F-7144 Marxismo y teoría política
EL ESTADO COMO DICTADURA
1.- Escribe Marx, en carta de 1852, a Joseph Weydemeyer: “… en lo que a mí respecta, no ostento el título de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni tampoco la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, los historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases y economistas burgueses la anatomía económica las clases. Lo nuevo que yo aporté fue demostrar: 1) que la existencia de las clases está vinculada únicamente a fases particulares, históricas, del desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura solo constituye la transición de la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases”.
1.1.- Del texto de Marx conviene destacar: que la existencia de clases sociales supone siempre una dictadura de clase. Que el ejercicio de esta dictadura la realiza un Estado/cultura que ejerce una violencia (imposición) objetiva y subjetiva que aparece colectivamente como legalidad y legitimidad. Legalidad y legitimidad resultan centrales para la reproducción de un determinado orden/violencia sociales. Un Estado de clase puede darse un gobierno democrático, pero este gobierno es función de la reproducción del orden clasista, es decir resulta democrático en relación con la continuidad de la dominación de clase y dictatorial respecto de los intereses de los grupos dominados en el orden/violencia de clases. La dominación de clase se pone de manifiesto en la exclusión sistemática del carácter del ejercicio del poder de los enemigos de clase. Obreros y campesinos, para el orden sistémico burgués, y burguesía y grandes propietarios de la tierra y sus asociados para el orden/violencia de un sistema socialista o comunista. Por ello una dictadura del proletariado puede entenderse como el gobierno democrático de los trabajadores. Para el imaginario burgués (que extiende su racionalidad e imaginario a toda la especie humana) esta dictadura proletaria no es sino violencia arbitraria e incontestable (dictadura totalitaria). Redacta Engels: “Si una cosa es cierta es que nuestro partido y la clase obrera solo pueden llegar al poder bajo la forma de una república democrática. Esta es incluso la forma específica de la dictadura del proletariado" (Una crítica del proyecto de programa socialdemócrata de 1891. Marx había muerto 8 años antes).
2.- Para la situación latinoamericana, la Segunda Declaración de La Habana (1962) ofrece la siguiente caracterización socio-cultural de esta dictadura: a) Actores y bloque de poder dictatorial popular y antimperialista: “Con lo grande que fue la epopeya de la independencia de América Latina, con lo heroica que fue aquella lucha, a la generación de latinoamericanos de hoy les ha tocado una epopeya mayor y más decisiva todavía para la humanidad. Porque aquella lucha fue para librarse del poder colonial español, de una España decadente, invadida por los ejércitos de Napoleón. Hoy les toca la lucha de liberación frente a la metrópoli imperial más poderosa del mundo, frente a la fuerza más importante del sistema imperialista mundial, y para prestarle a la humanidad un servicio todavía más grande del que le prestaron nuestros antepasados. Pero esta lucha, más que aquella, la harán las masas, la harán los pueblos; los pueblos van a jugar un papel mucho más importante que entonces; los hombres, los dirigentes, importan e importarán en esta lucha menos de lo que importaron en aquella. Esta epopeya que tenemos delante la van a escribir las masas hambrientas de indios, de campesinos sin tierra, de obreros explotados; la van a escribir las masas progresistas, los intelectuales honestos y brillantes que tanto abundan en nuestras sufridas tierras de América Latina”. Lucha de masas y de ideas; epopeya que llevarán adelante nuestros pueblos maltratados y despreciados por el imperialismo, nuestros pueblos desconocidos hasta hoy, que ya empiezan a quitarle el sueño. Nos consideraba rebaño impotente y sumiso, y ya se empieza a asustar de ese rebaño; rebaño gigante de 200 millones de latinoamericanos en los que advierte ya a sus sepultureros el capital monopolista yanki”. b) sobre el ejercicio democrático: “¿Hasta cuándo tendrán la desvergüenza y el cinismo de hablar de democracia? ¿Hasta cuándo estarán usando, hasta desgastar, esa pobrecita palabra, infeliz palabra de “democracia representativa”? Representativa solo de la voluntad del imperialismo, representativa solo de la explotación, representativa solo de la traición; democracia que es la democracia de la ausencia del pueblo. Porque todos esos gobiernos, los 14, los 14 que votaron contra Cuba, convocan al pueblo, y los 14 no reúnen tanto pueblo como la Revolución Cubana reúne aquí. Si aquello es democracia, ¿qué es esto? Si aquello donde existe la explotación del hombre, si aquello donde los hombres son discriminados por motivo de raza, si aquello donde los pobres son miserablemente explotados y maltratados es democracia, ¿qué es, entonces, esto? Si democracia quiere decir pueblo, si democracia quiere decir gobierno del pueblo, entonces, ¿qué es esto? Si democracia es la expresión de la voluntad del pueblo, cabe decir lo único que puede decirse: que el país, el pueblo y el régimen más democrático de América, es este régimen que puede reunir al pueblo en una plaza gigantesca como ésta, que puede congregar cientos y cientos y cientos de miles, que puede congregar un millón, que puede congregar quién sabe tantos, porque cada vez son más, más y más los que se reúnen, y ya la multitud llega hasta las mismas faldas del Castillo del Príncipe”.
3.- Sobre el Estado, Marx también avanzó una reflexión en su Crítica del Programa de Gotha (1875): a) El Estado no confiere libertad: “Ante todo, según el capítulo II, el Partido Obrero Alemán aspira "al Estado libre". ¿Qué es el Estado libre? De ningún modo es propósito de los obreros, que se han librado de la estrecha mentalidad del humilde súbdito, hacer libre al Estado (…) La libertad consiste en convertir al Estado de órgano que está por encima de la sociedad en un órgano completamente subordinado a ella, y las formas de Estado siguen siendo hoy más o menos libres en la medida en que limitan la "libertad del Estado". b) El Estado es función del despliegue de la sociedad que lo erige: “Y además, ¡qué decir del burdo abuso que hace el programa de las palabras "Estado actual", "sociedad actual" y de la incomprensión más burda todavía que manifiesta acerca del Estado, al que dirige sus reivindicaciones! La "sociedad actual" es la sociedad capitalista, que existe en todos los países civilizados, más o menos libre de aditamentos medievales, más o menos modificada por el específico desarrollo histórico de cada país, más o menos desarrollada. Por el contrario, el "Estado actual" varía con las fronteras nacionales. En el imperio prusiano-alemán es otro que en Suiza, en Inglaterra, otro que en los Estados Unidos. "El Estado actual" es, por tanto, una ficción.
Sin embargo, los distintos Estados de los distintos países civilizados, pese a la abigarrada diversidad de sus formas, tienen de común el que todos ellos se asientan sobre las bases de la moderna sociedad burguesa, aunque ésta se halle en unos sitios más desarrollada que en otros, en el sentido capitalista. En este sentido puede hablarse del "Estado actual", por oposición al futuro, en el que su actual raíz, la sociedad burguesa, se habrá extinguido”.
4.- Como se advierte, ninguno de los textos repara en el desafío burocrático contenido en el Estado de las sociedades modernas ni menos en la propuesta actual de trasladar la burocracia privada a la función pública (gobierno de administradores).
5.- Para Engels: "El Estado no es (…) un poder impuesto desde fuera a la sociedad; ni es tampoco 'la realidad de la idea moral', 'la imagen y la realidad de la razón', como afirma Hegel. El Estado es, más bien, un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de desarrollo; es la confesión de que esta sociedad se ha enredado consigo misma en una contradicción insoluble, se ha dividido en antagonismos irreconciliables, que ella es impotente para conjurar. Y para que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismas y no devoren a la sociedad en una lucha estéril, para eso se tornó necesario un Poder situado, aparentemente, por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el conflicto, a mantenerlo dentro de los límites del 'orden'. Y este Poder, que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella, es el Estado" (El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Cap. IX, p. 250).
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