1.- La más reciente celebración oficial del día de la patrona de Costa Rica, la Virgen de los Ángeles, en agosto del 2016, permite ejemplificar algunas de las distancias y vínculos entre lo político y la política establecidos en el texto anterior. Algo de cómo transcurrió esa festividad se recoge de La Nación (03/07/2016), el principal medio escrito de prensa del país. El periódico dedica una página completa al tema. La titula “Iglesia critica a Gobierno por impulso a las uniones gais”. Encabeza la página con una foto a todo lo ancho del obispo que leyó la declaración de la jerarquía católica. La crítica a las uniones de lesbianas y homosexuales masculinos se reseña así: “Continúan desde varios frentes los ataques contra el matrimonio y la familia: la promoción de una educación sexual basada en una concepción mecánica y hedonista de la sexualidad y la proposición de nuevos modelos de unión entre parejas presentados como iguales o hasta mejores que la institución tradicional del matrimonio cristiano, como alternativas igualmente válidas para la maduración y felicidad para las mismas parejas”.

2.- El obispo católico apuntaba a uno de los núcleos básicos de la sociabilidad costarricense: sus patrones sexuales bajo la institucionalidad de la familia. Existe para la doctrina católica solo un tipo de familia: su esquema es el de la familia nuclear, heterosexual, inscrita en la institución del matrimonio, orientada a la paternidad (castidad genital) y posteriormente a la responsabilidad de la crianza de los hijos. Quienes de alguna manera no aceptan este tipo de familia, y sus lógicas,“no son hijos de María”. Obviamente la pareja homosexual, lesbiana o masculina, no llena el esquema católico, como tampoco lo llenan las parejas que utilizan preservativos para evitar hijos. Sin embargo lo que se discute, desde el ángulo homosexual y lesbiano, no es el concepto de familia o de matrimonio, sino el reconocimiento civil (ciudadano) pleno de ligámenes de parejas de un tipo distinto al del patrón católico. Uno de los dirigentes del movimiento gay-lésbico explica que ni siquiera intentan ‘ofender’ el posicionamiento católico: “No hay que confundir el matrimonio civil con el matrimonio eclesiástico, nosotros de ninguna manera los confundimos, ellos son los que los confunden. La Iglesia puede continuar con su política de negarse a casar a parejas del mismo sexo, eso no perjudica a nadie, pero nosotros, en el Movimiento Diversidad creemos que aceptar el matrimonio civil de las parejas del mismo sexo no afecta los derechos de nadie ni contra la religión de nadie y es un derecho que ya está reconocido”. El reconocimiento a que hace referencia este dirigente, proviene de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (OEA). Esta Corte reconoce como ‘familia’ a distintos tipos de convivencia civil, pero no se pronuncia sobre su bondad o maldad. Negar este reconocimiento violaría derechos humanos puesto que ningún ciudadano puede ser obligado a aceptar la doctrina católica sobre la familia. Y la acción homosexual no constituye delito en Costa Rica.

3.- El conflicto inserto en lo político costarricense se torna patente cuando se alega, por parte de grupos cristianos, que el reconocimiento de la familia homosexual ‘destruiría a Costa Rica’ o, en las palabras del obispo, quienes apoyan a este tipo de familia y matrimonio o lo materializan ‘no son hijos de María’, es decir no se insertan plena ni apropiadamente en la comunidad (de fe) costarricense. El punto, lo sepan o no quienes participan del debate (la mayoría o lo sabe o al menos lo sospecha), versa sobre el carácter legítimo o ilegítimo de la sociabilidad costarricense y resulta, por ello, factor de lo político. Quien quiera advertir su incidencia en la existencia cotidiana puede revisar las intervenciones de los lectores de la publicación en su versión electrónica.

4.- Conviene recordar que el día de conmemoración de la Virgen de los Ángeles tiene para los costarricenses un carácter religioso. Pero una determinación de la Conferencia Episcopal hace que un obispo delegado lo transforme en un escenario de la política, donde se enfrentan no solo cosmovisiones, doctrinas y personalidades, sino capacidades para decidir políticas públicas y reforzar o disminuir determinadas características del ethos social. El asunto muestra aspectos complejos de conflictividad porque no todos las iglesias y sectores cristianos manifiestan fervor por el culto mariano (aunque la mayoría rechaza el reconocimiento civil de la homosexualidad) y porque en el mismo acto en que se celebra a la Virgen el otro orador central es el Presidente del país quien, en esta ocasión y según la nota de prensa, se centró en la solidaridad hacia los emigrantes no-deseados que llegan a Costa Rica aunque su destino final sea EUA. La interpelación del obispo hacia el gobernante es clara: “Al lado de esfuerzos laudables de nuestros gobernantes por elevar la conciencia del pueblo respecto a la dignidad de la persona humana y su igualdad de derechos y deberes, se promueven al mismo tiempo proyectos de ley y prácticas abortivas contrarias a la vida humana”. Los ‘proyectos de ley’ incluyen plenos derechos civiles para homosexuales masculinos y lesbianas.

5.- El representante de la Conferencia episcopal utiliza el escenario político que él mismo ha determinado para reforzar las creencias de los ciudadanos, no solo de los fieles católicos. Y lo hace poniendo en jaque al Gobierno representado en ese escenario por el Presidente. Las creencias de los ciudadanos hacen parte de la existencia cotidiana de la población. Lo mismo que su apego o desapego por las políticas públicas. Así puede cerrarse y entenderse, con este ejemplo local, tanto la diferencia entre lo político y la política como sus vínculos.
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Seminario de Filosofía Política F-7004