F-7004 La maldición que pesa sobre la ley (Filosofía política)

El lugar epistémico-político-cultural de lo político y la política en América Latina

1.- La Teología latinoamericana de la liberación constituyó en su mejor momento (1969-1984), y para los latinoamericanos, una muestra del vínculo entre lo político y la política. Con lo político ya que las discusiones con frente religioso (y la reflexión teológica tiene ese carácter) comprometen las subjetividades, que se desean radicales porque comprometen una salvación individual, y con ello la existencia cotidiana, y la política por al menos dos referencias: el carácter de aparato clerical que juega la institución católica en América Latina y la incidencia del cristianismo en la cultura difusa y también explícita de las poblaciones latinoamericanas mayoritarias. La primera referencia puede ilustrarse con la condena vaticana contra la TLL en 1984 (Instrucción sobre algunos aspectos de la ‘Teología de la liberación’, Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe) y la segunda con la devoción mariana (expresión del más amplio ‘culto mariano’) que alienta a los ejércitos genocidas latinoamericanos (con alguna excepción) contra sus pueblos.

1.1.- La condena vaticana (1984) contra la TLL, que en la práctica significó un “un católico no puede adherir a este movimiento o discurso sin perder su alma”, constituyó un guiño para la geopolítica de Estados Unidos en América Central. En el área la administración Reagan desplegó en la década de los 80 una Guerra de Baja Intensidad orientada a recuperar un territorio centroamericano que considera decisivo para su poder mundial (por hacer parte de la Cuenca del Gran Caribe; en ella están también Colombia, Venezuela, Jamaica, Haití, República Dominicana y Cuba, países en los que en distintos momentos –incluso actuales—EUA no admite opositores ni menos enemigos). En Sudamérica el guiño vaticano resultaba innecesario porque la TLL y sus distintas manifestaciones fueron erradicadas por la Doctrina de Seguridad Hemisférica de inicios de la década de los setentas).

1.2.- En términos políticos la experiencia de fe religiosa ha de entenderse en cuatro planos que admiten una variedad de vínculos: i) experiencia de fe religiosa; ii) inevitable situacionalidad de esta  experiencia de fe; iii) adhesión institucional clerical; iv) adhesión plena o circunstancial de la jerarquía eclesial a las políticas de Estado, o sea funcionamiento de la institución como aparato clerical público (suele llamarse a este último plano ‘iglesia de cristiandad’). La más reciente muestra de este nivel se dio en el golpe de Estado en Honduras (2009).

2.- La discusión que realiza F.J. Hinkelammert contra los posicionamientos de C. Boff en el capítulo 9 de “La maldición que pesa sobre la ley…” puede ser entendida en el marco de la exposición anterior. C. Boff sostiene que el único camino de alguien con fe cristiana se inicia/gesta con una opción fundamental por Cristo-Jesús. Para él esta opción implica optar por la iglesia católica (a la que refiere como ‘Aparecida’ por el nombre de la ciudad brasileña en que se realizó la última Conferencia del CELAM (2007) y por los pobres. Es la fe en Jesús-Dios. Y por continuidad la fe en la Iglesia Católica Institución. Hinkelammert sostiene que este monopolio clerical de la fe  cristiana verdadera no figura en los evangelios porque el centro de éstos es que “Dios-Jesús” se hizo humano (encarnación) y que por ello lo humano institucionalizado no debe lesionar esta humanidad divina (fe de Jesús: los seres humanos son libres y creadores, no han de ser sometidos/empobrecidos a institución alguna. La lógica de las instituciones sociales debe apoderar la divinidad contenida en la carne humana. Se trata de la fe de Jesús expresamente señalada en los evangelios: “Aconteció que al pasar él por los sembrados un sábado, sus discípulos, mientras andaban, comenzaron a arrancar espigas. Entonces los fariseos le dijeron: -Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?  Pero él les dijo: — ¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre, él y los que con él estaban; cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio a los que con él estaban? También les dijo: —El sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado.  Por tanto, el Hijo del hombre es Señor aun del sábado.” (Marcos, 2). Ninguna institución ha de ir contra (lesionar) la plenitud del ser humano. Es la buena nueva de Jesús. Su fe. Por ello  el camino propio del cristiano pasa por una opción por los empobrecidos. Estos empobrecidos son generados por humanas lógicas institucionales que matan. C. Boff apuesta por una institución que se sitúa por encima de los seres humanos y los empobrece. Va contra la fe de Jesús, aunque diga ceñirse a la fe en Jesús. Un cristianismo que elige este camino, si Jesús de Nazaret es Dios,  no salva.

2.1.- Aunque se ha discutido varias veces esta cuestión, conviene enfatizarla. La opción por los pobres (que fue transformada por la jerarquía católica en opción ‘preferencial’ por los pobres y los jóvenes) de la TLL debió siempre entenderse y comunicarse como ‘opción por los empobrecidos’. No se trata de un capricho terminológico. Los pobres, algunos de ellos, están a la vista, en situación. Los procesos sociales que generan los distintos tipos de pobres (culturales, económico-sociales, étnicos, político-culturales, etcétera), las lógicas sociales y sus instituciones, no saltan a la vista, hay que pensarlos. Lo que existe son empobrecimientos estructurales que saltan a la vista y en situación como ‘pobres’. También existen empobrecimientos que resultan inadvertidos. El producido como ‘pobre’ puede considerarse opulento, bien dotado. Un punto básico de este reclamo conceptual es que la producción de pobrezas en América Latina (y en todo, el planeta) exige una teoría social. La mera visión del pobre en situación, en cambio, fácilmente transita hacia un hiperempirismo. El hiperempirismo, el creer que se vive porque se está en el mundo y ante él, es un ‘efecto’ ideológico de la actual sociedad del espectáculo.
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