Semanario Universidad,
N° 1725, agosto  2007 

 

   En universidades ‘de verdad’, como el Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT), que cuentan en su planilla con investigadores ‘de verdad’, se acaba de descubrir que la exposición constante a un mundo de mercancías (mercado capitalista global tanto por su extensión como por su intensidad, digamos) hace que los seres humanos dejen de comportarse racionalmente y se tornen ‘instintivos’. O sea que los gringos ‘de verdad’, expuestos ya casi dos siglos al mundo como un negocio, son codiciosos y bobos/brutos por naturaleza. Quien encabeza este descubrimiento no es un opositor del TLC con Estados Unidos, como podría creerse, sino el doctor Alex Pentland (MIT) a quien la prensa estadounidense valora como uno de los cien “americanos” ‘de verdad’ que harán cambios importantes (lea “buenos negocios”) en este siglo.

   Pese a este fulgor, sin embargo, quien mejor sintetiza el capital hallazgo es el psicólogo ‘de verdad’ de la Universidad de Yale (también ‘de verdad’). Instintivamente declara: “… la mayor parte de la vida cotidiana de una persona está determinada no por sus intenciones conscientes y sus elecciones deliberadas, sino por procesos mentales puestos en movimiento por el entorno”. O sea, los gringos expuestos al tráfico mercantil tienden a comportarse como animales (según la psicología ‘de verdad’). Para muchos pueblos de América Latina y Asia se trata del descubrimiento del agua tibia. Los cubanos,  privilegiados, lo saben desde Martí. Hasta el impreciso José Rodó lo olfateó en su “Ariel” (1900).

   Que el gringo degradado por las mercancías tienda a comportarse como animal más que como ser racional, significa que es altamente previsible: siempre buscará hacer negocios y lucrar. Si no lo consigue, se irritará y procederá con violencia irracional contra lo que le estorba: Naturaleza y otros  humanos menos mercantiles. La utopía de estos brutos develados por el MIT, Yale y Manolito (el ‘verdadero’) es que aire, petróleo, agua y sentimientos se transen en la Bolsa ‘verdadera’  (la de NY) y que las personas sean medios para ‘buenos negocios’.

   El descubrimiento del agua tibia ha sido saludado por filósofos ‘de verdad’, también del mundo ‘de verdad’, por supuesto. John Gray, de la London School of Economics moraliza: “Acepte que no somos mejores que los demás animales. Se sentirá mejor (…) No habrá un mundo mejor. Habrá éste y se acabará. Libérese de tanta inútil esperanza y de utopías progresistas. Descansará”. Ah, el oráculo estima que la culpa es de los rusos, la Ilustración, los marxistas y del hecho de que los buenos, o sea los animales, no controlan las energías del planeta sitas en Rusia, Irán, Venezuela y Libia.

   Pero hay otra noticia. Si bien los seres humanos expuestos al tráfico mercantil se animalizan, masifican y embrutecen, las ‘cosas’ que compremos (sí, solo las compradas) tendrán cada vez una más fina “inteligencia percepcional” (Pentland dixit). Anteojos y camisas nos ayudarán a hacer negocios. De hecho, los harán por nosotros. Lástima no habían salido al mercado cuando se ‘pactó’ este tan gruñido TLC. O tal vez sí.