Lo hacen con desfachatez, con arrogancia. Dicen hablar en nombre de la “modernización” y su “competitividad”.Pues es la modernización/competitividad que tiene al borde del colapso al planeta.

 

            Un tercer indicativo dice relación con los sindicatos. En Costa Rica la organización sindical está básicamente en el sector público. En la empresa privada ustedes saben que los empresarios mayoritariamente valoran a los sindicatos como agresión contra su “competitividad”. Ahora, los sindicatos públicos han tratado básicamente de integrarse  y de articularse horizontalmente, es decir de fortalecerse internamente y de ligarse con otros sindicalistas. Y esto está bien. Pero la principal alianza social de los sindicatos del sector público es con los usuarios de los servicios que ofrecen. Alianza cara a cara con los usuarios. Y alianza que exige el control del comportamiento institucional de quienes el Gobierno de turno pone a la cabeza de la institución. Control y petición de sanción, si es del caso.

 

            Si los sindicatos se hubiesen movido en este sentido, alianza con los consumidores, que desde luego se traduce en óptima calidad del servicio solidario, entonces el ICE y la Caja serían intocables para los codiciosos. Todo el país, la ciudadanía, la gente, se levantaría sin armas exigiendo “¡fuera las sucias manos del ICE!” “¡Fuera las cochinas manos de la Caja!”. Hoy día se está contra el tiempo, retrasado. Pero es algo que habría que pensar seriamente. Y no se trata de propaganda en prensa y televisión. Se trata de querer esta alianza y de dar testimonio de ella. Esa alianza nacional sería imbatible en su lucha. Y tornaría todavía más socialmente competitivo al ICE.

 

            2.- El Ingeniero Francisco Montealegre ha dicho que el modelo tico es mejor que el modelo gringo. ¿Coincide usted con eso?

 

            HG.- El ingeniero Montealegre nos argumentó bien su planteamiento. Nos mostró cómo las exportaciones costarricenses se han elevado en 25 años de una manera espectacular y cómo han influido en ello el desarrollo social, la estabilidad política y la tecnología solidaria. Estimo que quizás no existe un “modelo” gringo. Ese es un país dominado por grandes corporaciones con intereses globales y que estimulan la guerra. La ciudadanía importa poco y excepcionalmente participa de las decisiones estratégicas, como en la guerra de Vietnam, o en la consecución de derechos civiles.

 

            En cambio sí existe un modelo costarricense centrado en la educación y salud universales y en la vinculación estrecha entre tecnología y solidaridad. Tiene fallas, pero torna a Costa Rica excepcional en América Latina y el mundo. Gringos (minoría) y costarricenses han venido alcanzando sus objetivos. Tanto los de la guerra como los del emprendimiento colectivo que tiende a satisfacer las necesidades de todos universalmente. Los gringos pueden exportar, y lo hacen bien, la codicia y la guerra. Los costarricenses podrían exportar, y serían parte de una respuesta global necesaria, su desarrollo social, su voluntad de resolver conflictos mediante la negociación, y el valor de la solidaridad para dar sentido humano a la tecnología. Este tipo de testimonios son de primera importancia en un tiempo en que resulta necesario producir política y culturalmente a la especie humana. El ICE, con su sindicato de ingenieros, ha estado a la cabeza de ese testimonio.

 

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     (1) En el panel participó también el Ingeniero Francisco Montealegre.

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        Referencia:

 

            Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento/Banco Mundial Departamento de México y Colombia/Región de América Latina y el Caribe: Gobernabilidad democrática en México: más allá de la Captura del Estado y la Polarización Social  México, 2007.