Indice de artículos

Taller Regional interno,

Ayuda Popular Noruega,

Quito, enero 2014.

 

Quien domine el mar domina el comercio mundial;

quien domine el comercio mundial domina el mundo.

    Alfred Thayer Mahan (1840-1914)

 

Quien logre la supremacía aérea obtendrá el poder global.

   Alexander Seversky (1894-1914)

 

    

Lo que determina el carácter de la información (acceso, sentido),

determinará el mundo y sus gentes.

   Grafito en un muro de Quito 

                                                                          

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   Introducción

   Las referencias iniciales, de Mahan, Seversky y la anónima (que podría remitir a cualquiera que quisiese pensar hoy el asunto) tienen un propósito y también se sigue de ellas un corolario. Tanto Mahan como Seversky remiten a un aparato técnico o tecnológico (una armada, una flota aérea) que da la base material a una capacidad que se ejerce como función de otro poder deseable y conseguible: el económico-comercial. Por esto último puede entenderse la propiedad/posesión en sentido amplio y también los flujos de capital y dinero. Las gentes, pueblos, poblamientos, personas, territorios, están contenidas en esas dos dimensiones. Aunque el concepto de geopolítica es de construcción reciente (inicios del siglo XX), la aspiración a un poder mundial, que es al mismo tiempo una sensibilidad o cultura,  ya está presente, por ejemplo, en Sobre (para) la paz perpetua (1795), un escrito de Kant que suele relacionarse con su lectura de Rousseau. Para Kant, el comercio planetario y cultural y jurídicamente sancionado es algo enteramente distinto a la guerra. Negarlo, precisamente, provoca la violencia. La cuestión geopolítica, entonces, se gesta en el marco del imaginario mercantil/capitalista moderno.

   La última referencia, en cambio, que pasa de “quien” (un sujeto o actor) a “lo que” remite a relaciones. Existe un “algo” (que no es universalmente) humano que penetra y determina todas las relaciones socio-humanas y, con ello, genera un poder tanto objetivo como subjetivo. ‘Subjetivo’ quiere decir que las poblaciones lo han interiorizado como parte de sus identificaciones existenciales. No se trata, por tanto de una legalidad o una armada o una flota aérea externa a los individuos, sino que ese algo es (o está) en los individuos mismos. Ese ‘algo’ es la lógica de acumulación de capital. Su instrumento es la universalización de la forma-mercancía. Los epígrafes sostienen que esto último es lo actual: el poder mundial se sigue de la universalidad de la forma-mercancía y de la interiorización (como identificación) de ella por las poblaciones. Conceptualmente, no existe sujeto (si por esto se entiende un actor humano relativamente autodeterminado), sino una relación material que bloquea o destruye ‘espiritualmente’ toda posibilidad de sujetos humanos. Sobre esto versaría hoy la geopolítica. Una buena seña de ello son los drones (aeronaves sin tripulación). Pero estoy seguro ustedes encontrarán en su existencia diaria múltiples señas de lo que aquí se afirma. Resistirse de cualquiera manera a la forma dominante (imperio) del tráfico mercantil convoca la guerra.

   El corolario obvio es que de la observación sobre el actual giro/desplazamiento geopolítico se sigue que el interés de esta exposición se centra en la “espiritualidad” (poco o nada tiene que ver este concepto aquí con lo religioso o clerical) o subjetividad de los dominios (imperios) y sujeciones, su constitución y reproducción, en el mundo (orden/desorden) actualmente vigente.

   1.- Básicamente, la geopolítica trata del poder en el mundo o sobre él, o sea de los factores que lo constituyen, y del carácter/sentido de ese poder. También de su sujeto o sujetos y de quienes padecen ese poder. En términos amplios, se trata modernamente de asegurar el comercio y la acumulación capitalista y de estar a la cabeza de ese proceso. Hoy, de una manera más precisa, de asegurar una reproducción al infinito de la presencia/dominio mundial de la forma-mercancía con predominio del capital financiero sobre la economía real.

   1.1.- Sociohistóricamente el mundo humano ha sido siempre un orden/desorden, es decir ha contenido violencia o violencias. Quiere decir que lo que para algunos grupos humanos se traduce como un orden (ideológicamente y para los sectores dominantes ‘el’ orden), para otros adquiere el sentido de violencia/desorden. El ‘orden’ se materializa en instituciones e institucionalizaciones. No existe una sola percepción de la violencia/desorden, o sea de las instituciones, debido a que la violencia/desorden contenido en todo orden institucional afecta de distintas formas a diversos grupos sociales, economías, pueblos y culturas. Si resultan afectados de diversa manera, diversas serán sus representaciones y sensibilidades en relación con esas instituciones e institucionalizaciones (legalizaciones).

   1.2.- Después de la Segunda Guerra Mundial el orden/desorden del mundo se entendió bajo la forma generalizada del enfrentamiento Este/Oeste (comunismo/totalitarismo vs capitalismo/democracia), entendidos URSS y EUA como superpotencias planetarias por su poderío nuclear. Se trató de un mundo donde la guerra y la preparación para ella jugaron un papel determinante. Para América Latina este imaginario se materializó en dos políticas: Defensa Hemisférica y Seguridad Hemisférica (esta última desde los años sesentas). Defensa y Seguridad hemisféricas tuvieron como referencia ideológica el desarrollo y el anticomunismo. Sus referencias más notorias fueron una fracasada Alianza para el Progreso (1961) y las “exitosas” dictaduras de Seguridad Nacional iniciadas en Brasil en 1964. Su expresión más tardía se dio en la década de los 80 en América Central (Guerra de Baja Intensidad). La doctrina de Seguridad Hemisférica es antecedente de muchas de las determinaciones políticas actuales en el subcontinente.

   Ninguna de las referencias anteriores (1.2) está vigente hoy. El desarrollo fue desplazado  por el crecimiento económico (derivado del libre comercio y la captación de inversión) y desde el inicio del siglo XXI la guerra global preventiva contra el terrorismo ocupa imaginariamente el sitio del conflicto militar estratégico. En esta segunda década del siglo XXI vuelve a aparecer la tensión entre el “Mundo Libre” y Rusia y, más débilmente, China. En la década final del siglo XX, para América Latina el crecimiento se asoció con un “retorno a la democracia” (en realidad una implantación de regímenes democráticos restrictivos), ausencia de guerra y el llamado Consenso de Washington. Todos estos procesos han contenido orden/desorden. Ellos se inscriben en lo que la prensa llama “globalización”. En este inicio del siglo XXI los “enemigos”, inevitables para una geopolítica, se presentan localmente een el área como “populismo” (consiste en favorecer, de algún modo, a la fuerza de trabajo y sectores afines), crimen organizado (el narcotráfico y, por extensión la violencia “ilegítima”) y los socios o “amigos” del terrorismo. El disfraz de estos enemigos, desde el punto de vista de EUA y sus asociados latinoamericanos, serían elecciones falsas o fraudulentas que dan continuidad a regímenes autoritarios que no respetan derechos humanos (Venezuela, Nicaragua, Honduras antes del golpe del 2009, Cuba desde luego, Argentina, Ecuador, Bolivia). La política de estigmatizar a los regímenes actuales de esos países no ha logrado ganar fuerza en la OEA cuya Asamblea General sigue orientándose por su Carta Democrática Interamericana (2001), hoy pintada en el papel, y cuya política internacional más autónoma se expresa en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac, 2010).

   2
.-  La geopolítica actual se sigue de varios factores no simultáneos en el tiempo pero que terminan por concurrir:
   a) la transformación tecnológica-científica, iniciada a finales de los sesentas, ligada a la administración de los mercados; esta transformación  determina lo que algunos antropólogos determinan como proceso civilizatorio;
   b) la crisis de acabamiento de las sociedades del socialismo histórico de inspiración marxista (entre los ochenta y noventa del siglo pasado) que abrió paso al imaginario ideológico del final de Historia y del triunfo último del capitalismo y su democracia;
   c) la guerra global preventiva contra el terrorismo declarada a inicios de este siglo. El golpe de Estado en Honduras (2009) y en menor medida la violencia en México pueden haber abierto una inflexión en la actual coyuntura larga latinoamericana establecida en la década de los noventa (Consenso de Washington + regímenes democráticos restrictivos).

   2.1.- Los principales cambios desde el paso del desarrollo (calidad de vida) al crecimiento (se mide por el PIB) y sus implicaciones (Consenso de Washington + regímenes democráticos restrictivos) son los siguientes:


   - se reconfigura la función de los Estados-nación que ahora aparecen insertos en constelaciones internacionales y transnacionales de poder cuya lógica, vista desde los grupos dominantes, es asegurar la dinámica de acumulación de capital global, expropiar recursos naturales, transferir recursos a las economías ricas y poderosas (consorcios) y también, aunque en menor medida, asegurar la impunidad cuando se viola el derecho internacional;
   - las constelaciones internacionales y transnacionales de poder se expresan en figuras diversas como la Unión Europea, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, el G-7+1, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (1994), la frustrada propuesta de Área de Libre Comercio de las Américas, el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, la OMC, el Foro Económico Mundial, pero también en las fusiones corporativas empresariales, el control del Banco Mundial y el FMI, la refuncionalización de la OTAN, la crisis del Consejo de Seguridad de la ONU, los Tratados de Libre Comercio, la orquestación de medios de comunicación, el espionaje universalizado, etcétera;
   - el dominio del capital financiero (el más favorecido por las tecnologías de alcance mundial en tiempo real) se torna incontrarrestable y acentúa el deterioro de la atención sobre las necesidades de las poblaciones (se traduce en la imagen de las sociedades del riesgo o fluidas);
   - el dominio del capital financiero y la universalización de la forma-mercancía van acompañadas de la propagandización e interiorización de una economía orientada por deseos (Economía del deseo) individuales y no por los requerimientos de las necesidades de la población y de la capacidad del planeta para satisfacer esos deseos. El punto estimula el imaginario de una “población sobrante” o “superflua”.

   2.2..- Existen asimismo iniciativas de articulación de Estados y grupos subordinados en el ‘orden’ mundial que generan iniciativas tendientes a constituir polos de articulación y acumulación regionales. Para América Latina es el caso del Mercosur (1991), el ALBA (2004). Desde 1969 existía la Comunidad Andina. Más recientes son la UNASUR (2004-2011) y el Celac (2010-11).

   3.- La geopolítica, entendida como el dominio/imperio en las relaciones internacionales, tiene hoy como eje el predominio planetario (que se sigue de las tecnologías de punta) de la forma mercancía con sus alcances materiales y objetivos:
   a) dominio sistémico de algunas economías sobre otras economías;
   b) dominio sistémico de algunos sectores o planos de la economía sobre otros sectores y planos de la economía;
   c) dominio sistémico de las mercancías sobre las necesidades humanas y del planeta;
   d) dominio de la economía de “deseos” sobre las necesidades de la población;
y subjetivos (espiritualidades):
   e) interiorización del mundo de las mercancías (“tanto tienes, o sea tanto puedes comprar, tanto vales”); su corolario ominoso es la imagen de la “población sobrante”: no produce con eficiencia, no consume con opulencia;
   f) reificación generalizada (“úselo y bótelo”; vale para las cosas y las personas)
   g) el mundo (orden/desorden) como espectáculo “pagado” al que se asiste pero no compromete (es la cultura de la tableta, del teléfono inteligente, etcétera);
   h) el recurso a la guerra imperial (derivada del concepto de espacio vital [lebensraum] pero que hoy implica el espacio donde el capital puede moverse sin trabas ni distorsiones) sigue vigente, pero es principalmente táctico (drones, bombas que destruyen gentes pero no personas, racismo, culturas inferiores, “terrorismo”, etcétera); la guerra se ampara ideológicamente además en derechos humanos (lo que supone que las poblaciones afectadas o destruidas son no-personas o bajas colaterales necesarias por útiles en cuanto evitan pérdidas mayores o más significativas). Los conflictos en los que intervienen potencias que estiman se lesionan en ellos sus intereses particulares se resuelven sin guerra (por el momento). Es el caso de Siria o Irán y Corea del Norte (cuyas situaciones involucran a Rusia y China). En cambio, se combate militarmente el narcotráfico (es la situación latinoamericana, especialmente México, América Central, Colombia (eje Puebla-Bogotá), pero se intenta asimismo extender esta guerra a Bolivia y Perú. Para el área latinoamericana, los golpes de Estado están en un segundo plano, pero dirigidos por civiles pueden reclamar legitimidad (Honduras, Paraguay, por ejemplo).

   3.1.- En el área latinoamericana, donde no existen hoy conflictos que comprometan potencias, la tendencia a la militarización de los conflictos podría extenderse en los próximos años a los desafíos generados por las migraciones no-deseadas, el daño ambiental (generado por la miseria/pobreza o la oposición incluso pasiva a los megaproyectos e inversiones de capital mundial) y a la expropiación de recursos naturales (agua, petróleo, biodiversidad, etcétera).
    Sin embargo, y en términos planetarios, ya en esta segunda década del siglo XXI se avisa una confrontación por la dirección del mundo que podría alinear a EUA y Japón contra Rusia y China, o contra cada uno de ellos por separado, y dividir a Europa. También existe una línea de conflicto eventual (están en juego rutas de abastecimiento de energía) entre India y Pakistán, dos Estados con armamento nuclear.

   [De todo lo anterior interesa destacar que lo que se ha llamado “imperialismo” se expresa en estos días como redes de poder global que contienen frentes objetivos (predominio del capital financiero y de la economía de servicios; deterioro de las condiciones de la fuerza de trabajo) y frentes subjetivos (cultura de deseos y no de necesidades, identificaciones inerciales con predominio del individuo, cultura del espectáculo y de la destrucción; salvación mítica e individual). En el espacio ‘vital’ configurado por estos factores las necesidades de la población sobrante, existencia incluida, y de la población en general carecen de valor.

   4.- Visto desde América Latina la realidad geopolítica actual contiene dos movimientos diversos y determinantes: i) los grupos dominantes (neoligárquicos, anclados en este territorio) buscan articulaciones regionales o mundiales para situarse en mejor posición de realizar ‘buenos negocios compartidos’, pero la lógica mundial y la misma lógica del dominio oligárquico latinoamericano acentúa las tendencias históricas a la desagregación interna (o centrífuga) de las ‘sociedades’ latinoamericanas. Dicho sumariamente, los grupos dominantes desean tener más y mejor participación en los negocios mundiales enmarcados en las constelaciones de poder, pero son reacios a invertir en salud y educación y en la capacidad para generar, o al menos reproducir, tecnología de punta. Se reconfiguran así economías de enclave (modernos) y se proponen mega proyectos (para cuya realización molestan las poblaciones, los ríos, bosques y montañas) y se establecen Zonas Francas y núcleos de servicios modernos, agroempresas y circuitos turísticos que conviven, tanto en el campo como en la ciudad, con formas no rentables (en términos de mercado mundial) de producción y consumo, de modo que sectores significativos de la población (en especial los jóvenes) no logran acceder a los mercados a los que la propaganda y los medios los convocan/rechazan. El resultado es polarización social, estratificación rígida (aunque “todos” viven el mundo gracias a Internet), desagregación, desconfianza, irritación, generación de guetos, reproducción de los circuitos de pobreza y miseria, acentuación de la violencia en la existencia cotidiana, decadencia de las instituciones, migraciones no deseadas, proliferación del crimen organizado y de delitos comunes. La pasión por el fútbol y el mundial de Brasil (el espectáculo de su existencia para muchos) y también las protestas de sectores minoritarios en ese mismo país obtienen su carácter contradictorio de estos procesos; ii) al no dinamizarse integralmente las economías ni articularse con autonomía relativa (cuestiones no factibles en un sistema que favorece los puntos de inversión privilegiada) aparecen o se acentúan los desafíos derivados de “poblaciones sobrantes” o “superfluas” (no son del todo necesarias en los circuitos económicos; no producen con eficiencia ni consumen con opulencia). La integración subordinada a las constelaciones transnacionales e internacionales de poder no incluye a sectores significativos de la población (indígenas, jóvenes, fuerza de trabajo no calificada, pequeños campesinos, segmentos de burocracia pública y privada, ancianos…). Al resultado concurren la polarización social y una estratificación social rígida, la ocupación sin respaldo legal (cuentapropistas, trabajadores informales) ni social, los desplazamientos no deseados de población. La conflictividad se acentúa al inscribirse en una economía/cultura planetaria de deseos. En el mundo actual un imaginario como el que representa en televisión el gueto urbano de El Chavo del Ocho, está condenado a la destrucción/desaparición.

   4.1
.- En el marco objetivo/subjetivo anterior se presentan otro tipo de conflictos también sistémicos que provienen de situaciones no resueltas en etapas anteriores. Se ligan con la oposición campo//ciudad (rural/provincia, capital), con especial perjuicio para poblaciones indígenas y afroamericanas, pequeño-campesinas y niñas rurales, por ejemplo, con el dominio de sexo-género patriarcal y adultocentrado (que hace violencia a niños, jóvenes, mujeres y ancianos) que acentúa la violencia e irritación de la existencia cotidiana, con la tendencia al distanciamiento entre ámbito de los actores políticos y la sociedad civil (fragmentaria) y a la autonomización de los primeros (hoy en términos neoligárquicos y tecnocráticos) lo que tiene como efecto el falseamiento de las instituciones políticas y su existencia más bien nominal (los términos o conceptos no dicen lo que efectivamente ocurre) y una generalizada sensibilidad cultural todavía penetrada por el naturalismo realista de fuente cristiano-católica que fortalece la reproducción del statu quo y tiende a bloquear los esfuerzos de cambio sin perjuicio de ofrecer “seguridad” personal.

   5.- En el marco anterior y como señales de resistencia a los procesos anteriormente descritos, aparecen en América Latina, desde finales del siglo XX, candidatos no deseados por el sistema que ganan elecciones en instituciones democráticas restrictivas (abiertas tras dictaduras de Seguridad Nacional o provenientes de “acuerdos de paz” para el área centroamericana). En orden cronológico estas victorias electorales se dan en Venezuela (1999, Chávez), Brasil (2002, Lula), Argentina (2003, Kirchner), Uruguay (2004, Vásquez), Bolivia (2006, Morales) y Ecuador (2007, Correa). Resulta particularmente polémico mencionar aquí a Nicaragua (2006, Ortega). Los procesos político-culturales y económicos generados en esos países, cada uno con sus particularidades, configuran las experiencias o progresivas o inicialmente revolucionarias en el período. Añadiéndoles Cuba, han alentado propuestas que conducen a la conformación de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, 2010). En otro frente, y con el protagonismo de Argentina, Venezuela y Brasil, lograron frustrar la iniciativa estadounidense para constituir un Mercado Libre de las Américas (2005). En relación con estos procesos se han expresado asimismo el ALBA (2004), de inspiración venezolana y cubana, y Unasur (2011). A estas experiencias y procesos, con mayor detalle, se referirán otros expositores en este encuentro.
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   Diálogo

   Mercedes (Ecuador).- ¿Cuáles serían las distancias entre gobiernos progresivos y gobiernos revolucionarios?

   HG.- En este momento puede hablarse de gobiernos, como el boliviano o el venezolano, que han ganado elecciones, han cambiado sus constituciones y procuran asentar un nuevo bloque en el poder político-cultural. Se trata de un bloque popular. Antioligárquico, antiimperialista y antineoliberal, por citar tres referencias. Se trata de procesos, por supuesto. Para constatar su altísima novedad hay que recordar que en la década anterior el catecismo imponía el neoliberal Consenso de Washington. En el caso de los procesos revolucionarios hay que distinguir en ellos la fase de acumulación de fuerzas, la fase de asalto al poder (que no consiste solo en ganar elecciones) y la fase de construcción del nuevo poder. No se trata de estadios separados o estancos. Se penetran mutuamente y podría decirse que en los procesos venezolanos y bolivianos actuales no se ha completado la etapa de acumulación de fuerzas que resulta determinante para consolidar metas revolucionarias irreversibles. Los gobiernos progresistas en cambio tienen políticas públicas que buscan aminorar los costos que contra la fuerza de trabajo y los sectores populares en sentido amplio tienen los actuales procesos de mundialización. Por el momento no avanzan hacia la configuración de un nuevo bloque de poder político-cultural. Brasil sería un ejemplo. México, con el PAN o el PRI, un contraejemplo. Ahora, que los gobiernos se propongan acciones y cambios progresivos o revolucionarios no impide que sean actores significativos en los esfuerzos de articulación regional (Unasur, Celac). Estos esfuerzos pueden ser entendidos como expresiones de una geopolítica de gobiernos/Estados latinoamericanos. Y poseen alcances hacia su realidad nacional o interna. Están asimismo tensionados por el hecho de que su acceso a la administración del poder (y a las tareas de su reconstitución) es parlamentario. Desde este último punto de vista los emprendimientos de un gobierno progresista podrían ser revertidos tras una derrota electoral. Esto es más difícil cuando se trata de una experiencia revolucionaria si ella ha marchado por buen camino (el de la acumulación de fuerzas). Pero de esto hablarán otros expositores.

   Víctor (Paraguay).- Tengo dificultades para asociar el concepto de “geopolítica” con la acción de una ONG o con gobiernos populares. El concepto está ligado, desde su origen, con la necesidad de espacio vital de Estados poderosos o que desean imperar. ¿Qué sería esto de una geopolítica popular o de los pueblos?

   HG.- Coincidimos en que la invitación a este encuentro resultaba hasta cierto punto enigmática. Cómo y para qué entrarle al tema geopolítico desde la Ayuda Popular Noruega y en su taller regional. Una ONG no es un actor geopolítico como sí lo son, o pueden ser, los Estados. Luego, la invitación presentaba problemas. Pero la coincidencia con parte de su punto de vista llegaba hasta aquí. De hecho, hace muchísimo tiempo atrás, algunos imaginamos una geopolítica desde los pueblos latinoamericanos e intentamos generar las condiciones de trabajo para que esos estudios avanzaran. El proyecto o programa fracasó pero porque quienes debían encauzarlo no lo acometieron. Decidieron ganarse su salario haciendo otra cosa. Pero el concepto, sigo pensando era correcto. Para aterrizarlo, presento una situación fundante: en el siglo pasado Cuba avanzó un proceso revolucionario y EUA le impuso (además de una invasión) un bloqueo económico (los estadounidenses le llaman embargo) brutal. Llega hasta hoy día. Pero Cuba no ha cedido. Chile, en cambio, inició un proceso de tránsito parlamentario al socialismo en 1970, Estados Unidos tomó medidas económicas en su contra (además de alentar un golpe de Estado) y la experiencia de Unidad Popular fracasó en tres años. Esa experiencia ya había naufragado. El golpe de Estado solo coronó el derrumbe político. ¿Qué se había hecho bien en Cuba y qué se hizo mal en Chile de modo que un proceso prosperó y otro naufragó? Por supuesto, se trata de experiencias diversas. Una tuvo como eje una línea político-militar. La otra fue una experiencia parlamentaria. Pero Cuba se ubicaba en un área geopolíticamente estratégica para EUA. Chile no. Chile no pasaba de un mal ejemplo. Entonces se trataba de estudiar desde una geopolítica (poder funcional que articula política interna e internacional) de emancipación lo que se debe hacer y lo que se debe evitar, en ambos casos lo que es factible (si no lo es que debe tornarse factible) para que una experiencia popular acreciente sus posibilidades de éxito en América Latina. En esto consistía una geopolítica desde los sectores populares y sus gobiernos y, eventualmente, desde sus Estados. Aunque la idea haya fracasado la sigo considerando factible y, además necesaria. Ahora, desde esta geopolítica emancipatoria, así la llamó aquí Hugo Moldiz hace un rato, puede entenderse el trabajo de Ayuda Popular Noruega, aunque sea pequeño o esté focalizado. Si es pequeño, cosa que ignoro, puede alcanzar un efecto catalizador. Si está focalizado, otros actores pueden articularlo y generar capacidad de resistencia y propuesta. No lo veo ni siento irracional. La geopolítica popular es en América Latina parte de una cultura alternativa sin la cual no existirán revoluciones. Es mi opinión.





   ELEMENTOS DE GEOPOLÍTICA EN AMÉRICA CENTRAL

 

     A.- Descripción básica

   1.- América Central puede ser determinada o como una región ubicada geopolíticamente en la Cuenca del Caribe (frontera marítima estratégica para EUA), y entonces comprende 7 países/Estados (Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá) y una región de México: Chiapas, o como una entidad histórico-política derivada de la administración española, la emancipación colonial y las presiones estadounidenses en la zona. Desde esta segunda perspectiva se le debe restar Belice (administración inglesa) y Panamá (territorio colombiano hasta 1903-1922). Sucesos ya del siglo XXI (la negociación y firma de un Tratado de Libre Comercio del área con Estados Unidos [2003-2004] no contó con Belice ni Panamá, pero incorporó a República Dominicana. Separar a Belice y Panamá de América Central le resta menos de 4 millones de habitantes (en un total de casi 45 millones), pero también la economía más dinámica del área (Panamá) y el Canal de Panamá, espacio comercial y geopolítico más destacado en la región. La última intervención militar directa de Estados Unidos en el área fue en Panamá (1989). La última acción no-directa fue el golpe de Estado en Honduras (2009). En la década de los ochenta del siglo pasado EUA apoyó y sostuvo una Guerra de Baja Intensidad en la zona que comprometió especialmente a Nicaragua, El Salvador, Honduras y Costa Rica.

   1.1.- En la Cuenca del Caribe (un área muy fragmentada) y frontera estratégica marítima Estados Unidos presenta una fuerte presencia militar permanente y virtual. Podemos distinguir entre asentamientos y bases permanentes. Desde el año 2003 las bases militares de Estados Unidos en Puerto Rico se han trasladado a la Florida, pero el aparato policial y militar puertorriqueño ha sido transformado en parte del aparato policial y militar estadounidense.
   En el área que puede considerarse centroamericana existen asentamientos, campos de entrenamiento y también bases establecidas. En Belice (1; Inglaterra/OTAN; entrenamiento) y Costa Rica (1; Liberia, EUA; asentamiento). Una base permanente en El Salvador (Comalapa). Tres en Honduras (Soto Cano, incluye pista de aterrizaje; Puerto Lempira; Guanaja). En Panamá hay 12 bases aeronavales (Isla de Chapera, Puerto Piña en Darién; Quebrada de Piedra en Chariquí, Rambala en Bocas del Toro, Punta Coco, Isla Galera, Mensabé, Coiba en Veraguas. Sherman, en Colón, Porvenir y Obaldía en Kuna Yala, San Vicente en Meteví, próxima a Colombia).
   Por su importancia, debe considerarse la base político-militar de Guantánamo en Cuba (presidio, espionaje, vigilancia electrónica) como parte de este sistema. Igualmente El Salvador no tiene costa atlántica (se abre al océano Pacífico), pero históricamente se lo considera un país centroamericano y de la Cuenca del Caribe.
  
   1.2.- Que el área sea parte de una frontera marítima estratégica para EUA quiere decir que sus Gobiernos la consideran un factor determinante del ejercicio de su poderío (imperio/dominio) mundial. Por ello la zona suele recibir denominaciones despectivas como “patio trasero” (de EUA) o “su gallinero”. El punto se despliega en al menos dos corolarios geopolíticos: EUA no admite desafíos a su dominio/seguridad en el área, y ningún suceso socio-político en los países centroamericanos escapa a la consideración (aprobación, rechazo, indiferencia) de los gobiernos de EUA. Ello no evita que cometa errores (como en el levantamiento popular nicaragüense-sandinista que deshizo la dictadura somocista [1979]), pero, tras el error, busca recuperar su hegemonía. En este caso, ya se mencionó su financiamiento y apoyo a una Guerra de ‘Baja Intensidad’ (nombre propio que quiere decir, entre otros caracteres, que esta guerra no compromete masivamente sino en última instancia, tropas estadounidenses). Este punto se relaciona con la “facilidad” (gracias al sostén estadounidense) con que prosperó y quedó impune el reciente golpe de Estado en Honduras (2009), pese a que rompía con la Carta Democrática Interamericana (OEA, 2001), y a la insistencia de repetir, contra toda evidencia, que entre los factores que lo desencadenaron estuvo la injerencia política de Venezuela en el país.

   1.3.- El Tratado de Libre Comercio entre EUA y el área (2003-2004) contiene la sobredeterminación de la economía regional por el tratado. Este acuerdo bilateral puede ser entendido como expresión de un proceso complementario que, posteriormente, resultó alternativo, a la iniciativa estadounidense por avanzar en un Tratado de Libre Comercio de las Américas (cuyo carácter fue rechazado [2005] especialmente por Argentina y Brasil  y también por Venezuela). La oposición sudamericana objetaba los subsidios a la producción agrícola en EUA, el monopolio de hecho que se sigue de las exigencias de este último sobre propiedad intelectual y el traspaso de soberanía a tribunales internacionales que resuelven los conflictos entre las partes. El segundo aspecto tiene particular importancia geopolítica porque un factor decisivo para ser actor económico significativo en el período se deriva de la capacidad de producir tecnología de punta o al menos de adaptarla. Un “libre comercio” que contiene asimetrías estratégicas sistémicas, sancionadas jurídicamente, resulta geopolíticamente dañino para los actores vulnerables o cuya historia los ha puesto en situación de vulnerabilidad. El Tratado de Libre Comercio entre EUA y la región centroamericana (cuyos gobiernos lo acordaron a la carrera sin cautelas ni conversaciones regionales previas) acentúa, no crea, las fragilidades y conflictividades económico-sociales y político-culturales de las sociedades/Estados centroamericanos.

   1.4.- La inserción de América Central en los actuales procesos de mundialización puede entenderse o como que estos procesos llegan al área y la someten a su lógica o que ellos, los Estados/gobiernos de la región, previendo los procesos en curso, toman previamente medidas internas para adoptarse a la situación. El caso centroamericano responde políticamente al primer enfoque. De esta manera la mundialización crea posibilidades (diversificación y modernización productiva/exportadora, por ejemplo) y también refuerza antiguas debilidades (carácter estanco de la economía, exclusión, desplazamientos de población, despojo de riquezas naturales, reconfiguración de los mercados laborales, daño ambiental, etcétera).

   1.5.- La coyuntura larga actual de la región (excluidos Belice y Panamá) se abre con las negociaciones/acuerdos para finalizar las guerras que se desarrollaron en su espacio y contra sus poblaciones durante la década de los ochentas y que EUA promovió como factor de una Tercera Guerra Mundial que los enfrentaba con la URSS por el dominio del mundo (Administración Reagan: Documentos de Santa Fe). Se inician estas negociaciones a partir del Acuerdo de Esquipulas II para conseguir una Paz Firme y Duradera (1987). La ONU dio por finalizadas satisfactoriamente estas negociaciones para El Salvador en 1997. Las conversaciones para el caso guatemalteco (cuya extrema violencia particular podía datarse en 1954) se iniciaron en 1989-90 y culminaron en 1996. En Nicaragua el conflicto político-militar se disipó con la derrota electoral sandinista de 1990. Un dirigente sandinista no retornará a la dirección del Gobierno sino hasta el año 2006. Sin embargo el sandinismo es la principal fuerza política organizada del país. Debe reconocerse asimismo que este sandinismo no representa una continuidad del movimiento de la década de los ochenta. El exitoso golpe de Estado en Honduras (2009), podría indicar un debilitamiento de los sectores civiles dominantes que parecían haberse autotransferido capacidades políticas con los acuerdos de paz en el área, transferencia que implicaba la relegación/subordinación de los militares de los escenarios políticos abiertos. Igualmente el golpe de Estado en Honduras pone en crisis la Carta Democrática Interamericana (OEA, 2001).

   1.6.- Dentro del espacio centroamericano se encuentran tres de las sociedades más empobrecidas de la región latinoamericana si se las considera desde sus porcentajes de población en pobreza e indigencia: Honduras, 67.4% y 42.8%, respectivamente; Nicaragua, 58.3% y 29.5%, y Guatemala, 54.8% y 29.1%. En comparación, el país más empobrecido del área, Haití, para el cual no existen estimaciones fidedignas, puede tener un 70% de población carencial de la cual un 50% vive con menos de un dólar al día (cifras de la FAO). La pobreza en el área centroamericana va acompañada con la pésima, y tradicional, distribución de la riqueza. América Latina es la región del Tercer Mundo con peor distribución de la riqueza: el 20% más pobre recibe el 2.9% de la riqueza. La referencia más cercana es el África subsahariana con 3.6%. El punto toca referentes como el carácter de la propiedad y las políticas públicas que tal vez existen en el papel pero no se cumplen. Las remesas de sus emigrantes juegan un papel decisivo para la economía salvadoreña y resultan significativas para todas las sociedades centroamericanas.

 

   1.7.- Finalizados los conflictos-político militares que concurren en el área en la década de los ochenta, la región queda expuesta (o abierta) a los procesos de mundialización que ya estaban en curso desde hacía dos décadas. De la guerra político-militar, el área transita, sin estar preparada, a la mundialización cuyo rostro inmediato es el tratado de ‘libre comercio’ con EUA. Así, los “acuerdos de paz” traen regímenes democráticos restrictivos, o los refuerzan, en el caso costarricense, pero no implican cambios en la raíz de las conflictividades centroamericanas. Estas raíces son la propiedad de la tierra y su extensión hacia las actividades productivas y comerciales, el dominio político-cultural oligárquico y neoligárquico y el carácter abierto y vulnerable (dependiente), internamente poco articulado, de las economías. Los acuerdos de paz no van acompañados de transformaciones económico-sociales y político-culturales y étnicas significativas que estaban y están en la base de la violencia político-militar y cultural. Desde este punto de vista se trata de una paz “ficticia”; aunque ella interrumpió parcialmente las masacres, porque se asienta en la violencia (discriminación) socio-económica y político-cultural. En América Central la mundialización en curso acentúa la violencia existente y la reconfigura. En el área no se puede discutir que pobreza, indigencia y discriminación contienen y expresan tendencias hacia una violación sistemática de derechos humanos.

   1.8.- Una mención especial ha de hacerse respecto del carácter clerical de la existencia centroamericana. Se trata de una religiosidad que generalizadamente se inserta en instituciones clericales (iglesias). En la última parte del siglo XX esta religiosidad pareció transitar desde el catolicismo al protestantismo (con énfasis en el movimiento pentecostal y neopentecostal). Encabeza la transición Guatemala donde la religiosidad no-católica (protestantes, religiones mayas, cristianos ortodoxos, judíos) puede llegar, de acuerdo a las alarmadas voces del catolicismo más conservador,  al 50% de la población. Según estas mismas voces, Honduras tendría un 30% de protestantes y Nicaragua y El Salvador la seguirían con un 25%. Las cifras de Costa Rica y Panamá son más bajas: 13% de protestantes la primera, menos del 11% la segunda.
    Las iglesias del área, católica y protestantes, mayoritariamente están alineadas al establishment. La población vive su fe religiosa de manera ritualista y litúrgica, aunque sincera, con la mirada puesta en una redención en otro mundo. La mayoría de esta población históricamente sabe que poca cosa buena puede esperar de este mundo. Su religiosidad (a la que el rito religioso y la ferocidad de la represión social, política y militar tornan pasiva) contribuye a bloquear (realismo naturalista: es Dios quien ha querido que el mundo sea así) las exigencias de cambios en las instituciones. La institución católica, mayoritaria, se comporta resueltamente como una iglesia de cristiandad, o sea como sostén del orden político. La mirada geopolítica no puede ignorar que el ethos dominante en el área, especialmente en la gente sencilla, es de resignación ante el dolor, la explotación y la exclusión. Sin embargo tampoco puede olvidarse que la conflictividad objetiva del área potencia resistencias, explosiones sociales y luchas organizadas de más largo aliento que las iglesias mayoritariamente procuran apagar o extinguir. La alienación religiosa nunca ha sido saturante. Más dañina es la fetichización mercantil. El clericalismo conservador (católico, pentecostal y neopentecostal) constituye un factor geopolítico significativo y complementario en el área centroamericana. Por ello no resulta extraño que uno de los componentes de las luchas sociales populares haya sido o pueda ser una ‘teología’ de la liberación (con sus curas y monjas progresistas) aunque no se tenga demasiado claro en qué consiste esta sensibilidad.

    B.- Situación específica

   1.- Una publicación semi-oficial, El Estado de la región (Cuarta Entrega, 2011), se pregunta: “… ¿cuáles son las condiciones para que, dentro de Centroamérica, se alcancen acuerdos nacionales, inclusivos y también duraderos, que permitan fortalecer la capacidad de los Estados para impulsar el desarrollo y, a la vez, optimizar la acción regional conjunta?”.
 
   Si no se quiere dar una respuesta especulativa a esta consulta, hay que resaltar e interpretar (situar) elementos de la pregunta: a) ¿cómo hacer que el mero crecimiento económico se transforme en una mejoría significativa (y ojalá constante) de la calidad de vida (desarrollo) de toda la población? ¿Se puede hacer esto desde el interior de una Centroamérica con dominio oligárquico y neoligárquico y amplios sectores de empobrecidos/dominados e inscrita en los requerimientos: a) del gran capital mundial y sus constelaciones regionales/internacionales de poder, y b) de la geopolítica estadounidense?


   Dicho así, la respuesta es no. No es factible porque los factores resaltados se nutren de la discriminación a la que concurren como parte de su propia lógica. “Acuerdos nacionales” en la América Central "real" contendrían exclusión (no se puede integrar nacionalmente a los trabajadores; y a los que se integre, no se les puede conceder buenos salarios, por ejemplo). Tampoco se puede integrar a los campesinos (menos a los indígenas) a los núcleos dinámicos tecnológicos (que exigen fuerza de trabajo calificada) o a la agroindustria de exportación (cuya oferta de empleo es baja) allí donde existe. Habría que intentar, al menos, una reforma agraria con formato campesino y étnico. El intento desencadenaría nuevas guerras.

    De aquí que un proceso de integración nacional y regional, sin duda, no pueda darse dentro del marco de las condiciones existentes. El modelo funciona con discriminaciones. Son de distinto tipo: derivadas de las tecnologías (carácter de la producción); del vínculo que diferencia a los grupos dominantes de la metrópoli y la periferia; de la oposición interna ciudad//campo; de la asimetría entre capital y fuerza de trabajo; de la dominación de sexo-género; de la dominación/discriminación étnica allí donde existen pueblos originarios; de la dominación generacional, de la adscripción religiosa, por citar ocho aspectos que pueden combinarse en tramas variadas y entre los cuales no se ha referido la presencia de EUA. El punto habla no solo de la dominación, sino asimismo introduce a la complejidad (y dificultad), que es distinta para los diversos países, del trabajo político que resulta necesario para configurar un movimiento popular que pueda avanzar hacia su constitución como bloque político alternativo. Este pueblo organizado podría, quizás, avanzar en un proyecto de articulación nacional y regional. Pero tendría que contar con apoyo hemisférico.
 
   1.1.- Aceptando la pregunta de El Estado de la región… en abstracto, una integración nacional y regional orientada al desarrollo sostenible tendría que seguirse de políticas públicas(Estados) con participación y respaldo ciudadano y social. Los Estados centroamericanos, con independencia de su voluntad (que, por su carácter es escasa), carecen de la capacidad institucional para materializar esas políticas. El de mayor cobertura institucional (Costa Rica) no logra cobrar, tampoco se esfuerza, los impuestos debidamente ni tiene los recursos humanos que le permitirían castigar a los empleadores de más de un tercio de los trabajadores del país que reciben menos de su salario mínimo legal. Su Ministerio del Trabajo carece de presupuesto para pagar inspectores. El hacinamiento inhumano en los presidios costarricenses tampoco puede ser resuelto. Menos la urgente inversión en infraestructura estratégica desatendida por medio siglo. Los dos primeros señalamientos (salario mínimo, presidios) no inquietan para nada a la ciudadanía. La cultura ciudadana costarricense es débil. Su expresividad, episódica. Hablamos del Estado más institucionalizado del área. Resulta disfuncional. El más disfuncional probablemente es el de Guatemala.

 

      Ahora, lo anterior es la referencia histórica. Pero se debe añadir algo. En la transición desde un modelo de desarrollo a uno de crecimiento, se le exige internacionalmente al Estado latinoamericano y centroamericano cambiar de función. Ya no será más promotor del desarrollo, sino que asegurará el cumplimiento de los contratos ligados a los tráficos mercantiles globales y a los requerimientos de la acumulación transnacional. En la década de los noventa esto se tradujo ideológica y periodísticamente en la polémica acerca de un Estado pequeño y policía o un Estado grande y gastón o manirroto. Pero lo que estaba detrás era la transferencia de capacidades y funciones del Estado a dependencias “técnicas” locales, como los Bancos Centrales, que velan por la acumulación global (impedir la inflación, por ejemplo) y también el traspaso de sanciones jurídicas finales a instancias mundiales de gobierno, como la Organización Mundial de Comercio o Tribunales Internacionales ad hoc (resueltos por los Tratados de Libre Comercio) en los que se dirimen los conflictos entre un Estado y los intereses de las corporaciones transnacionales. En América Central esto implica que el Estado deja de ser un espacio de defensa de sus poblaciones en el mismo movimiento en que abandona la promoción del desarrollo. Si antes era institucionalmente insuficiente y débil, y por ello antipopular, ahora puede llegar a ser hasta antinacional.  
 

 

   1.2.- Estados con insuficiente capacidad institucional e insuficientes ingresos determinan una distancia entre legislación y la efectividad de ella. El punto se liga inevitablemente con el precario o nulo acceso de sectores significativos de la población (rurales y urbanos, jóvenes y mujeres, por ejemplo) a los mercados de salud, educación y trabajo. Estas sociedades producen exclusión. Y no se han dado las condiciones para revertirla. Su nuevo tipo de inserción en la mundialización actual refuerza esta tendencia a la exclusión y fragmentación internas (locales, nacionales). Sociedades con exclusión y fragmentación interna no pueden conseguir una efectiva integración regional. La falsa integración regional (protagonizada por minoritarios grupos poderosos) generará más sólidas exclusiones nacionales y vulnerabilidad generalizada. De aquí que el primer desafío político y geopolítico del área sea el de darse condiciones para revertir los procesos de exclusión y expulsión (emigrantes) que la han determinado históricamente. Pero para ello se requiere una voluntad política que no surgirá mágicamente.

    1.3.- La exclusión social y el modelo de crecimiento sin desarrollo aceleran los procesos mediante los cuales los diversos sectores de población dañan (quizás irreversiblemente) su hábitat natural. El área centroamericana es extraordinariamente rica en biodiversidad y recursos hídricos. Cuando sus pobladores (los opulentos, las corporaciones, las poblaciones humildes) depredan la capacidad de la región y del planeta para sostener la vida humana en él y, además, en ausencia de políticas públicas apropiadas en relación con asentamientos humanos, sectores significativos de ellos se tornan más vulnerables ante las catástrofes naturales propias de la región (sismos, crecidas/inundaciones, desertificación, erupciones volcánicas, huracanes, aumento de las temperaturas), que a la vez los tornan significativos y vulnerables en términos de “noticia mundial”. Los centroamericanos no pueden mantener su medio ni tampoco acomodarse en él. En un siglo que habla de “población superflua” se trata de una noticia ominosa. Este es un segundo desafío estratégico, político y geopolítico, que se presenta en el área. La prensa suele hablar abstractamente de cambio climático. Se trata en realidad de la capacidad del hábitat natural para sostener a una determinada población humana en él y de la salvaguarda de las poblaciones ante las catástrofes naturales. Y este factor/problema posee alcance planetario. La fórmula "sociedad del riesgo" posee un caácter amenazante para quienes residen en América Central.

 

  1.4.- Estados insuficientes que producen exclusión económico-social y cultural, legislación que no se cumple y que potencian el daño ambiental y la vulnerabilidad de su población ante los desastres ambientales, tienen como correlato la debilidad de sus sociedades civiles configuradas por mayorías de población (y ciudadanía) que se escinden en múltiples minorías. Esto, y la tradición de dominio señorial, a las que se suman religiosidades mayoritariamente conservadoras, bloquean la posibilidad de una cultura ciudadana, republicana y democrática moderna. En el  período, esta debilidad política se institucionaliza en fenómenos pintorescos (Costa Rica disputa ahora en febrero (2014) elecciones presidenciales con 13 postulantes al cargo) y en regímenes democráticos restrictivos centrados en  procesos electorales formales en los que los votantes pueden elegir solo entre más-de-lo mismo o semejante-a-lo-de-siempre. Se recordará que el camino alternativo es aquí la insurrección y la guerra de inspiración popular. Sectores de población del área también han intentado este otro camino.

 

  La cuestión de la generación de una sensibilidad republicana (emprendimiento colectivo sin exclusiones) y democrática (ciudadanía participativa) que expresa política y culturalmente a una economía/cultura incluyente es una tercera cuestión estratégica para la política y la geopolítica del área centroamericana.

   1.5.- En relación con estos desafíos estratégicos, exclusión social, daño ambiental y sensibilidad política y Estado (hoy parte de una constelación transnacional e internacional de poder en la que los Estados centroamericanos no juegan papeles determinantes) se presentan más situacionalmente en el período otros desafíos: el principal quizás, por sus alcances, es la instalación del crimen organizado con eje en el narcotráfico en la región. Por sí mismo el narcotráfico genera procesos de corrupción y venalidad institucionales y sociales con alcance cultural inevitables para su funcionamiento. El desafío se hace particularmente presente hoy en Guatemala, pero compromete a la región en su conjunto. Pero además los Estados/gobiernos del área “combaten” este factor de corrupción asumiendo una militarización del desafío, estrategia inducida desde EUA. Se trata de una guerra destinada al fracaso. No se la puede ganar. Pero contiene además la posibilidad de una nueva configuración militar y geopolítica del área en nombre de la guerra contra el narcotráfico. En términos geopolíticos la propuesta ‘oficial’ consiste en “militarizar” desafíos que descomponen la sociedad y el mundo global: llevémoslo al límite para comprender su alcance: militarizar, por ejemplo, el desafío de las migraciones no deseadas; militarizar el desafío de la pobreza entendida como causa del daño ambiental; militarizar el desafío de las poblaciones “sobrantes”, o sea que no producen con eficiencia ni consumen con opulencia. Se trata de un horizonte de violencia que hoy se avisa en una América Central que carece de peso en el mundo. La descomposición social y política derivada del tráfico de drogas ilegales y el lavado de dinero que lo acompaña, se corta declarando legal la droga al menos en todo el continente americano. Ello no liquida el consumo, sino a las mafias que administran el negocio. La militarización del desafío contenido en el narcotráfico contiene una escalada de violencia que en la región americana está ejemplificada por las experiencias de México y Colombia. Y también por la de Estados Unidos.

   2.- Detengamos aquí esta somera e incompleta mirada de desafíos estratégicos y situacionales que afectan al área en este inicio del siglo XXI. La actitud correcta ante ellos, por pequeña que sea la dimensión social de un trabajo, pasa por preguntarse: cuál es mi posicionamiento político-cultural, es decir de fuerza/debilidad, objetivo y subjetivo ante ellos. Cuál es mi capacidad para comunicarlos. Porque si no puedo comunicarlos, no puedo tornarlos políticos, o sea materializarlos en fuerzas organizadas. Por ejemplo, ante la debilidad institucional del Estado. O ante los múltiples rostros de la exclusión. O en relación con una religiosidad que lleva a la clericalidad. Y desde esta fuerza/debilidad asumidas, qué debo-puedo hacer. Con quiénes y para qué. Y por cuanto tiempo. Solo la última inquietud tiene una respuesta básica y precisa: se trata de un esfuerzo que se prolonga toda la vida.

   2.1.- Agreguemos una noticia metodológica para los cuadros de Ayuda Popular Noruega: fuerza y debilidad sociales comprenden: a) mi sentir/discernir/imaginar el desafío; b) mi capacidad actual (posicionamiento) para transformarlo en problema (es decir en parte de mi identidad) y de actuar en relación con él; c) actuar pasa por una capacidad para significar (comunicar). De esta comprensión/comunicación subjetiva y objetiva se siguen tareas y una propuesta, o varias, todas ellas entendidos como procesos populares y que me tornan, junto con la agencia y dentro de las condiciones que ella potencia, actor popular.

 

       Diálogo

 

   Damián (Ecuador).- En el encuentro se ha utilizado varias veces el giro “democracias restringidas”. Usted utiliza ahora la fórmula “democracias restrictivas”. ¿Son la misma cosa? ¿Qué significa?

   HG.- Con el cese de las dictaduras de Seguridad Nacional en América del Sur, y en menor medida con la “democratización” del área centroamericana que impulsó Estados Unidos para aislar el proceso de inicial de gobierno sandinista, la prensa puso en circulación la imagen de un “retorno de América Latina a la democracia”. Entre otras cosas, la imagen hacía de Cuba la única dictadura del hemisferio. Nicaragua había “recuperado la democracia” con la derrota electoral sandinista en 1990. Coincidían aquí varios procesos: la autoliquidación de la Unión Soviética, el imaginario del Consenso de Washington (“paz y democracia”, para lo que aquí importa), los diálogos hacia una paz justa y duradera en América Central y el “final de la Historia” con el triunfo definitivo del capitalismo y su democracia transformada en la democracia. En América Latina el asunto fue recibido por algunos críticamente. Se habló por ejemplo de “democraduras”, de “democracias de Seguridad Nacional” y de “democracias restringidas”. Este último giro hacía referencia histórica a regímenes oligárquicos de gobierno que “restringían el voto” a las clases dominantes y a los varones de esas clases. En esas democracias restringidas no existe sufragio universal. Estamos hablando de finales del siglo XIX y de la primera parte del siglo XX.  Solía oponerse este régimen de sufragio/gobierno ‘restringido’, a una “democracia de masas”, con sufragio universal, que se configura durante el siglo XX. Es un mal nombre (ya que proviene o de la sensibilidad oligárquica o del discurso de masas del marxismo-leninismo). En realidad se trataba de una expansión de la condición ciudadana. Democracia ciudadana, pudo llamarse. Pero es el vocabulario del período.

   La utilización de “democracia restrictiva” no es un mero giro del lenguaje en mi caso. Se trata de una categoría analítica. En primer lugar remite no a “la” democracia, sino a los regímenes democráticos de gobierno y al carácter del Estado que los sostiene. Lo que existe son regímenes democráticos de gobierno. Son sociohistóricos y se siguen del carácter del Estado y del papel que en ellos juegan los ciudadanos. En segundo término, un régimen democrático restrictivo ha de ser valorado como poliarquía restrictiva. “Poliarquía” es un concepto acuñado por la sociología estadounidense para designar los regímenes democráticos en sociedades de grandes números, en los que no puede darse una efectiva soberanía popular o ciudadana, y por ello es que este ‘soberano’ elige representantes para que los gobiernen. Es un tipo de democracia defectuosa, pero no hay de otra. El principal autor es aquí Robert Dahl. En la poliarquía se privilegia el factor electoral. En él competirían varios partidos con posibilidades de alcanzar el gobierno. El concepto de “poliarquía” se mueve dentro del imaginario burgués que separa/escinde la existencia económica de la existencia política.


   Como se advierte “democracia restrictiva” es una categoría crítica: no privilegia “el día” o “la fiesta” electoral. No separa existencia económico-socio-cultural de existencia político-cultural. Tampoco desacopla el carácter del Estado y su vínculo con el régimen democrático de gobierno y con el ejercicio/función de la ciudadanía. Si se lo quiere abreviar, no acepta el mito del “retorno a la democracia” en América del Sur ni el de la “democratización” de América Central. Pero, claro, habría que explicar el asunto con más detalle.


    Ya en lo más singular, creo que “democracia restringida” fue utilizado de manera a la vez mecánica e intuitiva y por analogía con la historia de América Latina y las limitaciones ciudadanas. Básicamente se trataba de oponer a las democracias de Seguridad Nacional con los regímenes democráticos representativos. Pero estos últimos regímenes también deben ser criticados. “Democracia restrictiva” es un concepto más analítico y crítico. Y restringido, en español, es menos fuerte que restrictivo para denunciar limitaciones derivadas de coacción sistémica directa, indirecta y difusa (cultural, por ejemplo) y no necesariamente militar. Por supuesto la cuestión se inscribe en una teoría del régimen democrático de gobierno en América Latina.

   Elisa (Ecuador).- ¿Quiénes hablaron de “democracias restringidas”?

   HG.- De memoria, creo recordar a Xavier Gorostiaga y Franz Hinkelammert. Probablemente le daban un alcance conceptual. Tal vez el giro hizo fortuna en Clacso o Flacso. No lo sé. No le di seguimiento. Desde un inicio me pareció útil para algunas cosas, pero insuficiente.    
     
   Julio (Guatemala).- Usted mencionó que en América Central la religiosidad tomaba la forma de una adscripción a iglesias. Llamó a eso, creo, clericalidad. Entiendo lo señaló como algo negativo, desde el punto de vista político-cultural y popular. Pero cómo entrarle a una clericalidad que se sigue de la espiritualidad de la mayoría de la población.

   HG.- El problema no es que existan iglesias, sino que éstas se expresen como aparatos clericales, es decir que funcionen permanentemente como factores que complementan la acción estatal (y a veces paraestatal). El sentimiento religioso es propio de los seres humanos, de su historia, no se puede eliminar por decreto. Existen desde luego personas que no tienen sentimientos religiosos, pero en América Latina la mayoría cree experimentarlos. Pero el sentimiento religioso liga a las personas con un (o varios) factor sobrenatural, dioses o Dios, o presencias fuera de la sociohistoria. Este sentimiento no conduce inevitablemente a iglesias. Se puede tener creencias religiosas y no participar de ninguna iglesia. También se puede participar en iglesias y carecer de sentimientos religiosos. No son asuntos fatalmente ligados. Tampoco la religiosidad obliga a adherirse a una doctrina (ortodoxia) religiosa. Los mayas, creo, fueron, y tal vez lo sigan siendo, pueblos intensamente religiosos pero su religiosidad era una manera de ser-estar en el mundo, ligada a su agricultura, a sus alimentos, a la lluvia, a su sexualidad, a la crianza de los hijos, a la convivencia y a la muerte, etcétera, no una doctrina. Y tuvieron sacerdotes y templos, pero no una iglesia como cuerpo/institución aparte y por encima de la sociedad. Entonces el problema no se centra en el sentimiento religioso ni en que puedan las gentes darse iglesias, sino en el carácter de estas últimas. Y sí, en mi vocabulario “clericalidad” designa algo negativo. Pero esto se sigue de la experiencia sociohistórica de los pueblos latinoamericanos, no de una mala voluntad hacia los sentimientos religiosos.

   Mercedes (Ecuador).- ¿Por qué oligarquía y neoligarquía?

   HG.- Se trata de determinaciones para nombrar y caracterizar a los sectores dirigentes del bloque en el poder, para hacer uso de un lenguaje que se ha utilizado aquí. ‘Oligarquía’ remite a los grandes terratenientes, comerciantes importadores y exportadores y financistas tradicionales en América Latina. Usualmente se expresaban en partidos o conservadores o liberales. Los primeros rigurosamente católicos. Esta oligarquía, que contaba con el aparato militar como su brazo armado, debió enfrentar la presión de grupos medios gestados por la modernización y crecimiento urbano de las sociedades latinoamericanas en el siglo XX. Sectores de estos grupos medios, mediana y pequeña burguesía propietaria, profesionales, algún militar, se vincularon con sectores históricamente vulnerables de las áreas rurales y urbanas, incluso sindicales, y establecieron una relación tensional con la oligarquía tradicional. Esta relación tensional podía incluir enfrentamientos y alianzas. Los sectores medios fueron finalmente cooptados por la sensibilidad oligárquica y abandonaron sus pretensiones integradoras o nacionales. Tendieron a dibujarse dos bloques socio-político-culturales: uno dominante, con ethos oligárquico, que incorporaba sectores medios, y otro popular, dominado, usualmente con estratificaciones y conflictos internos. Contra los avances de este último bloque potencial y su sensibilidad se dieron los regímenes de Seguridad Nacional y desde luego las dictaduras más tradicionales de América Central. Ya estamos en la segunda mitad del siglo XX. La mundialización en curso, las dictaduras con terror de Estado, las guerras internas, etcétera, generaron cambios en el bloque dominante. Ahora la oligarquía (grandes propietarios y posesionarios) comprende profesionales, tecnócratas públicos y privados y coopta selectivamente sectores medios y, eventualmente, segmentos populares clientelares. Los sectores dominantes dirigentes son actores/beneficiarios locales de la acumulación mundial. Entre esta neoligarquía (oligarquía remozada) y las fuerzas armadas pueden darse conflictos, excepto en situaciones de crisis. Experiencias como la venezolana reciente pueden entenderse como la liquidación de un bloque dominante que no supo/pudo transitar hacia su renovación y su desplazamiento y sustitución por un bloque popular, antioligárquico y forzosamente antiimperialista, o sea nacional y latinoamericano. Muestra además respaldo militar. En cada país el dominio neoligárquico toma formas específicas. Lo nuevo del siglo XXI es la aparición de regímenes que han desplazado a estas neoligarquías suyo ethos es excluyente y buscan conformar y crear las condiciones de reproducción de un nuevo bloque de poder político. Esto sería, a grandes rasgos.

   Elisa (Ecuador).- Se habló de América Central y no se dijo una palabra de las maras.

   HG.- Es verdad. Las maras son a la vez una señal de la mundialización y de los múltiples frentes de la violencia centroamericana. Se trata de jóvenes hijos de emigrantes a Estados Unidos y que retornan a su espacio original (muchos son deportados por la justicia estadounidense que no los quiere ni en las cárceles). Traen con ellos la violencia de los ghetos del centro imperial y llegan a países (Guatemala, Honduras, El Salvador) que no pueden ofrecerles sino violencia y exterminio. Además arriban casi en coincidencia con el auge regional del narcotráfico. Desde este punto de vista existe un discurso oficial contra las maras pero en cuanto sus integrantes se alían con el narcotráfico al que dan servicios de sicariato, por ejemplo, son funcionales a la degradación generalizada del sistema social. El narco compra periodistas, jueces, policías, militares, banqueros, campesinos… y a algunos maras. Se trata de una señal específicamente centroamericana del sistema global. Para los centroamericanos, uno de sus rostros más dramáticos porque se trata de jóvenes cuya violencia hemos producido entre todos. Hoy se habla de tregua con ellos. Pero la guerra marera es solo una de las violencias que deben sufrir los centroamericanos.


  

   Claudio (Chile).- Usted señala que en el momento actual los Estados centroamericanos, y más ampliamente los latinoamericanos, sin mayor capacidad ante la mundialización y los capitales transnacionales, podrían llegar a ser ya no solo antipopulares sino incluso antinacionales. Pero, ¿han sido en algún momento nacionales?

   HG.- Sí, ésa es una discusión más amplia. Las sociedades latinoamericanas se han configurado políticamente siempre desde una relación entre minorías dominantes en la economía, la sociedad y la cultura. Hemos sido por ello sociedades señoriales y oligárquicas, internamente desagregadas e internacionalmente dependientes. Como no produjimos “naciones”, en el sentido europeo, en el siglo XIX, la tarea quedó para el siglo XX. Tampoco construimos naciones en el siglo XX, pero se dieron algunos empeños, quizás los “populismos” de la década de los cuarenta en Brasil, Argentina y México pudieron ser punto de partida de procesos nacionales de desarrollo (así lo creyó CEPAL en ese momento), pero el camino que indicaban fue frustrado por fuerzas locales e internacionales. Podría mencionarse a Cuba, que lleva más de medio siglo intentando en condiciones muy duras, construir nación cubana. Ellos han tenido la ventaja de una muy fuerte cubanía. En la década de los sesentas del siglo pasado esto se discutió bajo la forma de si existía o no una burguesía latinoamericana. Si existía, ella era la encargada de construir las naciones. Si no, la tarea era de las fuerzas populares, primero subordinadas, luego revolucionarias. Bueno, en la transición entre siglos de cierta forma se esfuma la cuestión de las naciones porque el mundo (orden/violencia) latinoamericano deviene “puntos de inversión privilegiada” para el capital planetario. Desaparece Guatemala, digamos, y su territorio, población y recursos, pasan a ser objeto o no de inversiones transnacionalmente determinadas (incluso si se trata de empresas “guatemaltecas”). La historia ‘demuestra’ que no existen burguesías nacionales en el área y que la tendencia es que ya no existan en ninguna parte.

    Ahora, yo ubiqué el punto en América Central, hablando de una débil institucionalidad estatal. Dije que esta institucionalidad siempre ha sido insuficiente y precaria, aunque esta insuficiencia y debilidad puedan variar de país en país. Algunos Estados, Guatemala, Honduras, por ejemplo, transforman esta debilidad en represión y masacre, Otro, Costa Rica, genera una estructura amplia de servicios sociales en educación y salud, pero sin cultura ciudadana. Esto último termina ahogando esos servicios. Ahora, la ausencia de preocupación ciudadana y la práctica de la represión y la masacre son formas objetivas de políticas antipopulares, pero que se realizan en nombre de una “patria” fantasma, que no ha existido nunca. Hoy día las grandes referencia ‘nacionales’ son las selecciones de fútbol, las atracciones turísticas y la captación de inversión extranjera en Zonas Francas. Y si miramos bien, el torneo local de fútbol es nada si se lo compara con el Mundial de Brasil. Los grandes jugadores antes ‘nacionales’ son hoy ‘legionarios’ (en el habla costarricense). Entonces existe un vaciamiento hasta de forma del tema nacional. Luego, nacionales no hemos sido nunca, excepto como aspiración. Y hoy el Estado, pieza funcional de una constelación transnacional puede continuar siendo antipopular (esa es una constante) e incluso puede tomar medidas que perjudican abiertamente a sus poblaciones. Esto porque su poder se ha, en parte, hecho falsamente tecnocrático. Quiere decir que está por encima del bien y el mal, por encima de la sociedad. Pero la situación podría ser quizás distinta para Brasil, por ejemplo. Y desde luego lo es para Venezuela y Bolivia. Pero estos últimos procesos podrían colapsar, si sus enemigos logran aislarlos. Brasil tal vez podría mover fuerzas más poderosas. Son situaciones que se resolverán en los próximos años. Pero en este momento las tendencias del sistema mundial y de la mundialización en curso no favorecen las construcciones nacionales en América Latina. Menos en América Central. Honduras ha sido pionera al proponer ciudades autónomas (limpias y funcionales, sin pobres) para los poderosos/opulentos, como enclaves o islas autónomas dentro de su territorio 'nacional'. Entiendo que el proyecto ha fracasado, pero lo que importa es el imaginario que lo sostiene.

 

 




   TRES PREGUNTAS SOBRE AMÉRICA LATINA Y SUS CONFLICTOS

   Preguntas guía para expositores invitados:

   1.    ¿Cuáles son las principales contradicciones económicas y políticas que caracterizan los procesos regionales en América Latina y cuáles son sus tendencias o posibles escenarios?
   2.    Valoración de los procesos de integración regional, tanto los que vienen de la iniciativa de los gobiernos progresistas (ALBA, UNASUR, CELAC) como de la derecha (Alianza del Pacífico).
  3.    ¿Cuáles son los debates al interior del campo popular sobre la lectura geopolítica y las principales contradicciones en juego? Y sobre esos debates, cuáles son las estrategias del campo popular y qué aspectos  merecen destacarse?
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   Criterio básico: las preguntas anteriores se han contestado de acuerdo a un criterio básico:

   Todos los sucesos que se presentan como ‘hechos’, o hechos sociales, son sociohistóricamente producidos. El sujeto social, actor político o ser humano que los aprecia es asimismo una producción social. De aquí que ‘hechos’ y 'actores' tengan que ser valorados como expresiones (momentos y señales) de procesos constitutivos y que quien los aprecia deba realizar una evaluación de su propio carácter socio-histórico. Esto último implica una evaluación de su fuerza relativa en los escenarios existentes y de su capacidad para incidir en esos escenarios incluyendo su potencial para crear nuevos escenarios. Este criterio vale para Ayuda Popular Noruega en cuanto se considera a sí misma o como actor socio-político y cultural o se estime ‘únicamente’ como organización no-gubernamental.

   Pregunta Uno: ¿Cuáles son las principales contradicciones económicas y políticas que caracterizan los procesos regionales en América Latina y cuáles son sus tendencias o posibles escenarios?

   En este encuentro el nombre América Latina se utiliza para designar al menos dos realidades distintas: América del Sur, región que admite experiencias diversas, y Centroamérica (dejando por fuera a Panamá) que diferiría de Sudamérica, entre otros factores, por el peso geopolítico de Estados Unidos en la subregión. Sin embargo, las acciones que se desplieguen en Sudamérica podrían tener efectos para la subregión. Igualmente, procesos desplegados en América Central podrían ser significativos para la realidad de América del Sur. Un ejemplo del siglo XX sería la revolución popular nicaragüense que se constituyó en factor de procesos de democratización en toda el área. Otro más cercano es el golpe de Estado en Honduras (2009) que generó un inicio (frustrado) de crisis en la OEA y que quizás avise el colapso de su Carta Democrática. Que las regiones sean distintas no implica que estén cercenadas una de otra o que lo que ocurre en una no tenga nada que ver con lo que sucede en otra.


      Los principales conflictos por los que atraviesa el área en su conjunto se derivan de la dificultad (o imposibilidad) de articular constructivamente, desde sus propias capacidades, crecimiento económico (un imperativo de la mundialización) con desarrollo (al que reduciremos aquí a dos notas: integración socio-cultural de la población y huella ecológica). Citamos las alternativas que al respecto ofrece el discurso dominante:


   a) ¿qué desean, o puestos de trabajo y bosques (biodiversidad, economía y cultura sustentables) o minería a tajo abierto y megaproyectos?;
   b) ¿qué desean o salarios mínimos u ofertas de empleo?


    El sistema en curso parece decir: elijan. Pero si se eligiera la peor opción: minería a tajo abierto, megaproyectos, más empleos… esto tampoco conduciría al desarrollo, o sea a una mejoría significativa en la calidad socio-humana de la existencia de la población. El sistema no puede alcanzar esta calidad. La estrategia para alcanzar una mejoría en la calidad de la existencia en la región latinoamericana pasa por una alternativa, en su sentido fuerte, al sistema. A caminar por esa alternativa, desde puntos de partida muy diversos, debe orientarse políticamente el área. Desde sus propias fuerzas (si no las tiene, debe construirlas) y articulándolas, tanto en América del Sur como en Centroamérica  No hacerlo podría resultar suicida.

      Por supuesto los conflictos, y con ellos los puntos de partida y los procesos alternativos, asumen distintas formas e intensidades según la región. En el área centroamericana, marcada por la pobreza, la exclusión, la migración forzada, los frentes de violencia abierta, economías débiles, etcétera, el desafío básico ha generado ya un golpe de  Estado (2009) que ideológicamente se dio contra el ALBA (al que se entiende como “populismo” y “comunismo”), un Estado penetrado por el crimen organizado (Guatemala) y ha reforzado una generalizada ausencia de ciudadanía repúblicana, lo que tiene altos costos para eventuales procesos de democratización e integración regional (aisladas las economías centroamericanas no resultan viables). Estrictamente, y a diferencia de América del Sur, no se puede hablar en este momento de gobiernos “progresivos” en el área. Esto se deriva tanto de debilidades internas como de la omnipresencia geopolítica de EUA y del relativo abandono negligente de la región por parte de América del Sur. Si bien las fracturas internas son comunes  a toda la realidad latinoamericana,  aunque su expresión se diferencie, el peso geopolítico de EUA varía según regiones y realidades específicas. Muy fuerte y permanente en América Central. Más diluido y situacional en Argentina/Uruguay y relativamente prudente en relación con Brasil. De aquí la significación, de doble vía, de la participación centroamericana en Celac, por ejemplo. O de que se la invite al menos, como región o a cada país por separado, como observadora, a Unasur. Articular las áreas en que se ha descompuesto históricamente América Latina hace parte de una alternativa al sistema mundial. El punto comprende al Caribe insular, del que no se habla aquí. La articulación comprende tanto acciones de los gobiernos como iniciativas de los pueblos organizados. El concepto de articulación regional constructiva expresa el valor estratégico, con independencia de sus resultados y vaivenes, de la iniciativa venezolana del ALBA.

   Pregunta Dos: Valoración de los procesos de integración regional, tanto los que vienen de la iniciativa de los gobiernos progresistas (ALBA, Unasur, Celac) como de la derecha (Alianza del Pacífico).

    La integración política-económica subregional de América Central es débil, por lenta y trabada y también por razones estructurales, aunque el comercio intrarregional resulta importante para todas sus economías. Puede recordarse que el TLC con EUA (2004-2006) lo negoció cada país por separado porque los países centroamericanos no establecieron una mesa previa para acuerdos (tampoco los países sudamericanos ofrecieron apoyo) y que las condiciones del comercio intrarregional se ven entorpecidas por trabas aduaneras e inseguridad regional. Existe, desde 1960, un Mercado Común Centroamericano cuyas exportaciones van dirigidas centralmente a EUA (45%); a América Latina se dirige un 27% y a la Comunidad Andina un 2%. Costa Rica orienta hacia América Central el 19.2% de sus exportaciones (a EUA el 41.5% y hacia la Unión Europea un 17.8%). Guatemala orienta hacia EUA el 41.2% de sus exportaciones e importa de él el 34.3% de sus importaciones. Sin embargo las exportaciones, en particular las de Costa Rica, no potencian el ahorro interno porque su producción tiene alto contenido de materias primas e insumos importados. Las principales  importaciones costarricenses relacionadas con la producción son circuitos integrados y microestructuras electrónicas, aceites medios y preparaciones de petróleo o de mineral, aceites livianos, circuitos impresos,  automotores, medicamentos, productos intermedios de hierro o acero, alambre de cobre refinado. Las importaciones provienen principalmente de EUA (46.7%), Asia (16.3%), América del Sur (8.9%). De América Central solo importa el 6.7%. Esto la lleva a tener un superávit con la región y un déficit con economías mejor integradas.


   Es mejor que sea un texto oficial el que describa esta dinámica económica a) “Hoy en día, las exportaciones de Costa Rica se han diversificado en miles de productos distintos exportados a todo el mundo y el país es altamente reconocido como uno de los 30 principales exportadores de productos de alta tecnología”. “Más de 200 compañías multinacionales han escogido a Costa Rica como su lugar de establecimiento”. “El país no impone limitaciones a las transferencias de fondos de capital asociadas a una inversión, independientemente de la moneda. No aplica ninguna restricción a la re-inversión o a la repatriación de las ganancias, cánones o capitales. No existe ningún requerimiento de registrar inversiones ante alguna de las autoridades gubernamentales. Costa Rica ha logrado estándares internacionales de protección a los derechos de propiedad intelectual (IPR, por sus siglas en inglés)” (Embajada de Costa Rica en Washington D.C. http://www.costarica-embassy.org/index.php?q).


   Como se advierte, el país se presenta como un paraíso para todo tipo de inversión extranjera. Al mismo tiempo, se precia de no competir en el campo de la producción tecnológica de punta o en su capacidad para adaptarla. La situación no es muy distinta en Nicaragua bajo el gobierno sandinista.


   La misma Embajada costarricense enfatiza que “El objetivo primordial de la política comercial de Costa Rica es promover, facilitar y consolidar la integración del país en la economía internacional”. Ese objetivo, por el momento, no incluye la economía regional ni la integración nacional. Tampoco un acercamiento a América del Sur. Mucho menos los desafíos sociales y ambientales internos, que van de la mano con la modalidad económica escogida. Los grupos dominantes esperan (o al menos eso afirman y practican) que el comercio desigual  determine y resuelva por sí mismo lo que debería ser enfrentado por políticas públicas y también por políticas de integración regional y latinoamericana.

   De los esfuerzos de articulación con América del Sur existe en la zona un vínculo estable de Nicaragua con Venezuela (Petrocaribe, Telesur) y un duro tropiezo en Honduras donde la relación con el ALBA fue agitada como uno de los factores que determinó el golpe de Estado del 2009. Guatemala desistió de su intención inicial de adherir a Petrocaribe. Un triunfo electoral del FMLN en El Salvador podría ligar a esta economía con el ALBA y Petrocaribe. En términos generales y para el área la experiencia venezolana es anatematizada por los grupos dominantes como económicamente fracasada y antidemocrática. Los logros de Venezuela, como uno de los países que en este momento mejor distribuye la riqueza social en América Latina, por ejemplo, no son conocidos por la mayoría de la población. Celac, como Unasur, están recién constituyéndose. En estos días Costa Rica asume la presidencia de la Celac por un año. Ojalá ello de tradujera en más y mejores nexos políticos de la zona entre sí y del área con América del Sur. Sin embargo, es poco probable.

 

  Básicamente los vínculos que establecen los gobiernos centroamericanos están ligados al intercambio comercial propiciado por la economía mundializadora en curso y su regulación por la OMC. Destaca al mismo tiempo, su lejanía del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC), espacio que incluye a economías como la de Rusia, China, Japón, Australia, México y Estados Unidos. Se estima que esta área determinará los flujos comerciales de los últimos tercios en este siglo XXI.

   Sin embargo el desafío continúa siendo para la región el vínculo (muy poco probable) entre crecimiento económico y bienestar humano generalizado con huella ecológica positiva en el marco de una mundialización que no transfiere capacidades a las economías subdesarrolladas, entendidas como las que tienen obstáculos internos complejos, incluyendo su voluntad política, difíciles de remover para agregar valor a las mercancías circulantes y retornarlo a su circuito económico interno. Para los países centroamericanos un vínculo constructivo más fuerte con las economías sudamericanas, podría constituir un aliciente para su transformación. Estos países, como contraparte, podrían ofrecer políticas públicas orientadas a mejorar las condiciones de existencia de sus poblaciones más vulnerables. Por supuesto, se trata de un fórmula muy general. A lo que no debería prestarse una eventual colaboración mutua sería a los "buenos negocios" para minorías. Estimo que los programas Alba y Petrocaribe buscaron moverse en el terreno adecuado. También lo ha hecho la cooperación social que suele proporcionar el régimen cubano, pese a sus problemas, con sus educadores y médicos.

 

  Pregunta Tres: ¿Cuáles son los debates al interior del campo popular sobre la lectura geopolítica y las principales contradicciones en juego? Y sobre esos debates, cuáles son las estrategias del campo popular y qué aspectos  merecen destacarse?

   Las relaciones internacionales han sido normalmente estereotipadas bajo la figura del ‘imperialismo’ en el área latinoamericana. Ello se sigue principalmente de la presencia estadounidense en la región y de los históricos nacionalismos jingoístas de inspiración oligárquica que llevan a las separaciones/desprecios, e incluso guerras, entre vecinos (Honduras y el Salvador, por ejemplo, o las múltiples agresiones contra Paraguay). A estos factores se sumó durante el siglo XX el antiimperialismo de izquierda bajo el esquema de Guerra Fría. Desde esta sensibilidad compleja el estereotipo se mueve mediante una oposición abstracta entre imperialismo (EUA) y nacionalismo (sociedad/Estado latinoamericano (Braden contra Perón, digamos). En realidad el “imperialismo” consiste en una trama internacional/local que, para lo que aquí interesa, reside en cada país latinoamericano (en su estructura social, política y cultural) y está económica, política y culturalmente personificado por sus grupos dominantes (pueden existir diferencias internas e incluso internacionales entre ellos, pero en situaciones de crisis esas distancias se superan). Hoy los grupos dominantes son neoligárquicos y tecnocráticos (nunca ha sido “nacionales”) y antipopulares. En fases anteriores han incluido a los ejércitos de Seguridad Nacional. Desde el estereotipo ‘imperialismo//nación’ resulta difícil entender que los sectores populares enfrentan una cultura mundial de dominación y que esta cultura, con sus personificaciones e instituciones internas constituye su más inmediato enemigo, aunque el principal sea la acumulación mundial y sus materializaciones internacionales (constelación internacional y transnacional de poder). El conflicto inmediato contiene a la vez factores internos (subjetivos y objetivos) e internacionales (objetivos y subjetivos). Las fuerzas que impulsan el modelo vigente son internacionales (muy poderosas objetiva y subjetivamente) y nacionales/locales. Existe un ethos mundial de dominación (derivado de la acumulación global y de la universalidad de la forma-mercancía) y en él se inserta un ethos ‘nacional’ de dominación que combina especificidades religiosas, económico-sociales y político-culturales. Hoy la combinación positiva de ambas sensibilidades de dominación se ve favorecida por la orquestación de los medios masivos e Internet que hacen del mundo, y de todo punto y suceso en él, un espectáculo. El orden derivado de la forma-mercancía se prolonga en las subjetividades como economía de deseos.  

   Afirmar que estos enemigos han de ser enfrentados, también y desde un inicio, mediante una transformación cultural, provoca normalmente burlas o sonrisas piadosas. Sin embargo es el camino, en cuanto no excluye ningún tipo de acciones o movilizaciones populares, como se ha indicado al menos en otro de estos papeles para conversar y discutir. Esto quiere decir que el camino puede ser trazado por combates ciudadanos, de sexo-género, obreros, de trabajadores, de jóvenes y campesinos, etcétera. Los combates pueden inscribirse en escenarios parciales/puntuales o estratégicos y de totalidad. Las luchas pueden tomar caminos parlamentarios (resistencia civil) o político-militares. Lo común en ellas, desde un punto de vista popular, es el esfuerzo de emancipación político-cultural (producción de identidades alternativas y oferta de ellas), no su contenido específico ni la estrategia también situada (sociohistórica) de estas luchas. Pero esto, el énfasis político-cultural y su diversidad (que implica articulación y no unidad) es lo que despierta o la conmiseración o el rechazo. Tras el rechazo o la piedad se halla una voluntad iluminista-autoritaria que no resulta factor positivo para generar/construir alternativas efectivas a lo que se presenta como ‘orden’ actualmente en el mundo.
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   Diálogo

 

   Marcela (Guatemala).- No se refirió usted a las iniciativas de derecha, como la Alianza del Pacífico.

   HG.- Cuando existe una crisis civilizatoria que se abre a la posibilidad de un genocidio sin precedentes en la historia de la especie lo alternativo no es de izquierda ni de derecha. Solo hay propuestas y acciones que conducen a la masacre y propuestas y acciones, emprendimientos, que procuran evitarla. En este momento existe una crisis de civilización. Y dentro de las poblaciones vulnerables y victimizables estamos los latinoamericanos. Resulta obligatorio entonces estar contra el sistema.

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