Seminario marxismo y teoría política

EL MARXISMO POLÍTICO EN AMÉRICA LATINA

1.- Si se tiene en cuenta que el marxismo se propone como pensamiento desde la realidad social del capitalismo y para su transformación revolucionaria por un movimiento obrero organizado capaz de atraer a otros sectores sociales a la lucha socio-política y cultural y que esta transformación supone partidos de inspiración obrera o socialistas, se recordará  que los primeros partidos comunistas en la región se constituyeron en el área latinoamericana primero en México (1911 y 1919) y Chile (1912 y 1922). Las dos fechas corresponden a su cambio de nombre: desde Partido Socialista Obrero y Partido Obrero Socialista a Partido Comunista. El nuevo nombre obedece al impacto de la Revolución Rusa (1917) y la posterior fundación de la Internacional Comunista (1919-1943). El Partido Comunista Argentino es de 1918, el de Uruguay nace en 1921, igual que el de Brasil. El Partido Comunista de Costa Rica se constituye en 1931. Todos ellos surgen ligados a la Internacional Comunista (Komintern). Los lineamientos de esta Internacional harán que sus partidos se diferencien (incluso como enemigos) de las organizaciones trotskistas (Cuarta Internacional, 1938), maoístas (1960) y castro-guevaristas o solamente guevaristas (década de los sesentas, del siglo pasado). Luego el término genérico ‘comunismo’ en América Latina contiene referentes muy variados y, para ciertos períodos, enteramente disímiles y enfrentados. Cuando la población ‘normal’ latinoamericana habla de ‘comunismo’ suele asociarlo indeterminadamente con revolución, insurrección armada y dictadura. Se trata de estereotipos. Entre los Partidos Comunistas ligados de alguna manera a la Tercera Internacional (línea soviética: marxismo leninismo-estalinismo) los más importantes por su influencia política local en América Latina fueron los de Chile y Costa Rica, en ese orden.

2.- Además de la existencia partidista o militante (en los campos de la política y de lo político) resulta conveniente distinguir dentro del ‘comunismo’ latinoamericano a marxistas (militantes o cuadros de partidos), de marxólogos (analistas, normalmente académicos, que hablan desde una perspectiva materialista histórica o dialéctica, o de clase, en su alcance marxista) y marxianos (analistas que se interesan en la revolución pero ligan los planteamientos del marxismo con otras corrientes de pensamiento como el freudismo o con posiciones humanistas escasamente críticas. Por supuesto pueden darse cristianos-‘marxistas’ que abogan por una economía solidaria, regímenes democráticos y éticos o con un ‘rostro humano’.

2.1- La principal pero no la única diferenciación axial entre marxistas militantes en América Latina tiene como eje central el proceso revolucionario cubano: la primera razón fue su estrategia de lucha armada (insurrección) que lo separaba de la línea marxista-leninista del momento (revolución por etapas: desarrollo burgués con apoyo socialista y luego fase socialista con conducción obrera); la segunda el carácter efectivamente antimperialista y tercermundista decolonial de la política exterior cubana hasta la autodestrucción de la URSS. Obviamente la crisis de acabamiento del socialismo histórico (década de los noventa del siglo pasado) fue decisiva para el debilitamiento de los marxismos militantes en América Latina.

3.- En su estudio “El marxismo en América Latina” (Michael Löwy, 1982) intenta una periodización del marxismo latinoamericano tomando como eje el problema del carácter de la revolución en el subcontinente. Distingue tres períodos: i) un período ‘revolucionario’, ubicado entre las décadas del 20 y la mitad de la del 30, y de cuyos eventos destaca la insurrección salvadoreña de 1932 y la obra conceptual de José Carlos Mariátegui (1894-1930). La revolución se caracteriza en este período como socialista-antimperialista, este antimperialismo bajo su forma simplificada de un enemigo ‘exterior’ con aliados internos débiles, burguesías que llegaron tarde al escenario de la historia. El imaginario central por tanto es de ‘clase contra clase’. ii) un período estalinista, entre la segunda parte de la década de los 30 del siglo pasado y 1959 (Revolución Cubana) en el que la política de alianzas necesarias para ganar la Segunda Guerra Mundial conduce a las tesis de una revolución por etapas: la primera democrática y antioligárquica encabezada por las burguesías nacionales cuyas reformas generarían las condiciones para una etapa proletaria y socialista de la revolución. La revolución era democrática y nacional y el socialismo debía esperar. En esta etapa es que se producen las primeras transformaciones avanzadas en Costa Rica: las Garantías Sociales, una Caja Costarricense de Seguro Social, el Código del Trabajo y la creación de la Universidad de Costa Rica, iniciativas impulsadas por un presidente social-cristiano (formado en Europa), el arzobispo de San José y el Partido Comunista; iii) un emergente nuevo período revolucionario determinado por la épica del proceso revolucionario cubano (1959): lucha armada, socialismo o muerte, el asalto a lo imposible, antimperialismo, revolución socialista como momento de una revolución mundial. Este período puede considerarse seriamente debilitado con el asesinato de Ernesto Guevara en 1967, pero influyó en los sucesos centroamericanos de la década de los 70 y 80 del siglo pasado y se mostró asimismo en el levantamiento zapatista de 1994 (México, Chiapas). Pudo abrirse un IV período en 1970 con el triunfo electoral de la Unidad Popular en Chile. Quiso materializar la tesis la tesis del tránsito institucional al socialismo que torpemente la dirección soviética llamó “tránsito pacífico al socialismo”. Puede caracterizarse como desarrollista, nacional y antimperialista. Y, obviamente, como constitucional. Esta única experiencia fue liquidada mediante un golpe militar-empresarial respaldado por EUA en 1973. Sus condiciones de realización eran: a) la existencia de una clase obrera políticamente estratégica; b) la unidad ideológica de esa clase; c) la capacidad obrera para atraer a otros sectores sociales, y d) la existencia de un Estado sólido de derecho. Aunque la meta era el socialismo, la experiencia chilena quiso avanzar hacia la coexistencia de una economía estatal, otra en manos de los trabajadores y una tercera de propiedad privada. El golpe de Estado que liquidó el proceso se abrió inmediatamente a la primera experiencia mundial de gobierno neoliberal.

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