F-3090 Seminario Cristianismos y marxismos en AL
CRISTIANISMO LATINOAMERICANO: LOS ATRIBUTOS DE DIOS
1.- Para el catolicismo jerárquico hoy existe un solo Dios (verdadero) y no es católico. Es lo que parece seguirse de una declaración del Papa Francisco en entrevista del 2013: ““Yo creo en Dios. No en un Dios católico, no existe un Dios católico, existe Dios. Y creo en Jesucristo, su encarnación. Jesús es mi maestro y mi pastor, pero Dios, el Padre, Abba, es la luz y el Creador. Este es mi Ser. ¿Le parece que estamos muy distantes?” (Entrevista con Scalfari, 1 de octubre de 2013). Una interpretación es que existe un único Dios verdadero y que es el católico, pero que se puede creer en él sin ser parte de esta iglesia. Un corolario es que han existido y existen muchas divinidades para los grupos humanos (eso señala la Iglesia), cuestión que historiadores y antropólogos han señalado desde hace mucho (la información figura en la Biblia), pero que la gracia de su creencia efectiva la da el único verdadero. Es en parte el sentimiento del pueblo judío y de su creador Moisés. Lo que añade el papa Francisco es que su maestro (Jesús) enseñó que amar a los demás, o los otros, o al prójimo, es señal de integración personal y de afecto por Dios aunque no se crea necesariamente (religiosamente) en él.
2.- Dicho lo anterior, la cuestión recordada por Jon Sobrino como central para su propia adhesión religiosa “Cómo decir a los pobres de este mundo que Dios los quiere” se resuelve de inmediato en un “…no se trata de decirles sino de actuar de modo de hacerlos sentir prójimos y de hacernos sentir prójimos de ellos”. El asunto afecta a las iglesias en cuanto instituciones. Y a las instituciones no religiosas en general. O sea, a todas las instituciones. Deberían estar animadas por lógicas de una calidad o carácter que todos los implicados en ellas ellas tuvieran la sólida oportunidad de crecer (desde sí mismos) como prójimos. Las iglesias como asambleas de prójimos o como comunidades de ellos. El sacerdote o pastor como un prójimo más aunque con tareas especiales. Valdría al menos para las iglesias cristianas.
3.- Un mundo humano sin projimidad (tendencial o efectiva) no tendría carácter cristiano. Dios no podría tampoco amarlo si 1) no se convirtiese, este mundo humano, al amor al prójimo, medio de integración personal, y 2) quienes creen en Él no luchasen por lograr esa conversión universal o al menos generalizada. La palabra de Dios a los seres humanos (Revelación) no tendría sentido si no se la asumiera como necesidad de un cambio en el sentido de hacer efectiva/universal la projimidad (“¿Para qué me hablas si no me cambias haciéndome mejor de lo que era?). ‘Hacerse mejor de lo que uno era en situación’ supone crecer en projimidad. Y esta misma Revelación podría contener fuerza emancipadora respecto de las prácticas, instituciones y sectores humanos que no escuchan su palabra emancipadora y que persisten en reproducir o reforzar instituciones (económico-sociales, político-culturales) cuyas lógicas lesionan la universalidad factible de los sujetos humanos. Dios, ¿para qué me hablas si no me sostienes en mi lucha? La lucha social, política y cultural por un mundo de prójimos encuentra así su sostén en Dios, aunque no se tenga fe religiosa en él. El amor al prójimo no resulta idéntico a un irenismo entendido como mansa pacificación que acepta lo inaceptable. Así lo entiende incluso la Iglesia Católica que rechaza el irenismo (cultura o ethos de conciliación y paz) con otras iglesias o tendencias culturales si esta identidad/sensibilidad irénica supone flexibilizar o abandonar las propias creencias: “… nada es tan ajeno al ecumenismo como el falso irenismo, que pretendiera desvirtuar la pureza de la doctrina católica” (Decreto Unitatis Redintegratio. Sobre el ecumenismo, 1964. El punto también está en el parágrafo 34 de la encíclica Humani Generis [1954] de Pío XII).
3.- El desafío central sigue siendo, para los creyentes religiosos cristianos, la naturaleza del Dios en el que cree. Si su palabra Revela, cuánto les hace cambiar en relación con su autoconstrucción como prójimos que implica contribuir a que otros, y todos, también lo sean (Juan Luis Segundo). Si se inserta en esta producción de sentido, Dios intervendrá en la historia porque favorece este proyecto (Rubem Alves). Si Dios en efecto intervino en la historia, al hacerse carne humana en Jesús de Nazaret, cómo podría este Dios desear lógicas institucionales e instituciones (económico-sociales y político-culturales) que degraden, posterguen o asesinen esta divinidad inherente a la carne humana (F. Hinkelammert). Y si Dios se inclina por los empobrecidos, cómo rechazar las experiencias de contraste político-culturales que se resuelven en acciones políticas que buscan revertir y destruir las tendencias que producen empobrecidos. Se trata de formas específicas de retornar a la pregunta: ¿En cuál Dios crees? Usted, prójimo, dígalo y vívalo conmigo.
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