1.- Uno de los más aludidos textos del mundo filosófico es la alegoría de la caverna instalada por Platón en el inicio del Libro Séptimo de su obra La República. El autor la narra en el marco más amplio de una educación que habría de caracterizar (mediante una disciplina o ansia de escuchar e investigar, orientados a la autoproducción) el alma de quienes debían gobernar, unos pocos entre muchos, porque se han dotado para ello. Su provisión les permitiría destacarse como individuos de buen linaje, en todo distintos a los bastardos (LR 536 b). La alegoría contiene elementos metafísicos (Bien y Justicia serían las formas fundantes de lo que se da o existe) y gnoseológicos (una crítica de la existencia cotidiana centrada en el mundo falso, por aparente, de las experiencias sensoriales bajo condiciones materiales asociadas con una esclavitud). Menos mencionado es que el acceso a lo que es Fundamento (Luz efectiva, Bien, Justicia) tiene carácter místico, con sus alcances religiosos. Quien ha discernido/asumido el Fundamento, porque ha ascendido hasta él (su razón lo ha experimentado) no logra comunicárselo a quienes siguen atados a sus sillas, sin poder moverse, prisioneros de sus cuerpos (que son uno con sus asientos) creyendo que lo que ven y escuchan (mundo de las apariencias o sombras) constituye el mundo real. Tanto le resulta no factible a este individuo comunicarse (decir el Ser y la Verdad) que los encadenados a sus sillas/cuerpos podrían desear matar el alma de quien ascendió hasta lo inteligible e intenta sacarlos del engaño de sus sensoriedades y acercarlos a la realidad efectiva.

2.- Tal vez se repare que, en esta línea de pensamiento, el filósofo-rey no podría gobernar porque aunque en él habitan o se agitan el Ser, la disciplina que permite Conocer y la Justicia (obrar el Bien), no logra comunicarlos o transferirlos a quienes no hacen el camino que él transitó. Pero esta manera de pensar resulta falsa. Quien ha sido esclarecido por el Bien sabe asimismo lo que no expresa a ese Bien. Dicho directamente, sabe también el Mal y cómo alejarse de él. Por lo tanto, sabe lo que conviene y corresponde a cada cual. Al varón y a la mujer. Al libre y al esclavo. Al ciudadano y al extranjero. Al amigo y al enemigo. El filósofo-rey, un místico, carece de experiencias de contraste porque se ha puesto en situación de acertar siempre, aunque los ‘bastardos’, o sea los humanos de naturaleza degenerada, no lo comprendan. Se trata de parámetros místicos.  Así la religiosa alegoría de Platón enseña abiertamente su carácter político.

3.- En libro reciente (La República de Platón, Fondo de Cultura Económica, España, 2013), Alain Badiou [n.1937] ha parafraseado esta alegoría de la caverna, instalándola en la sociedad moderna (europea). Su intento no resulta en exceso atinado. Los cautivos, al igual que en Platón, se relacionan con objetos mediados por las tecnologías modernas. Resultan, como en la alegoría original, prisioneros de las sombras y de sus reflejos. Pero, a diferencia de lo que ocurre en el relato de Platón, ninguno de ellos puede experimentar experiencias de contraste y, por ello, nadie se siente tentado a realizar la ascensión hasta una Verdad y Bien. Pero, también, internalizan de tal manera las aparentes sombras que se experimentan como sujetos libres. Así, participan de su mundo opinando en redes sociales, yendo al mercado y comprando según su parecer, consumiendo parajes y sitios exóticos, votando en elecciones. Ninguno de estos ‘sujetos libres’ se experimenta bastardo. Un bastardo no invade Irak y enciende una hoguera en Medio Oriente, no bebe Coca Cola, la chispa de la vida, ligada con hamburguesas, o celebra extasiado o lamenta dolido la victoria o la derrota de su atleta (el que lo representa) en los Juegos Olímpicos. Ninguno de estos sujetos está amarrado a sus asientos. Es libre para erguirse y comprar un tiquete a cualquier sitio del mundo. Si estima que su butaca no sirve a su libertad puede destruirla o dejarla y comprar otra o instalarse en una hamaca, también comprada. Nadie experimenta la tentación de investigar por El Sentido y este cierre hace parte de su espíritu o alma. A diferencia de los prisioneros de la caverna de Platón, aquí los ciudadanos experimentan obedecer solo a sus deseos libres. La caverna de Platón apuntaba hacia una salida autoritaria: el rey filósofo o el Sabio de la Antigüedad. El Papa medieval. En la nueva caverna la atadura es la propia alma o espíritu universal. Por ello el remate de Badiou resulta enteramente inapropiado: “…me obstinaré en preguntar dónde está la salida de este mundo oscuro, dónde está el verdadero día”. Por decirlo con una paradoja: la salida ha residido siempre en el alma de los bastardos. Platón lo rechaza. El filósofo Badiou, con pasado marxista, lo ignora. Por eso sigue buscando en lugar de organizarse y organizar.

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El texto de Alain Badiou fue recogido de fue recogido de http://www.lanacion.com.ar/1599921-badiou-reescribe-a-platon

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