En Universidad, N° 1729,

agosto del 2007. 


   Como debiera saberse, y practicarse, en los regímenes de gobierno democrático no se da políticamente entre ciudadanos la pareja amigo-enemigo, sino la relación aliados/opositores. Aliados y opositores constituyen frentes relativamente fluidos y su vínculo toma las formas del debate, el diálogo y la negociación. Peculiarmente, la ‘cultura’ política de Costa Rica, determinada por argollas con talante neoligárquico y personalidades públicas y privadas altaneras y mediocres (lo que potencia su  carácter clientelar), no tolera debates, diálogos y negociaciones sino que polariza a los bandos en impenetrables “buenos” y “malos”. Ello ha bloqueado la discusión del TLC distorsionándola en vocerío de reiterados lugares comunes en la que las excepciones lo son en parte por vergüenza ajena.

   Muestra excepcional, risible si se relegan sus alcances trágicos, del universo anterior, es un artículo del señor Fraser Pirie quien identifica la lucha política del Solidarnosc polaco en la década de los ochenta del siglo pasado con las organizaciones solidaristas y el Solidarismo costarricenses (LN: 11/08/07). En realidad, se asemejan tanto como quien esto escribe a Angelina Jolie. La federación sindical polaca “Solidaridad” fue un aparato político antisistema que, con métodos de lucha variados (incluyendo los no parlamentarios) y respaldo internacional, logró transferencias de poder que posibilitaron allá la transformación revolucionaria, popular y democrático-formal de un régimen comunista. Su entonces dirigente, Lech Walesa, sería aquí tildado “caracol” por los hermanos Arias y secretarias ejecutivas, La Nación S.A. lo resentiría como “agente de Castro y Chávez”, los libertarios lo despreciarían como “gato trasnochado” y algún profesor de Derecho, de apellido Arroyo, pediría juicio, garrote y cárcel cósmica para él. Y como Lech resultó peligroso, probablemente los circuitos judiciales concederían eso y más. La Costa Rica de hoy carece del jaruzelski que acepte (aunque sea a disgusto) dialogar y negociar con la oposición no un instrumento de ‘libre comercio’, sino un cambio de régimen. ¡Y el jaruzelski de allá era General, comunista y encabezaba un régimen o autoritario o totalitario, según Occidente! ¡Y la oposición, declaradamente revolucionaria! Vaya penuria la tica. Ni Bush.

   Lleva razón, en cambio, el señor Pirie, cuando afirma que la ignorancia es enemiga (no opositora) de los ciudadanos y de la ciudadanía. Su texto, en el que agrega muy desinformadamente que “los sindicalistas piensan siempre de manera ideológica, no racional” (una dama de este país los llamó ‘terroristas pasivos’) y que su obsesión radica en ver empresas destruidas y masivos despidos, es clara muestra de la radical incompatibilidad existente entre la noción jurídica y democrática de “ciudadanía” (informada) y la ignorancia, o el oportunismo que la simula.

   Cómico, si no fuese trágico. Y lo edita, como tanto otro ruido, el medio que se dice defensor de oficio de la ‘civilidad democrática’ oficial de los costarricenses.