Universidad, N° 2042,

junio 2014.

 

 

   Como del arranque del Gobierno que encabeza el presidente Solís cuesta decir cosa buena, al extremo de que ya existe un movimiento originado en las proximidades de la Basílica de Cartago que propone el retorno de Laura, conviene  reparar en algunos extraños escenarios que se dibujan o reiteran desde páginas de periódicos o en espacios televisivos. El primero, que debió interesar a la DIS (seguro ya atiende el caso pero lo mantiene secreto), es una página de propaganda del conglomerado empresarial del que hace parte La Nación S.A. Se trata de un anuncio a toda la página con un mensaje sibilino: “LA VOZ DE UN PAÍS ES SU NACIÓN.”. Esta “NACIÓN” no es obviamente ‘la Nación’ en la cual reside la soberanía según la Constitución (#2, Título I), sino La Nación S.A. que encabeza un grupo de medios que rema para los intereses particulares de sus propietarios bajo la careta de “periodismo”.

    Tener apetitos privados y presentarlos como nacionales no constituye por fuerza delito. Pero inducir a leer, seguir y compartir los mensajes “periodísticos” de La Nación S.A. asociándola con ‘la Nación’ de los costarricenses pareciera agredir, o tratar de agredir, el artículo 4 de la misma Constitución: "Ninguna persona o reunión de personas puede asumir la representación del pueblo, arrogarse sus derechos, o hacer peticiones a su nombre. La infracción a este artículo será sedición.” Desde aquí propongo a los juristas que en su día agitaron la legalidad de la reelección presidencial para favorecer a Óscar Arias o al ciudadano inquieto por la elección de un obispo luterano como Ministro de la Presidencia, hagan llegar la consulta a la Sala IV: ¿la publicidad de La Nación S.A. es solo treta sofísticada o constituye sedición? Esto porque una parte del soberano constitucional opina que La Nación S.A. miente, según se lee en pintas callejeras. Delegamos la consulta por no tener amigos en los circuitos judiciales.

   El segundo asunto no tiene alcances sediciosos, sino que resulta festivo. El telediario de Canal Siete (Telenoticias) abrió hace ya un rato largo un espacio los días sábados (creo) bajo el nombre de “Atrevámonos a soñar”. Lo anima un señor de edad avanzada (no es descalificador) que, de pie, lee en una pantalla (a la que el televidente no tiene acceso) un mensaje que combina la bondad de un retorno al pasado con la voluntad ciudadana de hacer algo para que Costa Rica vuelva a ser patria y no un mero país (es una de las ideas eje). El  problema no está en el contenido de la arenga, sino en la forma televisiva que lo expresa. Por ejemplo, el orador alude a anteriores proclamas como si el televidente recordara lo que dijo meses antes. Pero, sobre todo, el formato es plano. Se trata de un individuo estático, identificado como Vladimir Carazo, que arroja verbalidades sobre un auditorio indeterminado. Esto durante un minuto o algo así. La capacidad comunicativa del formato, siendo caritativo, es baja. Si tuviera éxito, Coca Cola lo usaría para colocar su “chispa”. A ver si Teletica coopera con don Vladimir, ya que lo puso ahí, con un formato más dinámico. Aunque cueste sumar algunos pesos.

    La arenga del señor Carazo, entre otras ternuras, reclama volver a una Costa Rica más “limpia” e “igualitaria”, pero lo hace desde un telediario que, como otros, inicia todos los días con un segmento de sucesos que se refocila en mostrar y detallar morosamente delitos, acciones policiales o accidentes. Cada suceso es narrado reiteradas veces por oficiales, testigos, el periodista, las imágenes, hasta que finalmente llega al Ministro de Seguridad (o algún otro faraón del régimen) que da detalles de una acción que conoce de oídas. En un operativo policial se gastan cinco minutos, en cada accidente dos o tres, etc. ¿Esta espesa machaca atrae al televidente? ¿Es lo que revelan los estudios de cuota de pantalla y de índice de audiencia? ¿Son los televidentes, además de morbosos, débiles mentales? ¿Es forzoso que los jerarcas acaparen pantalla “informando” de asuntos que competen a oficinas de prensa? Esto incluso por razones de seguridad.

   Extravagancia patente. Si don Vladimir cree en su versito, no mira el telediario en el que habla. Con su minuto cree tocar el cielo. Tal vez por esta ciudadana lejanía no le otorgan mejor formato. Quienes administran el medio quizás prefieran una Costa Rica “sucia” y jerarquizada. Una que lea La Nación S.A.
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