F-3090 Seminario Cristianismos y marxismos

DESAFÍOS CONTENIDOS EN EL VÍNCULO ENTRE CRISTIANOS Y MARXISTAS: LA NOCIÓN DE PRAXIS

1.- Algunas de las presentaciones de quienes participan en el seminario insisten en aproximarse al vínculo entre sensibilidades religiosas y sensibilidades que se desean enteramente sociohistóricas, como podría ser la de marxistas, desde los estereotipos propios del mundo de la existencia costarricense y latinoamericana. Se trata de un error que permite brincarse desafíos y dificultades, pero que al anularlos, no los supera excepto en la imaginación de quien salta. Para mostrar el carácter de uno de estos desafíos se utiliza aquí un texto de un autor reconocido, Enrique Dussel, católico, “Teología de la liberación y marxismo”. Se eligió la versión reproducida en Internet, aunque un artículo con el mismo título figura en el primer tomo de Mysterium Liberationis (Ellacuría-Sobrino, 1990-91). El texto de Internet es quizás de 1988. La edición de Mysterium… es dos años posterior. En 1988 ya había caído la total condena vaticana sobre la Teología latinoamericana de la liberación (Instrucción sobre algunos aspectos de la teología de la liberación, 1984).

2.- Escribe Dussel en la primera línea del texto referido: “La teología es una reflexión que surgiendo de la praxis necesita un instrumental teórico para llevar a cabo su propio discurso”. En el título y párrafo siguiente insiste en el punto: “La fe (religiosa) es el momento fundamental del discurso teológico. La fe, por su parte, es un aspecto de la praxis: de la praxis cristiana. La acción (praxis) cristiana incluye la “luz” bajo cuya claridad puede constituir a dicho operar como “cristiano”. El primer paréntesis no está en el original. Lo instalamos porque Dussel redacta ‘La fe’ a secas como si no existiese otra que la religiosa. Se trata de un descuido coloquial, no necesariamente de un error.

2.1.- La “luz que permite “operar” como cristiano, a que alude Dussel, proviene del Espíritu Santo. La fe religiosa es don (gracia) de Dios pero actuar como Cristo Jesús resulta de la acción del Espíritu Santo (asimismo introduce la infalibilidad en la Iglesia institucional). El cristiano católico y la Iglesia católica encarnan a Cristo Jesús por la acción formadora del Espíritu Santo. La praxis católico-cristiana al menos tiene un sentido trascendental, en su alcance de superar límites (la muerte, el pecado) y de ligamen con algo superior (salvación, Dios), no necesariamente desligado de lo sociohistórico.

3.- Lo interesante aquí es que “praxis”, un término griego, es utilizado por el marxismo original (Marx-Engels) no en su alcance de mera práctica (acción) sino como una categoría que puede resumirse en la sentencia ‘acción humana con autoconstitución de sujeto’ en ‘condiciones que éste nunca determina enteramente’. Así, un trabajador asalariado hace cosas como ir en bicicleta a trabajar, beber una taza de café o cobrar su salario, pero nada de ello constituye praxis. Su praxis consiste en acciones que le permiten configurarse subjetiva y objetivamente como sujeto social, con otros y para otros. También criticar ciertas relaciones de producción lo que implica un ‘contra otros’. Praxis se liga con un sujeto (actor) suya sensibilidad (conocimiento, voluntad, imaginación) transforma cualitativamente tanto lo subjetivo como lo objetivo.

4.- Interesa asimismo que la fe católica institucional no admite praxis alguna, en el sentido recién descrito, marxista. Esto porque el fiel católico, laico o religioso, nunca puede constituirse como sujeto ante su Dios (ni ante su iglesia revelada). El creyente religioso es habitado por un Espíritu Santo que lo hace ser (santo, eficaz, etc.) en lo fundamental como Cristo Jesús. Nunca es él mismo. Ante Dios (Espíritu Santo, Jesucristo) es siempre una creatura y criatura. Fue creado por Dios/Espíritu Santo y es siempre inferior a él. Por ello sus acciones quizás lo salven, pero no como sujeto autoconstituido. Esto último, la autoconstitución, sería apreciado por la institución eclesial como deicidio (es decir asesinato de Dios). La existencia humana, para esta creencia institucional religiosa, tiene su origen en Dios y también encuentra su finalidad en Él. Esta Filosofía de la Historia, que contiene una antropología, puede ser discutida o adversada, pero no dentro de la institucionalidad católica. Es parte de una fe religiosa con la que se gana el cielo.

5.- Por supuesto, si se lee fragmentariamente el Nuevo Testamento podríamos encontrar en él indicaciones de Jesús de Nazaret o de algún evangelista interpretables como praxis en el sentido de Marx-Engels. Por ejemplo, la fórmula que dice que si dos o tres se reúnen y reconocen como prójimos ahí está Dios (Mateo; 18, 20) o, más precisamente, en Juan, la idea de un Dios que acude, como uno más, a comer en la casa de quien oye su llamado y establece allí una relación horizontal con otros comensales (Juan, Apocalipsis, 3, 20). Quienes se reconocen y acompañan como prójimos crecen como sujetos y quien escucha el llamado divino es tratado como igual por la divinidad, pero estos criterios o lecturas selectivas no son las institucionales de la iglesia católica de masas. Católico es quien obedece: “Aquí está la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra”(Lucas 1, 38). Puede traducirse como “He aquí tu esclava”. Esta sumisión de María es presentada como la libertad más alta para el ser humano por el culto mariano.

6.- El tema de la praxis como práctica humana con autoconstitución de sujeto puede encontrarse en trabajos del joven Marx y en sus obras últimas. En las Tesis sobre Feuerbach (1845) escribe: "(Feuerbach) en “La esencia del cristianismo” sólo considera la actitud teórica como la auténticamente humana, mientras que concibe y fija la práctica (praxis) sólo en su forma suciamente judaica de manifestarse. Por tanto, no comprende la importancia de la actuación «revolucionaria», «práctico-crítica»” (paréntesis no están en el original). La teoría del fetichismo mercantil o la crítica del salario (en El capital) tienen como referente asimismo este concepto. Si el catolicismo fuese deísta y no teísta, podría utilizar la categoría de “praxis”. Y si Marx hubiese sido deísta, que no lo fue, también podría haberse acercado a un cristianismo deísta. Un autor cristiano, F. Hinkelammert, elogiado por Dussel por su comprensión de Marx, escribió en 1981: “La falta de un concepto de praxis (…) explica por qué el cristianismo no se ha podido mantener como mensaje de liberación” (Las armas ideológicas de la muerte, 1981). Lo mismo va a sostener en uno de sus últimos textos: "La maldición que pesa sobre la ley” (2013).  Sirvan estas observaciones puntuales para asumir que ligar revolución con salvación plantea desafíos a toda ortodoxia y también a cierto sentido común de una parte importante de la población latinoamericana que se autodefine católica.
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