F-7144 Marxismo y teoría política


CUESTIONES CENTRALES EN RESULTADOS Y PERSPECTIVAS (TROTSKI)

La edición impresa del escrito de Trotski utilizada en el seminario es la de Ruedo ibérico, Francia, 1971. Esta versión contiene los siguientes apartados temáticos: 1. Las particularidades del desarrollo histórico. 2.- Ciudad y capital. 3.-1789-1848-1905. 4.- Revolución y proletariado. 5.- El proletariado en el poder y el campesinado.6.- El régimen proletario. 7.- Las condiciones previas del socialismo. 8.-El gobierno obrero en Rusia y el socialismo. 9.- Europa y la revolución. 10.- Apéndice. Prefacio (añadido por Trotski en 1919).

LAS PARTICULARIDADES DEL DESARROLLO HISTÓRICO

Muestra cómo la dinámica del absolutismo zarista (enajenación del Estado y de su sector dirigente) le proporcionó la posibilidad de sostenerse en plena contradicción con el despliegue social de Rusia pero, en el mismo movimiento, generó las condiciones para tornar necesaria una revolución, que, por la debilidad del desarrollo liberal burgués, debía ser encabezada por un movimiento obrero y campesino que llevaría a cabo la modernización rusa y posteriormente, con el apoyo de otras experiencias, avanzar hacia el socialismo-comunismo. ““El marxismo ruso puede, con toda razón, estar orgulloso de haber sido el único en señalar el sentido de esta evolución y de haber predicho sus formas generales,  en una época en la que el liberalismo se nutría de un «practicismo» utópico y en que el movimiento revolucionario de los populistas vivía de fantasmagorías y de la creencia en milagros”.

CIUDAD RUSA Y CAPITAL EUROPEO

El crecimiento poblacional urbano ruso se realiza en la segunda mitad del siglo XIX sin seguir ninguna planificación. 1885 y 1887 era de un 33,8 %, es decir, más del doble del crecimiento de la población rusa en general (15,25 %) y casi el triple del aumento de la población rural (12,7 %). Junto al crecimiento de población las ciudades rusas cambian de carácter. Las anteriores eran  “puntos administrativo-militares o fortalezas, su población estaba obligada al servicio militar y, asimismo, era mantenida por el fisco. La ciudad era generalmente un centro administrativo, militar y recaudador de impuestos”. Las nuevas son el centro de la industria y el comercio. Las antiguas ciudades eran básicamente centros de consumo. El trabajo productivo, incluso el artesanal e industrial, se realizaba en el campo. “… en Rusia en Rusia el capitalismo no se desarrolló a partir del oficio artesanal. Cuando el capitalismo llegó a la conquista de Rusia traía consigo como auxiliar a la civilización económica europea; su competidor era el artesano kustar desamparado o el industrial urbano arruinado; y poseía en cambio a su favor, como reserva de fuerza de trabajo, al campesinado semiempobrecido. El absolutismo, por su parte, favoreció bajo diversos aspectos la subyugación capitalista del país. Primero convirtió al campesino ruso en tributario de la bolsa mundial de valores. La falta, en el campo, del capital exigido continuamente por la ciudad, preparaba el terreno para las condiciones usurarias de los empréstitos extranjeros”. “El absolutismo, mientras proletarizaba y pauperizaba al campesinado mediante altos impuestos, convertía los millones de la bolsa europea en soldados, en cruceros acorazados, en cárceles de incomunicación y en ferrocarriles. La mayor parte de estos gastos era absolutamente improductiva desde el punto de vista económico”. La mayor parte de los valores determinados por la producción nacional enriquecía a la aristocracia financiera de Europa. Una parte de este capital retornó a Rusia para aprovechar sus riquezas naturales y su debilidad social. De paso o como efecto no deseado, la superexplotación creó y dio su carácter a la clase obrera rusa.
La burguesía europea se desarrolló a partir del Tercer Estado de la Edad Media. Levantó la bandera de protesta contra el pillaje y la violencia por parte del Primer y del Segundo Estados, levantándola en nombre de los intereses del pueblo, al cual ella misma deseaba explotar. Se apoyó en la población urbana en su lucha contra las pretensiones del clero y de la aristocracia. Ganó así capital político. Cuando el absolutismo burocrático y la clase capitalista chocaron en 1879 se mostró que la burguesía gozaba del respaldo de la nación entera. La burguesía europea afincada en Rusia no tenía ninguna de estas características. Su vehículo para superexplotar era la burocracia zarista.

1789-1848-1905

La historia no se repite. Por mucho que se quiera comparar la revolución rusa con la gran revolución francesa, no por eso se convierte la primera en una simple repetición de la segunda. El siglo XIX no ha transcurrido en vano.
Ya el año 1848 (Alemania) presenta una gran diferencia respecto al año 1789. En comparación con la gran revolución, la prusiana o la austríaca sorprendieron por su falta de brío. Por un lado llegaron demasiado pronto; por otro, demasiado tarde. El gigantesco esfuerzo que necesita la sociedad burguesa para arreglar cuentas radicalmente con los señores del pasado, sólo puede ser conseguido, bien mediante la poderosa unidad de la nación entera que se subleva contra el despotismo feudal, bien mediante una evolución acelerada de la lucha de clases dentro de esta nación en vías de emancipación. Francia (1789-93) expresa el primer caso. El segundo caso, no se ha dado en la historia, pero podría darse: “Los ásperos conflictos internos que consumen gran parte de sus energías y privan a la burguesía de la posibilidad de desempeñar el papel principal, empujan a su antagonista (el movimiento obrero o popular) hacia delante, le dan en un mes la experiencia de décadas, le colocan en el frente más avanzado y le entregan las riendas tendidas, ocasión que él aprovecha para, decididamente y sin vacilaciones, dar a los acontecimientos un ímpetu poderoso” (paréntesis e itálicas no están en el original). Será el caso de la Revolución Rusa, de la revolución ininterrumpida y revolución permanente.

Defensa proletaria del jacobinismo burgués.  Reivindicación del terror y de Robespierre.

En la situación alemana “… ya a mediados del siglo XIX, no se podía resolver la tarea nacional de la emancipación por la presión homogénea y unánime de la nación entera. Sólo la táctica independiente del proletariado, el cual sacase las fuerzas para luchar de su situación de clase y solamente de ella, podía garantizar la victoria de la revolución”.

“La clase obrera rusa del año 1906 no se parece en absoluto a la clase obrera de Viena del 48. Y la mejor prueba de ello es la experiencia de los soviets de diputados obreros. Aquí no se trata de organizaciones de conspiradores minuciosamente preparadas, que en un momento de exaltación se hacen con el poder sobre la masa del proletariado. No, aquí se trata de órganos creados metódicamente por esta misma masa en orden a la coordinación de su lucha revolucionaria. Y estos soviets, elegidos por las masas y responsables ante ellas, estas organizaciones incondicionalmente democráticas, practican una política de clase enormemente decisiva en el sentido del socialismo revolucionario”. “Así la tarea de armar a la revolución recae con todo su peso sobre el proletariado. Y la milicia civil, la reivindicación clasista de la burguesía del 48, se presenta en Rusia desde el principio como una exigencia de armar al pueblo y sobre todo al proletariado. Con esta cuestión se pone al descubierto todo el destino de la revolución rusa”.

Se trata del abc del marxismo original: escriben Marx-Engels en 1848: ““…mientras el partido democrático pequeñoburgués quiere terminar la revolución lo más pronto posible…es nuestro interés y nuestra tarea hacer la revolución permanente, hasta que la mayoría de las clases propietarias hayan sido sacadas de sus posiciones de gobierno, hasta que el proletariado haya conquistado el poder del Estado y hasta que la asociación de los proletarios haya progresado lo suficiente –no sólo en un solo país sino en todos los países líderes del mundo- como para que la competencia entre los proletarios de estos países cese, y por lo menos las fuerzas productivas decisivas se concentren en la manos de los trabajadores”. Revolución ininterrumpida, revolución permanente.

REVOLUCIÓN Y PROLETARIADO

“La revolución es una prueba de fuerza abierta entre las fuerzas sociales en lucha por el poder. El Estado no tiene fin en sí mismo. Es simplemente un instrumento de trabajo en las manos de la fuerza social dominante. Como cualquier instrumento, tiene sus mecanismos motores, de transmisión y de ejecución. La fuerza motriz es el interés de clase, cuyo mecanismo consiste en la agitación, la prensa, la propaganda de iglesia, de escuela, de partido; la manifestación callejera, la petición y la sublevación. El mecanismo de transmisión es la organización legislativa de los intereses de casta, dinastía, capa o clase, bajo el signo de la voluntad divina (absolutismo) o nacional (parlamentarismo). El mecanismo ejecutor finalmente es la Administración, con la policía, los tribunales, las cárceles y el ejército. El Estado no tiene fin en sí mismo sino que es el más perfecto medio de organización, desorganización y reorganización de las relaciones sociales. Según en qué manos se encuentre, puede ser la palanca para una revolución profunda o el instrumento de una paralización organizada”.

“Cualquier partido político que merezca ese nombre trabaja para conquistar el poder gubernamental, a fin de poner el Estado al servicio de la clase cuyos intereses representa. La socialdemocracia, como partido del proletariado, aspira naturalmente a la dominación política de la clase obrera”.
“… el día y la hora en que el poder ha de pasar a manos de la clase obrera no dependen directamente de la situación de las fuerzas productivas sino de las condiciones de la lucha de clases, de la situación internacional y, finalmente, de una serie de elementos subjetivos: tradición, iniciativa, disposición para el combate...”.

“La idea que la dictadura proletaria depende en algún modo automáticamente de las fuerzas y medios técnicos de un país, es un prejuicio de un materialismo «económico» simplificado hasta el extremo. Tal idea no tiene nada en común con el marxismo. En nuestra opinión la revolución rusa creará las condiciones bajo las cuales el poder puede pasar a manos del proletariado (y, en el caso de una victoria de la revolución, así tiene que ser) antes de que los políticos del liberalismo burgués tengan la oportunidad de desplegar completamente su genio político”.

“El marxismo es sobre todo un método de análisis -no del análisis de textos sino del de las relaciones sociales-. ¿Es justo, en Rusia, que la debilidad del liberalismo capitalista signifique a todo trance la debilidad del movimiento obrero? ¿Es justo, en Rusia, que un movimiento proletario independiente no sea posible antes de que la burguesía haya conquistado la autoridad pública? Basta con plantear estas preguntas para reconocer el desesperado formalismo de pensamiento contenido en el intento de convertir un comentario histórico relativo de Marx (‘de tal amo, tal siervo’) en un teorema secular” (paréntesis e itálicas no están en el original).

“…siguiendo a Kautsky, Rusia está caracterizada en el terreno económico por un nivel relativamente bajo del desarrollo capitalista, y en la esfera política por la falta de importancia de la burguesía capitalista y por el poder del proletariado revolucionario. Esto conduce a que la lucha por los intereses de toda Rusia corresponda a la única clase fuerte actualmente existente, al proletariado industrial”.

“En la revolución de comienzos del siglo XX, pese a ser igualmente burguesa en virtud de sus tareas objetivas inmediatas, se bosquejó como perspectiva próxima la inevitabilidad o, por lo menos, la probabilidad del dominio político del proletariado. El propio proletariado se ocupará, con toda seguridad, de que este dominio no llegue a ser un «episodio» meramente pasajero tal como lo pretenden algunos filisteos realistas. Pero ahora podemos ya formular la pregunta: ¿Tiene que fracasar forzosamente la dictadura del proletariado entre los límites que determina la revolución burguesa o puede percibir, en las condiciones dadas de la historia universal, la perspectiva de una victoria después de haber reventado este marco limitado? Aquí nos urgen algunas cuestiones tácticas: ¿Debemos dirigir la acción conscientemente hacia un gobierno obrero, en la medida en que el desarrollo revolucionario nos acerque a esta etapa, o bien tenemos que considerar, en dicho momento, el poder político como una desgracia que la revolución quiere cargar sobre los obreros, siendo preferible evitarla?”

EL PROLETARIADO EN EL PODER Y EL CAMPESINADO

“En el caso de una victoria decisiva de la revolución, el poder es traspasado a manos de la clase que ha desempeñado el papel dirigente en la lucha; en otras palabras, a las del proletariado en nuestro caso. Desde luego esto no excluye en lo más mínimo -y lo decimos ya aquí- que representantes revolucionarios de grupos sociales no proletarios entren en el gobierno. Ellos pueden y deben hacerlo; una política sana inducirá al proletariado a permitir que participen en el poder los líderes influyentes de la pequeña burguesía, de la intelligentsia o del campesinado. Toda la cuestión radica en esto: ¿Quién da a la política gubernamental su contenido y quién constituye en el poder una mayoría homogénea?”.

“La política de la burguesía liberal capitalista es, a pesar de todas sus vacilaciones y repliegues, a pesar de toda su traición, bastante definida. La política del proletariado es definida y perfilada aún con mayor exactitud. Pero la política de la intelligentsia, a causa de su posición social intermedia y de su inconsistencia, la política del campesinado por su heterogeneidad social, por su posición intermedia y por su primitivismo, la política de la pequeña burguesía, a su vez, como consecuencia de su falta de carácter, de su posición igualmente intermedia y de su carencia completa de tradiciones políticas, la política de estos tres grupos sociales es totalmente indefinida, informe, llena de variadas alternativas y, por tanto, llena de sorpresas”.

“Cuando hablamos de un gobierno obrero nos fijamos sobre todo en la posición dominante y dirigente de los representantes obreros. El proletariado no puede consolidar su poder sin ampliar la base de la revolución. Muchas capas de las masas trabajadoras, sobre todo en el campo, serán incluidas por vez primera en la revolución, y, sólo entonces, conocerán una organización política, cuando la vanguardia de la revolución, el proletariado urbano, haya subido al poder estatal. Entonces se efectuarán las tareas de agitación revolucionaria y de organización con ayuda de los medios estatales. El poder legislativo mismo se convierte finalmente en un instrumento poderoso de la toma de conciencia revolucionaria de las masas populares”.

“Ahora, y por mucho tiempo ya, a la revolución rusa se le ha cerrado el camino de la edificación de cualquier orden burgués constitucional que pudiera solucionar aunque sólo fuesen las tareas más simples de una democracia. En lo que se refiere a los burócratas reformistas del estilo Witte y Stolipin, todos sus esfuerzos «ilustrados» se vienen abajo, lo que se comprueba con el simple hecho de que ellos mismos se ven obligados a luchar por su propia existencia. El destino de los intereses revolucionarios más elementales del campesinado -incluso de la clase entera campesina- está, por consiguiente, entrelazado con el destino de toda la revolución, es decir con el destino del proletariado. El proletariado, hallándose en el poder, se mostrará ante el campesinado como la clase liberadora”.
“La dominación del proletariado traerá consigo no sólo las igualdades democráticas y la libre autogobernación, ni significará tan sólo el traspaso de la carga impositiva sobre las clases poseedoras, la transformación del ejército permanente en milicias populares y la anulación de los tributos obligatorios de las iglesias, sino que significará también la legitimación de todos los cambios revolucionarios en las condiciones de propiedad del suelo (expropiación) realizados por los campesinos. El proletariado hará de estos cambios el punto de partida para otras medidas estatales en el dominio de la agricultura. En estas condiciones, en el primero y más difícil periodo de la revolución, el campesinado ruso no estará, en todo caso, menos interesado en la protección del régimen proletario (la «democracia obrera») de lo que lo estuvo el campesinado francés en mantener el régimen militar de Napoleón Bonaparte que garantizaba con sus bayonetas a los nuevos propietarios de tierra la invulnerabilidad de su propiedad. Y esto significa que el congreso de diputados convocado bajo la dirección del proletariado, el cual se ha asegurado el apoyo del campesinado, no será otra cosa que, un perfeccionamiento democrático de la dominación del proletariado”.

Pero ¿sería posible que el campesinado mismo apartase al proletariado y ocupase su sitio? No, eso es imposible. Toda la experiencia histórica se rebela contra esta suposición. La experiencia demuestra que el campesinado es completamente incapaz de desempeñar un papel político independiente”.

“La historia del capitalismo es la historia de la subyugación del campo a la ciudad. El desarrollo industrial de las ciudades europeas hizo imposible, en su tiempo, la perduración de las condiciones feudales en el dominio de la producción agraria. Pero el campo no produjo él mismo ninguna clase que hubiese podido llevar a cabo la tarea revolucionaria de la abolición del feudalismo. La misma ciudad, que había subyugado la agricultura al capital, produjo al mismo tiempo fuerzas revolucionarias que tomaron cuerpo político con influencia sobre toda la nación y que propagaron al campo el proceso de revolución de las condiciones estatales y de propiedad. En el transcurso de la evolución progresiva, el campo cayó definitivamente bajo la subyugación económica del capital, y el campesinado bajo la subyugación política de los partidos capitalistas. Estos hacen resurgir de nuevo el feudalismo en la política parlamentaria, convirtiendo al campesinado en dominio político suyo, en una reserva para la obtención de votos. El moderno Estado burgués, con ayuda del fisco y del militarismo, precipita al campesinado en las fauces del capital usurero y lo convierte, con la ayuda de los popes a sueldo del Estado, de las escuelas estatales y de la degeneración de la vida cuarteara (fragmentada), en la víctima de su política usuraria”.

“La burguesía rusa cede todas las posiciones revolucionarias al proletariado. Tendrá que ceder también la hegemonía revolucionaria sobre el campesinado. En esta situación en la que el poder pasa al proletariado, al campesinado no le quedará otra solución que adherirse al régimen de democracia obrera, aunque en este caso, no manifieste mayor firmeza moral que manifestó anteriormente al adherirse al régimen de la burguesía. Pero mientras que cualquier partido burgués una vez conquistados los votos del campesinado, se aprovecha rápidamente de su poder para esquilmar al campesinado y defraudarle en todas sus esperanzas y promesas, abriendo el paso, cuando más, a otro partido capitalista, el proletariado, que se apoya en el campesinado, hará cuanto esté en su poder para elevar el nivel cultural en el campo y desarrollar la conciencia política del campesinado. De todo lo dicho resulta claramente cómo vemos nosotros la idea de la «dictadura del proletariado y del campesinado” (itálicas no están en el original).

EL RÉGIMEN PROLETARIO

“El proletariado únicamente puede subir al poder si se apoya en una sublevación nacional o en el entusiasmo general de la población. El proletariado entrará en el gobierno como el representante revolucionario de la nación, como jefe reconocido de la lucha contra el absolutismo y la barbarie de la servidumbre”. “…ya en el poder, el proletariado iniciará una nueva época -una época de legislación revolucionaria, de política decidida- y, en relación con esto, no puede estar seguro en modo alguno de seguir siendo reconocido como representante de la voluntad de la nación” (itálicas no están en el original).

“Un punto está claro: cada nuevo día se hará más profunda la política del proletariado en el poder y se hará cada vez más claro su carácter de clase. Pero al mismo tiempo también se verá cortado el vínculo revolucionario entre el proletariado y la nación, y la separación clasista del campesinado revestirá caracteres políticos; el antagonismo entre sus partes integrantes crecerá en la medida en que la política del gobierno obrero sea consciente de su propio destino y se convierta, de una política democrática general, en una política de clase”.
El proletariado se verá obligado a llevar al campo la lucha de clases y a destruir de esta manera la comunidad de intereses que le une con el campesinado entero, comunidad indudablemente existente aunque dentro de límites relativamente estrechos. Desde el primer momento de su dominación, el proletariado tendrá que buscar su apoyo en la confrontación de las capas pobres y ricas del campesinado, del proletariado del campo con la burguesía agrícola. Pero si, por un lado, la heterogeneidad del campesinado constituye una dificultad y limita la base de una política proletaria, por otro lado su insuficiente diferenciación de clase, hará también más difícil llevar al campesinado a una lucha de clases desarrollada en la cual pudiese apoyarse el proletariado urbano. El primitivismo del campesinado mostrará al proletariado su lado más hostil”.

“El enfriamiento del campesinado, su pasividad política y especialmente la resistencia activa de sus capas superiores, no podrá menos de tener influencia sobre una parte de la intelligentsia y sobre la pequeña burguesía urbana”.
“Dos rasgos esenciales de la política proletaria tropezarán con la resistencia de sus aliados: el colectivismo y el internacionalismo”.

“La subdivisión de nuestro programa en uno mínimo y otro máximo es de una principal importancia con la condición de que el poder se encuentre en manos de la burguesía. Precisamente este hecho de que la burguesía esté en el poder, excluye de nuestro programa mínimo todas las reivindicaciones que sean incompatibles con la propiedad privada de los medios de producción. Precisamente estas reivindicaciones son las que dan el contenido a la revolución socialista y su condición previa es la dictadura del proletariado. Pero una vez que el poder se encuentre en manos del gobierno revolucionario con una mayoría socialista, la diferencia entre el programa mínimo y el máximo pierde prácticamente toda importancia, tanto «de principio» como en la práctica.

“… la socialdemocracia no puede entrar en un gobierno revolucionario habiendo prometido al proletariado no bajar del programa mínimo, y habiendo prometido, al mismo tiempo, a la burguesía no salirse del programa mínimo. Tal compromiso simultáneo sería irrealizable. Si los representantes del proletariado entran en el gobierno, no como rehenes sin poder sino como fuerza dirigente, entonces liquidarán el límite entre el programa mínimo y el máximo, es decir, incluirán el colectivismo en el orden del día”.
“Cuando el partido del proletariado tome el poder, luchará por él hasta el final. Si un medio de esta lucha por el mantenimiento y la estabilización del poder será la agitación y organización, especialmente en el campo, otro medio lo será la política colectivista”.

“Cuando se formuló en la prensa socialista la idea de la revolución ininterrumpida, que entrelazaba la liquidación del absolutismo y del sistema de servidumbre civil con la revolución socialista mediante una serie de conflictos sociales en agudización paulatina, mediante el surgimiento de nuevas capas sociales de entre las masas y mediante los continuos ataques del proletariado a los privilegios económicos y políticos de las clases dominantes, entonces, nuestra prensa «progresista» levantó unánimemente aullidos de indignación…La revolución -gritó- no es un acontecer que pueda «decretarse legalmente». La aplicación de medidas extraordinarias sólo sería admisible en circunstancias extraordinarias. Y el objeto del movimiento liberador no sería el de eternizar la revolución sino el de dirigirla lo más rápidamente posible hacia las vías legales, etc., etc.”. “Ellos consideran no sólo fantástica la idea de un gobierno obrero en Rusia, sino que incluso desechan la posibilidad de una revolución socialista en Europa en la próxima época histórica. Las «condiciones previas» necesarias todavía no existen. ¿Es cierto esto? Naturalmente no se trata de fijar la fecha de la revolución socialista sino de apreciar bien sus perspectivas históricas reales”.
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