F-3090 Seminario cristianismos y marxismos en América Latina

UN MAL NOMBRE PARA EL MARXISMO



1.- El nombre inadecuado, al menos inicialmente, para el marxismo, es precisamente llamarlo “marxismo”. La presentación por escrito inicial de lo que suele llamarse “marxismo” está en la obra, no necesariamente toda la editada en el siglo XX, de Karl Marx (1819-1883) y Friedrich Engels (1820-1895). Esta obra fue leída e interpretada en el siglo XX especialmente debido al éxito inicial del proceso revolucionario ruso y de su principal dirigente: Lenin (1870-1924). La expresión “éxito del proceso revolucionario ruso” debe leerse como éxito del asalto al poder zarista en Rusia. El ‘asalto al poder’ es una de las fases de los procesos revolucionarios insurreccionales. Estas fases, sumariamente, pueden ser descritas como acumulación de fuerzas revolucionarias, asalto al poder y constitución del nuevo bloque de poder y de una nueva sociedad. El nuevo bloque de poder materializará una nueva forma de sociedad. Nueva porque la anima una distinta espiritualidad. Por supuesto las revoluciones contienen violencia revolucionaria. La acumulación de fuerzas, en la primera fase, es significativa para la tercera fase: la construcción del carácter de una nueva sociedad. Precisemos que la forma principal, o al menos la más difundida, que asume el marxismo político en América Latina es la del marxismo-leninismo, que expresa en realidad una ideología del Estado soviético. Marx y Engels nunca alcanzaron el éxito en la fase de acumulación de fuerzas que resulta necesaria para asaltar al poder aprovechando una crisis del sistema imperante. Además, ninguno de los dos fue “marxista”. Ambos estimaban haber contribuido con la puesta en marcha de una concepción materialista de los modos de producción y de sus transiciones y también de haber trabajado por la articulacipon constructiva de un naciente movimiento obrero. En el centro de su concepción se ubica su opción por el movimiento obrero (fuerza social) como eje de la acumulación de fuerzas necesarias para transformar cualitativamente la sociedad capitalista y abrir paso, mediante una democracia obrera (dictadura del proletariado) a una sociedad socialista y, posteriormente, comunista.

Ahora, en el nombre “marxismo” (casi siempre utilizado en Occidente como sinónimo de “comunismo”) se funden, sin establecer distancias, los trabajos y propuestas analíticas de Marx-Engels y la experiencia político-cultural de los bolcheviques (mayoría del Partido Obrero Social Demócrata Ruso) y también la experiencia del Estado soviético (1922-1990) y, en menos medida de alguna fase de la experiencia de Chine o de Vietnam. Esta fusión, sin mayor trabajo intelectual, no resulta adecuada en ninguna parte del planeta lo que incluye a América Latina y el Caribe. De modo que el genérico 'marxismo' dice poco y mal de aquello que designa. Sirve, eso sí para descalificar.

2.- Con independencia de la consideración anterior se puede reiterar que el llamado “marxismo” o "comunismo" se expresó en el siglo XX en América Latina como marxismo-leninismo (estalinismo, principalmente), como leninismo y como trotskismo. La Revolución China (1949) hizo avanzar por poco tiempo un maoísmo. A finales de la década de los 50 ganó fuerza el castro-guevarismo. Hubo brotes de “idea juche” (República Democrática Popular de Corea, 1948) en la que ‘las masas’ desplazan a obreros y al Partido en lo que podría considerarse un tipo de nacionalismo popular. Algunos estiman asimismo que el socialismo democrático (avanzar en solidaridad social sin violencia y institucionalmente, sin romper con el capitalismo) posee dentro de sus antecedentes el pensamiento original marxista. Esto permitiría apreciar una filiación ‘marxista’ en México con Lázaro Cárdenas (1936-1940), Guatemala, Jacobo Arbenz (1951-54), Brasil, Joao Goulart (1961-64), Chile, Salvador Allende (1970-73) y Uruguay, Tabaré Vásquez-José Mujica (2005-2016). Esto, en términos puramente políticos (insurreccionales o parlamentarios y solo para América Latina). En este siglo XXI la experiencia venezolana encabezada inicialmente por Hugo Chávez suele ser tildada hoy de horror comunista o marxista.

3.- Si lo miramos más ampliamente, aunque en términos filosóficos europeos, el ‘marxismo’ comprendería a Marx, Engels, Lenin, Lukács, Gramsci, Bloch, Korsh, la Escuela de Francfort, Althusser, Lefevbre, Cesarini y Geymonat. Algunos de ellos optarán por un Marx científico, otros por un Marx historicista, varios por su ruptura con Hegel, otros por la tensión sin ruptura con Hegel, etcétera.

   Lo anterior no intenta decir que respecto del ‘marxismo’ solo se da confusión sino únicamente que el término es aplicable más a una concepción del mundo gestada por el carácter de las sociedades modernas (universalismo de las relaciones sociales bajo el capitalismo) que a un único sistema de pensamiento y acción. Esto implica que se puede ser ‘marxista’ de distintas maneras. Por ejemplo, en el siglo XX existen marxistas con diverso carácter (se determinarían todos por su aproximación militante a la lucha de clases y a una asunción renovada o no de la crítica de la economía política), marxólogos (especialistats académicos) y marxianos (que articulan la obra de Marx-Engels con el psicoanálisis, por ejemplo). Inicialmente esta socio-histórica concepción de mundo parece presentarse (s. XIX, Marx-Engels) como modernamente materialista, dialéctica y obrerista.
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