F-0039 Seminario F.J. Hinkelammert


INTRODUCCIÓN A UN HUMANISMO DE LA PRAXIS

1.- En el Índice del estudio de Hinkelammert ("La maldición que pesa sobre la ley...")  se propone el siguiente camino para desplegar una crítica de la religión: la crítica de la economía política, la crítica de la religión y el humanismo de la praxis. El capítulo como tal no sigue ese camino. Comienza por discutir lo que habría aportado la Revolución Francesa al humanismo de las sociedades modernas. Lo hace principalmente destacando la figura del ‘ciudadano’  en esta revolución y afirmando que con ella se ligan derechos humanos. En la tradición de pensamiento moderno la ciudadanía se sigue del concepto de sociedad civil. Se trata de los individuos que realizan sus negocios particulares en el marco de la juridicidad estatal y, con ello, de su ethos cultural. Las reivindicaciones de derechos humanos se hacen al Estado, sin duda, pero el Estado solo puede garantizar aquellos derechos que se siguen de su economía política forjada siglos antes de la Revolución Francesa. De aquí que derechos humanos que no se ligan constructivamente con esa economía política se siguen, como todos (Bobbio autocrítico), de luchas sociales pero aquellos que no proceden o encajan dentro del marco de esa economía, se consideran no absolutos o relativos (como los civiles y políticos) sino procesuales, es decir serán reconocidos cuando el Estado pueda sostenerlos. Señala Hinkelammert: “Lo que ha ocurrido en la actualidad y con la estrategia de globalización, es un intento que ya ha provocado muchos desastres, de volver a anular estos derechos del sujeto humano viviente” (p. 181). Ya se discutió que “derechos humanos” no se ligan con ningún ‘sujeto humano viviente’, sino con sectores sociales específicos, y que los que existen o han sido acogidos jurídicamente dependen para su eficacia de un reconocimiento cultural generalizado. Si no lo tienen, flotan en el aire.

1.1.- Si Hinkelammert se hubiera inicialmente ocupado de la crítica de la economía política y no del humanismo de una sociedad civil habría podido oponer derechos humanos de la fuerza de trabajo y de las mujeres (y también de los grupos étnicos desplazados, de los pueblos colonizados/esclavizados/emancipados y de los ciudadanos sin empleo, etcétera) como algo no factible de conceder sin lucha por el sistema. Como no lo hizo, brinca de inmediato a la formulación de un humanismo de la praxis que encuentra en Marx. El concepto de praxis aparecerá (como teoría de la subjetividad), recién en la página 186 de su escrito.

2.- El encuentro de un “humanismo de la praxis” sigue el siguiente camino: i) un Marx que egresa de la universidad declara la autoconciencia humana como la divinidad suprema. Esta autoconciencia es (o no lo es) una producción histórico-social: ii) en lugar de la autoconciencia como divinidad suprema, y en 1844, Marx declara al ser humano como “el ser supremo” para  el ser humano. Si otra entidad es declarada “ser supremo”, entonces el ser humano resulta tratado “como ‘un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable’” (págs. 182-83).  Se advertirá que mientras la o posibilidad o realidad de la autoconciencia es una referente socio-histórico, el ser humano de esta segunda referencia constituye una abstracción o propuesta del pensamiento. Hasta el momento el ser humano nunca ha existido ni se dan actualmente esfuerzos político-culturales porque exista. Se puede imaginar al ser humano y a la humanidad, pero para que existan habría que crear las condiciones económico-sociales y políticas para producirla. Los seres humanos se constituyen mediante relaciones sociales específicas. Hinkelammert ve en este ‘ser humano’ imaginado alguien que “…echa por tierra todas las relaciones, en las cuales ‘el ser humano sea un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable’ (p. 183). Considera que su lectura de Marx constituye “…el paradigma de la crítica marxiana de la religión y a la vez el paradigma del humanismo (moderno)” (paréntesis no está en el original). Añade que “… a la vez es el paradigma del mismo pensamiento crítico” (p. 184). Ahora, el paradigma del pensamiento crítico en la propuesta de Marx es que cada individuo al sentir/discernir/imaginar lleva la conflictiva sociedad consigo. Ella es el sujeto.

2.1.- Por tratarse de una sociedad con conflictos antagónicos el individuo humano (ser humano viviente de Hinkelammert) no puede darse en ella una tarea emancipadora sino que ella la acomete sociohistóricamente un sector social determinado objetivamente por la institucionalidad económica: el movimiento obrero como eje de una movilización insurreccional de masas (sectores sociales con distinta historia) que construye un socialismo que la revolución industrial ha tornado necesario y factible. Su régimen político transicional lo denominan dictadura del proletariado (régimen democrático obrero). La diferencia entre el humanismo de un ser humano sociohistóricamente inexistente (un concepto imaginado y una palabra, en realidad) y un movimiento obrero (trabajo vivo) revolucionario como eje de un movimiento plural de emancipación es que el segundo constituye una referencia sociohistórica imaginaria presente desde la Revolución Industrial. Que este eje (que quizás nunca ha podido materializarse) no haya realizado revoluciones socialistas es también un dato sociohistórico. Pero el ser humano como tal tampoco ha existido nunca excepto como parte de discursos ideológicos (en su sentido de políticamente falsos, aunque eficaces para determinados grupos).

2.1.1.- Praxis designa una acción humana con autoconstitución de sujeto en condiciones que los seres humanos nunca determinan (están en control) enteramente. Dios quizás se haya hecho humano (p.183), pero al hacerlo deja de ser Absoluto. Encarnado resulta inevitablemente situado y relacional. Puede darse un universalismo (ideología) de la praxis, pero no una universalidad de la praxis porque los grupos e individuos que constituyen la especie no pueden actuar en todos los momentos y en todos los lugares al mismo tiempo (instantaneidad del vínculo y de la memoria). Esto porque se han producido (o han sido producidos) como diversos y cargan sus historias consigo. Una universalidad de la praxis es concebible como proyecto y proceso (las disoluciones del sexismo y del racismo, por ejemplo), pero contendría permanentemente soluciones de continuidad, retrocesos y desviaciones. Como horizonte, serviría para caminar pero, su realización/consumación no se produciría. Requiere cambiar el disco duro de la memoria de la especie.

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