1.- A partir de planteamientos que los seminaristas expresan en sus trabajos, por ejemplo el carácter de las manifestaciones del arte popular, conviene revisar el título del seminario: “Filosofía y sociedad”. Obviamente la sociedad es condición para el filosofar. Y también para la Filosofía. Esto porque ellas son producciones humanas, aunque asentadas en planos diversos de esta producción. Por esto resulta útil realizar algunas observaciones sobre toda sociedad humana. En la especie, las convivencias inevitables y un hábitat al que se conocen mediante tanteos, generan instituciones. Ellas pueden ser descritas como decantaciones de maneras de hacer correctamente las cosas. Los distintos tipos de familia constituyen instituciones. Hoy, la más más fácilmente intuida es la nuclear. Nos resulta más difícil imaginar una familia que incluya esclavos, pero “familia” en su etimología más aceptada proviene de ‘famulus’ que significa servidor o esclavo. De modo que ‘familia’ se usó inicialmente para designar a todos los que un padre debía alimentar, consanguíneos o servidores, que vivían bajo un mismo techo. Las instituciones sirven para alcanzar con economía determinados propósitos, lo que podría traducirse en producir bienestar o al menos una mitigación del esfuerzo y sufrimiento. Las guerras, con sus ejércitos, se configuran asimismo mediante instituciones. Las ‘Fuerzas Patrias’, en ejemplo latinoamericano. Las instituciones, en lo básico, cumplen funciones de ‘ordenación’ y ‘normalización’ de los comportamientos para un determinado grupo. Contienen por ello violencias (limitaciones) que se estiman legítimas para los individuos que las comparten. Se comparte una institución cuando se la interioriza como parte de la subjetividad, o sea o de la identificación (inercial) o de la identidad (efectiva).  Para entender mejor las instituciones conviene considerar la lógica que las anima (autoritaria sin replica, por ejemplo, o autoritaria que admite réplica. También su lógica puede ser democrático-colaborativa, etcétera). Las instituciones y las subjetividades que las complementan se inscriben en sistemas sociales. Uno de sus desafíos es que estos sistemas contienen despliegues, o sea cambios en sus relaciones internas y organización mientras las instituciones pueden petrificarse y tornarse disfuncionales. O cambiar su carácter. Cuando a esclavas y esclavos se añaden siervos, en el medioevo, la familia ampliada que duerme en la misma casa/cama, se verá como negativa por la autoridad clerical y se estimulará en cambio, en la tradición galo-romana, un tipo de familia nuclear conyugal en la que el padre será responsable de la castidad de sus hijas. Las disfunciones institucionales se ligan tanto con subjetividades como con su deficiencia en el logro de objetivos. El desajuste en parte se produce porque las subjetividades de gentes e individuos resienten más inmediatamente el orden/violencia de las instituciones y más diferidamente, si es que lo notan, el orden/violencia del sistema. En todo caso el punto favorece la aparición de experiencias de contraste, ya sea que se refieran a instituciones o al sistema social. Sabemos que las experiencias de contraste animan al filosofar y con ello a las posibilidades de gestación de identidades radicales que procuran indagar y comunicar posibilidades de cambio. Las lógicas institucionales y las subjetividades que las acompañan contienen entonces tanto la reproducción de un sistema social (integración mediante rutinas) como, vía experiencias de contraste, su cambio y también una factible variación de las identificaciones e identidades (subjetividades). Las experiencias de cambio requieren encarnarse en sujetos sociales y en el seno de ellos generarse personalidades.

2.- Las instituciones se expresan (y son ellas mismas expresión) en lo que hemos llamado marco categorial y marco imaginario de una determinada sociedad. Un marco categorial remite al carácter y límites que se entrega una sociedad para vincularse con lo que considera estable por ‘verdadero’, instalando en el mismo proceso las formas apropiadas (sentido común, método científico, rutinas) para aproximarse a esa verdad o hacerse con ella. Un marco categorial puede tener como eje una fe religiosa a la que acompaña una razón ‘natural’ determinada por Dios mediante la cual la cual operan individuos ‘libres’ (cuando se separan de ella, pecan). Estas referencias fueron hegemónicas durante el medioevo europeo, por ejemplo, con su régimen de cristiandad. Pero la experiencia humana no solo se liga con lo que se estima verdadero sino también con lo que se desea porque resulta de interés y también de provecho o placer. Es el marco imaginario de una sociedad. Entre estos marcos, imaginario y categorial, se dan relaciones e inclusiones y exclusiones. En las sociedades medievales europeas del siglo XIII, por ejemplo, todos debían desear la salvación porque ése era el deseo de Dios para todos los seres con alma y razón (o sea la especie humana). De aquí que el conocimiento se obtuviera principalmente de la lectura y repetición o reflexión sobre los textos considerados objetivamente sagrados o a los que se ligaba con esos textos sagrados. El marco categorial se interesa aquí tanto en determinar creyentes religiosos católicos (son verdaderamente humanos) como en la diversidad (más amplia) de los no-creyentes (herejes, paganos, infieles, pecadores) y sus instituciones y subjetividades. El punto se presentó inicialmente a discusión con el examen del argumento existencial y ontológico de Anselmo de Aosta (1033-1109) respecto a la existencia de Dios y su propuesta de una figura (o categoría) del insensato. Su propuesta universalista excluyente sin embargo invertía, por subjetiva, la jerarquía ontológica ya en curso en la cristiandad jerárquica temprana puesto que podía asumirse y valorarse como que lo inferior limitado fundamentaba, en el sentido de ponía, lo Superior Absoluto. Aunque el argumento poseía un alcance autoritario y excluyente, condensado en la referencia al insensato, resultaba inapropiado o disfuncional para una reproducción más fluida del orden/violencia social que reclamaba una objetividad divina/sagrada incontestable. Por ello en Tomás de Aquino (1225-26-1273), ya consolidado el Medioevo, encontramos un marco categorial realista, es decir no ensimismado y que valora en cambio experiencias sensoriales e intelecto y un enfoque en el que el mal proviene de una ausencia de bien y en la que el pecado posee un doble ingreso: la libertad humana y una voluntad que supera en amplitud a la razón natural provista por Dios. La referencia categoríal, un alma/espíritu racional, puede ser sobrepasada por una voluntad carnal que desea permanecer en lo intrascendente e inferior. En estas últimas sociedades medievales las condiciones de su reproducción pasan por ingresar a una objetiva e institucionalizada iglesia revelada y por imprimir en cada subjetividad, en gran medida pasiva, el orden y la lógica divinas (no desear lo que está fuera de Su Orden). Aquí los insensatos resultan innecesarios pues pueden ser reemplazados por objetivos herejes y pecadores. Se sostiene ahora un autoritarismo institucional infalible y por ello implacable porque se apoya en una realidad objetiva que se sostiene por su apego hacia una única finalidad deseable con justicia: la salvación. No se condena por tanto a los insensatos, sino a individuos libres cuya voluntad/deseo mal ejercidos los aparta de Dios, o sea del orden social y natural. En esta sociedad el Bien Común (factor tanto del marco categorial como del imaginario) tiene sentido porque todos tienen alma (orientada hacia Dios) aunque algunos se condenen por no ingresar u obedecer a la iglesia. Para el marco categorial (lo verdadero y los procesos de su encuentro) y el marco imaginario (lo bueno y la adopción de sus obligaciones) tienen un carácter antropológico ‘universal’. El bloque hegemónico de poder se confiere así una legitimación universalista (la realidad objetiva y subjetiva es toda ella proveniente de Dios) que articula todos los aspectos de su dominación (conocimiento y deseo) y a la que solo pueden oponerse experiencias de contraste subalternas en el seno de ese mismo bloque o generadas minoritaria pero sistémicamente en los intersticios del sistema social. Las segundas se seguirán de la expansión del comercio y la importancia del trasporte marítimo y el dinero en él. Las primeras tendrán al menos dos expresiones de alcance amplio: las luchas campesinas (Cataluña [1462-1486], Alemania [1525]), por ejemplo, y la Reforma protestante (s. XVI). Ambas avisarán reivindicaciones de la sociedad moderna: autonomía y control sobre la propia existencia incluida la administración del culto. Con posteriroridad se hablará de una 'mayoría de edad'.

3.- La lógica de las instituciones hace referencia a una espiritualidad (despojada de toda connotación religiosa, aunque pueda tenerla) que las anima. Por inercia social, determinada por una concurrencia de poderes, ella expresa los intereses muchas veces complejos del bloque hegemónico. La complejidad se resuelve por los intereses generalizados del bloque de poder (referente estructural) y, más conflictivamente, mediante un discernimiento del vínculo entre los intereses generalizados y los determinados por intereses sectoriales y situacionales. Desde este punto de vista los requerimientos de la reproducción continua de dominios tornan conservadora a toda sociedad, aun sin considerar su orden legal. ‘Conservador’ hace referencia a una aceptación cultural del cambio solo si proviene de las cosas mismas, de su despliegue ‘natural’. La ‘verdad’ social de una familia nuclear heterosexual autoritaria no puede transigir con la ‘falsedad’ de una familia homosexual no-autoritaria, o con una en que los hijos practican la independencia. Una fachada de fingido régimen democrático de gobierno tampoco puede aceptar una dictadura, aunque sea ilustrada y generosa, así como la cientificidad del conocimiento hace usualmente casa aparte del saber que se sigue de la experiencia cotidiana de existencia. Las ilustraciones muestran distinto carácter. Un científico puede asumir sin mayor reproche la distancia entre su laboratorio y los requerimientos de su existencia cotidiana. Pero la verdad de una pareja monogámica orientada a la crianza de sus hijos biológicos tendrá dificultades ríspidas para convivir con familias homosexuales o hijos independientes aun cuando las primeras o los últimos estén a derecho. El reconocimiento jurídico no resulta suficiente en estos casos. Sin asunción cultural, una legalidad pierde parte significativa de su fuerza. En la última referencia, la inviabilidad de un efectivo orden democrático en sociedades modernas se utilizará como excusa y propaganda (fachada) para agredir ‘dictaduras’. En situaciones de crisis, en su sentido de inestabilidad estructural con salida incierta, además, la fuerza desplaza sin miramientos los convencimientos generalizados y en uso si ello conviene a la reproducción de poderes o a una reconfiguración radical de ellos.

4.- La idea aquí presentada es que toda sociedad con principios asimétricos de poder se da un marco categorial y un marco imaginario (y sus combinaciones) que disfrazan las asimetrías y empobrecimientos que su dinámica contiene como ventajosos y justos universal o generalizadamente. La conciencia falsa, que puede afectar a todos los sectores sociales, aunque de distinta manera, es, por ello, factor constitutivo de su funcionamiento y elemento indispensable para su reproducción. Por ello nutre todas sus instituciones. La expresión conciencia ‘falsa’ no hace énfasis en una relación del conocimiento con lo verdadero, sino a la no factibilidad de alcanzar objetivos políticos desde esa conciencia. Una conciencia falsa sobre derechos humanos, por ejemplo, permite aseverar que se los respeta aunque su violación resulte palmaria. Se puede aceptar que la violación exista pero, en un mismo movimiento, se la racionaliza (explica). Así, también una expresión artística generada por experiencias de contraste, y en este sentido contestataria, puede ser incorporada al sistema (bloque hegemónico) de modo tal que contribuya a su reproducción.

5.- Las disfunciones institucionales y los desafíos sistémicos, inevitables en sociedades con principios de dominación estructurales, precipitan experiencias de contraste en las poblaciones e individuos, experiencias que pueden o no desplegarse, directa o mediadamente, como acciones políticas o práxicas. Se entiende aquí por praxis acciones humanas con autoconstitución de sujeto. ‘Sujeto’ supone un actor que recaracteriza escenarios socio-políticos o los crea nuevos de un modo tal que se confiere a sí mismo una identidad. En términos artísticos un nuevo tipo de canción o lírica o pintura puede resultar contestataria y práxica o solo contestaria. Su efecto no depende exclusivamente del grupo musical, del poeta o del pintor, sino de su recepción socio-política cultural. Es decir, de quienes las interpretan desde subjetividades o inerciales o efectivas. Si tomamos, por ejemplo, una canción, de Molotov, Gimme the power, pero se la inserta en circuitos mercantiles o en redes sociales, ambos, por diversas razones, políticamente inorgánicos, no pasa nada o, peor, se está más satisfecho con el sistema, en este caso mexicano y latinoamericano, porque al parecer consiente que la canción se cante, escuche y se coree públicamente. Algo semejante puede decirse de una canción que cuestionaba las identificaciones sociales fijas e inerciales, I Am the Walrus (Lennon-McCartney) y de la cual Lennon (su autor) pensó siempre la letra era enteramente arbitraria y carecía de todo sentido. Los seres humanos no pueden producir algo enteramente arbitrario siempre expresan algo que les sucede, pero la canción se insertó en el éxito comercial de los Beatles y por ello no aportó directamente a los movimientos de “todos somos diversos” que se entienden a sí mismos como políticos.


6.- Las sociedades con principios de dominación sistémicos (todas las que conocemos lo han sido) generan, hemos afirmado, experiencias de contraste. Si ellas logran trascender hacia otros, o sea comunicarse, dejan de ser personales y subjetivas y pueden transformarse en subjetivo-políticas y proponerse transformaciones objetivas. Decíamos que el filosofar que después será reconocido como occidental surge desde experiencias de contraste y en comunidades de pensamiento pero que también se ordena tempranamente hacia una mirada que produce un discurso (teoría) que ofrece razones sobre el mundo de la existencia pero no procura transformarlo, sino que más bien razona para que se lo acepte. Desde este punto de vista el filosofar puede devenir, o ser interpretado, como Filosofía o sea como una región de la alta cultura de toda sociedad. Desde este punto de vista se la independiza de la sociedad que la produce e incluso puede surgir desde experiencias de contraste que prescinden de su raíz social. Tal cosa, como hemos discutido, no ocurre con Anselmo y Tomás de Aquino. Su pensamiento filosófico, en lo que respecta a Dios, posee raíces sociales subjetivas, ejemplificadas con el insensato, o con las pruebas determinadas por el orden del mundo y su experiencia humana en Tomás de Aquino. Lo que se resiente en ellos es el carácter ‘natural’ que atribuyen o al individuo o a su mundo de la experiencia.

6.1.- Conviene recordar aquí que hemos caracterizado al filosofar (quehacer filosófico) como derivado de experiencias de contraste que incluyen también un cuestionamiento del sí mismo que hace parte de su necesaria oferta de comunicación. En este sentido el filosofar se presenta como radical y político y a la vez necesario, con esas características, en toda sociedad con principios sistémicos de dominación. La Filosofía puede presentar ambiguamente o no presentar del todo esa radical politicidad. En todo caso, ello dependerá de quienes las interpreten.

7.- En las sociedades contemporáneas se asiste a un decaimiento de la Filosofía (o a su reducción a especialidades donde no está puesta en cuestión la mismidad de quien filosofa) y, en el mismo proceso, a lo que puede asumirse como un bloqueamiento/reinserción de las experiencias de contraste lo que implica su debilitamiénto anulación. En este último proceso complejo concurren el carácter universal de la forma mercancía (todo ha de ser comprado y todo puede ser vendido), una sensibilidad/cultura del espectáculo (si se ha pagado material o simbólicamente el tiquete se puede ser espectador de cualquier evento, sin responsabilidad alguna por lo que allí se presente) y una subdinámica mercantil: compre, use, bote, vuelva a comprar… que se inscriben en una dinámica mundial de desagregaciones en relación con un único mundo posible en el sentido de que alternativas a él están prohibidas objetiva y subjetivamente. Mala época para el filosofar. Por ello mismo, excelente momento para su recomposición.
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