1.- El anterior texto preliminar nos permitió acercarnos a los vínculos complejos que pueden establecerse entre el mundo de la existencia y la singularidad individual, o más específicamente, entre sociedad y filosofar o Filosofía. El filosofar lo realizan personas o escuelas de pensamiento que, a su manera, expresan una sociedad. O escuelas de pensamiento en las que sobresalen personalidades. En las Historias de La Filosofía suele indicarse que ésta, la Filosofía tuvo como temple anímico-cultural el asombro, entendido quizás o como admiración o como extrañeza. Se trata en todo caso de un movimiento complejo. Escribe Aristóteles (384 a. C.-322 a. C.) en su Metafísica: “...el que se plantea un problema o se admira, reconoce su ignorancia”. L. I, cap.1). El reconocimiento de una ignorancia hace referencia a una subjetividad producida a la que la experiencia del mundo de la existencia le hace sentir alguna precariedad radical. Requiere saber y no sabe en relación con ese mundo de la vida o alguno de sus aspectos. Podemos llamar a la complejidad de esta situación ‘experiencia de contraste’. La experiencia de contraste puede estar alimentada o animada por sentimientos de naufragio, náusea, perplejidad, extrañeza u otros y combinados. El corolario es que la experiencia de contraste puede demandar saber pero, al hacerlo, incluso desde cierta indignación, su sentido lo entrega una voluntad de cambio. El filosofar asumido desde experiencias de contraste traslada de esta manera el carácter del filosofar desde la posibilidad de una teoría (en su sentido de mirada que aprehende) a su asunción política: en qué calidad produzco yo esta realidad en que consiste (también) el mundo de mi existencia.
2.- Un ejemplo de mirada filosófica que aprehende la da Aristóteles al narrar las jerarquías sociales que advierte en la sociedad y el mundo de su época. Señala en su Política: “… en todo aquello que consta de varios elementos y llega a ser una unidad común, ya de elementos continuos o separados, aparecen siempre el rector y el regido (…) El ser vivo o consta en primer lugar de alma y cuerpo, de las cuales el alma es por naturaleza el elemento rector y el cuerpo el regido (…) es conforme a la naturaleza y conveniente que el cuerpo sea regido por el alma, y la parte afectiva por la inteligencia y la parte dotada de razón, mientras que la igualdad entre estas partes y la relación inversa son perjudiciales para todas. También esto es igualmente válido para el hombre y los demás animales, pues los animales domésticos son mejores por naturaleza que los salvajes, y para todos ellos es mejor vivir sometidos a los hombres, porque así consiguen su seguridad. Asimismo, tratándose de la relación entre macho y hembra, el primero es superior y la segunda inferior por naturaleza, el primero rige y la segunda es regida” (Política, L. I, cap. 5, 1254b). El tema de fondo es aquí el carácter “natural” del esclavo, ya que para Aristóteles en el esclavo domina el cuerpo y no el alma [“participa de la razón en medida suficiente para reconocerla pero sin poseerla”] y por ello, de manera semejante a animales de labranza, los esclavos suministran a los hombres libres (que también lo son por naturaleza) lo necesario para el cuerpo. En esta literatura se advierte que Aristóteles transforma su experiencia de lo que ve en su mundo de existencia (jerarquías, dependencias, esclavitud, trabajo corporal fatigoso, etcétera) en teoría social, política y filosofía. No lo ‘asombran’ ni la esclavitud ni la dominación social. Las considera propias por naturaleza. Inmutables, por ello. No valora lo que ve, y su misma vista (subjetividad) que “ve”, como social, política y culturalmente producidos. Podrían ser, diferentes, transformados. Pero las jerarquías humanas ‘naturales’, no generan en Aristóteles, experiencias de contraste.
3.- Llamamos aquí “filosofar” a una producción que se sigue de experiencias de contraste radicales para una subjetividad o identidad (personal o grupal) ante su mundo de la existencia, experiencias que logran ser comunicadas. Para su actor, la experiencia de contraste rechaza lo que ve/siente y desde su rechazo imagina su negación y el papel identitario que en la gestión de esta negación/producción podrían jugar quienes comparten en todo o en parte el rechazo. La Filosofía, en cambio, resulta de distinciones culturales realizadas por ‘expertos’ en formas de expresión y pensamiento sociales. La distancia central entre un filosofar y La Filosofía es que el primero intenta rechazar/trascender la división social y técnica del trabajo (y su correlato en las subjetividades) mientras la segunda es instalada en ella para fomentar o su reproducción o su cambio no sistémico. La Filosofía hace parte de la ‘alta cultura’ y, con independencia de la voluntad de sus autores, deviene discurso especializado. El filosofar, en cambio, puede ser activado por cualquier persona o grupo, e ignorado por la sociedad en la que se inscribe o rechazado como una actividad impropia.
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F-4003 Seminario Filosofía y sociedad