Seminario Hinkelammert emancipación y redención

EMANCIPACION Y REDENCIÓN

1.- Considerando el período en que Hinkelammert llega a América Latina (y específicamente a Chile), finales de la década del sesenta del siglo pasado, y a una Universidad Católica, la principal de ellas, en Santiago, resultó inevitable que se interesase por el vínculo que podría darse entre la emancipación sociohistórica (o liberación), impactada en el hemisferio por el proceso revolucionario cubano y la emergencia de una Teología latinoamericana de la liberación (que en parte respondía también al Concilio Vaticano II), y los caracteres de una redención/salvación propuesta por los distintos cristianismos y, más específicamente, por la Iglesia católica. Para algunos este vínculo podía resolverse con una cooperación en la práctica. O sea, sin pensarla demasiado. Como veremos, Hinkelammert se interesa por pensar qué cristianismo y que marxismo podrían articularse sin hacerse mutuamente violencia. Ahora, en el Chile a que llegó Hinkelammert se concentraron en la década de los sesentas recursos financieros de una Alianza para el Progreso (gobierno de la “Revolución en libertad” protagonizado por la Democracia Cristiana, 1964-70), implementado por la administración Kennedy para todo el subcontinente, y se produjo asimismo la primera victoria electoral de una coalición partidaria donde el sufragio marxista-leninista resultaba mayoritario (Unidad Popular, 1970). La primera publicación de la TLL se dio con un trabajo del brasileño Rubem Alves (“Religión: opio o instrumento de liberación” (1970) y en ella ya se avisaba, aunque no conocieran el escrito, lo que posteriormente estaría en la base de grupos como Cristianos por el Socialismo (1971) o Sacerdotes del Tercer Mundo (Argentina, 1967). Un posicionamiento central del trabajo de Alves era que Dios ayudaba a los empobrecidos que resistían la opresión y luchaban por su liberación, y sufría cuando estas experiencias no se producían. El Reino se seguía de la lucha política. Cristianos por el Socialismo tuvo una vida institucional breve aunque algunas de sus personalidades mantuvieron su compromiso hasta su muerte (Giulio Girardi, por ejemplo) y Sacerdotes del Tercer Mundo fue liquidado por la represión militar argentina en 1975. En 1968 y en Medellín el CELAM había producido el que fue su Documento Final más progresivo. Se refería a una injusticia social que “clamaba al Cielo” y se pronunciaba por una “opción preferencial por los pobres”. La vía parlamentaria e institucional socialismo abierta en Chile fue aplastada por un golpe militar-empresarial en 1973.

2.- Cuando se habla del vínculo entre emancipación y redención se busca mostrar una relación positiva o constructiva (de mutuo refuerzo) entre la lucha política y cultural sociohistórica y una salvación entendida en términos trascendentales (concebido como lo que supera límites o los reconfigura: una superación del límite de la muerte, sería un ejemplo de esta aplicación del concepto). Para Alves, la resistencia-lucha social convoca a Dios para intervenir en la historia. Se trata de una formulación teísta. Para un criterio deísta, la divinidad no interviene más que como punto de partida en el mundo. Para los teístas, los deístas pueden resultar “ateos”, pero salta a la vista que existen diversos tipos de “ateos”. Un deísta no es idéntico a un ‘ateo’ usual. Un deísta no pide milagros. Un ateo puede insultar a Dios, pero adorar ídolos. El punto no se presta para juicios fáciles pero vacíos.

2.1.- En un trabajo temprano “Ideologías del desarrollo y dialéctica de la historia”, (1970) Hinkelammert avanza una interpretación sobre estos vínculos entre emancipación y redención. Desde su percepción del marxismo, éste podría ser caracterizado como un ateísmo intrahistórico racionalista, inmanencia cuya debilidad consistiría en la posibilidad práctica (que siguió la experiencia soviética, por ejemplo) de abrirse hacia una infinitud negativa (la tecnología realiza la utopía: la perfección social última realizada mediante aproximaciones sociohistóricas sucesivas), una versión calcada de la idea capitalista del progreso (como en Comte). Políticamente la infinitud no ha de servir al conservadurismo. Pero esta descripción,  dirigirse hacia una infinitud negativa,  no es la única e incluso podría considerarse no-marxista. Puede también entenderse el marxismo  como un ateísmo (e incluso deísmo) de la liberación intrahistórica propio de una revolución permanente dentro de una lógica de la soberanía popular. El primer marxismo sería el adoptado por clases dominantes (entre ellas la burocracia soviética). El segundo sería un marxismo sin dominaciones irreversibles ni final de la historia. Hinkelammert ubica a este último marxismo como una forma específica de la conciencia trascendental resultante de una tensión entre lo existente mejorable (emancipación) y lo no factible a la experiencia humana, pero deseable. En mi vocabulario lo no-factible reemplaza a lo imposible, que resulta lo prohibido por el sistema imperante. Puede hacerse pero está prohibido. Lo no factible, que puede expresarse como experiencia de contraste radical, torna posible el cambio emancipador pero éste puede no alcanzar los objetivos deseados. En el cristianismo conservador, existente desde el medioevo y propio de los grupos dominantes, siempre existirán el pecado, la miseria y la explotación y su superación solo se hará en el Cielo (¿?) más allá de esta historia y para los elegidos. Su Dios no anima el cambio. No transfiere espíritu de cambio. Este cristianismo ideológico resulta incompatible con un marxismo de la revolución permanente. Pero un cristianismo de liberación, cuyo eje es el concepto de prójimo, una práctica universal y permanente, algo por realizar (prójimos en la economía, en la familia, en el aula, en la experiencia cotidiana, en el habla, etcétera), resulta enteramente compatible con un marxismo emancipador sin final de la historia y en el cual la trascendencia se liga con un pléroma (articulación de todas las cosas con su principio creador, del cual han surgido, incluyendo la interioridad de la humanidad hecha persona): “…unión cosmológica en la cual el mundo se vuelve transparente, convirtiéndose en amigo del hombre. Esta transparencia del mundo que, en la unión con Cristo, es a la vez la transparencia de todas las relaciones humanas sería la revelación total del Padre, que de Dios escondido pasa a ser un Dios visible. Una revelación que se efectúa a través de la transparencia del mundo y en la cual la voluntad del hombre llega a ser la ley interior de ese mundo nuevo  Entonces, hay que concebir esta voluntad humana como una voluntad que constituye una nueva historia por la distinta espiritualidad que la anima, una historia a través de la cual el Padre revelado sigue revelándose de nuevo sin cesar sin cambiar nunca en nada su naturaleza. Este nuevo eón (tiempo de las superaciones) concebido debe ser como la infinitud de las infinitudes y la nueva historia humana, como un progreso ilimitado de descubrimiento de todas las infinitudes contenidas en la infinitud de las infinitudes” (itálicas y paréntesis no están en el original). Así, un ateísmo o deísmo racionales resultan compatible con un cristianismo de liberación sin constituir una infinitud negativa, o sea sin momento conservador. “Es la entrada definitiva del hombre en la Trinidad, donde el Espíritu Santo logra la unión entre la humanidad, Cristo y la revelación infinita del Padre” (p. 300). Hinkelammert hace una propuesta semejante, aunque con otros argumentos, en “Las armas ideológicas de la muerte” (1977). Pero esta es una primera oportunidad en la aparente sencillez contenida en la colaboración posible entre cristianos progresivos y marxistas revolucionarios. No basta cooperarse en tarea comunes. Hay que ligarse mediante una nueva espiritualidad.

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   Conversación


Celina.- ¿Podría darse una Filosofía de la Historia sin consumación o final?

HG.- La Filosofía de la Historia en cuanto disciplina es contemporánea y  moderna (ss. XVI- XVIII). Nació en los marcos y sueños del imperio de la razón y del conocimiento científico y por contraste con imaginarios en que la historia era producida por Dios o dioses (antropomorfizados o enigmáticos-siempre-lejanos) o lógicas cósmicas inaprehensibles entera o parcialmente, y no por los seres humanos y la organización, diversa en el tiempo, de sus diversas comunidades y sociedades. El período de alejamiento relativo de los providencialismos religiosos pudo haber significado el abandono relativo o total de una Única Historia de la Humanidad, pero habrá que recordar que en esta fase moderna-contemporánea nace asimismo Europa como centro del mundo y de sus poderes y con ella las historias humanas resultan (o son  vistas) como la Historia de Europa registrada y contada por europeos autores modernos y contemporáneos. ‘Filosofía de la Historia’ queda dominada así por la idea del progreso, ethos propio de las potencias europeas, y que incluye los imperialismos en su forma moderna, con sus pugnas y hegemonías conflictivas. No termina tampoco de desaparecer el Dios medieval que puede ahora adoptar la forma de la Razón (ciencia) o la Idea o de los estadios necesarios y secuenciales de la humanidad (teológica, metafísica y positiva) o de la razón de Estado. El ‘progreso’ determinado por la razón, un fetiche, conduce a un Final de la Historia. Esta propuesta contiene al menos dos estereotipos o presunciones: existe un Final (ya estaríamos en él y se habla de la sociedad sin alternativa) y existe una Historia Universal con sus agregaciones, separaciones, conflictos y dominaciones necesarias. Es La Idea o Espíritu de La Humanidad. Por eso el cristianismo puede leerse o sentirse principalmente como evento salvífico, no como la práctica de Jesús de Nazaret (la projimidad). El Fin está presente ya en el Comienzo. El Omega está ya en el Alfa. Hinkelammert propone que el alfa sea la revolución permanente con lógica de participación de diferentes circunstanciales o republicana. Puede incluirse un Dios o dioses, pero su imperio no es absoluto porque Él mismo es proceso vivificado (o autovivificado) sin término. La divinidad se va produciendo, aunque haya existido siempre, así como las historias humanas. La referencia a un Origen y un Final especialmente no nos favorece a los latinoamericanos porque nuestras mayorías han sido complejamente colonizadas (por el amo, el patrón, el salario, el catolicismo) y nuestra región carece de autonomías significativas. Recordemos que nuestro origen está en la masacre, el genocidio y el etnocidio. No nos conviene el omega respectivo, aunque se avisa. Nuestras poblaciones todas, de distintas maneras, hacen parte de los condenados de la tierra aunque no todos soporten las mismas condenas. A los condenados de la tierra no les resultan útiles los Alfas que se consuman en Omegas, por su conservadurismo, sino los procesos que albergan tensamente la esperanza, que tal vez no sepamos a qué lleva, pero que anima a resistir y luchar. Si las divinidades quieren ser parte de este ethos, mejor. Si no, pues peor para ellas. Lo peleado (una mezcla de sufrimiento y esperanza) no nos lo va a quitar nadie. Se trata de sentimientos radicales. Creo que ésta es una interpretación válida de lo que desea decir Hinkelammert con su versión del pléroma. No nos conviene un Final. No nos convienen las Filosofías de la Historia con raíz europea. Debería atraernos, porque también es parte de la historia humana, generar muchos caminos que se entrecrucen y apoderen la construcción siempre inacabada de sujetos. Todos los ríos conducirían al mar y ninguno perdería su identidad en esas aguas. Con eso ponemos los granitos de arena para que dios alguna vez exista y se apiade de sí mismo y resuelva salvarse.

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