F-3090 Seminario Cristianismos y marxismos

CRISTIANISMO Y EMANCIPACIÓN. REINSTALACIÓN CONCEPTUAL

1.- En sus trabajos me  hacen una pregunta directa: ¿es factible aproximar salvación religiosa y emancipación sociohistórica? Mi opinión es que sí, pero hay que realizar un acercamiento conceptual y ello supone un proceso, mediaciones. La primera mediación es que ‘el’ cristianismo, que es un referente general abstracto, suele asociarse con religiosidad e iglesias, pero también es determinable como una concepción del mundo cuya fuente primordial es evangélica y sinóptica. La primera ventaja de asumirlo como concepción del mundo es que el cristianismo ya no queda fijado por una cierta naturaleza esencial, a la que corresponde una institucionalidad básica también fija, sino como una aproximación de totalidad que responde, y esto quiere decir se interpreta, al cambiante mundo de la vida. Así, por ejemplo, una referencia de Juan: “La verdad os hará libres” (cité a propósito un texto no sinóptico) puede descifrarse o como ‘Dios os quiere libres’ o como ‘la verdad está en Dios, sujetaos a Él’. La interpretación, uno u otro camino, se sigue del mundo de la existencia, que es cambiante, y el texto de Juan no se impone literal y materialmente como regla invariante para un mundo que cambia. Si el mundo de la existencia cambia, se altera asimismo su interpretación humana factible. Existe Jesús, pero también tienen existencia las sociedades humanas. Esta sería una primera mediación: la del mundo de la existencia, con sus planos subjetivo y objetivo, y su influencia cambiante desde y para una concepción del mundo.

1.1.- Si se desea un contraejemplo, la lectura católica del cristianismo se realiza desde una tradición sustancial que responde a un mundo de la existencia determinado desde un aparato institucionalizado de poder que se autoidentifica con respaldo divino o sagrado y que selecciona autores, enfatiza aspectos de los textos evangélicos y declara su institucionalidad y memoria coincidentes con el deseo de Dios, con independencia relativa pero sólida, del mundo de la existencia. El resultado es una identificación pétrea por sustancial y autodefinida y floja por la falsificación permanente que desde esta identificación se hace del complejo y cambiante mundo de la existencia humana. Así, la identificación solo logra sostenerse cultural y políticamente como autoritaria y ritual/litúrgica.

2.- Una segunda mediación responde a si el cristianismo, o los cristianismos, solo admiten teísmos o si también se puede experimentar un cristianismo deísta. En los deísmos Dios existe, pero no interviene en la historia. De este modo la socio-historia de las diversas agrupaciones humanas resulta enteramente responsabilidad de las acciones de los seres humanos en ellas y estas acciones se dan en condiciones que estos seres humanos nunca controlan del todo. El paso de teísmo a deísmo no elimina la salvación (aunque la torna humanamente indescifrable o polémica), pero sí afecta cualitativamente la interpretación de Jesús de Nazaret en cuanto redentor (Mesías) o como evento que encarna a Dios. La finalidad de la experiencia humana podría ser la de una vida eterna, pero ella se seguiría de una libertad socio-histórica que tornase factibles los valores de una  projimidad sociohistórica: solidaridad, reconocimiento y acompañamiento: tuve hambre y me diste de comer. Estuve preso y me fuiste a ver. Etcétera. Esos enunciados están en Mateo 25,  y contienen una crítica de la economía política y una crítica de la sociabilidad y de la cultura, con las determinaciones políticas correspondientes. Para ese texto no resulta lícita ninguna organización económica y social cuyas instituciones paupericen o degraden prójimos o velen (oculten) reconocerlos como tales. La versión completa del evangelista Mateo contiene una referencia trascendental: la condena eterna para los injustos y la existencia eterna para los justos. Pero esta es la palabra de Jesús (o de su eco en Mateo), un judío de su época, y la referencia trascendental religiosa, de cuya entidad sobrenatural no resulta humanamente factible predicar certeza ninguna, puede ser interpretada hoy ciudadana y socialmente, sin perjuicio de que en realidad existan o no existan condena y existencia eternas. La trascendencia sociohistórica, o inmanente a la experiencia de un mundo de la existencia cordial, se sigue aquí de una solidaridad y reconocimiento situados en sociedades de prójimos. Se está ante un programa político-cultural que admite la noción de praxis. Se lo tiene y practica porque un mundo cordial de la existencia (subjetiva y objetiva) lo exige políticamente. Pero de él no se sigue verdad religiosa alguna, excepto para los individuos que afirmen  poseer cierta certeza en su fe religiosa. Pero en la práctica nada los diferenciaría de quienes no tengan esa certeza. No existe aquí peligro en la fe religiosa porque ella no se prolonga en institucionalidad alguna. Esta segunda mediación prolonga el énfasis de la primera: remite a una cosmovisión que puede materializarse en instituciones factibles diversas, ninguna de las cuales resulta absolutamente verdadera, sino señal de un referente trascendental aunque inmediatamente sociohistórico, inseparable del mundo de la existencia humana y de sus conflictos, diferencias y luchas.

3.- Las dos mediaciones señaladas, la producción subjetiva  y objetiva que exige un mundo de la vida cambiante con cadencias diversas y cuestiones por procesar que lo tornan de cierta manera siempre incierto y la factibilidad de una, o varias, interpretación deísta del cristianismo, acercan constructivamente sin duda emancipación sociohistórica y salvación. Pero también indican que ellas no pueden aproximarse en la interpretación institucional católica del cristianismo vigente. No se vea aquí mala voluntad especial en contra de esta iglesia y culto ni ignorancia respecto a que su lectura del cristianismo ha dado a muchas personas integración personal, esperanzas y gratificaciones. Habrá que reconocer asimismo que personalidades despóticas, crueles y criminales se han cobijado en el catolicismo para respaldar sus ferocidades y gulas. Girardi nos ha recordado que una Teología de la Invasión genocida y etnocida se ha prolongado ‘piadosamente’ como Teología de la Cristiandad en América Latina. Tampoco se alude aquí a esta institucionalidad católica por rencor. Se habla de ella porque es la confesionalidad declarada como mayoritaria en América Latina. Si fuese solo una religiosidad de obispos, curas y monjas minoritarios no se la aludiría. Entonces, sí resulta factible aproximar conceptual y políticamente redención y emancipación. Pero no dentro de un catolicismo institucional acrítico.
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