1.- Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.)  ) se pronunció, en su momento, respecto a la distancia entre el orden jerárquico de los entes, que se seguía de su naturaleza, y el orden humano que resulta establecido inicialmente por los sentidos y su ligamen con el mundo de la existencia. El argumento de Anselmo de Aosta era, a la vez, ontológico y existencial: de un esfuerzo del espíritu animado por su fe religiosa, el caballo blanco en la alegoría del carruaje de Platón, se seguía la existencia efectiva del Dios cristiano (o de aquello sobre lo cual nada mayor puede pensarse). Así, la creatura trascendental (el ser humano con fe y destino religioso) podía alcanzar a Dios desde sí mismo. De alguna manera, lo fundamentaba. Sin embargo, Anselmo incurría en una inversión: lo creado gestaba al Creador. Daba así un golpe contra la jerarquía entre naturalezas que podía ser traducido incluso como atentado contra Dios.  El camino apropiado, de acuerdo a Aristóteles, que parte de la naturaleza sensorial y finita del conocimiento humano para remontarse y encontrar su Principio, será propuesto por Tomás de Aquino (1225-26-1273). En realidad se trata de varios senderos con una lógica común: desde lo intrascendente aunque verdadero con vocación de trascendencia hasta el Sentido Trascendental. Ni la razón ni la existencia pueden fundamentar lo que pertenece a la fe religiosa porque de hacerlo esta última se tornaría innecesaria. Sin embargo la razón puede auxiliar a la fe porque sus componentes para alcanzar la verdad le han sido dados al ser humano, como todo, por Dios.


2.- Tomás de Aquino puede distinguir entre una verdad determinada por la fe religiosa, que está decidida por una voluntad (la del creyente: pensar con asentimiento) y una verdad que se sigue del discernimiento o investigación intelectual ligada por el encuentro por la mente y en la mente con las formas (ideas) inteligibles de las cosas mismas. Estas últimas son abstraídas de su recepción por la sensibilidad. Esta última genera fantasmas o copias singulares. El entendimiento produce su universalidad, los conceptos. Y éstos pueden ligarse mediante razonamientos. Siguiendo en lo básico estos patrones Tomás de Aquino presenta cinco pruebas de la existencia de Dios: una cosmológica (todo lo que se mueve es movido por algo; el principio de este movimiento es Dios: primer motor); una segunda causal (Dios es primera causa eficiente: el primero que hace transitar una potencia de ser al acto de ser); la tercera prueba propuesta es el vínculo entre entes necesarios y posibles. Los últimos requieren de los primeros. Dios está en el inicio de los seres necesarios porque Él es por sí mismo; un cuarto argumento se vincula con gradaciones: los entes presentan distintas calidades de ser. La más completa produce a las menos completas. Si existen seres, bondad y perfecciones, existe Dios que concentra Ser/Existir, Bondad y carece de gradaciones; la quinta propuesta racional de la existencia de Dios es teleológica: todas las cosas existentes, tengan o no inteligencia, se orientan hacia un fin. Este fin les ha sido dispuesto por Dios: este es el Ser Inteligente y Sumo Bien que dispone y orienta todos los fines. Para Tomás, un orden natural perfecto contiene la defección o privación del Bien, y esto constituye complejamente el mal. En cuanto al pecado, que opera en el mundo de la gracia y la inteligencia humanas, él proviene de actuar una persona sin consideración de la ley natural divina. La voluntad, que es libre, elige/actúa sin considerar el orden de Dios. El pecado resulta de sobrepasar la libertad/voluntad humanas la disposición divina. Morir en pecado mortal supone un castigo físico, intelectual y moral eternos. Es la figura del infierno.


3.- De acuerdo a la propuesta de Anselmo, el insensato como individuo no pertenece a la especie humana. En Tomás de Aquino el orden de lo creado sigue la voluntad trascendental de Dios: tanto el mundo de la naturaleza como el mundo de la gracia (de los seres con espiritualidad y razón) el mundo se sigue del orden de Dios y hasta el desorden o corrupción resulta funcional a su telos. Solo en el mundo espiritual y racional del ser humano la voluntad que no sigue la regla de Dios es castigada infinitamente. No seguir la regla, sin embargo, supone, tenerla presente. Se hacen aquí presentes los elementos de un orden político natural y autoritario (aunque el poder surja de las gentes o pueblos) trascendental que conduce o al caos o al Infierno. La idea de Bien Común puede tomar así un sesgo amenazante porque supone almas cuya finalidad natural es la salvación. El insensato de Anselmo es también ahora un desnaturalizado, pero también un pecador, un hereje o un infiel.

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