Universidad, N° 2021,

diciembre 2013.

 

     Sensatez tribal. Los cazadores amazónicos kawahiva sugieren desde siempre tener claro el carácter de la presa que se desea atrapar y también el sentido de su captura o muerte. Mencionar la futilidad, o sea la poca relevancia, de la acción electoral del 2 de febrero del 2014, obedece a la lógica kawahiva. Para empezar, el día de elecciones debería resultar de un complejo proceso ciudadano, o sea político, que remata en él. Este proceso, en el caso costarricense, es flojo o no se produce del todo. Siguiendo, los exitosos en los comicios no pueden hacer mayor cosa con sus triunfos por razones diversas. Indiquemos dos: su mandato es de cuatro años. Brevísimo para los desafíos que han de enfrentar. Además, la mesa servida por los gobiernos previos no la querrían ni gentes de la Carpio para desayunar tras once días de ayuno. Los retos obligan a los ganadores a trabajar. Y en Costa Rica, desde hace rato, presidentes y diputados nacieron para “gobernar”, no para trabajar. Sociedad de status y resabio colonial puede decirse de este folclor. En sencillo, los vencedores se comportarán más como figuras que como estadistas. Puede darse excepción, pero el virus “figural” tiene mayor presencia que la plaga del dengue.

    Los retos sensibles y los semiocultos. Ciertos desafíos la población de Costa Rica los palpa día con día. La calidad del sistema de salud pública se ha derrumbado y la intención en el aire es que siga cubriendo o enterrando solo a quienes no pueden costear medicina privada. La coexistencia público/privado lleva a que empobrecidos y cercanos reciban caca en lugar de salubridad y atención médica. Otros lograrán que sus males los paguen los costarricenses vía impuestos y que las ganancias se depositen en las cuentas de la medicina privada. Una minoría se chequeará, siempre lo ha hecho, en Nueva York o Alemania. La infraestructura básica inatendida por medio siglo también colapsó. Se requiere un acuerdo nacional para recuperarla con una política pública prolongada sin solución de continuidad al menos otro medio siglo. Aquí la acción política pasa por liquidar el actual MOPT y afines para constituir un nuevo aparato público/privado nacional e internacional que se ocupe del rescate y del salto hacia adelante. La azarosa educación estatal no es peor porque existen fines de semana y días feriados. Demanda otro esfuerzo político sostenido e integral de al menos dos décadas para atender requerimientos de los mercados laborales modernos sin extraviar el sentido humano y ciudadano de la formación de la población de todas las edades. Para los despliegues en salud, infraestructura y educación que refunden Costa Rica se requiere de un Acuerdo Nacional para que, cualquiera sea el gobierno electo cada cuatro años, mantenga el rumbo, lo corrija si es del caso, y amplíe horizontes.

    Nadie habla de este tipo de Acuerdo Nacional. Un candidato lo entiende, y lo practica, bajo la forma de ofrecer puestos a ciudadanos de otros grupos con la vista puesta en captar votos para su figura. Varios estimaron en su momento que una “oposición” a los Arias o, más ampliamente, al reinado de Alí Babá y los Perennes Incontables Depredadores, pasaba no por un común programa estratégico y frentes tácticos de trabajo, sino por repartirse candidaturas. Achará Costa Rica.

    Otra mala noticia. Sin embargo, habrá que aceptar que un Acuerdo Nacional como el señalado no es factible en Costa Rica. Indicamos solo dos impedimentos sólidos. El régimen democrático de gobierno costarricense carece de partidos políticos al menos desde hace treinta años. Posee figuras políticas, escenarios políticos, acciones políticas, ocurrencias políticas… pero los partidos o murieron o no han logrado superar sus inicios. Un partido requiere, en lo que aquí interesa, de una ideología entendida como diagnóstico de la sociedad en la que se inscribe, de su realidad (la del partido y la de la sociedad) y de un proyecto de cómo podrían o deberían ser tanto el partido como esa sociedad. Al mismo tiempo ha de contener partidarios y funcionarios que sostengan su presencia permanente entre la ciudadanía y la población y que también financien sus tareas ordinarias (formación partidaria, por ejemplo) y las extraordinarias, como los esfuerzos electorales. La organización partidaria debería cubrir (en algún momento) el país y mantenerse así. En la Costa Rica actual ninguno de los dizque partidos posee esas señas ni se orienta tenazmente a tenerlas. Los más nombrados y “exitosos”, como todo el mundo repite, son maquinarias electorales y administradores corruptos del Estado y del Gobierno. En ambas pericias destaca su lógica clientelar (conduce a la corrupción y venalidad), no el servicio público o, mínimamente, el diálogo ciudadano.

   Lógica clientelar. La lógica clientelar tiene un alcance especial en el campo de la administración pública. Los básicos ya fueron dichos: corrupción (desnaturalización de funciones e instituciones) y venalidad (enriquecimiento desde funciones públicas). Nepotismo (favorecimiento familiar) y argollismo. Pero hay otro efecto tan o más perverso que los anteriores: el clientelismo ejercido con constancia genera en el campo de la administración pública una subterránea estratificación feudal autónoma, o sea relativamente independizada de las figuras que aparecen en los actos oficiales, la televisión y la prensa escrita. Ministros, por ejemplo. Como corolario de este feudalizado poder la capacidad institucional de estas figuras se permea. En todas las instituciones existen reyes, duques, barones, caballeros e hidalgos (algunas posiciones pueden haber devenido ya pétreas) que dan su carácter a servicios públicos que se tornan, no hay de otra, disfuncionales, arbitrarios y amiguistas. Los antiguos pega-banderas devienen estamento de este orden feudal. Hoy se le añaden, entre remilgos iniciales, tecnócratas tercermundistas del mercado mundializado que, por definición, abominan de los servicios públicos y sueñan en inglés por una sociedad de mercado cósmico orientada a los buenos negocios particulares sin reparar en sus costos feroces para una muy mal preparada fuerza de trabajo y para el pequeño empresario local. La combinación del feudal orden funcionario con la tecnocracia nativa ‘de punta’, más la omnipresente gula empresarial, ignora asimismo los costos para la Naturaleza en un país internacionalmente vendido por su “sello verde”. El funcionamiento suicida del sistema en su conjunto es bendecido por obispos y arzobispos y, con más maña, por la  prensa comercial cuyos propietarios estiman no estar sacando todo lo que el Gran Negocio debería darles. Así, la factibilidad de un Acuerdo Nacional ante los desafíos choca con el sistema feudal y tecnocrático localmente instalado (e internacionalmente sancionado) y su bendición abierta o relativa por los aparatos “culturales” existentes. Como se advierte, no es tarea fácil ni de corto aliento el “apearse la continuidad de Liberación Nacional” como pretendió en algún momento un vocero que quería hacer de este derribamiento bandera de lucha. La apeada contiene la tarea de morderse la cola y arrancársela.

   Salida autoritaria. A un Estado voluminoso y debilitado le corresponde una sociedad civil (la de los intereses particulares legales) floja, por unilateral, y una ciudadanía dispersa y de muchas maneras tensionada y conflictuada por situaciones que ni entiende ni puede resolver. A estos ciudadanos llama a votar, o ingenua o vilmente, el Tribunal Supremo de Elecciones. ¡Manda huevo!

   En todo caso, el ‘ganador’ probable de la próxima liza presidencial muestra dos frentes en los que Laura Chinchilla lo vence fácil: no puede ser nombrado “hija dilecta de la Virgen de Los Ángeles” y tampoco será personalmente recibido por el Papa debido a sus varios divorcios. Aunque con Pancho el Uno nunca se sabe.

   Ah, en el horizonte se vislumbra una, “a la tica”, salida autoritaria. Sólo podrían frustrarla la Negrita o los indios kawahiva.
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     Conversación 

 

     Selene C. (Costa Rica. 01, 12, 2013).- Me llama especialmente la atención el final de su artículo. ¿Usted cree posible un golpe de Estado en Costa Rica? ¿Lo permitiría la población?

 

     HG.- Gracias por su interés. Los golpes de Estado no aparecen de repente. Se van creando condiciones para ellos. En La Nación del sábado 30 de noviembre de este 2013 uno de sus columnistas permanentes, el señor Luis Mesalles, hace un recuento de cómo Costa Rica se ha "...enredado en los mecates". Menciona el tamaño del Estado, las convenciones colectivas, los sueldos exagerados de los trabajadores del sector público en relación con los privados, la inamovilidad de los empleados públicos, la "independencia" de "centenas de instituciones públicas y semipúblicas" en las que nadie sabe qué se hace y que nadie controla, los excesivos controles sobre los funcionarios públicos que podría ira a la cárcel por sus "errores" y por ello no resuelven nada. Escribe: "Como no existe castigo por no hacer nada, el Estado se paraliza". Apunta otros factores de paralización: la Sala IV, SETENA, la Asamblea Legislativa. No tiene mucha importancia la coherencia o contenido de verdad de lo que afirma. Lo que él dice es lo que se comenta en todos los círculos de "gente bien" del país. El señor Mesalles remata así su columna: "Me gustaría saber quién es el buen desenmarañador que desenmañará esta maraña".

 

    Le destaco el punto de vista del columnista: la culpa porque el país no camine la tienen los excesivos privilegios (incluidos los legales) de los trabajadores y la entrega que de sus responsabilidades hacen los políticos populistas

Eso es lo que debe desenmarañarse. Mano dura con los asalariados y limpieza de políticos populistas y de leyes alcahuetas. El sistema, ya podrido, no lo hará. Lo hará "alguien". El señor Mesalles no es el único que escribe en este sentido en La Nación. Y en otros medios, por ejemplo en los editoriales de Teletica, la necesidad del autoritarismo/militarismo es recurrente ("armar al Estado" para que combata el narcotráfico y a la delincuencia común, por ejemplo).

     Entonces no se trata de una aprensión personal. Se van dando condiciones para una ruptura institucional que consolide un poder que dirija la plena transición de Costa Rica hacia su destino centroamericano. Ahora, por supuesto, esto tipo de acciones no va a encabezarlas el señor Mesalles. Él se limita a reiterar estereotipos y a echar carbón. Pero lo más importante, por peligroso, es que Costa Rica parece carecer de las fuerzas que podrían bloquear el final de su actual institucionalidad.

 

   German L. (Costa Rica. 01/12/2013).- ¿Sólo tres retos tendrá el nuevo gobierno? Me parece son más. No menciona usted, por ejemplo, el problema de que Costa Rica se ha transformado en un país que consume droga. Ya no es un solo un espacio de tránsito para el narco.

   HG.- Lleva usted toda la razón. Ahora, el semanario para el que se escribió el artículo tiene, como es normal, un espacio limitado y se debe seleccionar el material. Incluso el tema de la seguridad social se concentra en el artículo únicamente en el campo de la salud. Pero la fuerza de trabajo también vive un deterioro acentuado. Casi un 35%, en cifras oficiales, de los trabajadores no recibe el salario mínimo de ley. Las condiciones laborales de los inmigrantes nicaragüenses, especialmente en el sector rural, pueden llegar a ser vergonzosas, sin vacaciones, pago de horas extras, ni seguros. El desempleo es alto, igualmente lo es la informalidad. Además de los nicaragüenses, los grupos más afectados son el de las mujeres, en particular las más jóvenes, y el sector de personas con alguna discapacidad. La legislación laboral está solo en el papel porque el Ministerio del Trabajo carece de recursos para cumplir con sus funciones de control. Así, en un mercado de empleo rígido, los patrones que lo desean operan por la libre. Eluden obligaciones, sobreexplotan y además exigen respeto. A poco más del 60% de los trabajadores los protege relativamente la ley. Y no pueden organizarse porque "sindicato", pliego de peticiones o convenciones colectivas son en el país malas palabras. La penuria que viven muchas de las familias de los trabajadores puede ser considerada, por tanto, como una señal cultural. Tampoco es un desafío que pueda ser resuelto por un solo gobierno, o por un gobierno que expresa a algún tipo de minoría.

   La cuestión del crimen organizado, drogas y sicariato, también es apremiante. Se agrava además porque el gobierno costarricense sigue en este punto el posicionamiento estadounidense que maneja el tema de la droga como asunto policial y militar y se empeña en una guerra. Se trata de una guerra perdida porque el narco, y el sicariato que lo acompaña, es un negocio y mientras haya mercado cargará los costos de la guerra a los compradores. Si la guerra fuera la respuesta, Colombia ya hubiese resuelto su problema. También Estados Unidos. Y no lo han resuelto. Costa Rica no tiene los recursos militares y financieros que combinan Colombia y Estados Unidos en este campo. Por ello el país debería optar por considerar el desafío de la droga como un asunto de salud pública. Y luchar internacionalmente para que se haga legal en todo el mundo. Esto no detendrá el consumo, pero eliminará que su consumo obligue al drogodependiente a vincularse con criminales. El punto tiene asimismo otros alcances para Costa Rica. Con la excusa del auge del consumo y tráfico de drogas ilícitas se estimula la militarizacion del país. Costa Rica no gana nada con policía militarizada ni con generales y soldados y aviones y buses blindados. Y ya algunos los reclaman para hacerles la guerra a los criminales. Están profundamente equivocados. Políticamente equivocados. Ningún ejército ganará la guerra contra el tráfico de drogas ilegales ni contra el lavado de dinero que se le asocia. Entonces en este asunto se ligan el desafío objetivo con la comprensión política inadecuada de cómo Costa Rica debe interpretar y enfrentar la escalada de este tipo de criminalidad.

 

  Agregaré algo: muchos de los retos que se acentúan para Costa Rica en este período se derivan de que no existió preparación interna (educación, salud, cultura, economía, etcétera) ante el proceso de mundialización en curso. Se despreció esta adecuación interna y el efecto es la separación del país en sectores que tienden a la polarización y al desencuentro. Por un lado, los menos, que se insertan con cierta fluidez en la mundialización. Por el otro, islotes de población que carecen de la experticia y de la sensibilidad para adaptarse a ella. La mundialización condena a muchos de estos islotes al desempleo, la exclusión y la miseria. El indicador de desigualdad entre los grupos opulentos del país y los más pobres aumenta año con año. Es otro desafío. No se enfrentó cuando se debía. Ahora resulta más arduo encararlo y resolverlo positivamente para todos los costarricenses, si es que existe este tipo de resolución. Aquí hay otro problema para el futuro gobierno. Y en relación con él existen posiciones brutalmente encontradas. Procurar un diálogo puede resultar desgastante y estéril. Pero también podría resultar obligatorio para actores responsables. 

 

      Luis A. (Costa Rica. 02/12/2013).- Su artículo no considera los resultados de encuestas recientes que hacen aparecer con intención favorable de voto al candidato del Frente Amplio, José María Villalta. La llegada al poder de un gobierno de esta agrupación ¿no tornaría significativa la elección? Aunque no soy exactamente un muchacho joven no recuerdo que haya existido en el país la posibilidad de un triunfo electoral de izquierda.

   HG.- La izquierda electoral, que es la que ha existido en el país, no ha alcanzado resultados buenos o aceptables después de la guerra del 48. Es decir, hace más de medio siglo.

    En realidad el artículo acerca de la futilidad de la elección se escribió bastante antes del resultado de las encuestas que usted menciona que, además, ofrecen resultados disímiles. En alguna se da como ganador sin necesidad de segunda vuelta a Johnny Araya y en otra su figura cae estrepitosamente mientras la del candidato del Frente Amplio, José María Villalta, sube y mucho. Los sondeos son fotografías de momentos (en este caso, antes de Navidad) y dependen mucho de la cámara con que se tome la foto. Sin ser joven usted recordará que en la elección anterior las encuestas (y la prensa) daban al candidato libertario, señor Guevara, el título de contendor efectivo ante Laura Chinchilla y empequeñecían la candidatura de Ottón Solís (PAC). El resultado final fue de una ventaja de más de 26 puntos para Chinchilla sobre Guevara y de casi cinco puntos de Solís sobre el mismo Guevara.

    Aun si se les concede honestidad a las encuestadoras, sus fotografías dependen mucho de los procedimientos que emplea el fotógrafo y de la organización de la cámara con que toma sus fotografías. Los resultados son cuestionables. No permiten decir demasiado sobre lo que ocurrirá en febrero. En este punto hay que agregar que resulta absurdo que la banca privada y estatal otorgue créditos financieros a las candidaturas basada en las encuestas. Y que el Tribunal Supremo de Elecciones lo acepte y bendiga penetra en lo grotesco. Este punto es antidemocrático y solo revela que para algunos las elecciones son un negocio del que salen favorecidos sus bolsillos. El financiamiento debería ser estatal, manejado por el TSE, y parejo para todos.

    Ahora, si los resultados de los sondeos actuales fuesen los resultados de febrero próximo, la votación más importante para el Frente Amplio no es la presidencial sino la parlamentaria. Sin Asamblea Legislativa un presidente no hace nada. O hace poco y mal. En especial si además lo adversan el poder judicial, EUA, los empresarios, la prensa comercial y la Conferencia episcopal. El poder económico, geopolítico y cultural no se pone en juego en las elecciones. Las posiciones del Frente Amplio pueden resultar favorecidas por buenos resultados electorales. Pero ello debe expresarse en la Asamblea Legislativa. Que los votos de sus parlamentarios signifiquen. Y que su comportamiento sea ejemplar. Aunque no gane las elecciones presidenciales el candidato del Frente Amplio puede salir de ellas legitimando a su organización, a las fuerzas que representa y demostrando su calidad/peso político. Eso es un triunfo efectivo. Cuando las encuestadoras se centran en la disputa presidencial están, lo sepan o no, tergiversando el carácter político de las elecciones. La votación por diputados resulta decisiva para cualquier futuro gobierno. Y en este sentido no es apropiado que estos diputados se elijan por lista y no por méritos en el servicio público. Este sería un primer acercamiento a su preocupación. Y gracias por escribir.

 

   Homero H. (Costa Rica. 02/12/1013).- El articulo me despierta dos primeras reacciones: todos quieren gobernar, o sea todos quieren ir al punto de relevo pero sin calentar. En una carrera de relevos, 4 por 400 (para que entre Nery Brenes) cada corredor está en la carrera todo el tiempo. Por ello habría entender que la carrera es más larga que los metros que le corresponden a cada velocista. Y si el sistema o trama es feudal/tecnocrático, o como un edificio, habría que comenzar a reconstruirlo desde abajo. Es decir desde los enfeudados y consumidores de productos tecnológicos que a la corta o larga vendríamos siendo todos nosotros, o sea cada uno de los ciudadanos. Por ahí veo entrando a abrazarse felices con nosotros a los indígenas kawahiva.

 

   HG.- Gracias por las reacciones. Ignoro qué opinarán esos indígenas, pero leí que cortan cabezas y también buscan protegerse y blindarse los pies cuando van de paseo o de caza. Es un mismo proceso. Tal vez esa práctica podría servir en política.

       

      Mirta J. (Costa Rica. 3/12/2013).- Me parece que el texto inicial de alguna manera llama a la abstención. ¿Es así? Si lo fuera, no estoy de acuerdo.

   HG.- Estaría totalmente en su derecho al no estar de acuerdo. Pero el artículo no invita para nada a la abstención. Para cada ciudadano votar informado y con sentido resulta una responsabilidad decisiva. De modo que abstenerse sin hacer de la abstención una herramienta política efectiva constituye un error. Lo político y los escenarios políticos (la política) influyen sobre los ciudadanos y las personas con total independencia de que ellas voten o no. No es algo que se puede evitar, ni siquiera yéndose del país. El artículo se concentra, en parte, en mostrar que estas elecciones no resultan de un proceso ciudadano de participar en política. Tanto que los candidatos representan a partidos que políticamente carecen de existencia o cuya existencia política es o precaria o recién comienza. Y tan "despolitizada" por débilmente ciudadana resulta esta elección que los más importantes entre los candidatos (porque sobre ellos irán las votaciones más numerosas) se presentan como individuos que arreglarán en cuatro años los asuntos disfuncionales (o sistémicos) que afectan al país. Propuestas de este tipo no son realizables. Si el señor Araya quisiera retornar al sentimiento social que tuvo en un pasado lejano el PLN tendría la oposición no sólo de sectores internos, sino del FMI y el Banco Mundial. No podría hacerlo solo. Si el señor Villalta quisiese compensar la asimetría entre acumulación de capital y fuerza de trabajo mejorando las posiciones relativas de esta última sin romper el sistema tendría una oposición más que formidable e histérica (imagínese monjas gritando en canal 7 y 11 y CNN que han sido violadas en la Avenida Central al mediodía por los comunistas alentados por el villaltismo imperante). Para avanzar en procesos como los mencionados se requiere de mucho apoyo ciudadano (local e internacional), de mucha mística y fervor. Y este apoyo y fervor se obtiene con trabajo político previo (y durante y después) al proceso electoral. Por supuesto estoy siendo injusto al comparar la candidatura del señor Araya con la del señor Villalta. Este último está iniciando un movimiento, en su alborada, y una manera de sentir/pensar diferente con capacidad de incidir en la sensibilidad política del país. El primero en cambio es candidato por un partido que está muerto y cuya resurrección (con la misma gente y los mismos procedimientos) no es factible.


   Cerremos: nada de abstención. Pero tampoco nada de creer/sentir que unas elecciones puntuales resolverán la marcha del país. Las elecciones son algo magnífico, pero políticamente tienen que insertarse en una cultura ciudadana y republicana consistente. En esto último es donde está el déficit. No se resuelve fácil ni en tiempos breves o mediante esfuerzos discontinuos.

 

     Ángel D. (Colombia. 03/12/2013).- Quisiera volver sobre la primera intervención, la de Selene: ¿qué posibilidades existen de un golpe de Estado en Costa Rica?

 

    HG.-Lo que existe es un proceso fuerte y prolongado de deslegitimación de los espacios políticos tradicionales para el país y también la impresión generalizada (no importa si responde a algo verdadero o falso) de que no existe autoridad eficiente ni personalidades notables en el campo político. A estas percepciones concurren muchos factores: ex-presidentes llevados a circuitos judiciales junto a allegados con quienes parecen haber constituido tramas delincuenciales, la completa absolución de uno de ellos porque la Fiscalía levantó mal la prueba decisiva, el bajo desempeño de la última administración de gobierno, el alza en el costo de la vida y el ahogamiento de muchos medianos y pequeños empresarios, un criminalidad ostentosa y muy violenta, etcétera. Pero lo que aquí verdaderamente presiona para un golpe de Estado es una demanda por más y mejores negocios que agita la neoligarquía. Dicho brevemente: menos justicia social y mejores negocios ya. O, si se prefiere: la única justicia social es la que se sigue de los buenos negocios. Nada que no se escuche  en otros lugares de América Latina y, desde luego, en Colombia. Pero en Costa Rica puede sonar novedoso porque ha tenido otra historia.

 

   Ahora, en América Central para que exista un golpe de Estado tiene que estar de acuerdo Estados Unidos. Sin ese apoyo o connivencia el golpe no puede efectuarse o, si llega a realizarse, fracasa. Entonces habría que trabajar políticamente ese apoyo. En parte por esto es que se trataría de un golpe de Estado "a la tica". Por las condiciones que pondría Estados Unidos. Aqui no existe ejército, de modo que el golpe tendría que encabezarlo un grupo de personalidades civiles o "notables". Sería claramente un golpe de Estado de derecha y tecnocrático, es decir contra los trabajadores y ciudadanos comunes y a favor del gran capital global y local. Se haría bajo proclamas del tipo "... una autoridad eficaz salva a la democracia" y contra el chavezcomunismo y el orteguismo nicaragüense. Por supuesto contra los Castro. En Costa Rica la Guerra Fría revive fácil. O mejor, no ha muerto. Como en todo golpe los oportunistas aprovecharían la ocasión para fumigar o exterminar instituciones y eventualmente sectores y personas que podrían ser valoradas como enemigos o irreductibles o gasto público inútil. La gran prensa comercial, escrita y televisada, apoyaría sin vacilar. También la mayor parte del poder judicial. La jerarquía clerical haría algún reparo hipócrita pero estaría en el juego. Probablemente realizados los ajustes y posicionados los negocios y ganancias (pueden existir ganadores-ganadores y ganadores-perdedores entre los beneficiados por el golpe) se retornaría al 'orden democrático', jamás republicano, quizás con otra Constitución o con la misma reformada para asegurarse que los sectores (otra vez) derrotados no tuviesen armas legales en las cuales ampararse. Pero todo esto es suposición. Política-ficción. Sin embargo está en el ambiente. Quizás no para pasado mañana pero sí en algunos años si las cosas siguen el curso actual. Podríamos decir que un porcentaje mayoritario de quienes superan 45 años sienten/saben que la calidad de la existencia se les ha deteriorado significativamente. Pero no comprenden por qué y lo atribuyen a malas administraciones. Los menores de 25 están en otra y no saben lo que se les está escurriendo de las manos y tal vez si lo supieran a muchos no les importaría. Algunos sectores, afrocostarricenses y campesinos, emigran. Los opulentos y poderosos se blindan en barrios privilegiados. En estos componentes sociales y en la ausencia de un movimiento popular descansa la posibilidad interna de un golpe. Se trata de una posibilidad más fuerte que la de un régimen socialdemócrata de los años sesenta o setenta, por ejemplo.Y es que el sistema no parece funcionar apropiadamente para nadie. Y, en efecto, sólo funciona para algunos y sus clientelas eventuales. Añada que la mediocridad o corrupción, o su mezcla, de los funcionarios y dirigentes políticos, con alguna excepción, o lo ignora o finge ignorarlo.

 

    Luis A. (Costa Rica. 11/12/2013).- Algo avanzado diciembre las encuestas parecen centrarse en Araya, Villalta y Guevara. Además de lo que se ha comentado, estas encuestas son traducidas y mediatizadas por la prensa masiva. Es decir se leen en un formato dirigido a públicos lectores a quienes no se les permite acceso al cómo se organizan estas encuestas de opinión para entregar sus resultados. Aun si se las considera fotografías de un momento, ¿son creíbles?

 

   HG.- Lleva usted razón. El análisis social y político es reemplazado por los sondeos de opinión traducidos por los medios. Y cualquier resultado puede ser "explicado" y justificado por curioso que parezca. Obviamente resultan utilizados como formas de propaganda y manipulación. Años atrás algunas encuestadoras explicaban públicamente cómo debían ser leídos los resultados de sus instrumentos.  Ahora no parecen darse tiempo para hacerlo. En todo caso las encuestadoras construyen su prestigio no con estos sondeos sino con su trabajo comercial permanente. Imagino que sus clientes empresariales reciben información que les resulta confiable. El período electoral puede resulta así una especie de "recreo" bien pagado para algunas encuestadoras. Resulta de todas maneras difícil opinar sobre ellas. Que pueden influir sobre el comportamiento ciudadano, sin duda. Que lo hagan con alguna intención que no sea la de informar, sino la de contribuir a establecer el escenario electoral, es algo que habría que investigar. Por desgracia las fuentes podrían negarse a revelar sus procedimientos y clientes.

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