F-7144 Marxismo y teoría política
SOCIEDAD, POLÍTICA E IDEOLOGÍA EN MARX
1.- El imaginario más difundido respecto a las sociedades modernas es el que se las representa con un plano familiar (en él no se hacen negocios porque es el mundo de las relaciones consanguíneas, cara a cara, privadas e íntimas), un “salir a la calle a ganarse la vida”, es el mundo de los negocios o la economía (donde se obtienen ganancias), y un plano político-cultural en el que se insertan las instituciones y acciones orientadas a materializar el bien común o a una mayor felicidad y libertad para el mayor número.
2.- La representación que proviene de Marx-Engels es distinta: la sociedad tiene un plano económico donde se producen y reproducen los medios de vida materiales, una sociedad civil, intermedia, configurada mediante instituciones que el Estado y la ciudadanía valoran apropiados para la convivencia, y un plano político-cultural que determina como ethos tanto la legalidad como la legitimidad de los comportamientos ciudadanos. La legalidad la resuelve el Estado. La legitimidad se sigue de un ethos (referente de seguridad y esperanza) internalizado por la ciudadanía. En este plano funciona la ideología dominante que es, al mismo tiempo, ideología de dominación. ‘Ideología’ en el lenguaje del marxismo original tiene al menos dos alcances: el de sensibilidad social básica y generalizada en una sociedad de clases y el de conciencia falsa. En su conjunto relativamente articulado esta realidad constituye una totalidad objetiva y subjetiva. Esto básicamente significa que todo está en todo aunque se ponga de manifiesto con distinto empaque.
2.1.- La noción de totalidad posee un carácter crítico-político. La organización capitalista de la existencia tiende a fragmentar el mundo y entiende el conocimiento como especialización de partes o segmentos de él. Dogmatiza estas segmentaciones. Separa, por ejemplo, al objeto del sujeto. O entiende al fútbol como deporte profesional determinado por jugadores, entrenadores y equipos y no lo considera como negocio planetario. De manera parecida separa el ámbito de la producción del ámbito de la circulación de mercancías y el consumo. O la singularidad inmediata de los referentes de totalidad que lo constituyen. Escribe Marx en el apartado 3 de su Introducción general a la crítica de la economía política/1857: “Lo concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, por lo tanto, unidad de lo diverso. Aparece en eI pensamiento como proceso de síntesis, como resultado, no como punto de partida, aunque sea el efectivo punto de partida y, en consecuencia, el punto de partida también de la intuición y representación. En el primer camino (cuando se parte de una estampa aislada) la representación plena es volatizada en una determinación abstracta; en el segundo (cuando se establecen las relaciones que concurren en la estampa), las determinaciones abstractas conducen a la reproducción de lo concreto por el camino del pensamiento” (itálicas y paréntesis no están en el original). La ‘totalidad’ resulta así un referente epistémico-político decisivo para una conciencia (subjetividad) obrera para sí. La noción de ‘conciencia obrera’ puede ser reemplazada por la de ‘conciencia revolucionaria’ o ‘conciencia popular revolucionaria’ si se piensa el marxismo desde América Latina en este siglo XXI. La comprensión de la totalidad supone que el movimiento revolucionario se entiende/asume a sí mismo en el conjunto de relaciones que constituyen la sociedad (u orden/violencia) que se desea asaltar y transformar.
3.- Interesa aquí inicialmente la sociedad civil en cuanto espacio o ámbito intermedio entre la economía política y la sexualidad (lo político) y el Estado, o sea la política. La sociedad civil para un imaginario abstracto determinado por la ideología burguesa contiene a los individuos ciudadanos (y con ello su conjunto abstracto o indeterminado constituye la nación) que resulta una expresión compleja de las relaciones humanas o inhumanas de la economía/sexualidad (dominio económico de la propiedad de medios de producción y dominio sexual de varones) y de la legalidad y legitimidad determinadas por la legislación (orden jurídico, Estado, usos vinculantes, el contrato libre, etc.) y el ethos cultural dominante (ideología dominante, hegemonía imaginaria) y las instituciones que potencian y sancionan su reproducción. Escribe Marx, en La cuestión judía, sobre la sociedad civil moderna que él entiende como sociedad burguesa: “El Estado político acabado es por esencia la vida genérica del hombre por oposición a su vida material. Todas las premisas de esta vida egoísta siguen existiendo fuera del ámbito del Estado en la sociedad civil, pero como propiedades de ésta. Allí donde el Estado político ha alcanzado su verdadera madurez, lleva el hombre una doble vida no sólo en sus pensamientos, en la conciencia, sino en la realidad, en la vida: una celestial y otra terrenal, la vida en la comunidad política, en la que vale como ser comunitario, y la vida en la sociedad civil, en la que actúa como particular, considera a los otros hombres como medios, él mismo se degrada a medio y se convierte en juguete de poderes extraños. El Estado político se comporta con respecto a la sociedad civil de un modo tan espiritualista con la sociedad burguesa como el cielo con la tierra. Se opone a ella y la supera exactamente como lo hace la religión con la limitación del mundo profano, es decir que también el Estado se ve forzado a reconocerla y reproducirla, a dejarse dominar por ella. El hombre, en su inmediata realidad en la sociedad civil, es un ser profano. Aquí, donde pasa ante sí y para los otros como un individuo real, es una manifestación carente de verdad. Por el contrario, en el Estado, donde el hombre es considerado como un ser genérico, es el miembro imaginario de una imaginaria soberanía, se halla despojado de su vida individual real y dotado de una generalidad irreal.” (pág.23).
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