LUXEMBURGO/ TROTSKI: NECESIDAD DE LA REVOLUCIÓN PROLETARIA
Luxemburgo (1870-1919)
1.- El Estado se volvió capitalista con el triunfo de la burguesía. El desarrollo capitalista modifica esencialmente la naturaleza del Estado, ampliando su esfera de acción, imponiéndole nuevas funciones constantemente (sobre todo en lo que afecta a la vida económica), haciendo cada vez más necesaria su intervención y control de la sociedad. En este sentido, el desarrollo capitalista prepara poco a poco la fusión futura del Estado y la sociedad. Parece preparar, por así decirlo, la devolución de la función del Estado a la sociedad.
1.1.- Pero, por otra parte, el mismo desarrollo capitalista efectúa otra transformación en la naturaleza del Estado. El Estado existente es, ante todo, una organización de la clase dominante. Asume funciones que favorecen específicamente el desarrollo de la sociedad porque dichos intereses y el desarrollo de la sociedad coinciden, de manera general, con los intereses de la clase dominante y en la medida en que esto es así. La legislación laboral se promulga tanto para servir a los intereses inmediatos de la clase capitalista como para servir a los intereses de la sociedad en general. Pero esta armonía impera sólo hasta cierto momento del desarrollo capitalista. Cuando éste ha llegado a cierto nivel, los intereses de clase de la burguesía y las necesidades del avance económico empiezan a chocar, inclusive en el sentido capitalista. Creemos que esta fase ya ha comenzado. Se revela en dos fenómenos sumamente importantes de la vida social contemporánea: la política de las barreras aduaneras y el militarismo.
2.- Las relaciones de producción de la sociedad capitalista se acercan cada vez más a las relaciones de producción de la sociedad socialista. Pero, por otra parte, sus relaciones jurídicas y políticas levantaron entre las sociedades capitalista y socialista un muro cada vez más alto. El muro no es derribado, sino más bien es fortalecido y consolidado por el desarrollo de las reformas sociales y el proceso democrático. Sólo el martillazo de la revolución, es decir, la conquista del poder político por el proletariado, puede derribar este muro.
1.- “«El predominio casi ilimitado de la gran industria en todos los ramos de la economía» significa en las condiciones del capitalismo, como hemos dicho, la proletarización de todos los productores pequeños y medianos en la agricultura y en la industria, es decir la transformación en proletariado de la población total. Pero el predominio ilimitado de la técnica mecánica en estas grandes empresas reduce a un mínimo la necesidad de trabajo vivo y convierte así a la mayoría preponderante de la población del país -ha de pensarse en el 90 %- en un ejército de reserva que vive, a costa del Estado, alojado en un lugar a propósito. Suponemos el 90 %; pero nada nos impide ser lógicos e imaginarnos una situación en la que toda la producción consiste en un único autómata perteneciendo a un único sindicato y necesitando como fuerza de trabajo viva sólo un único orangután amaestrado” (itálicas no están en el original).
3.- Ahora bien, muchos ideólogos socialistas (ideólogos en el sentido negativo, o sea, los que lo revuelven todo) hablan de la preparación del proletariado para el socialismo en el sentido de su transformación moral. El proletariado y «la humanidad» en general necesitarían ante todo perder su vieja naturaleza egoísta; en la vida social deberían predominar los impulsos del altruismo, etc. Como estamos muy lejos de semejante estado y como la «naturaleza humana» sólo ha de cambiar lentísimamente, el advenimiento del socialismo se ha alejado por algunos siglos. (…).Es de suponer que la psicología socialista tiene que existir antes del socialismo; en otras palabras, que es posible inculcar a las masas una sicología socialista sobre la base de las condiciones capitalistas. Aquí no se debe confundir el aspirar conscientemente al socialismo con la psicología socialista. Esta última supone la ausencia de motivos egoístas en la esfera de la vida económica, mientras que la aspiración y la lucha por el socialismo nacen de la psicología de clase del proletariado. La lucha común contra la explotación hace brotar en el alma obrera indicios preciosos de idealismo, de camaradería solidaria y de espíritu de sacrificio desinteresado pero, al mismo tiempo, la lucha por la existencia individual, el espectro de la miseria, la diferenciación dentro del mismo estamento obrero, la presión de las masas ignorantes desde abajo y la actividad corrompida de los partidos burgueses, impiden el despliegue completo de estos indicios preciosos. Sin embargo, lo esencial del asunto es que el obrero medio -aun cuando pueda seguir siendo egoísta y pequeño burgués, sin sobrepasar en su calidad «humana» a los representantes medios de las clases burguesas- se convence por la experiencia de la vida de que sus deseos más simples y sus necesidades más naturales sólo pueden satisfacerse sobre las ruinas del sistema capitalista. Los idealistas se imaginan a la futura generación que será digna del socialismo de la misma manera que los cristianos se imaginan a los miembros de las primeras comunidades cristiana (…) Al extenderse, el cristianismo fracasó no ya respecto a la transformación del modo de pensar del pueblo sino que, incluso, degenerando él mismo, haciéndose mercantilista burócrata, evolucionó de la mutua enseñanza fraternal al papismo y de la orden mendicante al parasitismo monástico; en una palabra: no logró someter a las condiciones sociales del medio dentro del cual se desarrollaba, sino que fue sometido por aquél. Y esto no ocurrió como consecuencia de la torpeza o del egoísmo de los padres y maestros del cristianismo sino como consecuencia de las leyes irrefutables de la dependencia de la sicología humana respecto de las condiciones del trabajo social y de la vida social. Si el socialismo tan sólo se hubiese propuesto crear una nueva naturaleza humana dentro del marco de la vieja sociedad, no sería más que una nueva edición de las utopías moralistas. El socialismo no se propone la tarea de desarrollar una psicología socialista como condición previa del socialismo, sino la de crear condiciones de vida socialistas como condición previa de una psicología socialista.
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