En Ojo Censurado,

N° 11, octubre 2007 

 

I

 

    En la Costa Rica del siglo XXI se dibujan dos procesos políticos de diverso carácter y que, hasta el momento, se han enfrentado parlamentariamente. Uno es el esfuerzo coordinado de empresarios centroamericanos y locales, transnacionales y ‘tecnócratas’ por insertarse en la lógica de la acumulación global de capital, subordinando, en un mismo movimiento, a la fuerza de trabajo, los recursos naturales y la historia de seguridad social del país. Carece de partidos en sentido estricto (puesto que lo que tienen son intereses), pero controla finanzas y propiedad, medios masivos, jerarquía clerical, instituciones políticas y una buena parte del ‘sentido común’ de la población. Actualmente los hermanos Arias condensan su primer gobierno directo. El bloque tuvo antes aproximaciones (Calderón, Figueres Jr., Rodríguez) que, por causas diversas, frustraron sus expectativas. Sus dirigentes estiman que con los Arias ha llegado el momento del avance final y de la instauración de su hegemonía. Este bloque (plural, con sectores no siempre conscientes de los alcances del proyecto) acaba de obtener una estrecha victoria (51.6%) en el referéndum que decidía la aprobación o rechazo de un pacto comercial (no es un tratado de libre comercio) empresarial con Estados Unidos y otras economías y Estados menores. La encendida y polarizada pugna por el pacto se debió al significativo rechazo de este proyecto.

    El otro proceso tuvo su gestación en una sensibilidad particular, aunque amplia, de rechazo a la corrupción y venalidad políticas de la minoría reinante (“meritocracia”, la llamaron en algún momento los Arias), a su impunidad y a la alianza que su corrupción establecía con clientelas empresariales. Costa Rica posee un Estado sólidamente clientelista y mercantilista. Casi no muestra políticos profesionales (una especialidad que posee su propia dignidad). Todos, o casi todos, “abandonan” sus negocios para ocuparse de la cosa pública “por amor a la patria”. Normalmente viven con opulencia o con más recursos que un ciudadano medio. Parte de su riqueza (y prestigio) es explicable por razones familiareso profesionales. Otra, la visible (el país es paraíso de sociedades anónimas), debe atribuirse a alguna inclinación de la fortuna que parece acosarlos sin tregua. El Estado clientelista atiende gamonales y grupos-masas electorales y también ‘buenos negocios’ empresariales. El Estado mercantilista resuelve las posiciones desde las que es posible establecer y agilizar los ‘buenos negocios’ empresariales, locales y transnacionales, no siempre, pese a la legislación ad hoc y la complacencia del Ministerio Público y los jueces, lícitos. El círculo de descomposición se cierra porque entre estos políticos clientelistas y mercantilistas reina el pacto del “hoy por mí, mañana por ti”.

    En relación con este modelo de ‘convivencia democrática’ se gestó durante la transición entre siglos una sensibilidad de rechazo a la corrupción política y a la venalidad delincuencial de los políticos. En las elecciones generales del 2002 esta sensibilidad se materializó en tres candidaturas: la abelista, la del Partido Acción Ciudadana (PAC) y la del Movimiento Libertario (ML). Con sus claras diferencias sociohistóricas e ideológicas las tres candidaturas, con motivaciones distintas, apuntaban al final de las mafias y de su forma de ‘estar en la política’ y de ‘hacerla’. El abelismo (por Abel Pacheco, el candidato), triunfó y se frustró. El PAC, con estilo fluido y ambiguo, creció electoralmente hasta convertirse en la segunda fuerza parlamentaria en las elecciones del 2006. El ML, auto sometido a una crisis de crecimiento (o de disolución), se mantiene vivo sin crecer. En la situación actual, se ha alineado con el gobierno de los hermanos Arias.

        Así las cosas, el PAC se presenta como el principal aparato partidario y parlamentario que condensa (y debería expresar) los sentimientos de repudio y castigo hacia la corrupción y venalidad. A este rechazo, el PAC agrega un modelo de desarrollo, menos conocido y comprendido por la población, centrado en el esfuerzo nacional y la inclusión. Como el sentimiento de rechazo a un sistema político podrido (y al intuido proyecto neoligárquico y tecnocrático) rebasa con mucho, ciudadana y socialmente, al PAC, éste surge como el principal interlocutor de diversos sectores de la sociedad civil, tanto de la ‘bien portada’ como de la emergente y de otros sectores, más minoritarios, que no podrían considerarse quizás ‘sociedad civil’ bajo ninguna de sus expresiones. El 48.4% de ciudadanos que votó No al pacto comercial expresa la fuerza electoral de este bloque (muy plural), fuerza que tiende a hacerse constante, y al que los grupos reinantes descalifican como “sindicalistas”, “comunistas”, “mentirosos” e “ignorantes”. Para el discurso imperante constituyen el ‘otro obsceno’ (Kristeva) o la ‘chusma’ (Kiko, de El Chavo del Ocho), lo repudiable y que no debe existir. Esta sensibilidad y este bloque emergente son ya en este momento alternativa de gobierno. Como tales están en la mira de la destrucción y de la cooptación de opulentos y prestigiosos.

    En estas condiciones se realizó el primer referéndum de la historia política de Costa Rica. La ciudadanía (potencialmente) debía aprobar o rechazar un pacto comercial que “decidía el futuro del país”. El desenlace numérico quedó anotado más arriba. El carácter y proyección del evento será presentado y discutido en las secciones siguientes.

II


        El resultado del referéndum del 7 de octubre generó sentimientos de rabia, frustración y desconcierto en sectores importantes de quienes votaron No. Un mensaje muy difundido en Internet se desahogaba mezclando ira e ingenuidad: “Me da vergüenza ser parte de esta Costa Rica de brutos… Cómo se nos ocurre darle el voto al Sí”. Otros se comprometían a seguir luchando más radicalmente. Alguno proclamaba el final de la lucha parlamentaria y el comienzo de la clandestinidad y la insurrección. La dirección (oficial y en buena medida autoproclamada) del No (Movimiento Patriótico) balbuceaba que exigiría el recuento de cada voto. Para los jóvenes, una parte cualitativamente importante del bloque, la derrota significó una brutal bofetada. Sienten que no era posible perder ante tanta desvergüenza. Transforman el golpe en desconcierto y dolor. Otros, en indignación. Todos estos sentimientos son social, humana y ciudadanamente legítimos.

    La manera de superar la vertiente o paralizante o furiosa de estos sentimientos pasa por asumir al menos dos cuestiones básicas: los fenómenos políticos están constituidos por procesos, no por hechos, por importantes o decisivos que éstos parezcan. Y lo que se jugó en el pulso electoral del referendo fue una manera diferente de ‘estar en política y de hacerla’ que desemboca en un proyecto y un programa de país. Estos últimos son procesos. El referéndum, en cambio, uno de sus hechos o hitos. Lo que muestra la votación es que el proceso de cambio, que para Costa Rica es revolucionario, ha adquirido, en menos de diez años, una capacidad de convocatoria electoral que le ha llevado a colocarse como efectiva alternativa de triunfo. El 48.4% de los votos, en un país conservador, es una enorme cantidad de sufragios. En el proceso, es un éxito. Como hecho, el resultado del referéndum es una derrota. La frustración ante el desenlace electoral se sigue de la articulación de tres causas: la importancia de lo puesto en juego. El entusiasmo y calidad empeñados para conseguir el triunfo. La certeza o casi-certeza de ganar. A estas causas se sigue la angustia de saber que la derrota la propinó un rival sin nobleza, tramposo, torpe, hipócrita, pomposo y amparado por el sistema.

    Este rival sin nobleza cometió errores que lo encaminaron a la derrota. El más grueso, una comunicación interna hecha pública puso en evidencia su rostro más retorcido y causó consternación y escándalo en todos los ciudadanos decentes. La comunicación urgía a preservar intereses y volcar preferencias infundiendo miedo, coaccionando alcaldes, mintiendo sin pudor, engañando al TSE. Involucrados: un vicepresidente de la República y ministro, un diputado, los hermanos Arias. El primero fue renunciado a cargos de los que debió ser expulsado. Los restantes, se amparan en la impunidad. El Tribunal Supremo de Elecciones miró para otro lado. Los medios masivos escondieron. La Conferencia Episcopal calló. Es el sistema.

    Pero al error de los opulentos y ‘prestigiosos’ no es puesto en su verdadera dimensión (signo del régimen) ni publicitado tampoco por los partidarios del No. No se da el golpe del knock out. La explicación: no hay dinero para propaganda en los medios masivos. Inimaginable. Se quiere competir para ser alternativa de gobierno y de poder y no se cuenta (porque no se trabajó para obtenerlos) con los recursos más elementales. Lo mismo ocurre con la declaración de 95 religiosos que llaman a votar por el No. Los medios condenan la declaración pero no la publican. La gente que administra el No tampoco. La declaración existe, pero la gente mayoritariamente no la conoce ni discute. Se pierde la oportunidad de otro golpe que hubiera resuelto la pelea.

    El bloque que lideran opulentos y ‘prestigiosos’ se estima derrotado a una semana de la votación. Los sondeos lo ubican más de diez puntos abajo. Ni el miedo ni la mentira han funcionado. Cunde la exasperación, la crispación, el odio. El temor sugiere los últimos esfuerzos: el obispo de los Arias en la Conferencia Episcopal (un señor Ulloa) desmiente y desautoriza (con su estilo ambiguo) la declaración de los 95 religiosos. El Gobierno recurre a la administración Bush para que declare que si gana el No el país no podrá renegociar otro tratado y probablemente perderá las concesiones para exportar derivadas del programa de la Cuenca del Caribe. Los Arias y el Sí se centran en declarar: “Es la única oportunidad. Quien le diga lo contrario, miente”. Es su mejor momento propagandístico.

    Y florece al interior de su sistema. La norma legal (TSE) prohíbe la propaganda en medios masivos los dos días anteriores a la elección y el día mismo del evento. Los hermanos Arias, con la complicidad de medios y periodistas, y la docilidad del Tribunal Supremo de Elecciones (¿?) saturan viernes 5, sábado 6 y domingo 7 las pantallas llamando a votar por el Sí, ‘última y única posibilidad y quien diga lo contrario miente’, no habrá empleo ni inversión extranjera, sin TLC “nos lleva el Diablo”, etc. El No carece de capacidad de respuesta. Tampoco se queja ante la transgresión de la norma. No se hace presente. No paga campos para aminorar la saturación. Las tramas de Internet no pueden competir con el impacto televisivo.

        El día de la elección las maquinarias clientelares tradicionales, a las que se agregan ahora los empresarios que inducen a sus trabajadores a votar por el Sí señalando que un No los llevaría a abandonar el país (una trabajadora humilde declara: “Cuando creí que la empresa se iba a ir, pensé hasta en salir del país porque se habrían cerrado muchas oportunidades. Ahora, me siento más segura” (LN, 09/10/07)), se muestra superior a la capacidad del No para trasladar votantes. Es también más descarada. Hasta las mujeres presas son llevadas a votar por el Sí. Se les ordenó hacerlo. Las televisoras siguen pidiendo a la ciudadanía ‘libre’ votar por el Sí. En esas ocho horas del domingo se resuelven los poco más de tres puntos que harán la diferencia entre el triunfo y la derrota.

    ¿Fraude? Sin duda. Y con la complicidad no solo de las “autoridades” locales sino con la de la mayoría de los “observadores” internacionales. Pero, seamos realistas. Esto era previsible. Esperable. El filósofo diría que el comportamiento de los tramposos consiste precisamente en “trampear”. Lo no previsible era que el Movimiento Patriótico por el No no se proveyera del financiamiento básico para noquear si la oportunidad se presentaba. Y se presentó. ¿Se pensó que el otro bando cederá poderío y ‘prestigio’ sin recurrir a todo? Si el No hubiese ganado se estarían viviendo otras crisis, producidas por los derrotados.

    Sin dinero no hay publicidad. Y sin publicidad masiva, cuando se es retador emergente, se pierde la oportunidad de contribuir a crear nuevas sensibilidades y nuevas capacidades ciudadanas. Y entonces el rival va sobre oídos seguros, preacondicionados. Las mentiras burdas caen sobre sentidos de gentes que las desean oír.

    ¿Trabajó el No para su derrota? Si se considera el evento, sí. Si se valora el proceso, se abriría una polémica dura porque el Movimiento Patriótico agrupó a sectores muy diversos.

                                                                                        III

    El proceso representado en esta coyuntura electoral por el No no salió derrotado en el referéndum. Lo perdió, que es algo distinto. Al perder, abrió una crisis en su interior. En efecto, una alternativa que se determina parlamentaria requiere de triunfos electorales (no necesariamente de llegar primera) para capturar legitimidad para su proyecto. El PAC, rostro parlamentario fundamental del No, ha  estado dos veces al borde del triunfo, pero no ha triunfado. Sin embargo, ha crecido parlamentariamente. Sus rivales sienten su tufo electoral en el cuello. Lo resintieron particularmente espeso ahora. Querrán cooptarlo (masivamente o fragmentándolo) o destruirlo (aquí vale cualquier cosa). El otro escenario para el PAC consiste en transformarse en interlocutor permanente de ese más del 48% que parece desear un cambio fundamental para el “estar en política y hacerla”. Están amas de casa, estudiantes, sindicalistas, jóvenes, ecologistas, campesinos, trabajadores de servicios, indígenas, pobres de la ciudad y del campo, ciudadanos. Sus Comités Patrióticos se extendieron por todo el país. Si la vía es parlamentaria se debería escucharlos. Y esos diversos sectores deberían a su vez, escuchar al PAC. No para obedecerlo, sino para asumirse escuchando y participando, no solo demandando. PAC y sectores sociales deberían crecer en propuesta y organización a partir de sus reconocimientos y diálogos. Ambos frentes tienen razones para estar, hasta el momento, agradecidos unos de otros. Y el PAC tendría un salvoconducto social para evitar ser tragado por la corrupción y la venalidad contra las que nació. Y también para guarecerse de un aplastamiento eventual.

    En lo inmediato, el trabajo condensado por los Comités Patrióticos y su votación del 48.4% y por su representación parlamentaria (PAC, Frente Amplio, Accesibilidad sin Exclusión) debe concentrarse en la aprobación de una Agenda Social básica y vigorosa que potencie a la población y en especial a los trabajadores frente a las “oportunidades” y privilegios que dará al capital y a los empresarios el TLC. Al mismo tiempo se debe luchar por legislación que torne transparentes y responsables las acciones de gobierno, evite la impunidad de los funcionarios y endurezca las sanciones legales y políticas por los delitos cometidos desde la función pública. La ciudadanía de a pie debe tomar el control de la designación de magistrados (Sala Constitucional, TSE, Corte Suprema) y, también, ser parte activa decisiva en la evaluación de su desempeño. En la actualidad, éstos y otros circuitos donde debería imperar la ley no resultan confiables.

    Para los logros de una Agenda Social (que obviamente los hermanos Arias no querrán implementar) el bloque social y ciudadano emergente debería contar con muchos de los que votaron Sí en la reciente elección. Franklin Chang, cosmonauta, empresario, uno de los símbolos de su propaganda, declaró: “El TLC no tiene conciencia social”. Se trata de un hombre honesto y no podría negar su colaboración en la propuesta. La Conferencia Episcopal emitió en su momento (tan atrás que ya parece haberlo olvidado) la tesis de que el TLC debería ser acompañado por una ‘verdadera’ agenda de desarrollo nacional, no solo por una agenda de implementación del pacto comercial. Y hasta la a ratos klu flux klanesca y fascista La Nación S.A. se dejó decir ante la inminencia de la derrota: “... el Sí (o sea los Arias) tendrá que demostrar con hechos palpables que es posible la alianza eficaz del crecimiento económico y del desarrollo social (…) de la competencia y nuestra identidad” (LN: 08/010/07). O sea un poco la cuadratura del círculo, pero es un buen testimonio. La pretensión de Agenda Social debería ser apoyada por la mayoría, empezando por el trabajo y compromiso (en el barrio, en la calle, en los centros laborales, en las universidades, en las marchas y tareas de agitación) de quienes se organizaron en los Centros Patrióticos de Resistencia. Éstos son fundamentales para una nueva Costa Rica y para una nueva manera de esta en política y hacerla.

    Y es que el bloque emergente, el que puede buscar tornar real desarrollo social, crecimiento económico amable con la Naturaleza, transparencia y responsabilidad políticas y una cultura sin exclusión, aún no ha perdido la guerra. Perdió un referéndum. Pero puede ganar batallas. Y si no consiguió “fusilar a los filibusteros”, frase de campaña, quizás consiga el milagro de convertirlos en empresarios frugales y solidarios. Para esto, obviamente, tiene que ganar a la mayoría de ciudadanos. Es la ruta parlamentaria. Que por el momento se presenta como la única ruta factible y,  para quienes conocen la guerra, también como la única deseable.

    Ahora, si el bloque emergente es cooptado o aplastado, por empresarios, corporaciones, tecnócratas, curas bandidos y medios masivos rufianescos, pues que sea la ruta que la gente sencilla y vulnerable quiera y pueda. Y que se sepa desde ya que sufrirán todos y durante mucho tiempo. Incluso los que en algún momento se sientan arrogante y brutalmente seguros de la victoria.

_________________________

_________________________

 

   El artíclo anterior suscitó la siguiente réplica que se me hizo llegar por correo:

 

    TE LO DIGO SINCERAMENTE, NO ESTOY DE ACUERDO CON EL ARTÍCULO

 

Jorge Álvarez

 

    Te lo digo con toda sinceridad, no estoy de acuerdo con el artículo, y la verdad me molesta un poco. Yo sé perfectamente que vos no lo escribiste, sin embargo al reenviarlo das a entender que coincidís con la mayor parte de lo que se ahí se dice, bueno o al menos eso interpreto yo. Hay muchas cosas que no comparto, pero no se trata de eso, se trata de lo que está más allá, se trata del respeto, las injurias y calumnias. Y si estas son palabras fuertes, lo son  poco al compararlas con las que usa el autor, como fraude, régimen, trampa y guerra.
Lo que más me choca de todo es el tono beligerante y confrontativo, no tengo ni idea de quién es Helio Gallardo pero escribe como una persona con un gran resentimiento social. Si insultar y desprestigiar a los que opinan distinto a él le hace sentir bien, pues me alegro por él, sin embargo de ninguna manera lo comparto.


    En el segundo párrafo empieza con sus ataque hacia la clase alta de nuestro país, y sugiere que todas las personas de plata metidas en política han hecho parte de su dinero a través de negocios ilícitos o favores políticos. Estoy seguro que en muchos de los casos eso es cierto, sin embargo también estoy seguro que no en todos, y venir a generalizar de esa manera constituye un atropello a la verdad. Al igual que omitir que muchos de los grupos que conforman el bloque del No estaban ahí por razones personales particulares. Vos y yo sabemos prfectamente que Eugenio Trejos no estaba ahí principalmente por el TLC, sus intereses iban mucho más allá. Igualmente Albino Vargas, Fabio Chávez y muchos más de los dirigentes no estaban haciendo otra cosa que defendiendo sus intereses particulares, indefendibles a toda luz en algunos casos, como muchos de los sindicalistas. En lo que respecta a los sindicatos creo que coincidimos en que se han convertido en un grave obstáculo para el desarrollo del país.


    Abajo en el artículo subrayo en amarillo una de las frases más lamentables. Dice que la derrota (en el referéndum) la propinó un rival sin nobleza, tramposo, torpe... Primero que nada creo que no se trata ni de una guerra ni de una batalla como habla él, se trata de una decisión sobre el modelo de desarrollo que queremos seguir y sobre como lograrlo. Pero más importante, la "victoria" la propinamos un montón costarricenses, de muy diversas procedencias, creencias y motivaciones. Yo orgullosamente vote Sí y fui uno de los "culpables" de que ganará el Sí, y no soy ni falto de nobleza, ni tramposo, ni torpe.... Y la mayor parte de ms conocidos al igual que yo votaron Sí, y no porque fueran todas esas cosas, ni por intereses personales, sino porque creemos que era lo mejor para COSTA RICA. Y aquí es donde me molesta que alguien venga a encasillarme y calumniarme de esa manera. Y que no diga que se refería al aparato prapagandístico del gobierno, porque tomé mi decisión de manera responsable y consciente, y no como resultado de ninguna propaganda.
Critica a más no poder el famoso "memorandum" (el cual repudio), sin embargo unas líneas más abajo (subrayado en amarillo) hace lo mismo, se vale de estrategias "tramposas" para convencer a los electores al hablar de que las declaraciones de los religiosos en contra de del TLC hubieran sido el "golpe para ganar la batalla". Vos y yo sabemos cuánto impacto tienen sobre gran cantidad de la población lo que digan los sacerdotes, sin importar si están en lo correcto o no. Decir que votar a favor del TLC es ir contra Dios es un ridículo, y no tengo que explicar por qué pues estoy seguro que vos coincidís conmigo. No me parece prudente que los religiosos tomarán partido tan abiertamente, pero lo peor fue los argumentos que usaron para justificarlo.


    Mae la verdad no voy a seguir comentando el resto del documento porque duraría mucho. Quiero que sepás que a diferencia de don Helio yo no veo esto como una guerra, veo como que somos un país decidiendo el camino que quiere seguir en "materia comercial". Un país que debe afrontar las consecuencias como conjunto pues nos afectan a todos.


    Una de las cosas que más me molestan es cuando meten el tema de la corrupción, y ponen como si el domingo se votaba Sí o No a la aprobación de la corrupción. Por favor pónganse serios y no sean tan manipuladores. Yo rechazo cualquier manera de corrupción y vote Sí, y no encuentro ninguna contradicción en mi posición. Ataquemos a la corrupción, pero no usemos el TLC como chivo expiatorio, y no generalicemos de manera tan irresponsable. Si usted cree que Arias es un corrupto lo respeto, yo coincido con Jaques Sagot en que ha hecho un buen gobierno, y en que tiene buenas intenciones para el país como conjunto. Apoyo su gestión.


    Otra cosa que me molesta mucho es que digan que el Sí ganó por fraude, me suena demasido a un chiquito berrinchoso que no sabe perder, y que cuando pierde tiene que inventar alguna excusa para justificarlo.
Don Helio siempre habla de los que estamos a favor del TLC como si fueramos monstruos despiadados sin corazón, sin ningún propósito más allá que el de acumular riqueza. No puedo evitar ver la analogía en la parábola del fariseo que daba gracias a Dios por no ser como los pecadores impíos. Yo no creo que todos los que están en contra tienen las mismas intenciones que Albino Vargas, igualmente espero que no se diga que todos los que estamos a favor coincidimos con Kevin Casas.


    Por último quiero decir que me parece que el tiempo para criticar, juzgar y desacreditar ya pasó. Ojalá pudiéramos empezar un proceso de diálogo, integración y cooperación. Pero la verdad con artículos tan beligerantes como el de don Helio lo veo díficil, ojalá me equivoque.
 

Gracias por tu tiempo, un afectuoso saludo.

 

El texto antecedente se publica idéntico al que llegó en el correo.  

 ________________

________________

 

    SI ES DEL CASO  

 

    A diferencia de Jorge Álvarez, quien me juzga como una persona socialmente resentida, lo que quiere decir que estoy emocionalmente desequilibrado y carezco de las condiciones para opinar, estimo que J. Álvarez es una persona integrada y honesta, él así lo afirma, y con él, un alto porcentaje de quienes votaron por el Sí, en la elección recién pasada, y con mejor o peor información, lo hicieron como él: porque consideraron que era la mejor opción. Esto, esa honestidad mejor o peor informada, no evita que la dirección de quienes dirigieron la campaña del Sí, no los votantes de a pie, haya sido ventajista y tramposa. Dejo en paz el memorándum Kevin/Sánchez del cual el último ha salido, hasta el momento, impune. Ejemplos, la propaganda de página completa que resaltaba a los adherentes “puros” (F. Chang o el Ingeniero Dengo) contra los “impuros” (José Merino del Río o Albino Vargas). O el aprovechamiento de los tres últimos días para coaccionar el voto recurriendo incluso al gobierno de Estados Unidos y el empleo propagandístico (estaba prohibido en esos días) que de ello hicieron Repretel, Telenoticias y La Nación S.A. No solo se hizo propaganda con estas ‘noticias’ (incluyendo una pseudo entrevista de CNN, reiterada y reiterada), sino que se silenciaron las réplicas que esas noticias tuvieron en Estados Unidos. Y qué más ruin que obligar a las presas (reas) a votar Sí (lo mostró un canal ‘oficial’ del Sí) o bajo amenaza o bajo promesa de una sopa sin cucarachas.

    Una parte del voto, no todo, fue coaccionado. El presidente Arias dio la tónica mucho antes de los últimos días: “Sin TLC nos lleva el diablo”.

    Sin embargo, el anterior no es un punto importante. En ninguna parte mi texto señala que haya que cobrarse una revancha contra quienes coaccionaron y engañaron. Dice que es ‘normal’ que eso se haga en América Latina y en este caso en Costa Rica. Sobre la coacción y el fraude de los sectores dirigentes del Sí se indica que lo lamentable es que el No haya carecido de capacidad de defensa y respuesta, al parecer por falta de financiamiento. Se indica que aquí existió un grave error del No. Una carencia básica. Se sabía que el otro bando haría trampas, se sabía que el TSE miraría para otro lado, se sabía que la Conferencia Episcopal se mantendría “neutral” pero a favor del Sí, y se sabía que muchos empresarios coaccionarían a sus trabajadores (como después informó La Nación). Si esas cosas se saben de antemano, conviene tomar precauciones, reservas, proveerse de recursos.

    Pero así como mi texto no estaba orientado a quienes votaron honesta e informada o desinformadamente Sí, tampoco estaba dirigido a las dirigencias del No. Ellos asumieron esa responsabilidad y ellos son quienes deben enfrentarla (lo que puede tomar la forma de la autocrítica, la renuncia, etc.).

    Mi texto estaba orientado a los jóvenes, muchachas y muchachos, que trabajaron también honestamente por el No, que creyeron que ganarían y que se vieron burlados en sus expectativas que se seguían de un trabajo valiente, tesonero y transgresor. Se recordará que se enfrentaba al sistema y a todos sus poderes. Estos jóvenes (y con ellos muchos trabajadores, mujeres humildes, artistas, campesinos, etc.) me preguntaron el lunes 8: “¿Y ahora qué?”. No importa por qué me lo preguntaron a mí. Seguro se hicieron también esa pregunta a sí mismos y a otros. Por desgracia, en el cara a cara con estos jóvenes, se contaba con pocos minutos y quedé insatisfecho con mi respuesta. Que no era una orden o un programa, sino un abrazo de felicitación y respeto y un intercambio para recuperar la esperanza.

    El texto se escribió para ellos y desde una profunda convicción moral (que es el sentimiento que ellos me inspiran).
    El texto les dice: dieron una gran batalla. La más grande que ha dado el pueblo costarricense organizado desde la guerra civil de 1948. Estén orgullosos de ese más del 48% que respaldó su trabajo. Es una derrota en el referéndum, pero puede transformarse en una victoria política para el bienestar de la mayoría. No bajen los brazos. Disciernan, resuelvan con sabiduría y realismo.

    ¿Es tiempo del diálogo? Sí. Lo ha iniciado parlamentariamente el PAC en estos días. El texto que suscribo sugiere levantar una Agenda Social respaldada con movilización popular y lo hace indicando que deberían plegarse a esta iniciativa personalidades como Franklin Chang e instituciones como la Conferencia Episcopal porque ellos en algún momento lo enfatizaron. Una Agenda Social supone el diálogo. Pero un diálogo sostenido y activado por la organización y movilización social popular.

    Mi opinión en este punto es que los sectores dominantes no pueden conceder una Agenda Social (menos si se acompaña con instituciones que aseguren la transparencia y responsabilidad políticas) porque lesiona sus compromisos e intereses. Y la tesis de la organización y movilización social constantes se afirma en el carácter permanente de la vida política, no solo en lo que el imaginario dominante quiere hacer creer a la población en Costa Rica y en toda América Latina: se hace política cuando se vota y ya. La autoridad cuenta los votos y se acabó (democracia ‘delegativa’ la llama Rodolfo Cerdas, columnista habitual de La Nación S.A.). Conviene mostrar públicamente y a toda la población que el actual gobierno, y los empresarios que lo sostienen, no puede conceder una efectiva Agenda Social. Y eso solo puede hacerse con lucha política en diversos planos y sectores y con diversas formas de lucha.

    Este punto a mí me parece central para que el país se de “otra forma de estar en la vida pública y de hacer política”. Creo que es un momento excepcional para ello. Y forzaría al PAC (y eventualmente a otros grupos políticos) a tomar en serio sus raíces que están en el rechazo radical del mercantilismo y clientelismo estatales. Esta última caracterización, por ejemplo, la tiene también el Movimiento Libertario (aunque le da otra ‘solución’) y, más ampliamente, la comparten sociólogos oficiales como G. O’Donnell. No los cito como referentes de autoridad sino como sectores y personalidades que quizás escapen al diagnóstico de “resentidos sociales” o “impuros”.

    Menciono finalmente que mi texto buscaba asimismo no únicamente reforzar la autoestima y esperanza de quienes lucharon por el No. Los considero admirables. Bellos. No quiero verlos derrotados y entregándose a un sistema cuyas lógicas son las de la discriminación, la exclusión, la mentira, la violencia y la impunidad. Un aliado decisivo para el Sí, la administración Bush, es un excelente ejemplo de estos últimos caracteres que en su caso se inscriben de lleno en la criminalidad. El texto buscaba también evitar que algunos sectores volcaran su sentimiento de indignación (legítima) en una violencia precipitada y, en este momento, a mi juicio, sin futuro.


    Porque sectores que hablan y están hablando (y tal vez organizándose) para la conspiración y la insurrección también existen. No solo aparecen desde el No. También son parte de ese 40% de costarricenses que no votaron. No votaron porque estiman que el sistema no permitirá nunca ganar a las fuerzas que se inspiran en la justicia social y la inclusión. No voy a discutir aquí el fondo de su punto de vista. Mi observación resalta que las formas de lucha ciudadana y popular (desobediencia civil, huelgas, plantones, huelgas de hambre, marchas, bloqueos, barricadas, lucha armada, huelga general revolucionaria, etc.) deben, en cada caso, culminar un trabajo político que las torne legítimas para la mayor parte de la población y que solo en situaciones objetivamente excepcionales se puede intentar quemar fases o etapas. Tal vez porque no trabajo social ni políticamente con sectores populares estimo que esas condiciones ‘excepcionales’ no se dan hoy en Costa Rica. Ello solo implica, para quienes así sienten la política, que habría que intentar avanzar hacia ellas. No menciono este punto en mi texto anterior por su carácter más orgánico y porque no era necesario para sus propósitos comunicativos.

    Hoy día, 13 de octubre, me sigue pareciendo adecuado haber dado estas opiniones a los jóvenes. Y también me parece propio que a Jorge Álvarez le moleste. El quiere creer y vivir otro tipo de juventud o de vida. No digo que peor o mejor. Otro tipo de compromiso y otro tipo de responsabilidad. Es su decisión. Lo que no se puede olvidar ni tapar, sin embargo, es que hay jóvenes y costarricenses con otras opciones y capaces de tomar sus propias decisiones. Me dirigía a ellos y no para mandarles a hacer nada, sino para colaborar con su autoestima y valentía. Sinceramente, los admiro y respeto por su trabajo y convicciones.

    Y en cuanto a si mi estilo es violento, constituye un lugar común que quienes difieren radicalmente en intenciones y proyectos valoren “violento” a su opositor o enemigo (que son cosas distintas). Los dirigentes ingleses y sus militares sin duda consideraban “violencia inaceptable” a las hileras de indios (de India) que los enfrentaban uno tras otro para que les rompieran la cabeza de un mazazo. Los indios seguían el ejemplo de Mohandas Gandhi. Y los paramilitares colombianos (grupos armados de extrema derecha) siempre han estimado la ejecución de civiles, resistentes y opositores como “higiene o limpieza social”. Ellos son benefactores, ofrecen un “servicio” que se podría considerar municipal. Los 'violentos' son sus víctimas.Mi estilo busca contribuir a que los sectores populares crezcan desde sí mismos en un sistema que los produce como vulnerables y los violenta en el día a día cotidiano en prácticamente toda la institucionalidad vigente. No es una idea o neurosis original. Entre otros lo estimaron así los obispos Hélder Cámara para toda América Latina y Óscar Arnulfo Romero para El Salvador cuando éste estaba en guerra abierta. Viniendo a este país, para algunos costarricenses un artículo como el de Laura C. Arguedas Mejía, “¡Democracia del berrinche!” (La Nación, 12/10/07) y su ilustración, es maravilloso, idílico e ilustrado y no contiene ninguna violencia contra los movimientos sociales y la gente del No. Yo lo valoro ignorante, ideologizado y violento y sería sencillo probarlo. En la existencia social, como se advierte, se puede tener muy diferenciados y conflictivos puntos de vista. Pongámoslo claro: “los fraterniticos”  que se ponen de acuerdo mediante el ‘diálogo’ sin armas sociales es un mito de la dominación local. Y “armas sociales” son, por ejemplo, la riqueza y prestigio, la alianza con medios masivos, y también la presencia popular en la calle, la marcha, la huelga y la desobediencia civil. Y por supuesto la oposición y la negociación parlamentarias.

    Como he mencionado religiosos, me extiendo en un punto. Mi observación sobre la declaración de los 95 religiosos se hizo porque ella rompía la neutralidad falsa con que se automaniató la Conferencia Episcopal. Esa declaración la hicieron esos religiosos desde sus creencias y su información. Creyeron su deber moral y político hacerla. Su valentía y esfuerzo (muchos se exponen a represalias) no resulta comparable con la escalada de mentiras (derivada principalmente de intereses) y ruindades con que la estrategia de la campaña del Sí manipuló y atemorizó a un sector de los costarricenses. No escuché, por ejemplo, a la Conferencia Episcopal manifestarse éticamente sobre el asunto Casas/Sánchez/hermanos Arias. Seguro esta violencia les pareció legítima, natural o cómica.

    Veo así las cosas y así por tanto hago mi crónica. No estoy en campaña para nada. Doy argumentos. A mi edad y desde mis experiencias valoro este texto ofrecido a los jóvenes que preguntan también como un compromiso moral.

    H. Gallardo

               
    Octubre 13 del 2007

 

______________________________________

______________________________________

 

    POST SCRIPTUM

    En su edición del domingo 14 de octubre, La Nación, principal medio masivo escrito comercial del país, conservador y militante del Sí al Tratado de Libre Comercio, publica 9, en diversas secciones del periódico, nueve artículos que podrían considerarse pertinentes con el fondo del campo temático propuesto con los criterios y opiniones mías antecdentes. De ellos, extraigo los siguientes apartados:

    “Me preocupa ver que el tiempo pasa y que la mayoría no aprendemos nada, que nuestra memoria se adelgaza como un crique solitario en el verano y se nos olvida cómo llegamos hasta acá. Nos conformamos con repetir las mismas ceremonias coloridas, cada vez más despojadas de sentido: nuestro 11 de abril, nuestro 15 de septiembre o nuestras elecciones; y gozamos del autobombo mientras, en realidad, cada día crece más entre nosotros el bando de los que dicen: “esto no es conmigo”” (Jaime Gamboa: El crique de la memoria, PROA, p. 3).

    “El abstencionismo es alto y el país parece dividido en tres: un centro derecha, cada vez más hacia la derecha, y un centro izquierda, cada vez más al centro. Y una masa resentida, como moro sin señor (…) El referéndum mostró abismos de inequidad electoral, por abuso de poder y dinero y satanización de la protesta y del descontento. Esto debe corregirse. Si no, podría ser que un día como el domingo, 700.000 o más ciudadanos tengan en sus tribunas no a líderes como Trejos y Solís, sino a otros que llamen a la desobediencia, la violencia o la insurrección. Remember Venezuela”. (Rodolfo Cerdas: Ojo Crítico, p. 15).

    “Lo que sigue debe ser congruente con ello: la democracia saludable requiere el compromiso de los perdedores con el juego futuro, tanto como de la convicción de los que salen victoriosos de que en la política no solo existen cadáveres ni cementerios, sino que toda victoria es siempre táctica” (Carlos Sojo: Domingo siete, p. 36A).

    “El debilitamiento de políticas de redistribución del ingreso no sólo ha contribuido a erosionar la credibilidad de la clase política, sino también a desmoronar el cemento que cohesionaba el pacto social del viejo modelo” (Mylena Vega: Vuelta a lo social, p. 37A).

    Cito éstos porque pueden asociarse claramente con parte significativa de la posición expuesta en mis trabajos: el énfasis en los procesos y no en los hechos aislados y la preocupación porque el resultado electoral del referéndum no implique el desprecio por quienes votaron No y por quienes no votaron del todo. Por supuesto, cada autor tiene su propio criterio y expone sus ideas en su estilo. Ninguno tampoco busca enfatizar el carácter cualitativo de la lucha social en las transformaciones que el país requiere.

    Supongo, asimismo, que ninguno de estos autores, varios de ellos con reconocido prestigio local, puede ser descalificado mediante alguna atribución personal.

    Los artículos que no he citado pueden ser leídos desde diversos criterios y ángulos. Al menos un par resultarían básicamente compatibles con los conceptos que firmo en el cuerpo central del análisis aunque ninguno repare en la necesidad de la lucha social.  

________________

________________