F-7144 Marxismo y teoría política  

PRESENTACIÓN

   Para los latinoamericanos el marxismo (corporizado principalmente por la experiencia soviética) resultaba, además de dictatorial, ateo. Doblemente repugnante. Por supuesto los estereotipos se generaban en ambos bandos durante la Guerra Fría. Para uno de ellos, muy minoritario en América Latina, la URSS era el paraíso de los trabajadores mientras que la mayoría resentía esa experiencia como amenaza y, a la vez, como repudiable. Pio XI inicia así su encíclica Divini Redemptoris (1937): “La promesa de un Redentor divino ilumina la primera página de la historia de la humanidad; por esto la confiada esperanza de un futuro mejor suavizó el dolor del paraíso perdido y acompañó al género humano en su atribulado camino hasta que, en la plenitud de los tiempos, el Salvador del mundo, apareciendo en la tierra, colmó la expectación e inauguró una nueva civilización universal, la civilización cristiana, inmensamente superior a la que el hombre había hasta entonces alcanzado trabajosamente en algunas naciones privilegiadas. Pero la lucha entre el bien y el mal quedó en el mundo como triste herencia del pecado original y el antiguo tentador no ha cesado jamás de engañar a la humanidad con falaces promesas. Por esto, en el curso de los siglos, las perturbaciones se han ido sucediendo unas tras otras hasta llegar a la revolución de nuestros días, la cual por todo el mundo es ya o una realidad cruel o una seria amenaza, que supera en amplitud y violencia a todas las persecuciones que anteriormente ha padecido la Iglesia. Pueblos enteros están en peligro de caer de nuevo en una barbarie peor que aquella en que yacía la mayor parte del mundo al aparecer el Redentor. Este peligro tan amenazador, como habréis comprendido, venerables hermanos, es el comunismo bolchevique y ateo, que pretende derrumbar radicalmente el orden social y socavar los fundamentos mismos de la civilización cristiana” (excepto las últimas, itálicas no están en el original). No fue raro que se escribiera que el comunismo era el rostro de Satán sobre la tierra.

   Un comentario mínimo: en realidad la reflexión marxista original sobre la religiosidad es que ella constituye una  respuesta humana (socio-histórica) a desafíos suscitados por su existencia. Por ello no enfrenta sentimientos religiosos sino iglesias aliadas con un statu quo conservador. Las experiencias religiosas son propias de la especie humana y, por sociohistóricas, pueden mostrar rostros positivos y también negativos. Marx escribió al respecto refiriéndose a la religiosidad alemana: “La miseria religiosa es, al mismo tiempo, la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura atormentada, el alma de un mundo desalmado, y también es el espíritu de situaciones carentes de espíritu. La religión es el opio del pueblo” (Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, 1843-44). Por supuesto, solo se leyó lo del “opio” y como algo negativo. Pero el texto, aun citado aisladamente, indica que el sentimiento religioso es expresión de una ‘miseria real’ y también una protesta (resistencia). ‘Miseria ideológica’ en cuanto la efectividad política de la protesta, pero también de alguna manera diagnóstico político… solo que no sirve para cambiar el mundo. Lo que Marx condena es el conservadurismo religioso y clerical, no la religiosidad misma. Ésta podría desaparecer cuando el mundo ya no fuese desalmado (o sea privado sistemáticamente de alma efectiva).

   Además, las sociedades contemporáneas admiten, en lo que nos ocupa, creyentes religiosos, ateísmos y deísmos. Creyentes religiosos y ateos suelen preocuparse por Dios. Los deístas estiman que quizás Dios exista, pero no interviene en la historia. De modo que ésta resulta una producción humana (en condiciones que los seres humanos no dominan nunca del todo) y esta consideración dice poco o nada sobre Dios. Deísta fue, por ejemplo, Einstein. Es enteramente concebible una lectura deísta del marxismo. Darwin fue deísta. Para él la mecánica divina es la de la selección natural. Pero para Marx la lucha de clases no constituye un programa de Dios. Resulta de una acción  humana necesaria. Algo hemos avanzado en disipar estereotipos que quizás nos restarían energías y comprensión en el seminario.
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