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          NOTAS SOBRE LA SENSIBILIDAD/CONOCIMIENTO POPULAR (primera conversación)

    1.- ‘Popular’ se desempeña aquí como una categoría. Una aproximación intuitiva a esa categoría dice: “Popular es quien no es dueño de su existencia… y lo sabe”. Como ‘lo sabe’ (sentir, discernir, imaginar) se mueve para hacerse dueño de esa existencia que le es negada (desapropiada) y comunicarla (significar a otros que ‘se ocupa’ en eso….). Un niño, bajo ciertas condiciones, puede llenar la primera parte de la categoría ‘popular’ y podría discutirse su reacción política contra ella. En esta aproximación, las mujeres sometidas el dominio patriarcal constituyen un sector social popular, y si se organizan para luchar contra esa dominación, constituyen asimismo un actor político popular.  En América Latina los pueblos, sectores e individuos indígenas son socialmente populares. También lo son los pequeños campesinos y sus familias (muchas veces adulto-centradas y patriarcales; podría añadirse ‘católicas’). El ciudadano sin derechos humanos y transformado en espectador  (la realidad como ‘espectáculo’) y en consumidor  (la existencia como ansia de acceder a los mercados: “úselo y bótelo”: todo es mercancía) puede ser considerado como ‘popular’. Son populares, porque están sometidos o sufren diversos tipos de discriminación/explotación. En México existió alguna vez un Movimiento Ciudadano por la Democracia (apareció en 1992): fue popular en el doble alcance que le asignamos aquí: lo constituyeron sectores del pueblo social que resentían dominaciones políticas, económicas y socio-culturales y que se organizaron para incidir políticamente estimando que un efectivo régimen democrático, multipartidista, pondría fin a las injusticias y arbitrariedad que los afectaban.

 

    2.- Por supuesto los seres humanos pueden querer apropiarse de sus condiciones de existencia y significar/comunicar este esfuerzo, pero lo hacen desde condiciones que no determinan (nunca) por completo. Esto porque los seres humanos somos sociohistóricos, o sea situados, y cargamos con nuestra historia y nos vinculamos con contextos específicos, y porque la especie y sus individuos expresan fuerzas instintivas o pulsionales que tensionan su existencia cultural, de manera semejante a como la existencia cultural tensiona su base biológica e instintiva. Lo popular, y con él lo humano,  resulta por ello procesual, nunca terminado, y también vario o plural.

    3.- La sensibilidad que domina el mundo (orden/desorden) actual no puede ser descrita o determinada como popular. Más bien es antipopular.  Puede ser caracterizada así porque el dominio de la forma-mercancía tiende anular al sujeto humano, o sea a su agencia, en el mismo movimiento que lo reifica (úselo y bótelo). Si esto es así, la información, conocimiento y sabiduría (y también la ignorancia) actual, los modos en uso, no resulta popular porque potencia las discriminaciones y rebaja legítimas experiencias humanas. La expresión antipopular quiere decir que el sistema dominante de existencia actual (capitalismo mundializador), y sus factores como socialización, información, conocimiento y ‘sabiduría’, no están orientados, como tendencia, a que los seres humanos, inevitablemente situados pero con voluntad de universalidad, se apropien autónomamente del mundo que producen y lo testimonien con su práctica. Por ejemplo: social y culturalmente estas sociedades modernas son patriarcales. De aquí resulta que la especie se escinde entre mujeres dominadas sistémicamente y varones que dominan también sistémicamente. Si una mujer llega a dominar debe imitar o clonar las prácticas de dominio patriarcal o masculino. La dominación patriarcal se muestra no solo como una práctica situada, sino como un ethos cultural: así debe ser el orden de las cosas. La ‘femineidad’ no resulta aceptable como parte del contenido universal de la especie. La femineidad dominada o sujecionada sí lo hace.  Otro ejemplo mexicano: lo güero-citadino (y, si se quiere, “chilango”), look Condesa o Polanco domina sobre lo mestizo rural, sobre lo rural indígena y sobre lo ranchero. Pero también los heterosexuales discriminan a los homosexuales. Un homosexual, o una homosexual, rural “arranchada/o” no forma parte del contenido general/universal del México dominante. Excepto como inferior despreciado o explotado. Último ejemplo: propietarios y opulentos no solo explotan a los empobrecidos, que ya es una forma de considerarlos, sino que los discriminan/ignoran-borran. Y así, con estas discriminaciones esfumamientos, que se dan con formas específicas en todo el planeta, suelen venir las políticas públicas, cargando todas estas discriminaciones, y otras, aunque se hable del “bien común”. Y bien, la mujer, el joven rural, el indígena, el ranchero, el “de color” y “de sudor”, el sin trabajo y el explotado ha de poner fin a estas situaciones que padece porque quienes lo discriminan y esfuman no lo harán. Ellos reman a favor de la corriente. El orden/desorden en curso los favorece.

    4.- La información, conocimiento y sabiduría popular, o sea la existencia política popular, se gesta teniendo como referencia la producción situada de un mundo humano con acceso variado y a la vez universal. Variado y universal en su apropiación generalizada y por el esfuerzo de comunicar esta producción/apropiación/integración a otros, también diversos y variados. En estos procesos de producción, apropiación y comunicación los seres humanos producen y ofrecen su condición humana situada para generar humanidad o especie humana plural y a la vez articulada. Su proyecto político-cultural se opone al narrado por el imaginario bíblico de la Torre de Babel.

    5.- Interesa aquí cómo se produce este conocimiento/sabiduría popular. Se inicia con una experiencia (sentida/asumida) de contraste. Básicamente se sufre una dominación, o varias, y aparece la pregunta ¿cómo he sido producido así? ¿Por qué me comporto así, de esta manera que rechazo? ¿Por qué soy autoritario con los niños? ¿Por qué agredo física, psicológica y simbólicamente a mi mujer/pareja? ¿Por qué me dejo agredir por mi esposo? ¿Cómo he llegado a ser un pequeño campesino empobrecido al que pocos y a veces nadie estima? ¿Por qué nuestras protestas, todas ellas legítimas, son reprimidas por la policía y los políticos las ignoran? La pregunta sigue a las experiencias de contraste. Si no se siente experiencias de contraste es porque el individuo popular, o sus sectores, han internalizado o interiorizado la dominación o dominaciones, el sistema. Si es así, más adelante diremos: del corredor no pasa.

    6.- ¿Podrían ser las cosas de una muy distinta manera? ¿Podría ser el mundo, la realidad, su orden/desorden algo diferente, algo que me anime y contente? ¿Deseo hacer algo yo por eso? ¿Puedo? Se puede contestar sí o no. No es enteramente voluntario.

    7.- Ninguna de esas preguntas o manifestaciones puede contestarse sin inquietarse (sentirlo, discernirlo, imaginarlo) radicalmente respecto de qué es, o en qué consiste, lo real, la realidad. Lo real-humano. Lo sociohistórico.

    8.- Demos algunas notas. Lo real humano no es, sino que está siendo producido. Un dicho maligno sentencia: “El que nace para maceta, del corredor no pasa”.  Debe traducirse: “… aquel o aquella que fue socialmente producido para maceta no pasará del corredor porque los poderosos tenemos la fuerza suficiente para prohibírselo, pero además porque ese producido socialmente como maceta se siente maceta, se considera maceta, asume una identificación que valora bueno ser maceta… para que otros puedan crear jardines. Como se sabe, la maceta no disfruta los jardines.

    9.- Hacerse popular pasa por construirse una espiritualidad otra. Una espiritualidad otra se sigue de una, o de muchas aunque articuladas, tarea político cultural.  Esfuerzo/proceso de destrucción y construcción.

    10.- Tarea con momentos: necesidad y voluntad de integración personal y de construcción político-cultural de espacios de encuentro, reconocimiento y acompañamiento. Asumir críticamente raíces, procesos. Ofrecerlos. Discutirlos. Es la base de una Torre de Babel con sentido popular. Generar, desde los procesos anteriores, espacios de organización que expresan el ethos o cultura alternativa que se va haciendo. Una organización asume tareas y responsabilidades que, por contenido y forma, comunican el nuevo espíritu. Un cuarto punto es un emprendimiento colectivo en el cual los sectores populares se construyen a sí mismos: articular diversidades de lucha/expresión popular. Todo es fácil de nombrar y conceptualizar pero arduo de hacer porque supone enemigos subjetivos y objetivos, locales e internacionales: nadie fue educado para estar-siendo, estarse produciendo, desde raíces y con otros, para otros, políticamente popular. Combate constante, duro y complejo.

    11.- El mundo no se compone de cosas que aparecen (empirismo, positivismo), sino de eventos y producciones que son señales de lógicas sistémicas, de estructuras. El sitio epistémico-político de los luchadores populares consiste en ligar los signos de los tiempos (hoy señales de que una plural por situada universalidad humana no resulta factible) con las lógicas que los producen y los sistemas que requieren estás lógicas para enterarse de cómo han sido producidos y luchar contra esta producción. Sin esta crítica radical procesual no existirá espiritualidad popular. Las personas son producidas y deben ponerse en condiciones para autoproducirse. En esto consiste lo popular.

    12.- Si lo popular no se hace efectivo, el mundo (orden/desorden) seguirá mostrándose como lo que no puede/admite ser cambiado. La experiencia humana seguirá estando reservada para algunos, lo que significa, en el largo plazo de la especie, para nadie.

    Diálogo 

 

          Natalia, Pedro.- Nos parece que en el texto se habla de maneras distintas de la Torre de Babel. Aparece con un sesgo negativo y con otro como tarea a realizar. Pero la Torre de Babel no es realizable, y tampoco es deseable construirla. Se considera un acto de soberbia.

    HG.- La torre de Babel ha sido socializada porque forma parte del imaginario mítico del pueblo judío. Está en el libro del Génesis en la Biblia. Básicamente narra que no se puede ir contra la voluntad del Dios judío. Mejor expresado, los seres humanos no pueden ir contra la voluntad de Dios. Cuando pretenden hacer una torre que les proteja de las aguas y que llegue al cielo (lo que los hará famosos ante todos), Dios les envía lenguas diversas para que no logren entenderse y el emprendimiento común fracasa.

    Para los sectores populares, que son variados y que luchan por razones diversas, que un emprendimiento común, es decir articulado, fracase debería constituir un escándalo. Aunque los que sufren dominación son los más, la misma dominación los ha dividido y ha creado compartimentos estancos entre ellos. En América Latina, de hecho, las mayorías suelen comportarse como múltiples minorías muchas veces enfrentadas entre ellas. Los sectores populares son diversos pero tienen que, políticamente, articularse, luchar juntos sin abandonar, o relegar/posponer, sus banderas particulares de lucha. Para ellos esto significa producir su Torre de Babel. Para ellos articularse en un emprendimiento común los hace fuertes y ganadores eventuales. Un paro estatal o nacional que comprendiese a trabajadores productivos y de servicios, privados y públicos, a pequeños comerciantes, a jóvenes y estudiantes, a pequeños campesinos y a empobrecidos de la ciudad y del campo tendría muchas posibilidades de ganar sus luchas. Su articulación no llegaría al cielo (no lo pretenden tampoco), pero les daría una fuerza y carácter que les permitiría superar la represión. Y, desde luego, no podría ser ignorada. Y si los seres humanos han sido hechos a imagen y semejanza de Dios, es decir poseen su dignidad (tanta que el Dios bíblico les envió su Hijo), Dios aplaudiría esa Torre de Babel popular porque Él desea que su creación resplandezca. Pero no hay que preocuparse demasiado por Dios, porque para efectos populares él no entra en el juego. La gente que da luchas populares puede creer en algún Dios o no creer, es decir carecer de sentimiento religioso. Si su Dios ayuda a luchar con fiereza y constancia, pues bienvenido. Si lo hace temblar y huir al primer golpe, disparo o grito… no es un buen Dios popular. Pero tal vez sí lo sea para grandes propietarios, banqueros, consorcios transnacionales, cardenales, etcétera. Pero, insisto, en esta mención popular de la Torre de Babel no están en juego las creencias religiosas que, para el imaginario de las sociedades modernas, se presentan como asunto personal o privado. Esto aunque los grupos dominantes insisten en que la verdadera fe religiosa está de su lado. Los sectores populares no tienen por qué dar crédito a eso. Es más, el Dios bíblico o del pueblo judío, y también Jesús de Nazaret, están del lado de quienes sufren, no de quienes, ahítos,  dominan.

    Ahora, aquí se mencionó la Torre de Babel porque interesa a los emprendimientos colectivos populares (construir e incidir ‘aunque’ [porque en realidad es sobre todo] el movimiento se componga de diversos no enfrentados) y también porque es una narración relativamente conocida por figurar en el Génesis. Pero allí cumple el papel de afirmar míticamente una identidad específica del pueblo judío. El cristianismo católico lo traduce en el sentido de que los seres humanos no deben desafiar la voluntad de Dios. Si así fuera, a los explotadores de fuerza de trabajo y a los abusadores de niños, por ejemplo, hace rato que los habría partido un rayo o ahogado un diluvio.


        Luis, Cristian.- “Popular” nos parece una referencia poco útil. Contiene demasiadas acepciones. ¿No sería mejor utilizar un concepto como el de ‘ciudadanía’?

    HG.- No, no es mejor. Cuando se indica que “popular” será utilizado como una categoría lo primero que quiere decir es que forma parte de un discurso analítico. No se lo utiliza como una expresión del habla común, en el que cada término aislado resulta polisémico. Como categoría, ‘pueblo’ solo dice lo que el discurso conceptual, su organización, le permite decir. “Ciudadano”, por ejemplo, tiene una carga semántica y una historia de la que se han apropiado los grupos dominantes. “Popular”, en cambio, les huele/resuena fastidioso a estos grupos, excepto para designar fiestas pintorescas (con mucho ruido, colores y o ebrios o niños que se divierten celebrando una tradición que les resulta ajena a los dueños del país). Lo popular aceptable para los grupos dominantes es lo que vende al turista como folclore. Cuando un candidato de plaza pública exclama “¡Pueblo de México!” quiere decir “Ciudadanos mexicanos”. Se trata de la versión liberal de “pueblo”. Es sólidamente engañosa. Volveré en un momento sobre la noción de ‘ciudadano’.

    Ahora, ¿de qué discurso analítico forma parte la categoría de ‘popular’? De un discurso que asume, a diferencia del imaginario moderno dominante, que lo económico, lo social, lo político y la política, y lo cultural, por hacer cinco referencias, no expresan compartimentos o ámbitos estancos sino que están recorridos todos ellos por lógicas de funcionamiento que se expresan de manera distinta (que hay que estudiar en cada caso) pero que son a la vez básicas, comunes y determinantes en todos esos espacios. Digamos que el machismo, una práctica derivada de la lógica patriarcal, se expresa en las tramas familiares, en las económicas, en lo político y la política y en lo cultural. En todos esos espacios se encuentran instituciones cuyo funcionamiento contiene una lógica patriarcal. De manera semejante, en todos esos espacios se encuentran instituciones que expresan, a su modo, el dominio del capital sobre la fuerza de trabajo. En sociedades con principios de dominación (y todas las que conocemos lo han sido hasta ahora si exceptuamos la hipótesis de una horda primitiva sin división social ni sexual del trabajo, donde la unidad productiva y reproductiva es el grupo o comunidad), el conjunto de la instituciones y cada una expresan a su manera todas y cada una de las lógicas de dominación. Su jerarquización puede variar en cada institución e institucionalidad y por eso la organización social debe estudiarse en detalle, pero todas las dominaciones están presentes en todas las instituciones.

 

     Ahora, lo que tienen en común las instituciones es que en sociedades con principios de dominación (derivadas de la propiedad/apropiación, del sexo-género, del poder cultural, del dominio generacional o adulto-céntrico, por referir, cuatro de ellas) es que materializan relaciones asimétricas entre dominadores y dominados. Asimétricas quiere decir que los dominadores pueden llevar a cabo acciones que inciden en los dominados y que estos últimos no pueden replicar. Se trata del ejercicio de una capacidad o poder. ‘Populares’ son socialmente todos quienes no son dueños de su existencia, o sea quienes sufren asimetrías que no pueden replicar ni eludir dentro del sistema. Cuando ‘lo saben’ y se organizan y luchan para cancelar estas asimetrías que sufren, entonces son política y culturalmente populares. Significa que esos sectores se dan/producen identidades autónomas, autoestima y se autotransfieren capacidades o poderes, no necesariamente los existentes en el ‘orden/desorden’ que desean superar. Como se advierte, aquí “pueblo” no designa a la ciudadanía mexicana, sino a partes de esta ciudadanía. Tanto a quienes se han adaptado a las asimetrías que sufren (pueblo social) como a quienes luchan contra ellas o contra las asimetrías que resienten (pueblo político). Por supuesto existen distintas maneras de constituirse como pueblo político. Quienes entre ustedes luchan por la defensa de territorios y poblaciones amenazadas por la construcción de represas que probablemente dañarían la capacidad de los mexicanos más humildes para acceder al agua, además de obligarles al abandono de sus tierras, y que también lesionan el aporte mexicano a la sobrevivencia del planeta (daño ambiental), quizás podrían adquirir un tiquete y viajar a Finlandia o a alguna nave espacial en órbita (esto porque esos desafíos parecen no tocarles directamente), ah decidido dar estas luchas porque las sienten propias y vinculantes para su identidad. Entonces la categoría de pueblo político, y también la de pueblo social, se abre a la discusión de las identidades (subjetividades, integraciones) socialmente autogestadas en una o varias luchas y facilita la discusión de las identificaciones inerciales socialmente producidas por el sistema social y su reproducción. Una de las funciones del discurso analítico es la de proporcionar otra manera de estar-ser en el mundo, con el mundo. Si el discurso analítico tiene como interlocutor lo popular, facilita discernir el desorden y la violencia donde el sistema social dice que existe orden y paz.

    Precisamente ese es uno de los problemas que tiene la noción de ciudadanía en cuanto ella ha sido expropiada por los grupos dominantes. El ‘ciudadano’ es creado por la dimensión jurídica del Estado. Esto quiere decir que es la expresión jurídica de la gente, expresión que es un invento del Estado moderno y de su imaginario. Pero la gente, además de ciudadana, ha sido social y culturalmente producida como mujer, negro, rural, urbano, joven, anciana, obrero, desempleado, etcétera. Nadie nace ni ciudadano ni obrera. Ciudadano y obrera son resultado de complejas producciones sociales. Cuando se eleva/reduce a la gente socialmente producida  a la condición generalizada o universal de ‘ciudadano’ suele perderse la otra parte de las tramas que la producen socialmente. En Chile un argumento muy generalizado contra las demandas de los mapuches es “¿Pero que reclaman estos indios? ¡Si ya son chilenos!”. Conozco al menos una personalidad de prestigio en México que dijo lo mismo, y con furia, de las exigencias zapatistas en la década de los noventas: “¡Pero que se han creído estos infelices lacandones, choles, tzeltales…! ¡Si ya son mexicanos! ¡Tienen todos los derechos de un mexicano!”. En realidad, mapuches, mames y zocos… sienten/saben que son indígenas, que han sido producidos como tales por las sociedades no-indígenas de Chile y México y que eso los hace diferentes y discriminados. Desean se les considere y trate como seres humanos legítimos en cuanto mapuches y lacandones… y que además se les considere legítimamente humanos en cuando ciudadanos mexicanos. En las urnas electorales, cada ciudadano, mestiza, indígena o empresario, urbano o rural, vale un voto. ¿Ve que son iguales los mexicanos? Sí, pero en cuanto ciudadanos (es decir nominalmente ante la ley y los circuitos judiciales), porque en cuanto mujeres jóvenes y rurales o indígenas no son iguales a los machos ‘blancos’ urbanos y propietarios. Y si son asalariados, tampoco son tratados como iguales de los patrones, los tecnócratas o que Luis Miguel. No voy a extenderme sobre esto. Pero existe aquí un truco de la dominación. En el plano del ámbito político-cultural, los mexicanos son iguales: cada ciudadano un voto. Pero en el ámbito de la sociedad civil no son iguales: cada quien tiene intereses propios y legales y distintas capacidades para “ganarse la vida” y también para que se le respeten sus ‘derechos’. No estoy intentando eliminar el valor del concepto de ‘ciudadanía’, sino indicando que se la debe examinar con cuidado popular, para entregarle valor ‘popular’, o sea republicano, al concepto.

    

      Rosalía, Marta.- Varias veces en la conversación de esta mañana ha aparecido una distinción entre lo político y la política. ¿En qué consiste su distancia o diferencia?


    HG.- El punto puede relacionarse con el planteamiento acerca de que todo está en todo pero se expresa de una manera distinta. O sea con la noción de totalidad. Es un concepto que interesa a los sectores populares.


    Básicamente versa sobre lo siguiente. El imaginario burgués moderno separa el mundo económico del mundo político-cultural. En el segundo se impone el Bien Común, una referencia tomada de la época europea en que la salvación era obligatoria, el sentido último de toda existencia humana. En el primero interesan los intereses legales particulares. Dos lógicas diversas. En la vida económica, se dirá hoy, impera la decisión racional individual y la capacidad para leer los mercados. Cada quien recibe lo que merece de acuerdo a esos factores. La vida política en cambio no está determinada por la economía sino por el Estado. “Política” es aquello que se ubica en relación con el eje del Estado. Dos ámbitos, dos realidades. En el siglo XX las mujeres señalaron que en un tercer ámbito, el de las relaciones cara a cara, las del hogar, la existencia privada personal, se daban también relaciones de poder. Entonces la sociedad moderna se entiende como escindida en tres espacios: las relaciones cara a cara, familiares, en las que no existen negocios mercantiles; las relaciones del mundo de los negocios legales, en las que impera el interés individual y las relaciones político-culturales que están dominadas por el Bien Común. Los dos primeros espacios constituyen y producen la sociedad. El otro, el político, reproduce ese orden (desorden) constitutivo.


    Ya dijimos que las mujeres advirtieron  que en las relaciones cara a cara se daban relaciones de poder y que por lo tanto la familia constituía una instancia política. Por eso aquí se ha hablado de lo político que comprende las tramas que constituyen básicamente la sociedad: familia y economía, existencia cotidiana. Y también se habla de la política que gira en torno al eje del Estado. En este último caso se trata de los escenarios constituidos por actores políticos, que expresan a su vez fuerzas sociales, y que se mueven en relación con el orden/desorden sociales. Orden y desorden sociales tienen un fundamento en la familia, propiedad y en los sentidos de la existencia cotidiana. Un evento como la elección de Presidente, por ejemplo, determina un escenario político, el electoral, en relación con el cual se mueven partidos, ideologías, funcionarios estatales,  medios, ciudadanos, etcétera. Pertenece a la política. Pero los partidos expresan intereses económico-culturales, o sea fuerzas y debilidades de lo político (la familia, la economía, las relaciones internacionales, la existencia cotidiana). Por ello la política, la elección en este caso, no aparece separada de lo político. Los escenarios que abren o cierran determinados actores políticos en relación con el Estado, no están separados ni de la existencia cotidiana (la propaganda tiene como referencia el ‘sentido común’ que expresa un momento determinado de la vida cotidiana, por ejemplo), ni de la sensibilidad de las familias ni del orden/desorden que constituye la propiedad/apropiación. De nuevo, todo está en todo pero se expresa de manera diversa.


    Conviene aquí tocar un aspecto que corresponde a una específica realidad latinoamericana, aunque tal vez esté también presente en otros lados. En estas sociedades latinoamericanas su sociohistoria lleva al distanciamiento de la política de su sociedad civil. La política parece ganar autonomía sobre lo político. Los actores dominantes de la política (partidos, grupos de presión, personalidades,  etcétera, que determinan los escenarios políticos) autonomizados tienden a vincularse horizontalmente entre sí seleccionando e ignorando las interpelaciones de los actores y grupos sociales. En México ustedes hablan de una política en la que rige la Ley de Herodes. Pero esta ley se complementa con la del “…hoy por mí mañana por ti”. En cualquier caso los fregados son quienes no participan o no tienen capacidad de incidir en los escenarios políticos, o sea en la política. Ustedes se han quejado de eso. Pero el trabajo de ustedes podría incidir en lo político. Y sería importante, en cierta manera, decisivo. Lo que ocurre es que no genera logros inmediatos. Y por la autonomización (imaginaria) de la política respecto de lo político, ustedes privilegian al cardenal, al senador, a la noticia en primera plana, los militares o los circuitos judiciales. Al privilegiar unilateralmente la política, sus escenarios, ustedes quedan sujetos a la Ley de Herodes. Ignorándolos a ustedes, los joden. Por ello, para los luchadores populares centrarse unilateralmente en los vistosos escenarios de la política parece no alcanzar sentido. Tiene uno, pero es negativo en términos estratégicos: al hacerlo, ustedes reproducen el imaginario vigente que constituye y reproduce la dominación. Pueden tener éxitos, pero resultan fragmentarios. Como que cada vez se debe empezar de cero. Influye en esto asimismo que México sea muy grande, su población muy numerosa y las determinaciones inmediatas muy diversas. Pero ustedes también trabajan en relación con la familia, la propiedad/apropiación y la existencia cotidiana (que es donde se resuelve la espiritualidad dominante). Y este es el campo de los movimientos sociales populares: campesinos, pueblos indígenas, mujeres, trabajadores urbanos, empobrecidos de la ciudad y del campo, jóvenes, etcétera. Estos movimientos sociales populares pueden resituar la política, si logran acumular fuerza e incidir. Pero sin garrote (o sea sin fuerza acumulada) no se puede de un brinco situarse uno en el campo autónomo de la Ley de Herodes: como no puedes dar, tampoco puedes recibir.


    La autonomización de la política respecto de la sociedad civil y de las necesidades de la población es no solo una muestra de corrupción social (en el sentido de pérdida de funcionalidad del aparato político), sino también de venalidad (hacer negocio particular desde posiciones públicas). El Estado latinoamericano (una abstracción), oligárquico y neoligárquico, enfatiza sus rasgos patrimonialistas y clientelistas y esto afecta al conjunto de la existencia social. Creo que ustedes resienten esta corrupción y venalidad del Estado/gobierno/partidos y su tendencia a resolver los desafíos “desde arriba” con autoritarismos, legislación inapropiadamente informada/consultada y mezclada con negocios particulares, y represión policial y militar con venia clerical y mediática. En el mismo movimiento puede advertirse en la población un descreimiento respecto de la existencia política, tendencias hacia la anomia (la fuerza relativa del crimen organizado es una muestra de ellas) y la anarquía, un desencanto, brotes de violencias. En algún momento se ha hablado de México como un Estado frustrado. Quiere decir que la política no logra contener jurídica y culturalmente las acciones y movimientos anómicos que se gestan/expresan en lo político. Desencanto, desorden, violencia, guerra, indiferencia, deterioro de la existencia cotidiana… constituyen expresiones  de esta incapacidad de contención cuyo referente es sistémico.

    
    María Luisa, Ernesto.- Retornando al título del papel que ha servido para esta conversación de la mañana, ¿cómo determinar una sensibilidad popular, qué papel juega ella, y cómo se construye su conocimiento?

    HG.- Si popular se determina como una experiencia humana que siente/resiente una o varias dominaciones específicas, como ocurriría con una mujer rural indígena y joven…, entonces su sensibilidad no sería el ethos dominante y de dominación de la sociedad en que se vive. Este ethos confirma que en cuanto indígena es inferior, que puede ser discriminada, que consiste en una basura. Un paramilitar colombiano hablaría, en el límite, de una “desechable”. En Guatemala hoy la verían y tratarían peor que a un perro. Durante la Conquista y Colonia ibéricas de América Latina y el Caribe se discutió su humanidad y se la llamó “homúncula” (hombrecillo o mujercilla). Algo, no alguien. Los curas la trataron como un ‘alma’ que debían redimir, costara lo que costara.

    Entonces la indígena, que se siente humana en cuanto indígena (y esperemos que así la vean sus hijos), tiene que exigirse verse como el resultado de producciones sociales que la tornan/hacen basura. A ella y a quienes son como ella. Éstos son los dominados y despreciados de la sociedad. Todos ellos son producidos mediante relaciones sociales, tramas sociales, instituciones y lógicas sociales. Una indígena-basura es el resultado de una producción social sistémica, no una casualidad o un mal entendido.

    Exigirse verse a sí misma como ser humano legítimo en cuanto india contiene el rechazo de las miradas dominantes y una búsqueda autónoma del sí mismo (desde raíces). Es lo que se ha llamado aquí una experiencia de contraste. Todos los seres humanos poseen la capacidad de darse experiencias de contraste. Constituyen, en este ejemplo, el inicio de un ethos alternativo en relación con la sensibilidad dominante. Como se advierte, este ethos alternativo consiste en una resistencia y una lucha desde una historia de la que puedo apropiarme. En el ejemplo, esta resistencia y lucha pasan por raíces que se abren a una valorización/integración personal, factores de una construcción autónoma de la subjetividad.

    Pero el lugar preferencial para que esta construcción autónoma de la subjetividad alternativa se produzca y crezca es la lucha social organizada con sectores semejantes y propósitos comunes. La Torre de Babel que puede comenzar en la casa/familia, extenderse al barrio/comunidad, conmover al país, etcétera. La lucha social desde sus subjetividades autónomas es el lugar epistémico-político de los sectores populares: autoproducirse como seres humanos y lograr ser reconocidos como tales en cuanto indígenas, en este caso. Pero podrían ser obreros. O jóvenes. O mujeres. Un detalle no suficientemente enfatizado. La producción de identidades efectivas pasa por una comprensión del sistema social que las niega.  Todas las luchas sociales populares requieren de una analítica (teoría) específica respecto de qué produce su ‘inferioridad’ y determina asimismo contra qué y quiénes se debe luchar: instituciones, lógicas, grupos sociales. Luego el lugar epistémico-político de los sectores populares es la lucha social. Que, al mismo tiempo, política y cultural. Puede tomar una forma parlamentaria u otra. Pero siempre ha de contener factores de transferencia de capacidades (poder), generación de subjetividades autónomas (integración personal, identidades efectivas), organización, capacidad de comunicar y conmover (incidencia político-cultural). Esto no se consigue sin organización y sin comprensión estratégica y procesual. Para los sectores populares el mundo no es como se presenta, sino cómo puede ser transformado para que todos sean o estén-siendo. Esto yo se ha dicho en México. Entre otros, por Emiliano Zapata y su ejército/guerra de pequeños campesinos.

    Resumamos: integración personal, que pasa por la autotransferencia de capacidades; lucha social organizada puntual o coyuntural y estratégica, sabia; capacidad de testimoniar/comunicar humanidad y, desde ella convocar a otros. Esto último es lo que aquí se ha designado como propuesta de universalidad situada. No se sientan intimidados por los conceptos. He descrito sumariamente lo que ustedes hacen día a día
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