En Universidad,  N° 1743

enero 2008 

 

   A mediados de agosto del año recién pasado el Ministro de Seguridad, señor Fernando Berrocal, sentenció que la inseguridad “había dejado de ser el primer problema de la sociedad costarricense”. Era su triunfo en 18 meses. El problema pasaba a ser el de ministros de Gobierno que leían una impresión de la gente (levantada por la muy polémica Unimer) como si esa percepción correspondiera a la realidad. En agosto, Unimer y el Ministro estaban en campaña para que se votara Sí en el referéndum.

 

   Seis meses después de la euforia de Berrocal (“…efectiva seguridad ciudadana y en control de las calles, parques y espacios públicos, sin drogas, en democracia, con libertad, respetando el principio de autoridad y el Estado de derecho”, escribía, agregando excesos de agua a su molino) el Gobierno convoca a una reunión de “alto nivel” para tratar el problema “real” de la inseguridad y no la impresión que de ella vendió Unimer. El Ministro, una de las joyas de la “ariastocracia”, permanece intocado. El Presidente afirma: “Continúa el hampa haciendo lo que le da la gana a vista y paciencia de todo el mundo, de sociedad y Gobierno”. El Ministro, sin embargo, atornillado en el cargo.

 

   La catástrofe de la seguridad básica (vida, propiedad)  se sigue de muchos factores. Un país con imaginario de “dinero fácil” no genera empleo de calidad ni suficiente, no hay fondos para el OIJ y la Fiscalía General, se ufana, seco, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, educación ciudadana y cultura correspondiente se condensan en El Chinamo navideño, quienes venden información propagandizan crimen e impunidad porque es negocio o da rating, que es lo mismo, el liceo público acongoja, el crimen organizado alquila y ejecuta, jerarcas policiales no argollados son corridos, la policía, rala, carece de capacitación, mística, tradición y medios, la corrupción en instituciones públicas y privadas solo la ignoran obispos y altos políticos. Las leyes fueron mal hechas y el poder judicial no hace agua porque ya está hundido sin que nadie se haga responsable. Las cárceles no dan abasto (además no resuelven el desafío). Hace mucho que el país dejó de pertenecer a la gente decente.

 

   No todos quienes tornan insegura vida y propiedad son hampones. Muchos atentados permanentes y en escalada no tipifican como delitos: estilo de conducir,  grosería y violencia en calles y carreteras, estado de aceras, calles y carreteras, cuando existen, cultura del alcohol, intolerancia por las ideas de otros, “estilo” de Gobierno, “periodismo” comercial, iglesias mirándose el ombligo. Y, como clima, el individualismo y la impunidad del que puede o paga. En ellos se miran niños drogadictos, rateros de teja y media, asaltantes, narcos y narquitos, bajoneros, robabancos, violadores, asesinos. Mientras pueden, y pueden mucho rato, son “exitosos”.

 

   Lleva razon el Ministro en no renunciar y Óscar en mantenerlo. El asunto hace rato se les fue de las manos. Empresarios y espontáneos del delito y los agresivos  no-delincuentes impunes han hecho un país a su imagen y semejanza.

 

   Y no habrá quien castigue a los políticos responsables. También hace mucho se instalaron por encima de toda sospecha.