Marxismo y teoría política
EL MARXISMO TRAS MARX Y ENGELS (I)
1.- Fue el analista inglés Perry Anderson (n.1938) quien, al desarrollar el concepto de “marxismo occidental”, destacó el desplazamiento del pensamiento socialista revolucionario original (Marx/Engels) desde las regiones más avanzadas y occidentales de Alemania y Europa (Inglaterra, Francia) hacia la Europa oriental y central. ‘Lenin (1870-1923) era hijo de un funcionario de Astrakán (al sur de la Rusia europea), Rosa Luxemburgo (1871-1919) nativa de Polonia, Trotsky (1879-1940) nació en Ucrania’, tras la mediación de un grupo de pensadores (Labriola, Mehring, Kautsky, Plejánov) que buscaron principalmente completar y sistematizar la producción de Marx y Engels más que desarrollar su obra. Ésta parecía carecer al menos de dos referentes significativos: una teoría política del Estado burgués y una exploración sobre el carácter y táctica de la organización obrera revolucionaria (partido revolucionario de los trabajadores). Marx y Engels (el último murió en 1895) no conocieron las transformaciones del mundo capitalista en la transición entre siglos y durante el preámbulo de la Primera Guerra Mundial (innovación tecnológica, tasas de beneficios en ascenso, monopolios internos y aceleración de la expansión y pugna/guerra imperialistas). Asimismo Marx y Engels no vieron la capacidad de los centros del capitalismo imperialista para incorporar en sus sociedades a sectores de trabajadores y capas medias de la población, no solo vía de lo que Marx analizó como “fetichización mercantil”, sino derivando de la sobre- explotación de las colonias un mejoramiento de las condiciones de existencia en los centros imperiales (el efecto era la aparente constitución de explotadores y explotados coincidiendo como ‘naciones’’ generadas en este marco de mundialización de la explotación capitalista).
1.1.- El concepto de ‘marxismo occidental’ de Anderson se determina así: un divorcio estructural entre este marxismo y la práctica política (pág. 41). Ejemplifica este divorcio con tres figuras mártires: G. Lukács (1885-1971), K. Korsch (1886-1961) y A. Gramsci (1891-1937). La matriz de este ‘martirio’ fue la hegemonía del estalinismo (1922) en la Unión Soviética y su dominio sobre la Internacional Comunista (1919). Escribe Anderson: “Así, las dos grandes tragedias que, de manera tan diferentes se abatieron sobre el movimiento obrero europeo en el período de entreguerras, el fascismo y el estalinismo, se sumaron para dispersar y destruir a los potenciales exponentes de una teoría marxista nativa unida a la práctica de masas del proletariado occidental” (pág. 44). En este marco enrarecido es que reaparece asimismo la propuesta de un Marx “filósofo”. Es también este marxismo, sólida y complejamente estereotipado, el que principalmente llega a América Latina (con más impacto político-cultural colectivo por su uso como lo que se debe rechazar (anatema) vociferado por los grupos dominantes que por su trivialización dogmática entre los sectores populares). El marxismo estalinista de la Internacional Comunista (1919-1943) tuvo en América Latina poco arraigo militante (Chile, Costa Rica, El Salvador pueden citarse como excepciones) aunque influyó significativamente en el dogmatismo de izquierdas y, excepcionalmente, resultó recién cuestionado por el proceso revolucionario cubano (1959) que generó subcontinentalmente una ‘Izquierda Revolucionaria’ y el alzamiento zapatista de 1994, posterior al derrumbe de la URSS, que se vio a sí mismo como factor catalizador de una movilización popular generalizada que avanzaría un todo nuevo México sin asimetrías estructurales.
2.- En lo que aquí directamente interesa se debe a Lenin una teoría marxista del imperialismo y una propuesta de partido revolucionario. Este último descansa en la apreciación que distingue en los trabajadores sectores con conciencia proletaria revolucionaria y sectores sindical-reformistas. Los primeros pueden conformar el Partido Comunista que se da/propone una estrategia de asalto y toma del poder con sus especificidades tácticas. En la propuesta leninista original no existe vía institucional o parlamerntaria al socialismo, la única vía es la insurreccional. La insurrección significa el alzamiento armado (guerra) de las masas populares (obrero-campesinas y otros) dirigidos en su lucha por la organización de vanguardia, exterior a ellas. La lógica del partido revolucionario de vanguardia (una organización territorial de cuadros profesionales) es el centralismo democrático. ‘Centralismo’ hace referencia a una institucional disciplina jerarquizada indispensable para alcanzar el éxito (la línea partidaria proviene de los Congresos partidarios y su aplicación la determina un Comité Central elegido periódicamente en esos Congresos. Su puesta en práctica la administra una Comisión Política también resuelta por la militancia). Los cuadros del partido desempeñan un doble papel: levantan información en sus frentes de trabajo y la comunican a sus superiores y traducen la línea del Partido en sus frentes de organización y lucha político-social. Se trata de dos dialécticas: masas-cuadros y cuadros-Dirección, la primera vertical, la segunda democrática. Los cuadros son profesionales de la revolución. Los dirigentes del partido se dan conocimientos estructurales y situacionales de la realidad política y comunican esta información a los cuadros que a su vez poseen información privilegiada acerca del potencial y pulso revolucionario de sus frentes sociales. Las tareas básicas de estos cuadros son agitación, propaganda, organización, generación y administración de un poder paralelo al institucional opresor. Pueden poseer, asimismo, una especialización militar.
3.- La teoría de Lenin sobre el imperialismo tuvo como objetivo actualizar el pensamiento de Marx explicando un fenómeno que éste no analizó: el capitalismo deviene un sistema global con predominio del capital financiero rentista y parasitario. Marx lo describió o como estructura o mediante referencias nacionales. El centro de esta teoría leninista del imperialismo es que las naciones capitalistas avanzadas consiguen desvirtuar la acción revolucionaria obrera mejorando las condiciones de existencia en sus centros mediante las sobre ganancias conseguidas mediante la superexplotación colonial. Se gestaba así una articulación político-cultural constructiva entre la burguesía y una aristocracia obrera en los centros coloniales. Los obreros en los países centrales tenían ahora algo que perder. El vehículo organizativo del vínculo burgués-obrero eran los partidos socialdemócratas. Un corolario de este punto de vista es que la revolución obrera no ocurriría en las economías-países más avanzados sino en los Estados imperialistas más débiles, como Rusia (eslabón más débil). La revolución sería demócrata-burguesa pero con dirección política proletaria, es decir de su partido. Sería una dictadura proletaria porque debería defenderse de las agresiones de los poderes capitalistas extranjeros. El tránsito al socialismo de una economía todavía no capitalista podía ligarse con la revolución socialista en un país central (como Alemania, por ejemplo) que ayudase al país subdesarrollado. O la revolución se produciría en varios países subdesarrollados en rápida sucesión o al mismo tiempo para configurar un Estado federado que pudiese resistir al capitalismo y avanzara al socialismo. Este idea se tradujo posteriormente en América Latina en la tesis de la revolución por etapas en que la primera (etapa democrático-burguesa) tenía conducción burguesa y la segunda obrera. Sin embargo Lenin y Trotsky consideraban que el socialismo no puede prosperar en un solo país pobre y subdesarrollado. Se requiere para el éxito del socialismo una revolución mundial. La tesis del socialismo en un solo país proviene de Stalin.
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[El estudio de Anderson referido es Consideraciones sobre el marxismo occidental, Siglo XXI, 1979.]