Indice de artículos

 

 

Conversatorio Asociación de Estudiantes de Filosofía,

Universidad de Costa Rica,

 2 de noviembre 2007. 

 

ANTECEDENTE

    La referencia central de esta presentación es que los escenarios políticos (que son producidos y determinados por fuerzas sociales) post referéndum en Costa Rica alcanzan su mayor significado, estratégico, si se lo desea, en perspectiva de una victoria electoral el año 2010, victoria que interrumpiría y, eventualmente, podría comenzar a revertir, el proyecto hoy dominante que busca ‘modernizar’ Costa Rica transnacionalizándola con beneficio neoligárquico y desagregación interna. Este proyecto ha instalado a los hermanos Arias en el gobierno con la finalidad de tornar irreversible un proceso iniciado en la transición entre la década de los ochentas y los noventas.
    Un corolario de este planteamiento es que el enfrentamiento en las urnas del 7 de octubre pasado es solo un momento, aunque importante, de un proceso político más amplio y conflictivo que aun no está resuelto a favor del bando empresarial-tecnocrático gubernamental que contabilizó más votos en las urnas.

    I.-  ELEMENTOS BÁSICOS

    Proyectos enfrentados


    Lo que sostiene los escenarios posibles después del resultado del referéndum, que fue un proceso, uno de cuyos momentos claves está en el día electoral, es el enfrentamiento entre los actores y fuerzas de un proyecto que busca la modernización de Costa Rica centrándose en la inversión directa extranjera, la competitividad exportadora y la atención social focalizada en tanto no perjudique la acumulación transnacional /local de capital, y una resistencia ciudadana y social que viene configurando otro proyecto. Determinan el proyecto dominante intereses empresariales corporativos y tecnocráticos. En Costa Rica este proyecto, que puede llamarse neoligárquico, ha reclamado una altísima concentración de poder en la Presidencia de la República, poder del que se consideran tributarios el TSE, la Sala IV o Constitucional, la Asamblea Legislativa, los municipios, los principales medios masivos comerciales y la conducción de la jerarquía de la Iglesia Católica. El proyecto, que ha dado a los hermanos Arias la responsabilidad de tornar irreversible su dominio, desdeña o torna disfuncionales los partidos políticos ideológicos (aunque el proyecto tenga una ideología, operacionalizada como Consenso de Washington o neoliberalismo latinoamericano), el diálogo y las negociaciones democráticas, caracteriza a la oposición como antidemocrática y conspirativa (en el extremo como “comunista” y antipatriótica, ligándola a Cuba y Venezuela) y se da caracteres de democracia formal, delegativa o autoritaria (restrictiva) como régimen que condensa y expresa un Estado sin valores republicanos, esto quiere decir que desestima el emprendimiento colectivo y asume la conflictividad social de una manera unilateral, y que se afirma más en la legalidad y su letra que en la legitimidad (a ésta se la reemplaza por la manipulación de la opinión ciudadana y un clientelismo que puede adoptar también la forma del populismo).


    El otro proyecto, más difuso y menos compacto, aspira a una modernización desde las raíces sociohistóricas del país, a una economía competitiva y solidaria sin el peso determinante de la inversión directa extranjera (o sea cautelando esa inversión), con partidos políticos ideológicos y participación ciudadana. Promueve la transparencia y responsabilidad en la función pública. Desde este punto de vista, aspiraría a un Estado republicano y democrático, con desconcentración de poderes, a un régimen democrático representativo y participativo que contemple la figura del sujeto social, régimen que dirigiría la edificación de un proyecto-de-país ligado a la constitución de una nación costarricense. Al moverse por opciones ideológicas, más que por intereses particulares, aunque éstos también existen en su seno, contiene partidos políticos, algunos con representación parlamentaria, segmentos ciudadanos y sectores sociales (movilizaciones, movimientos, acciones). Tiene un acceso aleatorio y discriminado a los medios masivos, no posee peso institucional propositivo, ha crecido en legitimidad pero no alcanza la suficiente como para generar una crisis de credibilidad hacia el aparato oficial. La derrota electoral en el referéndum no lo favorece en este último aspecto. Desde todo punto de vista su composición es compleja, lo que podría generar tanto una mayor fuerza convocatoria como fenómenos de desagregación y descomposición. Tampoco es inmune a los personalismos. Su mayor vigor está en su multiforme espiritualidad de resistencia bajo sus formas institucionales parlamentarias, de movilización, denuncia y agitación social y ciudadana, local e internacional, organizada y en ocasiones radicada en instituciones autónomas del sector público. Este proyecto contiene la sensibilidad de una nueva manera de estar en política y de hacerla. Políticamente este proyecto opositor puede valorarse como rupturista (con sus atractivos y desventajas). Sin paradoja, el modelo adversado, puede valorarse continuista (continuidad de la dominación neoligárquica) aunque rompa con las tradiciones sociales (imaginarias o efectivas) del país.


    En el referéndum ambos proyectos resultaron ciudadanamente cercanos en preferencias electorales, pero en relación con un 40% de abstención cuya composición y actitud pueden ser determinantes en los escenarios políticos parlamentarios y no parlamentarios próximos. La alta abstención, la posible mayor capacidad de manipulación de esta abstención por parte del proyecto neoligárquico, vía el Gobierno, los medios masivos y el chantaje empresarial, no permiten considerar el resultado electoral como un empate político. El Movimiento Patriótico sufrió una derrota parcial y debe recuperarse de ella. El 40% de abstencionistas podría jugar un papel decisivo para remontar la derrota.


    Cultura política deficitaria


    Debe decirse, asimismo, que las descripciones anteriores se mueven teniendo como fondo una cultura política deficitaria, dominada por los intereses particulares y los personalismos, los clientelismos, la ausencia de valores republicanos, la mitomanía democrática y la renuencia al trabajo político y al funcionamiento partidario efectivo. Transformar esta cultura y sus inercialidades es una tarea decisiva para las posibilidades del proyecto rupturista hoy sin duda a la defensiva y reactivo. Esto quiere decir que si el proyecto rupturista alcanza “éxitos”, pero los consigue sin avanzar en la transformación significativa de la cultura política de la ciudadanía, estará cavando, probablemente, su sepultura.


    Es importante enfatizar que, desde la caracterización anterior, el proceso de referéndum evidenció el naufragio de las instituciones políticas del país y que sectores significativos de la población comenzaron a percibir su rostro efectivo: Presidencia, la mayoría de la Asamblea Legislativa, Tribunal Supremo de Elecciones, Sala Constitucional acomodaron sin pudor alguno el proceso a los intereses del proyecto continuista, y el principal medio escrito masivo del país indicó, sin evasivas, su partidismo (por lo demás ya conocido, pero nunca confesado públicamente). Si alguien no quería reconocer que portaba caretas, éstas ya cayeron. Disfraces democráticos en el suelo, hipócritas pomposidades institucionales y codicias y fraudes están hoy a la vista para todo el que quiera verlas.


    Menciono únicamente que la pugna entre ambos proyectos, el de ruptura y el continuista, se inscribe en un área geopolíticamente estadounidense, cuestión no desdeñable para las fuerzas políticamente rupturistas.

    II.- ESCENARIOS POST-REFERÉNDUM


    Escenarios post-referéndum y pre-electorales


    Estos escenarios, en mi opinión, son post-referéndum pero también pre-electorales. Me refiero a las elecciones presidenciales y de Asamblea Legislativa a realizarse en el 2010.


    Si a los escenarios se los considera puramente post-referéndum, entonces se enfatiza centralmente las acciones que potencian o debilitan la agenda de implementación o de mitigación, la defensa puntual y situacional del ICE y de la Caja o del INS, la revitalización de los Comités Patrióticos, la desobediencia civil, etc.


    Si los escenarios se consideran también como preelectorales, no se pierde de vista las acciones post-referéndum, una combativa defensa del ICE y de la Caja, por ejemplo, pero el sentido de ellas, más que reivindicativo o defensivo, está dado por su alcance legitimador que es el que potencia una victoria electoral en el 2010 (presidente y un alto número de diputados). Se trata de una tarea compleja y también de consistencia entre medios y finalidad. Hay que recordar aquí que el 40% de abstención castiga principalmente al proyecto político rupturista. Y, eventualmente, puede considerarse una mayor capacidad actual de penetración social y manipulación del proyecto adversario en su seno, vía el Gobierno y la presión de los empresarios.


    No viabilidad de escenarios no parlamentarios


    No parecen viables antes de las elecciones del 2010 escenarios ciudadanos o populares insurreccionales o centralmente no parlamentarios. Los escenarios, que pueden ser diversos, contienen básicamente la exigencia de legitimación política, social y económica. Si esto es complejo para el proyecto rupturista, pues resulta más cuesta arriba para un proyecto transgresor. Especialmente cuando el gobierno parece tener éxito económico, atiende focalizada y populistamente a sectores sociales vulnerables y a sus clientelas, controla medios masivos, interpreta como propio el discurso clerical centrista, se opera en una cultura política con escaso contenido popular radical, y las acciones se dan en un área que Estados Unidos considera, no sin razones, propia.