1.- El concepto de “política” puede remitir a varios campos, algunos de ellos ligados: a) la teoría del Estado; b) doctrinas sobre la moral (comportamiento humano) y el derecho; c) el arte de gobernar, y d) el estudio de los comportamientos interpersonales que, modernamente, recibe el nombre de sociología. Salta a la vista que los comportamientos interpersonales no son escindibles de la legislación (que los apodera, prohíbe o ignora), que estos procederes se siguen de costumbres (mos, mores, instituciones) y las escenifican y que la conservación o cambio de estas costumbres se vincula con políticas públicas (Estado/gobierno, polis, politikós) que a su vez pueden o no inscribirse, parcialmente o del todo, en el campo de las relaciones internacionales. Por ello puede distinguirse entre una teoría (en el sentido de mirar) de uno o varios de los espacios inscritos en el ámbito político o una comprensión de lo político y de la política como lugares en los cuales se juegan inevitablemente todas las identificaciones e identidades socio-culturales, identificaciones e identidades inevitables en la experiencia humana. Ya Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.) advirtió que un individuo ‘insocial’ por naturaleza es o menos que un ser humano o resulta un ser sobrenatural (Política, 1253 a).
2.- La inevitabilidad de lo político se deriva del carácter social de la especie y de su dotación (capacidad y carencialidad) biológica. Los seres humanos requieren vincularse sexualmente para producir nuevos seres humanos, requieren insertar a sus crías en sus patrones de existencia y requieren, también y al menos, compartir o repartirse tareas para llenar necesidades como comer y vestirse. Trabajo y reproducción (biológica o de la especie) y socialización cultural requieren de un orden. Este orden (polis o sociedad) contiene, al mismo tiempo, violencia, ya bajo las formas tanto de su orden, siempre limitante, o de un desorden potencial o efectivo. Aristóteles, por ejemplo, escribe sobre tres formas de poder: el paternal, ejercido por el padre, el despótico, ejercido por el amo, y el político, ejercido por el gobernante. En cada caso, el ejercicio del poder resulta unilateral, pero a juicio de Aristóteles se benefician con esta práctica de mando y sumisión los hijos, los esclavos y los ciudadanos porque en cada situación los hijos resultan ‘naturalmente’ menos capaces que el padre, los esclavos menos que el amo y los ciudadanos menos que el gobernante. Los ‘órdenes’ humanos, quizás con alguna excepción inicial, contienen todos ellos limitaciones sociales y con ellas coacciones que admiten ser traducidas como violencias. Las condiciones de la reproducción o cambio del orden/violencia establecidos constituyen el plano de lo político en la especie. Los escenarios establecidos por los actores de la reproducción o cambio de este orden/violencia en relación con los poderes establecidos determinan diferentemente el plano de la política. En las sociedades modernas este último campo tiene como referente axial al Estado, su carácter y la continuidad, no necesariamente mecánica, de este carácter en el sentido de sus políticas públicas. Un rasgo de este Estado es su permanencia asegurada por una legislación y, en último término, por el monopolio de la violencia armada legítima (aunque devenga ilegal) en su territorio. La filosofía política puede centrar su reflexión o en el ámbito básico de las identidades e identificaciones sociales derivadas del trabajo, la sexualidad y la crianza expresadas en la existencia cotidiana o en el ámbito de los escenarios de la política, donde se expresan, por ejemplo, partidos e ideologías y grupos de presión. Ninguno de estos espacios ha de ser entendido como estanco y, en el siglo XXI, no resulta adecuado ignorar las formas-contenidos de los vínculos establecidos por la internacionalización y transnacionalización de la existencia (mundialización).
3.- Lo político remite al ordenamiento/violencia inherente a la economía, la sexualidad y sus institucionalizaciones vía la comunicación cultural. Se expresa como ‘naturalidad’ de la existencia cotidiana. Esta ‘naturalidad’ se sigue de la interiorización, en cada quien y en sectores sociales, que puede ser mayor o menor, del statu quo. Las instituciones básicas de lo político son las familias, la organización económico-social-cultural y su campo de expresión (desagregación, agregación, incompatibilidad, afinidad, etcétera) es la existencia cotidiana. Lo político determina identificaciones como las de mujer, hombre, anciano, joven, rural, citadino, nacional y extranjero, espacio público y privado y sus lógicas de interacción institucionalizadas. En las sociedades modernas lo político es sancionado por la legislación. En otras sociedades, lo político se sigue de la costumbre o de mandatos sobrenaturales. Puede darse una articulación conflictiva entre mandato sobrenatural y legislación. Ocurre con alguna frecuencia en la situación de las sociedades latinoamericanas.
4.- La política en las sociedades modernas tiene como eje el Estado y su correlato humano, la ciudadanía. Los ciudadanos pueden militar en partidos o ser partes de grupos de presión (por citar dos personificaciones). Como tales actúan en escenarios políticos previamente institucionalizados (elecciones presidenciales, por ejemplo) o constituidos mediante la accion de los actores, como puede ocurrir con las marchas que se “toman” las calles o con el sitio/acoso a una determinada dependencia estatal, el Parlamento, por ejemplo. En el imaginario moderno la política aparece escindida de lo político mediante el imaginario que distancia y paraleliza lo privado de lo público.
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Seminario de Filosofía Política F-7004