1.- La pregunta no intenta asimilarse al viejo truco de los antiguos programas radiales o de televisión en que se preguntaba al ingenuo concursante ¿Qué vino primero, el huevo (de gallina) o la gallina? Por supuesto, para una fotografía (plano único, quieto) la respuesta correcta, con la que se esperaba sorprender al participante, era: ninguno de los dos: son factores de un mismo sistema. Entre ellos no existe un antes y un después. O una causa y un efecto. Si se aplica un lentísimo video de la evolución, la respuesta es distinta. El huevo fue antes (en la secuencia) porque el ave que lo pone no es una gallina actual sino un ave antecedente que gestará un huevo con mutaciones genéticas tales que de él surgirá una cría que podrá calificar (clasificarse) como gallina (o gallo) actual. Por supuesto alguien podrá alegar que ni siquiera en el video-secuencia el huevo es primero porque el tiempo expresa un eterno retorno donde todo ha existido siempre. Por ello no existen antes y después o un primero y un segundo. Queda pendiente si eterno retorno y evolución son compatibles o incompatibles.

2.- El filosofar y la filosofía se presentan como producciones humanas y los seres humanos se expresan como entes sociales que pueden, desde determinaciones sociales, individualizarse. Existencia social e individuación (que posee asimismo algunos caracteres biológicos) constituyen dos aspectos del existir humano. No existen individuos humanos sin una determinada matriz social y sin comunicación cultural ni tampoco existen sociedades humanas sin individuos (o donde se anule enteramente la individualidad). Las comunidades se entienden como formas particulares de sociedades y de comunicación. Para Occidente, las agrupaciones griegas en las que se reconoce se originaron y comenzaron el filosofar y la filosofía (Jonia, Elea, Atenas) tuvieron distintos sectores humanos que quizás configuraron comunidades: esclavos, metecos (extranjeros avecindados) y ciudadanos atenienses por ejemplo. Los ciudadanos eran todos varones. En su mejor momento demográfico (ss. V y IV a.C), Atenas pudo tener unos 300.000 habitantes. Los ciudadanos que participaban en política no llegaban a 8.000. En su diálogo Fedro, Platón (427-347 a.C.) determina el alma como una fuerza natural que anima y al mismo tiempo organiza: “… es semejante el alma a cierta fuerza natural que mantiene unidos un carro y su auriga” (245 c). O sea, mueve con orden y en relación con cierta finalidad. Ahora, esta fuerza natural en que el alma consiste puede manifestarse como inquietud racional, como expresión de energía heroica o como concupiscencia (violencia de los deseos particulares) [La República, L. IX, 580 e]. Los tres tipos de almas tienen correlatos en la existencia social: en ella se dan filósofos racionales y virtuosos, militares fibrosos y comerciantes obsesionados por sus negocios. Para que una polis se sostenga su sentido ha de estar dado por el alma filosófica organizada tanto por la razón como por el deseo de justicia. Lo que aquí interesa es que Platón, ateniense, es heredero de la derrota de Atenas en la Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.). Esta guerra destruyó la hegemonía de Atenas en el mundo griego y abrió la existencia ateniense a otra sensibilidad hacia los conflictos armados. No interesa aquí cuánto influyó la situación específica de Atenas en el pensamiento de Platón, sino la afirmación más básica de que su pensamiento posee una inevitable matriz social. No se puede hacer entera justicia el pensamiento de Platón sin entender lo que en él hay de existencia ateniense. Su particular, y al mismo tiempo comunitario, mundo de la vida.

3.- Lo anterior no puede ser leído como que la Guerra del Peloponeso y la decadencia ateniense constituyen la causa del pensamiento de Platón. Si así hubiera sido, se habrían dado tantos platones como ciudadanos libres hubiesen tratado a Sócrates. E incluso se habrían producido entre quienes no lo hubieran conocido. El complejo mundo de la vida tiene una contraparte biográfica, que es también un proceso, caracterizado por la singularidad personal. Solo se tiene y recuerda a un Platón, no importa cuántos se le hayan parecido. Nos acercamos así al título de este comentario. ¿Mundo de la vida y existencia personal? o ¿Existencia personal y mundo de la vida? Ambos constituyen factores de existencia humana. Ninguno posee la capacidad de fundirse enteramente en el otro o de ser absolutamente negado. Ambos con sus caracteres se presentan tanto en el filosofar como en La Filosofía.
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F-4003 Seminario Filosofía y sociedad