Universidad, N° 2032,

marzo 2014.

 

     Ciertos observadores locales e internacionales advierten algunos rasgos comunes entre la desaparición del avión de Aerolíneas Malayas y todos sus tripulantes y pasajeros y el esfumamiento del candidato Johnny Araya en la campaña para elegir presidente de Costa Rica que culminará este seis de abril.

   Pero críticos más avispados insisten en que no se trata de una epidemia de “desaparecimientos” porque entre el ocultamiento del candidato y el extravío del Boeing existen distancias evidentes. “Johnny no desapareció”, aseguran, “…lo desaparecieron porque era el factor más flojo de la campaña”. Esfumado pero vivito o vivillo, en esto también se dan discrepancias, el hombre se prepara para llegar a Zapote sin querer queriendo. Por el contrario, al avión desaparecido quizás también lo desaparecieron, pero ni sus tripulantes ni los pasajeros están activos en Twitter ni Facebook, ni tampoco se quejan o se proclaman “ofendidos” porque no se les tomó en cuenta una declaratoria de Unidad Nacional, ni hacen declaraciones de que se sentarán en Zapote si los muy lelos ciudadanos les dan mayoría. No, esas gentes viajeras están calladitas o muertas. Y ninguno de estos muertos o mudos se ha aparecido para declararse o líder de la oposición (aunque los diputados vigentes o entrantes no le hagan caso alguno) o para alentar a la parte de su maquinaria que no cobra o cobra menos a conseguir votos para sus pretensiones.

   “Johnny esfumado de la campaña es más fuerte que si está presente”, afirman estos observadores. Ausente y calladito, más bonito. En la difusa memoria de la gente aparece más delgado y simpático y algunas damas hasta lo aprecian soltero o vuelto a divorciar. “Pero, sobre todo”, remarcan, “…separado de la campaña no habla en directo y con ello disimula errores e incompetencias”. Apuntan al jocoso llamamiento a contratarlo del inicio de campaña, llamado que nunca desapareció del discurso del candidato o a su posterior lema: “Hacer es la mejor forma de decir” impropio de un aspirante que ofreció el cuerpo místico de Cristo a los pentecostales, a los obispos católicos una segunda aparición de la Virgen de los Ángeles asegurando que ella  encabezaría las manifestaciones contra la fecundación in vitro y por el exterminio de toda pretensión homosexual de legitimarse como ciudadanos y seres humanos, e incluso reiteró el viejo chiste de construir puentes en poblamientos donde no existen ríos ni grietas y hasta aseguró ¡¡tornaría eficiente al MOPT sin refundarlo!!

   Sin embargo en este punto del populismo hay unos pocos que defienden al “desaparecido”: “Nunca ofreció nada a los trabajadores”, puntualizan. “Ni se acercó a sindicalistas”. “Ni se rozó con huérfanos ni viudas”. “Es cierto que habló con grupos organizados, como los Arias Brothers, pero eso fue por asuntos económicos”.

   Pero aquí esos contados opinantes encuentran también detractores. Según la mayoría de observadores del desaparecido Johnny, el hombre se retiró no por falta de plata o porque ella se hubiera malgastado en la primera etapa como parte del clima de euforia generado por la convicción de un cómodo triunfo “contra la derecha y la izquierda”, sino porque ya no había suficiente financiamiento para hacer buenos negocios privados (para pocos, elegidos y cercanos) con la deuda política que pagan todos los ciudadanos. Del ahogado, el sombrero. Puesto a la sombra el candidato, en el lado oscuro de la fuerza, la responsabilidad por la maquinaria electoral recae en las bases honestas e ingenuas movilizadas por el recuerdo de Pepe Figueres. El buen negocio, que para algunos nunca falta, se deja para la próxima. Y nadie ha escrito en piedra que una papeleta sin cabeza aparente no triunfe.

   De modo que las observaciones y debates se prolongan sin fin, como la lucha del mencionado José Figueres Ferrer. Que de tanto revolcarse en su tumba cualquier día se aparece arreando palos y azotes a quienes mercadean con su memoria.
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