Editado en OJO CENSURADO, N° 4, febrero 2007

 

A finales de este enero se realizó en San José de Costa Rica un encuentro más del Círculo de Montevideo que reúne a dirigentes políticos iberoamericanos que han alcanzado posiciones de prestigio. En opinión del editorialista de La Nación, J. Rodríguez, se trata del grupo de los “dirigentes serios (…) que recogen el reto del TLC (…) líderes democráticos (…) que ‘hablan con sentido’” (LN: 29/01/07). El grupo opuesto, también en su criterio, es el de los “charlatanes (…) demenciales (…) mesianismos estúpidos (…) falso patrioterismo” que existe en todos los países latinoamericanos y de cuya presencia en Costa Rica Rodríguez se declara testigo. Vamos a regalar, en beneficio del chino Año del Burro, que el editorialista tenga la capacidad emocional e intelectual para realizar la distinción y enfrentamiento anteriores. Y realizado este regalo, veamos qué nos dice quien parece ser el “más serio entre los serios” de este Círculo de Montevideo..

 

Se trata de Ricardo Lagos, ex presidente de Chile, a quien el mismo diario le editó inusualmente una entrevista de casi dos páginas en su edición del martes 30 de enero. Sin duda, costarricenses y latinoamericanos, sabrán aprovechar la seriedad de este prohombre..

 

La entrevista parte con la inquietud de la periodista respecto de si la globalización “uniforma” la realidad diferenciada y compleja de América Latina. Lagos es categórico: “Yo creo que cada país es una especificidad; dentro de cada país hay diferencias, y me parece a mí que cada negociación es distinta, cada forma de abordar es distinta”. La respuesta va antecedida de un doble “no” respecto de si la globalización implica uniformidad o ‘modelos’. Se recordará que el presidente Arias retornó conmocionado de una visita de horas a Chile y se propuso invitar a sus políticos, como Lagos, para que vendieran a los algo necios diputados costarricenses las bondades del libre comercio. También La Nación S.A. ha instado reiteradamente a “hacer lo de Chile”. Ahora Lagos viene y declara tajante: “No hay recetas”. No solo existen diferencias entre ‘países’, sino también al interior de cada país (sociales quiere decir Lagos). Y se puede agregar que estas diferencias o conflictos son o funcionales o estructurales. Cualesquiera sean, el político debe asumir su conflictividad en el proceso de insertarse en la globalización.

 

En breve, Lagos se inclina por una inserción en la economía mundial “a la chilena”, en el caso de Chile, y “a la costarricense”, en el caso de Costa Rica. Ambos poseen sus especificidades y también las tienen sus diversos y tal vez enfrentados sectores sociales. Lo dice un dirigente “serio”. Pero su tesis no es la de la administración Arias ni la de La Nación S.A. que alguna vez demandó la apertura unilateral del país, al comercio mundial para testimoniar planetariamente su fe en el “libre comercio”. Lo que dice Lagos más bien se acerca a lo que pide en Costa Rica el PAC. ¡Qué horror!.

 

RLa entrevistadora se agita por la acentuación de las ‘diferencias’ como resultado de la globalización. Lagos contesta: Hay que capacitar a la gente “para que los que quedan desplazados puedan ser capaces de seguir actuando (…) Eso me parece fundamental”. El político serio dice que el mercado capitalista, globalizado o no, produce ‘desigualdades’ o ‘diferencias’ y que corresponde al Estado, y a otras fuerzas sociopolíticas, esforzarse por dar a todos igualdad en las oportunidades básicas (educación, salud) “independientemente de su bolsillo”. Compárese con la tesis neoliberal de “La desigualdad está enraizada en la naturaleza humana: unos se esfuerzan y reciben más; otros, menos. Pretender que todos ganen igual conduciría a destruir la prosperidad” (J. Guardia, obviamente en La Nación S.A.). Lagos advierte que es responsabilidad política evitar las discriminaciones que genera el ‘fetiche’ del mercado (la periodista se frunce para hablar de “diferencias”; Lagos, menos fruncido, habla de “desplazados” y “desposeídos”). Y, además, la saca del estadio cuando en lugar de dividir a América Latina en “serios” y “posesos demenciales”, percibe una diferenciación legítima de programas y racionalidades respecto de la inequidad: “Cuando cayó el Muro de Berlín no cayó el muro que separa ricos de pobres en América Latina, y en tanto exista ese muro, siempre va a haber una utopía o una revolución o cómo avanzar más rápido para llegar a ello”. O sea que el hombre serio asume radicalmente la pertinencia de la revolución bolivariana, del evismo y ¡hasta del socialismo cubano! No comparte esos caminos, pero no los descalifica. Vaya, vaya. Y nosotros aquí embelesados con las taxonomías de J. Rodríguez y las obsesiones internacionales de O. Arias.

 

Bueno, esto es parte de lo que públicamente opina el más serio entre los sentenciosos varones del Círculo de Montevideo. Por suerte no acogió la invitación de Arias para “educar” a los diputados costarricenses. De repente el TLC habría perdido votos de secretarias ejecutivas y yes men convertidos por el “verbo fácil, dones de catedrático” y la capacidad para echar “mano de la realidad llana” (entrevistadora dixit) de este político ensalzado por Julio Rodríguez. Claro, porque no lo conoce.